jueves, 3 de enero de 2008

Review 'I am a Legend'

Oportunidad desaprovechada
Francis Lawrence y Akiva Goldsman desperdician un interesante punto de partida que rehúsa la mejor parte de la novela de Matheson para centrarse en el vacuo espectáculo
Alejado del romanticismo vampírico de algunos grandes nombres de la literatura de terror como Polidori, Hofmman, Poe, Le Fanu o Bram Stoker, Richard Matheson publicaba en 1954 una de las novelas más importantes de la Historia. En ella, su protagonista, Robert Neville, en apariencia, el único superviviente de un Apocalipsis provocado por una pandemia bacteriológica cuyos síntomas son similares a los del vampirismo, pervive dentro de una sociedad que ha mutado a la anormalidad. Para ‘Soy leyenda’, en esta nueva versión cinematográfica dirigida por Francis Lawrence se sigue ése mismo punto de partida, así como algunos ecos narrativos de la anterior adaptación de la novela, ‘Omega Man’, dirigida por Boris Sagal.
La cinta arranca en el año 2012, con Neville (en este caso, Will Smith que realiza una magnífica interpretación), el último humano en la Tierra y continúa así la presentación del efecto y no la causa, la de un hombre que debe sobrevivir día a día en una gran ciudad vacía, donde el temible atavismo va haciéndose paulatinamente con la existencia un superviviente a punto de perder su propia condición de ser humano, confinado al aislamiento, la monotonía y el terror nocturno de aquéllos vampiros que acosan su casa fortificada de noche.
En los primeros compases del filme, Lawrence sabe dotar con imaginería visual la aventura de Neville, asentada en los sofisticados efectos especiales que se supeditan a la soledad extrema del hombre, mostrando un Nueva York devastado y abandonado, con reconocibles estampas en una visión futurista que recrea una lograda atmósfera para esa deshumanización del héroe, reflejada a su vez con una desacertada actitud de relación social fingida, a través de maniquíes que hacen las veces de personas con las que el solitario pueda entablar ciertas conversaciones estúpidas.
Durante gran parte de la película, el espectador asistirá a la iterativa vida de Neville, a la rutina de las medidas de seguridad de su hogar, de sus vídeos con informativos grabados del pasado, pretendiendo hacer llegar al público esa sensación claustrofóbica del perseguido, tan sólo rota en el diálogo por la relación de necesidad con un pastor alemán que sostiene la película a la perfección en la reciprocidad de afecto que mantiene con el protagonista. Una vez que todo ello es expuesto, ‘Soy Leyenda’ desaprovecha todo esa gigantesca urbe deshabitada e inerte con un par de secuencias de cotidianidad poco fructificadas, apenas algún retazo del día de día del último hombre vivo, una caza de ciervos, la intrusión en un apartamento o la indolencia de una pesca infecunda.
Simplemente, se bosqueja una demoledora atmósfera inquietante y pervertida, llena de recursos no explotados, que desperdiciando sin comedimientos todo aquello que de verdad hubiera importado destacar; los temas profundos, las inquietudes, la locura progresiva, el deseo sexual cohibido, las preguntas sin respuestas, la violencia y los remordimientos y todo tipo reflexiones existenciales que suscita la historia de Matheson. Lo que le interesa a Lawrence y al irregular guionista Akiva Goldsman es urdir el efectismo de agotadas secuencias de terror y sobresaltos sonoros que la verdadera capacidad de haber creado una obra única sobre el desamparo de un hombre aislado de todo signo de humanidad racional.
Si en la original literaria ‘Soy Leyenda’ Neville va abandonando la idea de salvación científica de la Humanidad que él conoce como normal para ir dejando paso al orden natural de la nueva sociedad, aquí, por supuesto, un tecnificado investigador virológico es un personaje cuyos objetivos están puestos en preservar el mundo humano, encontrando el antídoto que neutralice el virus Kipprin. Robert Neville es un superhéroe, un militar científico que obtiene la curación final para salvaguardar a la humanidad, sacrificándose por la causa si es necesario. No hay rastro de un hombre obsesionado por estar olvidando el sonido de su propia voz, sin incidir en el tema de normalidad, del bien y el mal, cuando se enfrenta contra el nuevo orden solo porque no forma parte de él, perdiendo así gran parte de interés de la historia sin reflejar el sufrimiento, el pesar y el nihilismo de la novela.
‘Soy Leyenda’ plantea un guión estructurado en dos segmentos de desigual potencial; en primer lugar, Neville acompañado de su perra Sam, sumido en la cotidianidad de Nueva York cuyos vestigios están siendo carcomidos por el imperturbable avance natural del tiempo, que a la postre es lo más relevante y estimulante de un filme que inicia su andadura con aciertos, como el plano de la puerta de un frigorífico llena de recortes de periódicos, portadas de revistas y fotografías que dice más que todos los innecesarios ‘flashbacks’ que no contribuyen más que a someter el guión a los caprichos de los tópicos del cine ‘blockbuster’ contemporáneo que reposa en la unidad familiar, el orgullo o el patriotismo. Por otra, la muerte de la perra Sam, el asedio vampírico y el encontronazo liberador con una mujer brasileño y su hijo (o su hermano, no queda claro), que impondrá a Neville el cuestionamiento de su unicidad en el mundo. La versión actualizada del clásico de Matheson está dotada de una notable falta de equilibrio en su ritmo narrativo y una descompensación en las interesantes argumentales que propone, puesto que la materia prima es excepcional, pero cuaja debido a la ausencia de sobriedad. A la obra de Lawrence le falta personalidad, empuje que refleje algo de melancolía o el desasosiego necesario, el mito se arruina demasiado pronto.
Una carencia emocional que sobresale en el plano de instrumentalización vampírica, mostrando a unos monstruos digitales desprovistos de cualquier signo de cualidades humanas, dinamitando así el epicentro temático de la obra de Matheson en función del insubstancial espectáculo que ofrecen los vampiros una vez descubiertos al espectador y que inutilizan toda su trascendencia en la narración debido a la vulgar representación moderna de la amenaza de una horda de infectados (ya sean ‘zombies’ como aquí vampiros). El drama terrorífico blandea además con ese final optimista, que alude a la Fe católica y convierte a Neville en un elegido divino, más que una leyenda, con la irrupción de una esperanzadora comunidad a modo de reducto ‘Amish’ como el que mostraba Shyamalan en ‘El Bosque’. De hecho, desde el principio, el juego del Hombre a ser Dios e intentar curar el cáncer es el responsable de esta pandemia, lo que evita esa obstinación de Neville por encontrar la verdad y seguir luchando a pesar de todo.
En ‘Soy Leyenda’ Will Smith se aproxima más al ideal del prototipo ejemplar de norteamericano que representaba hace décadas James Stewart y no a ese enloquecido superviviente inmune que descubrirá que la salvaje violencia que emplea en la tutela de su identidad como ser humano ha hecho de él un monstruo, convirtiéndole en el ser despreciable que para él son los vampiros, en la leyenda a la que alude Matheson en su libro. Y sin todo ello, es imposible concebir esta nueva versión como lo que es: un entretenimiento intrascendente, irregular y medido para que sea un éxito de taquilla sin muchas más pretensiones.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2008