lunes, 28 de abril de 2008

El universo laboral de 'The Office'

Ricky Gervais y Stephen Merchan consiguieron con la primigenia ‘The Office’ una doble consecución con su serie para la BBC2; por un lado, consagrar y reestablecer la comedia inglesa televisiva como fuente de inspiración y tradicional cuna de grandes joyas catódicas. De de 2001 a 2003, ‘The Office’ obtuvo el reconocimiento de la crítica y del público, llegando a ganar dos Globos de Oro en 2004. Por otro, y factor más importante, ha sido la revelación para su readaptación por parte de la NBC a la próspera televisión americana, que no dudó en llevar esta serie al estilo ‘yanqui’, a la idiosincrasia norteamericana del entorno laboral de los empleados de la oficina de Scranton (Pensilvania) de la compañía de papel ficticia Dunder Mifflin.
‘The Office’, en su ‘remake’ US, es un prodigio y un hallazgo de increíbles cualidades, de apreciable maestría dentro del amplio y sugestivo catálogo de la actual pequeña pantalla estadounidense. La serie se desarrolla bajo un formato que adopta los conceptos del falso documental, como las declaraciones directas a cámara, el movimiento nervioso de la cámara en mano, con sus zooms indiscretos y ‘tics’ propios del género. Resulta, obviamente, algo disímil a la ‘sitcom’ tradicional. Es lo que se ha venido a denominar ‘mockumentary’, satírica utilización de las pautas documentales aplicadas a situaciones dotadas de realidad y verismo, pero en todo momento asimilando su naturaleza ficcional, llevado todo ello al terreno de la comedia televisiva (utilizado en excelentes series como ‘Curb your enthusiasm’, ‘Trailer Park Boys’ o ‘Arrested development’). Esa interacción con el objetivo no sólo escudriña las declaraciones de los protagonistas y su día a día dentro de la serie, sino pasa a un nivel mucho más interesante, ya que involucra al propio espectador, cómplice de la cruel realidad que rodea a la fauna oficinista, obligando a éste a reflexionar sobre lo visto a cada momento, agilizando la correspondencia entre lo que se ve y lo que sucede a un nivel interior de drama y comedia detrás de las declaraciones que recogen los secretos, los silencios y las inquietudes de estos trabajadores resignados.
Los guiones, elevados a una categoría de grandeza absorbente, suelen simplificarse normalmente a una sola trama que afecta a todos los personajes, sin recurrir necesariamente a una premisa humorística. Aquí se trata de ofrecer un efecto de realismo deformado por la actitud de varios componentes de esta delirante oficina. Lo que acontece dentro de los guiones está excepcionalmente proporcionado para facilitar un equilibrio medido, que hace las situaciones, sus argumentos y los golpes de efecto retroalimenten el interés de la serie y afecten a sus tramas, capítulo a capítulo. Lo que más llama la atención de este ‘The Office’ americanizado, es la facilidad con la que el público llega a la identificación gradual con los protagonistas, a la familiarización con los excelentes secundarios que se mueven discretamente alrededor de los rostros visibles y más célebres de la oficina.
Steve Carell proporciona aquí su descomunal talento cómico e interpretativo en el rostro de Michael Scott, mezquino director de la oficina, autoconsciente de ser el mejor jefe del mundo (como reza un eslogan de su taza de café). Además, Michael tiene la ferviente convicción de parecer ante los demás como un tío divertido, elocuente, enrollado y admirado. Nada más lejos de la realidad, puesto que no es más que un pobre y despreciable arrogante que no sabe medir sus acciones y comentarios que resultan, en muchos casos, machistas y ofensivos. Un individuo ruin y cobarde, lleno de prejuicios, infantil e incoherente que, sin embargo, llega a conmover por su estúpida maldad, que no obvia frustraciones y defectos.
‘The Office’, corrosivo retrato de los integrantes de esta empresa, utiliza los estereotipos que podrían esperarse de su argumento para abandonarlos y reformular atractivos estudios psicológicos que potencian la efectividad de un pequeño universo de personalidades conflictivas. Como el gran Dwight Schrute (Rainn Wilson) ese pelota asistente del gerente regional, un neurótico e infantil chalado, amante de las artes marciales y trepa incorruptible que es víctima de las putadas de Jim Halpert (John Krasinski), el tipo divertido y cercano de la oficina, un joven desmotivado laboralmente, pero a gusto con el ambiente profesional y enamorado de la recepcionista, Pam Beesly (Jenna Fischer), confidente y amiga con la que existe una evidente tensión sexual no resuelta y que no es más que el cebo aparente para esa cédula con respecto al espectador. Ambos son los primeros responsables de la filiación con el público, pero sólo en apariencia. Un elemento cardinal dentro de la serie, puesto que bajo la despreocupación inicial, existen unas vidas de desengaños, aspiraciones y deseos no conseguidos con insalvables dificultades en el camino hacia la felicidad.
Los personajes de la serie viven bajo ese signo de la apariencia. Son seres solitarios con secretos y defectos, esclavos de la cotidianidad y la extravagancia a partes iguales. Por eso, los roles secundarios; el hacendoso y flemático Stanley Hudson (Leslie David Bake), la anticuada y obsesa de los gatos Angela Martin (Angela Kinsey), el homosexual hispano Oscar Martinez (Oscar Nuñez), la oronda e inocente Phyllis Lapin (Phyllis Smith), el hombre de pocas luces glotón y parado Kevin Malone (Brian Baumgartner), la ex alcohólica Meredith Palmer (Kate Flannery), el novato con contrato temporal Ryan Howard (B.J. Novak) o la estrictita ‘corporate manager’ Jan Levinson (Melora Hardin)… son fundamentales a la hora de entender y apreciar el ecosistema que rodea Dunder Mifflin, víctimas de la mezquinidad llevada al paroxismo de Michael. El director, paradójicamente, es la personificación de la idiotez irreconocida, que no duda en echar por tierra los puntos de vista y opiniones de las otras personas, con el objetivo de situarse por encima de los demás. Es la imagen de la vergüenza ajena llevaba hasta el humor cruel. En ‘The Office’, la realidad deformada se circunscribe a la importancia geográfica de ese espacio cerrado, a un submundo reconocible donde el humor y la parodia no abogan por las instancias intermedias ni indirectas.
Con cuatro temporadas emitidas, ‘The Office’ es una de las series más imprescindibles de los últimos años.
- Fake Web de la Compañía Dunder Mifflin.
- Web oficial de ‘The office’.