viernes, marzo 30, 2007

A vueltas con la Ley del Cine Español

El cine español es un circo. Un circo donde el absurdo y el ridículo son el pan nuestro de cada día. Y no sólo en el fin último al que está destinado el arte, las películas, sino en todos los conceptos y esferas que lo rodean. El tema más candente de estos días ha sido el texto maldito conocido como el anteproyecto de la Nueva Ley del Cine, que ha reabierto una incertidumbre como hace años que no se vivía en el cine español.
La esperpéntica ministra de Cultura alardea del éxito de una ley que ha sido frenada por su propio gobierno y que no ha dejado satisfecho a nadie; ni a los productores, que encuentran en el texto una frugal satisfacción, pero que quieren seguir sacando más tajada del asunto del cine como aportación económica a sus bolsillos por medio de más incentivos fiscales para la inversión del sector privado. Ni a las televisiones, que se ven obligadas a una inversión cinematográfica de un 6% anual de sus ingresos brutos en cine español. Ni los exhibidores, que verán incrementada la cuota de pantalla de cine europeo en más del 25% del número total de las sesiones. Ni a los medios periodísticos que utilizan esta triste situación para tildar la Ley como intervencionista o continuista, según sea la ideología de su editorial. Carmen Calvo, con su habitual inoportunidad política, ha querido quitarse de encima el mojón que suponía regular el cine en esta legislatura, haciéndolo sin el consenso de televisiones, productores, exhibidores, distribuidores, realizadores…
Lo que se ha buscado ha sido una equiparación del modelo francés de excepcionalidad cultural aplicada al cine. El término de excepción cultural, que viene ligado a otros como diversidad cultural o sostenibilidad cultural es, a su vez, una excepción que parece funcionar sólo con el cine francés, consolidado desde años como una industria competitiva contra el cine foráneo ¿Funcionaría ese modelo en la paupérrima cinematografía española? Probablemente no. Porque en nuestro país esa lógica de lucha contra el poder yanqui en el Séptimo Arte se utilizaría para amamantar a una serie de cineastas que poco o nada les queda por decir (algunos han demostrado que con grandísimas superproducciones, la calidad deja mucho que desear en cuanto a resultados) o para la protección de una selecta minoría que se han acostumbrado al vampirismo fílmico sin demostrar absolutamente nada.
Con ello ni siquiera se asegura que, además de apoyar la cinematografía nacional, se abriría una puerta a la coproducir con otros países que deriva en grandes superproducciones. Tampoco hay que ceñirse a la idea chovinista apoyada en la teoría de la defensa de un excelente cine nacional que está sufriendo en detrimento de un siempre oportunista cine norteamericano. Maniqueísmos los justos. Pero lo cierto es que es evidente que el cine como mercancía industrial, en España nunca ha funcionado. Ni lo hará. Así que no es buena idea un sistema de ayudas que privilegia el éxito en taquilla y ningunea a las películas independientes, aunque sean artísticamente arriesgadas.
En España no hay taquillazos. Y cuando los hay, muchos no representan la diversidad que el producto cinematográfico español necesita. Mientras, Ángeles González Sinde, la presidenta de la Academia de Cine, como en su patético discurso rupestre de los Goya, apoya esta película, afirmando que “esta ley es necesaria porque hay un gran potencial dentro de nuestro cine”. Y, paradójicamente, tiene razón. Pero lo malo y lo triste es que los que se beneficiarán de cualquier bondad venidera no será este grupo, sino los que siguen porfiando nuestro cine con sus esperpénticas propuestas. Los de siempre. Los acomodados en un cine que no es asumido como arte, ni como industria, ni siquiera como profesión… sino como un modo cojonudo de vivir por todo lo alto.

martes, marzo 27, 2007

Review 'Concursante'

La virtuosidad del exceso
El debut de Rodrigo Cortés es un enardecido viaje a una historia sobre el azar donde la narración frenética y fotográfica es tan importante como lo que se cuenta.
Dentro del cine español se acude, con razón, a la teoría de que la visible crisis que atraviesa nuestra cinematografía está llevando a nuestro cine a su extinción o a su normalizada y persistente incuria, cosa que es mucho peor. Por eso, pese a los defectos que se le suponen a un ‘opera prima’, ‘Concursante’, de Rodrigo Cortés, constituye un soplo de aire fresco ante esa temible (y manifiesta) situación. Sin ser un portento de filme, la cinta de Cortés sabe operar con habilidad en el frenético juego de ese hombre que acaba de morir, aplastado por su propia fortuna, que va mostrando las trampas que le fue tendiendo el aciago destino.
La historia de Martin Circo es una mirada satírica al consumismo actual, al conformismo, pero, sobre todo, a la manipulación y al funcionamiento del sistema financiero internacional, donde los bancos se benefician y vampirizan a sus clientes. Una ordenación económica que promete seguridad y bienestar y acaba por procurar únicamente humo, donde un golpe de suerte en forma de premio millonario se revela como una desastrosa ruina muy cara a pagar por ese estatus de nuevo rico. Como voluntarioso designio fabulesco, ‘Concursante’ podría ser una versión capitalista y económica de ‘El Club de la Lucha’, de David Fincher o de una disertación más o menos acertada sobre la fortuna y la providencia, como una suerte de ‘Magnolia’ monetaria. Un referente, éste último (y salvando las distancias), con el que la cinta del director gallego tiene varios puntos en común, sobre todo en su análisis del azar y ese final de conciliación que da tregua al armisticio visual al que ha sido sometido al público a lo largo del filme. Sin embargo, el debut de Rodrigo Cortés se encamina hacia la pluralidad híbrida, no tanto por la sensación de cambio frenético mantenido a lo largo del filme, si no en la estética percutante, por la alteración constante de formato, unificada en la perfecta representación desquiciada de su protagonista.
El cineasta, con incontestable destreza, impone la furia y el fatalismo con el que se mueven sus personajes, apoyándose en una acción enardecida, transmitiendo un nivel de angustia, insólito y desesperado, caótica en fondo y en forma, de esencia postmodernista, experimental, como una montaña rusa que hay que disfrutar… voluntad de estilo plausible, con montaje impecable, tal vez excesivo, pero categórico y virtuoso. Es innegable que Cortés no oculta sus referencias de apoyo en pantalla; el inevitable Scorsese, P.T. Anderson, los hermanos Scott, Michael Mann, series televisivas como ‘24’… Lo único reproche dentro de los abundantes logros del filme, es la abusiva hegemonía con la que el director maneja los hilos de esta pesadilla, visible su mano en cada uno de sus planos, en cada giro de la lógica evolución de su relato, dificultando por momentos el seguimiento del espectador sobre una historia de sólidos engranajes que equilibra muy bien su compleja miscelánea económiconarrativa.
‘Concursante’, eso sí, está contada de forma incómoda, con insultante descarado y enardecida agilidad en su deconstrucción narrativa que trastorna la lógica disposición de la historia para someter al público a un fascinante viaje de sugestivo y gratificante cine donde destacan, en equivalente significación, las fantásticas interpretaciones de Leonardo Sbaraglia y Chete Lera y la esforzada fotografía de abrumante heterogeneidad lograda por David Azcano. Una cinta que logra ofrecer un producto de gran calidad. Ése concepto al que el cine español suele ser ajeno.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

jueves, marzo 22, 2007

Review 'The Good German'

Imperfecto homenaje al cine clásico
En su ímpetu por el experimento visual, Soderbergh pretende otorgar una ofrenda formal al cine clásico, pero el producto final acaba cayendo en la indolencia por el exceso de frialdad y pretensión.
Steven Soderbergh se está convirtiendo, con el paso de los años, en uno de los directores más inclasificables y prolíficos del cine moderno. A veces erróneo en sus planteamientos, como es el caso de ‘The Good German’, casi siempre hacedor de obras personales y arriesgadas e incluso creador de títulos con cierta maestría y prestigio, lo cierto es que Soderbergh ha pasado a ser el ‘cineasta total’ por su extrema implicación en sus proyectos, donde ejerce, desde hace años, de director, editor, fotógrafo y productor. Su diversidad le ha hecho depositario de una fascinante filmografía donde abundan cintas experimentales o independientes como ‘Sexo, Mentiras y Cintas de Video’, el falso documental ‘Schizopolis’ o más recientemente ‘Full Frontal’ y ‘Bubble’, así como temerarios proyectos de carácter poco menos que metafísico del calibre de ‘Kafka, la verdad oculta’, ‘El halcón inglés’ o ‘Solaris’ que ha compaginado con un cine netamente comercial y de entretenimiento demostrado en ‘Un romance muy peligroso’, ‘Erin Brockovich’, la magnífica ‘Traffic’ o el díptico gamberro (pronto trilogía) ‘Ocean’s Eleven’ y ‘Ocean´s Twelve’.
Para su nuevo filme, Soderbergh ha tomado como inspiración imágenes documentales del Berlín de 1945, sobre el trasfondo de la Conferencia de Potsdam y la cámara legislativa actual. Basada en la novela de Joseph Kanon, ‘The Good German’ es un filme de misterio, romance y suspense. Con el estilo tradicional del clásico cinema noir utilizado efusivamente con la música de ecos melancólicos de los años 40 y un potente blanco y negro para enfatizar la voluntad estética y argumental de un drama íntimo y humano en una historia que esconde intrigas y turbulencias políticas a gran escala. El nuevo experimento de Soderbergh se ha constituido como un orgulloso homenaje al cine negro del Hollywood Clásico, para el cual se sirve de un descarado reciclaje, de una clara apuesta por el calco, más que por la creencia y admiración por aquellos cánones que marcaron al Séptimo Arte con su gloria y esplendor.
En esa pugna por lograr la sensibilidad contemporánea, el ambiente y el estilo de las películas que avivaron la imaginación de los espectadores del periodo de posguerra, el cineasta explicita una prepotente retroactividad que no alimenta las imágenes de esa supuesta belleza, sino que, por el contrario, lastra el producto, estacándose en una aburrida estela de fotogramas de enaltecida belleza sin alma y recurriendo a un impostado clasicismo que impregna la pantalla de técnicas de filmación en desuso (retroproyecciones, material documental, utilización del formato europeo 1:1,66, consecuente blanco y negro…).
El gran problema de ‘The Good German’ es que, desde su arranque, evidencia una falta total de credibilidad y realismo que Soderbergh enfatiza con una finalidad perceptible; el cineasta saca de contexto a sus personajes, víctimas de un tiempo que no les pertenece, como si estuvieran en una dimensión distinta a una postguerra que actúa como invisible trasfondo. Para el cineasta es más importante la visualidad funcionalista, la utilización de la luz y el montaje que la humanidad de la historia. Un impedimento que camufla como puede en todo momento intercalando imágenes documentales de archivo, con un muestrario de reiteraciones evocadoras e hipnóticas que acaba por convertirse en un plúmbeo ejercicio netamente esteticista. Soderbergh parece más fascinado por captar sin éxito algo del europeísmo cinematográfico (fundamentalmente del cine italiano), anhelando además que la acción en el ritmo narrativo evoque la visión de posguerra de demiurgos como Wilder, Hawks, Carol Redd o Jacques Tourneur. Una fallida sinergia que ensombrece cualquier bondad de un filme que acaba cayendo en la indolencia. Sodergbergh parece olvidar que ni ‘The Goog German’ es ‘Casablanca’, ni él se puede comparar a Michael Curtiz.
En esta borrachera de pretensión en el fondo y en la forma, el guión de Paul Atanasio tampoco ayuda mucho, debido, fundamentalmente, a una descarada y barata segmentación de actos que quieren aparentar la ofrenda clasicista. Sin embargo, se ésta queda en una estéril apuesta deslucida por la indiferencia e impasibilidad con la que transcurre una historia de falsas ambigüedades, confusa y artificial en su desarrollo sin claves ni fórmulas. Lo cierto es que, en el subtexto sí se vislumbra una voluntad de mostrar su historia con actitud de ‘film noir’, históricamente situada en un determinado contexto, donde el egoísmo y el pillaje se promueve dentro de una postguerra que deja víctimas como ese escéptico periodista que ayuda, por encima de sus convicciones, a escapar a una mujer casada con un nazi al que adora y que ha terminado por prostituirse física y emocionalmente. Pero el inconveniente sigue siendo la frialdad con la que se mueven los personajes. Incluso dos actores de inagotable carisma como George Clooney y Cate Blanchett se introducen en el gélido desánimo que parece contener el filme; el primero ofreciendo su eficiencia al resignado antihéroe y ella, maravillosa, dando otro recital interpretativo para su controvertido personaje testamentario de Marlene Dietrich. Todo muy flemático, muy artístico y elevado, pero en definitiva, deslustrada onomatopeya visual e iconográfica.
A pesar de todo, algunos fragmentos del filme tienen la autonomía propia para resplandecer con la maravillosa creación fotográfica del director (bajo el psuedonimo de Peter Andrews) que se recrea con los estoicos contrastes lumínicos de estirpe expresionista en sintonía con la prodigiosa y (en este apartado sí consiguida) ofrenda a los grandes clásicos que se marca el compositor Thomas Newman.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

martes, marzo 20, 2007

II MUESTRA DE CORTOMETRAJES LA AUDIENCIA (Versión Extendida)

Otro año más, creciendo poco a poco, como una idea en pleno desarrollo, sin ínfulas de grandiosidad pero con un paso firme para convertirse uno de los referentes dentro de las muestras cortometrajísticas que pueblan la península a lo largo y ancho de su territorio, La Muestra de Cortos de La Audiencia de Salamanca, ha encontrado su creciente éxito en el trabajo bien hecho, sustentando su proyecto en el impecable precepto de aprendizaje, con la exposición de los mejores trabajos del año, dando oportunidad a un heterogéneo grupo de cortometrajistas que presentan sus mejores cortos dentro de tres noches para el recuerdo.
Esta Muestra nació en 2006 como plataforma de impulso ya no sólo para nuevos cortometrajistas, objetivo prioritario, sino como encuentro que ha logrado reunir, en solo dos años de existencia, a los mejores y más prestigiosos cineastas que han triunfado y siguen dando lo mejor del panorama del cine en pequeño formato del país. Encuentros donde compartir experiencias, enseñanzas y anécdotas de un universo que ha experimentado profundas transformaciones y que le han llevado a convertirse por fin en un género audiovisual con entidad y problemática propias. Con estos elementos, las tres veladas volvieron a ser otra de esas demostraciones de inolvidable conciliación, divertimento y aprendizaje en un marco incomparable como es la ciudad de Salamanca.
Día 14 de marzo
La velada comenzó con los cortometrajes de Javier San Román, que presentó tres obras entre las que figuraban ‘Proverbio Chino’, uno de los ganadores en la categoría ‘Vente a Salamanca’, junto a los cortos de Francisco Calvelo y Oriol Puig, que, en su primera edición, ha tenido una excepcional acogida (más de 250 cortos recibidos). Una sección que a buen seguro crecerá en próximas ediciones en beneficio del cortometraje español. El corto de San Román expone la intencionalidad del autor por poner sobre la mesa una temática social como el racismo de una forma elegante, donde el humor tiene cabida a la hora de hablar de xenofobia. ‘Proverbio Chino’ narra la vida de un joven cubano que quiere trabajar en un restaurante chino, pero el color de su piel juega un papel determinante en sus posibilidades. San Román también presentó ‘Lección de Historia’ (primer premio en el certamen 2005 de Cortos contra el racismo de SOS Racismo) y ‘Madrid-Moscú’, cortometrajes que no se alejan mucho de ese objetivo del director por narrar, sutilmente y sin caer en el efectismo, la problemática de la desubicación territorial entre las diversas culturas. Y de ello charló San Román contestando a las preguntas de Bruto Pomeroy, que volvió a repetir como maestro de ceremonias y presentador a lo largo de los tres días que ha durado el evento. Por su parte, ‘O Sole Mio’, de Alex Weimer y Hanni Welter, llegó desde Alemania para evocar la fantasía con la tragicómica historia de un hombre enamorado que encuentra en un viejo robot encontrado en la basura el elemento perfecto para conquistar a su amor utópico. Un corto que se define perfectamente con la resonancia del vetusto embrujo que tenían las comedias iniciáticas de Roberto Benigni (al menos así lo ven sus directores). Para lo bueno y para lo malo.
Miguel Á. Martín llegó sin Borja Crespo (que estaba ejerciendo labores profesionales en el Festival de Cine Español de Málaga) para presentar ‘Snuff 2000’ y el posterior ‘making of’ de este controvertido cortometraje basado en los violentos y polémicos cómics del autor leonés. Martín departió, con su habitual conocimiento absoluto e intuitivo, sobre algunas de las realidades del orbe cinematográfico y el cómic, exponiendo su punto de vista sobre ambos artes. ‘Snuff 2000’ es la visión cinematográfica del contexto aséptico y luminoso del mundo de Martín, que contrapone esa luminiscencia colorista y alegre con situaciones aberrantes enfatizadas con una extrañeza sádica y oscura. Tras los pormenores del corto de Crespo, llegó el turno del célebre dúo conocido dentro del panorama de pequeñas ficciones autodenominado RLUX (compuesto por Raúl Navarro y Álex Montoya), que trajo a Salamanca una amplia gama de trabajos, dejando ver la pluralidad de dos cineastas que apoyan sus trabajos en la agudeza imaginativa e ingenio cuando se trata de comedia y de un poso de inquietud transformadora con drásticas divergencias entre imagen y fondo cuando se trata de géneros considerados injustamente mayores. Por eso, nada tiene que envidiar ese extraordinario trabajo suyo (y el más ilustre) titulado ‘El Punto Ciego’, con el juego de ‘slipt screen’ a dos tiempos en un ‘thriller’ sórdido y sucio, como algunos de sus ‘spots’ televisivos, rarezas como el delirante ‘Pollo!’ o pequeñas piezas como las dos versiones de ‘Te quiero’, ‘Si quieres, puedes’ o ‘H&D’. Lo loable de estos jóvenes de prometedor futuro es la gran diversidad que acopia su prolífica y creciente obra. Y todo ello, con humildad, como lo hizo ver Álex Montoya (su media naranja creativa no pudo asistir a la muestra).
La gran figura de la noche debía ser, a todas luces, Borja Cobeaga, el flamante nominado al Oscar por ‘Éramos pocos’ que, como era de obligación, no podía faltar dentro de esta convite aceptado con gusto por un hombre tranquilo como el antedicho. Y lo fue. El cineasta vasco acudió para presentar, asimismo, su trabajo ‘La primera vez’ (que fue nominado al Goya) y algunas divertidas piezas de su paso por ‘Vaya Semanita’, algún que otro spot publicitario y diversas piezas que hicieron las delicias de todos los que se acercaron a ver de cerca a este nuevo fenómeno de masas. Cobeaga, consecuente de la atracción que despertó presencia, se acrecentó a la hora de conversar sobre su experiencia hollywoodiense con una intensiva sucesión de anécdotas, de sus proyectos, de sus intenciones cinematográficas y de su condición superior de vascongado.
Tras las más de tres horas de proyecciones y coloquios, Cobeaga atendió amablemente a los estudiantes de Comunicación Audiovisual salmantinos y rezongó pidiendo un ‘karaoke’, cuando la fiesta nocturna (tan imprescindible en estos encuentros charros –Salamanca y la fiesta sin fin son términos fusionados) empezaba y una vez accedida su petición, el ‘oscarizado’ protagonista se fue tempranamente… ¡Sin cantar! Y dejó para el recuerdo el vestigio del verdadero rey de la noche , que fue, con todo merecimiento, Miguel Á. Martín, que instruyó con su habitual cinismo, y en ‘petit comité’, sobre las obsesiones del que él es una providencia (cine, cómic, arte, vida, sadismo, diversión y algazara nocturna).
Día 15 de marzo
El segundo día estuvo marcado por el perceptible sello antológico de un inacabable y absurdo gaudeamus sin freno, que caracterizó la noche del jueves en general. Hubo de todo antes, durante y después de la muestra. Si la selección de la noche comienza con ‘Go’el’ y ‘Crisálida’, ambos trabajos de Francisco Calvelo, cualquier cosa puede pasar. Los cortos de este gallego definen una singular personalidad, capaz de radicalizar sus historias con una clara apuesta de escisión psicológica sobre las tramas que recrea, experimentando con una valiente narrativa capaz de erigir un identificable estilo, más allá de lo que pretende contar, en la agobiante atmósfera con la que quedan contrastadas las imágenes de sendos cortometrajes. Calvelo, tan cerca y tan lejos de David Lynch y de múltiples referencias del ‘anime’ y el cine asiático, logra con aparente facilidad poner al espectador al límite con su universo opresivo y hostil, inaccesible pero sugestivo. Una ficción desterrada en el carácter del autor, exhibido en la cercanía de un tipo campechano, con un sentido del humor cercano y una identidad propia que difiere con la metáfora, el desconcierto y el malsano éter que determinan un potencial cinematográfico que habrá que seguir con mucha atención. La sorpresiva diferenciación con la gran mayoría de los cortometrajes que inciden en la redundancia de fórmulas que terminan por recargar muchas historias en formato corto es lo que acentúa la obra de Calvelo, pero también el objetivo final del espléndido corto ‘La habitación continua’, nuevo trabajo del dúo Daniel Romero y Raúl Garán tras el sugestivo corto ‘Una puerta cerrada’.
Romero y Garán vuelven a tantear, cada vez con más acierto y una estética más depurada y pulida, una narración genérica de ciencia ficción, ésta vez, a modo de ‘thriller’ futurista a través de las reflexiones humana y metafísicas de dos científicos que experimentan con cobayas humanas una serie de fármacos durante una apocalíptica pandemia. El asfixiante contexto (una habitación oscura y sin límites), su duración (no llega a los 10 minutos) y la conseguida narración apoyada en una inquietante fotografía de claroscuros y tonos ocres convierten ‘La habitación contigua’ en el resultado de otro éxito en la ascendente carrera de estos cineastas madrileños que, representados con Daniel Romero en la muestra, apuntó ‘La Jetée’, de Chris Marker, como referencia principal de un corto extraordinario.
Tal vez, el cortometraje que menos tenía que ver con el cómputo de géneros más o menos fraternos en sus designios la noche del jueves era el presentado por Diego López Cotillo. ‘Conciencias’ es una pequeña historia costumbrista sobre un aula de clase de instituto, unos niños, una profesora, un examen final y el arte de la ‘chuleta’ como dispositivos de un corto que acerca su mirada, bajo el modelo del naturalismo (en voluntad narrativa y en fotografía), a la inquietud del mundo adolescente visto con la nostalgia de un “Coti” al que le importan más los gestos, las miradas, la sensibilidad y tensión del momento que las palabras o el manierismo formal. La cercanía con la que López Cotillo observa a sus personajes se equipara a la misma con la que el hombre que hay detrás de un creador irradia ilusión, bondad y simpatía. Fue, sin duda alguna, uno de los realizadores que más disfrutó de esta segunda edición de La Audiencia.
“Dolor…” repetía una y otra vez el excéntrico cineasta madrileño Raúl Cerezo antes y después de proyectar su cortometraje ‘Escarnio’, adaptación del cuento ‘La gallina degollada’, de Horacio Quiroga. “Dolor…”. La palabra define a la perfección esta oscura fábula sobre el rechazo, la humillación y el desconsuelo, sobre la ambición de la perfección y el maltrato a la anormalidad. Un recorrido que tiene como telón de fondo la enfermedad y el defecto humano, ya que física o psíquicamente todos los personajes, menos una niña idealizada en la pureza inocente, están sumidos en la malformación. También se pudo ver ese documento titulado ‘Día V’ (estrenado en el Festival de ESCORTO, que dirigen Cerezo y López Cotillo), panegírico que levanta su voz contra las envidias y malos rollos que existen muchas veces en el mundo del corto. Mientras unos triunfan con méritos, talento y esfuerzo, otros, menos capacitados, se dedican a reprobar la genialidad desde la rivalidad y el rencor. Un corto que debería hacer reflexionar sobre el mundo del cortometraje en España.
Sin embargo, lo que de verdad hace reflexionar es que un tío como César Velasco Broca, con ese delirante mundo, algo intransitable pero dotado de una brillantez rotunda, tenga que ganar con su corto ‘Avant Pétalos Grillados’ uno de los premios más importantes del Slamdance (el de mejor cortometraje experimental) para que se empiece a hablar un poco de su excelente aunque corta obra cortometrajística. Y ni con ello, poder sacar su próximo trabajo en España, después de haber visto truncado su debut en el largometraje con ‘Noches Transármonicas’, con guión coescrito junto a Nacho Vigalondo. El universo extraterrestre y extremo de Velasco Broca aterrizó en La Audiencia para ostentar un cosmos de humor surrealista con trabajos como el citado y laureado cortometraje, así como sus antecedentes ‘Kinky Hoodoo Voodoo’ y ‘Der Milchshorf: La Costra láctea’, creaciones donde el fetichismo, el humor soterrado, la Deep Spain, los iconos metafóricos y la directriz fantástica de cariz alienígena hacen de este extremista visual y argumental una de las figuras más interesantes del panorama corto de nuestro país. Por si fuera poco, el público pudo reír a carcajadas con el pase de esa joya de ineluctable humor que es la inédita ‘Las aventuras galácticas de Jaime de Funes y Arancha’. Velasco Broca terminó de fascinar al público con la posterior y memorable charla de perniciosa duración (casi hora y media para él solito), donde el realizador hizo un extenuante repaso por su vida, obra, voluntades y obsesiones.
Como anécdota destacable, en cada muestra de esta tipología, suele realzar la aparición de algún ignominioso fulano que, con autoconsciente petulancia e impertinencia, hace gala de una gilipollez suprema fuera de lo común con supuestos comentarios agresores. La noche del jueves, tuvo un protagonista añadido que no hacía más que atacar en forma de preguntas (a veces sin sentido, siempre con ademán erudito) a todos y cada uno de los que presentaron sus trabajos, siendo rebatido con emotivos discursos sobre el respeto al corto, descaradas réplicas con muy mala hostia y la indiferencia cada vez que este chaval abría la boca.
Lo que no se podrá olvidar fue la posterior fiesta nocturna, con plétoras de toda índole, abrazos dipsómanos, risas incontenibles, amistades efímeras y duraderas e incluso la aparición de ‘groupies’ casquivanas que se ofrecieron a los cabezas de cartel o realizadores más conocidos a lo largo de las tres noches.
Lo cierto es que todo el mundo acabó gritando: “¡Maldito seas, Mingo!”.
Viernes 16 de marzo
Como si las horas sin dormir, el exceso o el cansancio no acaecieran sin remisión, la tercera y última jornada arrancó con ‘Víctor y la máquina’, de Carlos Talamanca, una extraña fusión de ambiente sureño con notas musicales de guitarra española y cine fantástico que evoca el mito de Prometeo y Frankenstein de un modo edulcorado y inmaculado, con excesiva candidez y estética apoyada en un níveo blanco y negro para contar la historia de un niño pequeño que sueña con resucitar a su padre usando piezas de una vieja motocicleta. Como bien apuntó Henrique Lage (preseleccionador de este nuevo espacio dentro de la muestra) es algo parecido a un “Tetsuo a lo flamenco”. Todo muy bonito, con voluntad, pero inexpresivo. Eso sí, lleno de buenas intenciones y honestidad, como bien demostró el cortometrajista en el breve discurso que dedicó a los asistentes.
El mundo de la animación también tuvo su espacio este año. Juan Pérez-Fajardo, recientemente nominado al Goya al mejor corto de animación por ‘Hasta la muerte’, presentó en Salamanca esta pequeña genialidad de un director que además de ejercer como tal ha creado el diseño de personajes y escenarios, storys, animática, animación, modelado, edición de vídeo y postproducción de sus trabajos. Un fuera de serie, vamos. Lo más interesante de su intervención, amén de las bondades de este trabajo precedido por su anterior ‘El ataque de los zombies adolescente’ (ambas con una atracción por el humor y la muerte en común), fue la pequeña ‘master class’ que improvisó Pérez-Fajardo con pequeñas lecciones básicas de utilización de 3D con 3dsmax desde un portátil que reflejaba sus movimientos en la lona de proyección. Un detalle que cautivó al público y dejó claro hasta qué punto este joven realizador lleva a cabo su laborioso y arduo trabajo para la destacada visión del mundo animado digital con términos desconocidos relativos al Character Studio o Combustion.
Si el año pasado Jim-Box encandiló a todos con su presencia como flamante ganador del Notodofilmfest. Este año Oriol Puig tomó relevo presentándose como recién ganador de la V edición del prestigioso certamen Festival Jameson de Cine Destilado con su corto ‘Atracciones’, aprovechando la coyuntura para celebrarlo con los asistentes junto a la proyección del corto. ‘Atracciones’ es, según su propio director, “una historia de amor de una pareja que quiere comenzar su relación con toda la verdad por delante, aunque ésta sea muy íntima y dolorosa”. Una sinopsis que el propio Oriol reconoció estar influenciada por apuntes biográficos a la hora de adaptar sucesos que le han contado o ha vivido personalmente para esta miscelánea de humor, comedia romántica, truculencia escatológica y sexual, impregnada de una verdad que alude al espíritu del cómic más ‘underground’ de los 90, pero que encuentra su peor e inapreciable enemigo en un doblaje que no ayuda nada a la credibilidad de la historia. También Puig proyectó ‘Zapatos limpios’, corto con menos aspiraciones que ya estuvo a punto de conseguir el año pasado el premio mejor dotado del certamen dirigido por Javier Fesser y que, con cierta lógica, todo el mundo señala bastante superior a este ‘Atracciones’ con esa historia mínima sobre el cine dentro del cine. Oriol, en cualquier caso, diseñador de profesión y cineasta ocasional, se mostró como lo que es, un tipo entrañable que disfruta al máximo haciendo cine.
La gran baza dentro de un cartel de estas características es, como siempre, conseguir que Nacho Vigalondo esté presente. Lo es, fundamentalmente, porque el cántabro es una atracción, porque su carisma y ‘vis cómica’ ayudan a elevar la notoriedad de este tipo de saraos. Vigalondo es un ‘crack’ mediático. Él lo sabe. Y hace disfrutar con sus anécdotas y narraciones con una pose y una destreza que pocos pueden ofrecer. También es un virtuoso individuo que convoca su humor e inteligencia fílmica cuando el público tiene la oportunidad de disfrutar de sus obras llenas de calidad e ingenio, como el amplio catálogo de videos que se pudo disfrutar en esta edición de La Audiencia; ‘Choque’, ‘Domingo’, ‘Una lección de cine’, la trilogía ‘Código 7’ y el trabajo nominado al Oscar hace dos años ‘7:35 de la mañana’. Velasco Broca, la noche anterior, había confesado que Vigalondo podía vomitar cuando quisiera (“os reto a que se lo pidáis”, animó), también se suele arrancar a cantar cuando alguien le pide que coree en directo alguna de sus míticas coplas. Vigalondo se negó a ambas cosas. No procedía. A cambio dejó sus habituales tertulias con disertaciones sobre su cine y el arte en general con ese magnánimo proceder salpicado de anécdotas humorísticas que tan bien sabe exprimir. Pero si por algo destacó Vigalondo fue porque, contra todo pronóstico (tenía que viajar muy pronto para trabajar en ‘Los Cronocrímenes’), se quedó disfrutando de otra ilustre noche salmantina junto a toda la ‘troupe’ que componía esta edición de La Audiencia. Eso es actitud. Algo que al de Cabezón de Sal le sobra y que hay que agradecerle.
De nuevo Salamanca volvió a ser el centro, por unos días, de un mítico encuentro entre cortometrajistas. Sin importar el género, el formato o la procedencia. De nuevo La Audiencia, cafetería propiedad del incansable JoseRa (el principal valedor para que todo esto sea posible) volvió a dar la oportunidad al inefable Rubin Stein para congregar a un grupo de cinéfilos que disfrutan delante y detrás de la pantalla con tres días memorables. Tres días en los Bruto Pomeroy presentó y Eli Martin, incansable como siempre, grabó todo lo que allí sucedió, así como ese amigo de Stein llamado Gustavo, gran persona humana que estuvo fantástico ayudando en las labores de producción. Tres días que tendrán su continuidad el año que viene, cuando la III Muestra de Cortometrajes de La Audiencia vaya escalando un pasito más en su aspiración por ser una de las reuniones de talentos dentro del mundo del corto más importantes del país. Por ahora, lo están haciendo de forma impecable. Que sea por muchos años.

jueves, marzo 15, 2007

Review 'The Host'

Monstruos mutantes y sociales
Joon-ho Bong propone una cinta que, aparentemente, se puede considerar de ‘terror con mosntruo’, pero que sabe moverse en límites de diversos géneros fílmicos para ofrecer una hermosa y lírica historia de supervivencia.
Para el aficionado al cine de terror de monstruos asiáticos les sonarán los términos ‘kaiju eiga’ y ‘daikaiju’, relativos a los filmes orientales (procedentes de Japón) realizados en los años 50 como alternativa patria a las producciones de ciencia ficción de los USA. Es el elemento que suscita el origen de una película surcoreana como ‘The Host’, la nueva película del siempre temerario Joon-ho Bong, que reivindica ese sedimento definitorio de las películas de monstruos nipones llevados a una película que narra el drama de una familia de perdedores, totalmente disfuncional, que deben enfrentarse junto a los habitantes de Seúl a un monstruo mutante surgido del vertido de productos tóxicos en las aguas del río Han, en Seúl, escenario de esta tragedia sin precedentes llena de lírica, épica e incluso absurdo que fue la auténtica sensación del pasado Festival de Cine de Sitges.
Como una imagen visual del pasado, evocando el oráculo de la serie B, la bestia, como no podía ser de otro modo, es fruto de la arrogancia del ser humano, creado para la ocasión por la inconsecuente decisión de un químico norteamericano. La gigantesca y tremebunda criatura mutante está hermanada, desde ese enfoque, con clásicos de la raigambre fantástica como Godzilla, Gamera, Motora o Rodan. Curiosamente, el realizador coreano toma como origen de la historia un hecho real, el que rememora una serie de fluidos tóxicos de formaldehído vertidos a un río, lo que provocó extrañas mutaciones en la fauna, como peces con dos cabezas o con malformaciones en las aletas.
‘The Host’ es muchas cosas a la vez, además de un filme no siempre fácil de asumir, ya que tras su envoltorio de ‘película de monstruo’, consigue abarcar materiales narrativos y genéricos de heterogeneidad imposible, esgrimidos en pantalla con una asombrosa habilidad para aunarlos sin quebrar la línea del ridículo, otorgándole a la película una entidad de preeminencia fuera de toda duda. La gran virtud de Joon-ho es, como ya sucediera en sus dos admirables obras precedentes; ‘Barking Dogs Never Bite’ y ‘Memories of a murder’, la de saber moverse a la perfección en los límites de diversos géneros fílmicos con una legitimidad portentosa, en la medida en que su argumento se articula en una historia aparentemente de terror, donde no deja de sorprender cómo funciona el humor, el drama, la tensión y la acción, amén de aquello que está más allá del fondo visible de la historia, con una propósito de acción marcadamente político.
Ése trasfondo alude, directamente, no a la malformada y aterradora criatura, sino a un monstruo mucho más temible, al que representa la misma sociedad surcoreana, donde un país entero se muestra displicente, dócil, sin idiosincrasia propia que se doblega ante las estúpidas las directrices gubernamentales, a su vez sometidas a las directrices norteamericanas. La familia de Gang-du es la representación perfecta de esta intención de Joon-ho Bong evidenciada con maestría; una prole clase baja, con la carencia de figura materna, que han sabido asumir perfectamente su condición de fracasados, pero que van tomando consciencia de su superación con el objetivo común de encontrar a la pequeña Hyun-seo. Son representantes de la mediocridad social en la lucha contra el monstruo que el mismo país ha generado, la misma que atemoriza en complicidad con los ‘mass media’ con calado internacional del H5N 1, fiebres contagiosas y demás infecciones colectivas. La anfibia criatura no es el peor enemigo a batir, sino el sistema social.
Por eso, en ‘The Host’, el elemento básico de los ‘kaigu’ consistente en la destrucción urbanística funciona sólo conceptualmente, metaforizado en el detrimento de la unidad familiar, en la destrucción de una dinastía que, sin embargo, permanece unida ante la adversidad. Es donde ‘The Host’ encuentra el emotivo empaque sentimental y dramático lleno de fuerza que crea, a su vez, un monstruo humano mucho más poderoso que el espeluznante monstruo y el poder gubernamental manipulador, convirtiendo a un hombre medio imbécil, somnoliento y algo tarugo en un superhombre que desafía las leyes de la naturaleza y la sociedad movido por el amor irrefrenable hacia su pequeña hija. En última estancia, la desgracia, por muy ficticia que sea, desemboca en una lucha por la subsistencia.
Estamos, por tanto, ante un filme de belleza y atracción híbrida como pocas. ‘The Host’ es una película muy sobresaliente (que no, como muchos ya han preconizado, una rotunda obra maestra), donde tiene cabida desde esa enuncia del control geopolítico por parte de Estados Unidos, una portentosa utilización de los efectos especiales digitales a cargo de The Orphanage, el esperado delirio satírico derivado del sello de su autor, un drama familiar que concentra hermosos momentos de belleza y ternura, un ‘thriller’ de supervivencia…Hasta llegar al filme de terror con monstruo que renuncia a los modelos del género y que supura cine mucho más profundo y ontológico.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

miércoles, marzo 14, 2007

II Muestra de Cortos de la Audiencia

El origen fue mítico. La consecución, con esta segunda edición y un despliegue mucho más grande y todo mejorado, puede ser antológica.
Más información en el blog de La Audiencia y en La Bellota Radioactiva.

martes, marzo 13, 2007

'Whores in the News': Britney Spears

Esto podría ser uno de los siempre sugerentes boletines jugueteros del estupendo blog ‘El emperador de los helados’, pero como no voy a usurpar el cetro de esta categoría a su patriarcal joven majestad, me limitare a dejar un breve apunte acerca de esas pequeñas grandes cosas que podemos encontrar en Internet, tesoros de coleccionistas que sólo se puede adquirir en flagrante novedad perecedera. Se trata de la extravagante muñeca de la categoría ‘Whores in the news’, ofrendada por Spectrestudios a esa demente infecta que es Britney Spears, destinada, como profética recreación juguetera, a acabar sus días en una celda acolchada con una merecida camisa de fuerza.
Britney, además de una desmedida y vacua ineptitud, representó a la perfección el cruel precepto de la moda MTV, efímera y desalmada, ése momento de fugitiva fama y celebridad que concluye con el lógico olvido del joven público, ansioso por la novedad. En este Abismo fue una de las pocas destacadas de la sección ‘Gente Detestable’. Ya entonces, la estrella de Britney estaba ahogada, como las muchas carreras de estos nuevos artistas modernillos del pop predestinados al olvido. Al menos, Britney saber llamar la atención con sus esperpénticas y tristes excentricidades (decir que sería virgen hasta el matrimonio cuando se la había zumbado medio universo musical, darse un muerdo con Madonna, casarse borracha para separarse poco después, conducir hablando por el móvil con su hijo en el regazo, enseñar el todo el parrús, coquetear con las drogas duras y raparse la cabeza al cero…).

lunes, marzo 12, 2007

Antena 3 estrena nueva serie de sobremesa

Infame (Del lat. infāmis):
1. adj. Que carece de honra, crédito y estimación. U. t. c. s.
2. adj. Muy malo y vil en su especie.
'Cafetería Manhattan' es la poco original nueva sitcom costumbrista cuyos personajes hacen un irónico repaso de la actualidad y que tiene como gran logro que los episodios se graban el mismo día de su emisión.

El ocaso de Jenna Jameson

La decadencia, ese momento de degeneración sin freno del que todos reniegan e intentan huir, el inesperado periodo donde la declinación de las facultades, a veces mentales, casi siempre físicas, causadas por los estragos derivados de la vejez, de la mala vida o del destino hacen mella incluso en las fantasías sexuales de una diva inmortal como Jenna Jameson.
Desde que ese maromo ciclópeo y desorbitado llamado Tito Ortiz, armatoste con rostro de bestia parda y estrella de lucha libre de la UFC empezara a trincharse a la más aclamada actriz porno de todos los tiempos, ésta se ha sumido en una visible destrucción que ha hecho de ella un esquelético esperpento. La voluptuosa fantasía de millones de varones ha caído en un proceso de extrema desnutrición bastante desagradable y preocupante.
¿Qué te ha pasado Jenna? ¿Por qué nos haces esto? ¿Por qué antes eras una excelsa diosa onanística y ahora eres un burdo facsímil prematuro de un cruce facial entre Tita Cervera y Bárbara Rey?
La prueba de este decepcionante descenso a los infernos, en HollywoodTuna.

sábado, marzo 10, 2007

Beer Party

Al final Myrian me ha convencido.
No sé cómo lo ha hecho, pero de esta forma nos hemos asegurado la bebida para el partido de esta noche.

viernes, marzo 09, 2007

Review al vuelo: ‘Das Leben der Anderen (La vida de los otros)’

La humanidad de HGW XX/7
He tardado bastante en verla. Mucho, diría yo. Pero al fin me acerqué a una pequeña sala cinematográfica para ver las bondades del último filme ganador del Oscar a la mejor película de habla no inglesa en su última edición. Le preguntas respecto a la rivalidad que muchos han querido ver (entre los que me incluyo) con ‘El Laberinto del Fauno’, de Guillermo del Toro, quedaron esclarecidas tras su visionado ¿Es mejor película la alemana que la hispanomexicana? Desde mi punto de vista, no ¿Cinematográficamente es superior? Tampoco ¿Está mejor dirigida? En absoluto ¿Es merecedora del Oscar sobre 'El Fauno...'? Sabiendo cómo reparte estos premios Hollywood, no me cabe ninguna duda ¿Es una digna ganadora? Por completo, rotundamente sí.
‘Das Leben der Anderen (La vida de los otros)’ desglosa una parte de la historia de la Alemania dividida de los 80, cuando la Stasi representaba una opresora policía secreta con la que el régimen comunista de Erich Honecker mantuvo a la República Democrática Alemana sometida desde 1971 hasta 1989, cuando el silencio, la distancia, cualquier susurro perdido ocultaba una libertad coartada, subyugada por aquel régimen. Situados en un tiempo que precedió a la caída del Muro de Berlín, dentro de un contexto tan mefítico como frío y oscuro, el espía de aquella Stasi, Gerd Wiesler, es elegido para vigilar la intimidad de un autor teatral y su musa actriz, supuestamente en contra a la dictadura comunista. Sin embargo, el día a día, la soledad, la rutina, los mecanismos del régimen, hacen que Wiesler se posicione de parte de sus incautos espiados, protegiendo sus intereses por encima de su trabajo.
Para ser una ‘opera prima’, Florian Henckel von Donnersmarck (al que, para abreviar, vamos a llamar "Flori") profesa con una precisión (a veces excesivamente hierática y fría) una magnífica sobriedad que logra reforzar cada gesto y mirada, curtiendo los diálogos de una significación que van mucho más allá del ‘thriller’ político que propone, deteniéndose en los momentos de intimidad, de amor y engaño, los mismos que logran ablandar el corazón de una bestia delatora y espía compartidos en todo momento por el espectador. ‘La vida de los otros’ busca, en el fondo, una venia algo embaucadora a la hora de dibujar las huellas de la política alemana antes de la caía del muro, con una autoindulgente variante acusadora de la intromisión totalitaria del fascismo izquierdista, pero utilizando a la vez la figura de Bertold Bretch como detonante que invoca la misericordia y despierta la humanidad del solitario agente de la Stasi Wiesler. La subversión intelectual que genera la opresión de los poderes sociopolíticos, aquellos que cercenan la libertad y prostituyen la inteligencia le sirven al director para acentuar las anemias personales frente a la tiranía autócrata, para encontrar el objetivo de empatía entre personajes y público que logra con un paradójico distanciamiento.
Una magnífica película trenzada a base de cuestionamientos existenciales y morales, donde verdugos y víctimas representan por igual las dudas, las hendiduras espirituales y las inicuas contradicciones inherentes al ser humano. Pero a pesar de la portentosa capacidad para describir el lapso histórico y los tormentos personales de sus criaturas sin ningún tipo de alarde ni grandilocuencia narrativa, "Flori" rompe su brillante contención con un desenlace atropellado, con inacabables elipsis temporales, con redundancias y elucidaciones que se antojan gratuitas e innecesarias, dilatando sin sentido el final después de haber deleitado al personal con una impresionante historia en la que destaca, de forma muy particular, el trío interpretativo formado por Ulrich Mühe, Martina Gedeck y Sebastian Koch.

jueves, marzo 08, 2007

Colegueo gratuito y abismal

Dos adeudos en forma de apunte sobre futuros trabajos de amigos del alma a los que no puedo dejar de lado en este espacio abismal.
El compromiso de amistad conlleva a la devoción y a la parcialidad cuando se habla de gente como Paco Cavero y Cristóbal Garrido, dos seres humanos envidiables a los que el talento ha tocado con una varita de probidad y esplendidez. Y de una buena dosis de magia, porqué no decirlo. Ambos tienen un maravilloso potencial en el desarrollo de un conjunto de habilidades que se están propagando a otros campos paralelos a su profesión.
Del primero de ellos, poco puedo decir más que no haya dicho en este blog. Uno de los mejores ilustradores de estos lares ibéricos y de parte del extranjero. El creador del mítico Refotoon ahora prueba fortuna en el mundo del cortometraje con una propuesta totalmente diferente, con una historia a buen seguro de atractivo visual y un humor corrosivo que caracteriza a este tarraconense adoptado como la institución más carismática de Girona.
Nos presenta el ‘teaser poster’ de este trabajo titulado ‘Yo y sus geranios’, un corto protagonizado por Jordi Vilches y Álvaro Manso del que podéis seguir todas sus vicisitudes en el blog que Cavero ha creado para la ocasión.
Cristóbal Garrido es uno de esos camaradas a los que me une un afecto especial, substancialmente por su llamativa capacidad resolutiva dentro del medio cinematográfico y del guión. Un artista donde los haya. Diseñador y guionista de vocación y profesión, forma parte del equipo que ha hecho posible el esperadísimo debut de Felipe J. Luna ‘No digas nada’.
J. Luna saltó a la discreta popularidad con el magnífico cortometraje ‘Te lo mereces’, una de las mejores y más impactantes historias que se han filmado en formato de corto en los últimos tiempos. Aquella historia de cruel deshumanización mediática que proponía la creación de un espeluznante show ‘reality’ que robaba sin compasión la vida de un pobre hombre a cambio de una audiencia segura. Once años después, Felipe J. Luna estrena el largometraje ‘No digas Nada’, filme que se presentará en el Festival de Málaga y que llegará a nuestras pantallas próximamente.
Una apuesta demencial y arriesgada en la que unos jóvenes, después de asesinar a un profesor, van incrementando su ‘lista negra’ aficionándose a matar a maestros y vecinos que les importunan en su vida diaria. La protagonizan Santi Rodriguez, Claudia Molina, Elio González, Jimmy Barnatan y Darío Paso e incluye como incentivo añadido la música de Def Con Dos.

martes, marzo 06, 2007

El última gran jugada de Welles

Peter Bogdanovich: ¿Cuánto costo 'Campanadas a medianoche'?
Orson Welles: Un millón. Uno solo.
Peter Bogdanovich: Barato. ¿Como lo conseguiste?
Orson Welles: Recortando gastos por todas partes.
Peter Bogdanovich: ¿Por ejemplo?
Orson Welles: Por ejemplo, cosas como terminar la actuación de John Gielgud en el importante papel de Enrique IV en solo diez días. Después, cuando se hubo marchado, hicimos las tomas en las que aparecía de espaldas sustituyéndolo por un extra español. Hay una escena en la que deben aparecer los siete actores principales y en la que, literalmente, ninguno de los fotografiados es quien se supone que debe ser...

viernes, marzo 02, 2007

Review 'La Science des rêves'

La compleja belleza de un cosmos elaborado con viajes astrales
Michel Gondry demuestra, sin Charlie Kaufman, que es capaz de componer un hermoso ejercicio surrealista de acertada inspiración melancólica a través de los sueños.
Para ‘La Science des rêves (La ciencia del sueño)’, el prestigioso realizador Michel Gondry ha apuntalado su nuevo filme con varios elementos comunes con su anterior y prodigiosa ‘Eternal Sunshine of Splotless Mind (Olvídate de mí)’. Primero, que se trata, al igual que aquélla, de una compleja y hermosa oda al amor romántico, donde la fragilidad de los recuerdos y de los sueños se significan en la continua contraposición de ilusorios ensueños, plasticidad y recuerdos, alegorías de la subsistencia de la memoria que sirven como subterfugio para escapar a la mediocridad.
Segundo, ‘La Science des rêves’ es también un intenso melodrama obsesivo, personal e íntimo, que fragua su interés en el sugerente término de intentar solucionar en sueños lo que uno no es capaz de ordenar en la vida real. Ambas están definidas por lo imprevisible y la creatividad de una propuesta valiente y, en este caso, autobiográfica, de una singular idiosincrasia que utiliza unos mecanismos narrativos semejantes, donde interviene cierto furor por el ejercicio surrealista que encuentra, en todo momento, la más que acertada inspiración melancólica y poética, profundamente estimulante.
La gran diferencia entre ambos filmes es que, mientras ‘Eternal…’ se podía vislumbrar como una historia de amor, ‘La Science…’ es, opuestamente, un film de desamor, un drama con toques de comedia que bucea, con una personal visión del amor y del romanticismo, en las dudas, en la inseguridad y en la oscilación mental de aquel que, acostumbrado a perder, se inventa un universo para evadirse de sus problemas rutinarios. Gondry presenta así a Stéphane (excepcional Gael García Bernal), un joven con una imaginación desbordante que, buscando un cambio en su vida, vuelve a Francia tras la muerte de su padre para vivir en París y trabajar una empresa de publicidad, que resulta ser un empleo aburrido y tedioso, capaz de coartar las ínfulas creativas de este antihéroe. Para huir de la monotonía, recurriendo a su memoria y al subconsciente, se refugiará en sus extraños sueños para soportar la situación. Hasta que en su vida irrumpe Stéphanie (poderosa Charlotte Gainsbourg), una vecina de la que acaba enamorándose, sin saber que el sentimiento no es correspondido.
Tras esta sutil y naturalista trama, el director francés, compone una de sus habituales fantasías, impregnada de su bagaje como realizador de videoclips (evocando algunas referencias determinadas en el ‘Everlong’, para Foo Fighters, en ‘Let Forever Be’, para The Chemical Brothers o en ‘Army of Me’, para Björk) donde se acentúa su predisposición por la esquizofrenia visual y temática que mezcla aquí, en su traslación a la gran pantalla, con una proverbial narrativa en la que no faltan las bellas ilusiones de ‘stop-motion’ que tanto recuerdan al animador checo Jan Svankmajer.
La nueva y revolucionaria propuesta de Gondry se caracteriza por ser, al igual que ‘Eternal…’, un juego de metalenguajes, en su fragmentación de elementos temáticos, de realidad y ficción, de guiños oníricos que suplantan el terreno material para convertirse en entelequia y, a la vez, fundir la vida en el idealismo, en la farsa ensoñadora en la que vive constantemente Stéphane, presentando un mundo indescifrable e incoherente a modo de puzzle de situaciones contrapuestas contextualizadas en un escenario percibido como collage de ilusiones volubles en la vida real, pero imperturbables como indestructible utopía. El filme de Gondry es un encomio a la inmadurez, a la incapacidad de asumir los fracasos sentimentales y la rutina de un trabajo aburrido, cuando la estimulación de los impulsos más íntimos se vuelve ineludible. La vida no es fidedigna a lo que uno pretende o quiere. La realidad, como consecuencia, destruye los sueños que sirven como catalizadores de los deseos que son inalcanzables en el automatismo del día a día.
Gondry demuestra que, sin Charlie Kaufman sustentando su enfoque creativo, es capaz de firmar un guión portentoso, que respira libertad absoluta y marca su recorrido en el categórico albedrío, evidenciado por la falta de retracciones ni tiesuras, sin una norma narrativa clara, que disipa la lógica intencionalidad de la historia, pero que otorga, a cambio, la naturalidad con la que Gondry se salta a la torera cualquier funcionalidad en su oda a la ficción, al sueño y poseía del desorden, del caos en el que se sumergen dos personajes hermanados en creatividad y fantasía, pero distanciados en sentimientos, en el infantilismo romántico dependiente de uno (Stéphane) y en el sensato raciocinio solitario de otro (Stephanie).
Lo más destacado, de nuevo, es la complejidad con la que Gondry expone los elementos que configuran el subconsciente plasmados con mecanismos estéticos procedentes del ‘videoclip’ y la artesanía con una realidad conferida con un extraño y sugestivo toque de naturalismo y fantasía, donde conviven el realismo del entorno parisino tan europeo con la improvisación de tiempos y un grado de artificio disoluta donde imperan instantes caleidoscópicos. Biósfera donde la idea de estroboscopia encuentra un lugar común en la representación simbólica que escapa a los arquetipos de los sueños. De ahí, que tengan tanta fuerza las imágenes de estudio de televisión imaginario en el que el protagonista recompone oníricamente su vida, desde la inusual visión de unas cámaras de televisión de cartón y una pantalla que implanta lo filmado en otra dimensión.
‘La Science des rêves’ es un apasionante viaje a un cosmos inmaterial e imaginativo elaborado con hermosos viajes astrales, donde la televisión, el futuro, el cartón y la imaginería se muestran como una proyección de la conciencia fuera del cuerpo físico, aludiendo a los sueños como forma de vida, como vía escapista a la realidad que deja en la memoria el entrañable periplo de un pequeño personaje hacia el mundo adulto, donde no es posible abandonar la idea de un calendario titulado ‘Desastrología’, un mar de celofán surcado por un barco que tiene un bosque, con colinas de un mundo inventado donde cabalga un caballo de felpa y existe una máquina del tiempo que viaja a través del tiempo sólo un segundo.
Michel Gondry ha vuelto a lograr que algo tan inaccesible como los sueños sean una fuente universal que todos puedan compartir y tener acceso.

jueves, marzo 01, 2007

Mañana, cita ineludible con el corto en Madrid

Mañana se estrena uno de esos cortometrajes que vale la pena ver. Se trata de ‘La habitación Contigua’, el nuevo trabajo al alimón de Daniel Romero (más conocido por estos lares de la blogoesfera como “Dani Lebowski”) y Raúl Garán después de los buenos resultados vistos con el excelente proyecto que resultó ‘Una puerta cerrada’, pieza a modo de ‘thriller’ que tantas alegrías les brindó hace poco menos de un año.
Un cortometraje autofinanciado que tiene detrás de sí un laborioso trabajo que supone, una vez más, otro escalón en una progresiva evolución que denota que estamos ante dos chavalotes con clase y determinación a la hora de ofrecer nuevas propuestas, ante dos creadores con inquietudes fílmicas, puntualizadas en la diferencia de su fórmula radicalmente heterogéneas, por lo que ‘La habitación contigua’ es uno de esos cortos que no hay que perderse. Además, también se proyectará otro esperado trabajo: ‘Making up’, del vallisoletano Gustavo Prieto, que también se estrena oficialmente junto al trabajo de Romero y Garán.
Dos muestras de talento y hervor cinematográfico en pequeñas dosis que tendrán su oportunidad de mostrarse a los ojos de quien se quiera acercar a salón de actos del Colegio Mayor Chaminade (Madrid), mañana día 2 de marzo, a las 20:30. El lugar está ubicado en el Paseo de Juan XXIII, número 9, junto a la salida de la parada de metro Metropolitano, en la línea 6 (circular). El aforo es de 180 butacas. El año pasado se logró reunir a más de 150 personas, por lo que no podéis perdéoslo.