domingo, 22 de junio de 2008

España-Italia: Con V de Victoria, con V de 'vendetta'

Fueron unas semanas de mucha tensión. A modo personal, en aquel verano de 1994 sucedieron muchas cosas. Una, que pasé con éxito rotundo las pruebas de selectividad, que dio como consecuencia las vacaciones estudiantiles más largas y productivas de mi vida y dejó para el recuerdo algunas de las más memorables y anecdóticas noches de diversión estival junto a mis amigos de siempre. Pero aquel verano quedaría marcado por aquel Mundial… por supuesto. Con una sede tan inaudita para el deporte capital del viejo continente como Estados Unidos, el mundial del fútbol resultó un éxito sin precedentes debido, en gran parte, a la poderosa infraestructura de la nación yanqui. Fue el mundial de recientes glorias como Romário, Bebeto, Stoichkov, el pichichi del torneo Oleg Salenko, Gheorghe Hagi, Klinsmann y el gran ‘looser’ de aquellos días, Roberto Baggio, que falló la pena máxima en la tanda de penalties de la final que acabaría ganando Brasil.
Pero si por algo nos acordamos todos como memoria histórica del fútbol español, fue por la injusta y trágica eliminación del combinado nacional, dirigido entonces por Javier Clemente, ante una Italia que acabó ganando como en las grandes ocasiones; con suerte, perdiendo tiempo cuando iba ganando, con ayuda arbitral y de forma vergonzosa. El 9 de julio de 1994, en Boston, aquellos cuartos de final mundialistas habían marcado la senda de la gesta para España, cuando después de un gol de Dino Baggio, el por entonces prometedor José Luis Pérez Caminero empataba en una reacción constante que animaba al aficionado a creer que aquel mundial no iba a acabar en aquel choque. Pero no fue así. El aficionado al fútbol nunca podrá olvidar aquella ocasión de Julio Salinas ante Gianlucca Pagliuca, para ver cómo en un minuto, Robert Baggio, anotaba el que a la postre sería el gol que daría la victoria y el pase a semifinales a la escuadra “azurri”.
La frase “el fútbol es así” perdería su sentido aquella calurosa tarde de julio, cuando Mauro Tassotti, en una de las acciones más ignominiosas vistas en un campo de fútbol, agredió con un brutal codazo a Luis Enrique, en una acción que el árbitro húngaro Sandor Puhl no vio o no quiso ver como uno de los penaltis más crueles cometidos en una fase final de un campeonato continental o intercontinental. El jugador asturiano, con la nariz rota y la camiseta manchada de sangre, llorando y gritándole impotente a Tassoti es hoy una de las imágenes más tristes dentro de la historia de la selección. Aquel codazo, aquel penalti, aquellas lágrimas y enfado de un equipo humillado por la iniquidad de un árbitro y una situación denigrante representaron el llanto de todo un país que había puesto todas sus ilusiones en una selección destinada a hacer grandes cosas.
Fue la consolidación de la maldición que deja a la selección en los cuartos de final. Como cuando España cayó por penaltis tras empatar a cero con Inglaterra en Wembley, en 1996. O en 2000, cuando Raúl erró otro penalti en el último minuto que podría haber dilatado el partido que perdió ante Francia. O en el Mundial de 2002, cuando el árbitro egipcio Gamal Al Ghandour anuló inexplicablemente dos goles a España en el partido de cuartos de final para que ganara la anfitriona Corea del Sur. Por eso, hoy es un día especial, no sólo porque España puede romper la maldición de los cuartos de final, sino también el anatema de una fecha fatídica para el fútbol nacional, pues la selección ha sido ha sido eliminada de dos Mundiales y una Eurocopa un 22 de junio y en cuartos de final. También porque la rabia e impotencia de un país que vio como se rompía su ilusión por un codazo de un cabrón llamado Tassotti debe tener una venganza servida en plato frío. Hoy la selección de Luis Aragonés se mide otra vez ante Italia. No hay excusas ni pretextos.
Es la hora de la venganza. Si España no soluciona ése desagravio histórico, habrá fracasado como nunca antes lo había hecho. Es el momento de darle a los italianos un correctivo en forma de ‘vendetta’. Y esperemos que no suceda lo de siempre.