viernes, 14 de diciembre de 2007

Nochevieja Universitaria

Salamanca se ha convertido en el corazón mundial de la fiesta, de la algarabía, de la nocturnidad, del pecado, de la holganza estudiantil, del poderoso caos etílico… Sólo así se puede explicar que anoche más de 30.000 jóvenes inundaran las calles salmantinas para festejar lo que se ha dado en llamar la ‘Nochevieja Universitaria’, excusa navideña convertida en una tradición inexcusable, que consiste adelantando las campanadas del próximo día 31 para sustituir las tradicionales uvas por gominolas, por chupitos de whisky, por tragos de champán o pelotazos de litronas furtivas.
La jubilosa dipsomanía y la turbación alcohólica de grado superior se dan cita así entre los más jóvenes de la ciudad. Unos universitarios en plena fase de revelación (como yo hace muchos años), a punto de descubrir que la verdadera sabiduría académica, donde realmente uno aprende cómo funciona la vida, está en las cafeterías de las facultades y en los bares más recónditos de la ciudad.
Reunidos masivamente en la espectacular Plaza Mayor, entre el hedor destilado de ebria exultación, los estudiantes esperan impacientes las doce campanadas que darán inicio a una de las noches más multitudinarias y largas del año. Este 2007 incluso se han cortado calles para albergar la llegada de diferentes autocares venidos de otras provincias que un año más han participado en esta verbena colectiva. Está claro; hay unidad desprejuiciada siempre que haya fiesta y bullicio, jolgorio y posibilidad de pillar cacho. Después de las campanadas, la fiesta se traslada a los más diversos establecimientos que hacen el agosto con esta desquiciada madrugada donde todo es posible.