jueves, 22 de noviembre de 2007

Review 'Lions for Lambs'

Disertación sobre el compromiso antibelicista
Redford, paladín de la crítica ‘anti-Bush’, expone con acierto un llamamiento social a la Norteamérica indiferente a la Guerra de Irak, buscando el didactismo crítico que muestre la falsedad de una sociedad anclada en el bienestar.
Resta un año y unos meses para las elecciones presidenciales estadounidenses y Hollywood empieza a posicionarse en contra de los republicanos con una retahíla crítica de filmes que escrutan con detallismo las oquedades políticas y éticas de la guerra de Irak y Afganistán, poniendo en evidencia la actitud gubernamental yanqui en relación con su intervención bélicas en estos países. A lo que hay que sumar la confrontación internacional con el gobierno de Geroge W. Bush, extendida ya a un gran sector de la población norteamericana. ‘Redacted’, de Brian De Palma, ‘Grace is Gone’, de James C. Strouse, ‘Regreso al infierno’, de Irwin Winkler, ‘En el valle de Elah’, de Paul Haggis e ‘Imperial Life in the Emerald City’, de Paul Greengrass se unirán a esta ‘Lions for Lambs’, último filme de Robert Redford que se sitúa en este actual cine de militancia comprometida, de ideología liberal, que trata de poner en evidencia los cenagosos lucros geopolíticos y económicos que protege el actual régimen político de la Casa Blanca.
Si fueron los documentalistas, Michael Moore y Deborah Scranton, los que comenzaron a instar al voto apoyado en la izquierda americana como última esperanza para defender la democracia frente a la iniquidad de esta administración, parece que la gran industria del cine está dispuesta a criticar las circunstancias políticas con incómodos mensajes ‘anti-Bush’, amparando el enjuiciamiento de una Guerra que está en activo, algo que no sucedía desde Corea, cuando la cinematografía hollywoodiense instaba a la propaganda y el favor popular del conflicto que dividió el país asiático. Un hecho antagónico a la nueva hornada de estas citadas películas bélicas. ‘Lions for Lambs’ es el ejercicio discursivo de un hombre concienciado con el tema como lo es el veterano Robert Redford, director del Festival de Sundance y paladín acusador contra las altas esferas de la política norteamericana. Tanto es así, que su próximo proyecto como director, incidirá en esta pertinaz ofensiva política: ‘Against All Enemies’, una exposición sobre la gestión de la administración Bush de la amenaza terrorista de Al Qaeda desde los atentados del 11-S.
Bajo una ejecución estructural y esquemática, con una puesta en escena convencional, Redford adapta el guión de Matthew Michael Carnahan apuntalando su invectiva incursión en la política exterior estadounidense desde cuatro frentes desde los que se observa el conflicto de Afganistán; el político, el periodístico, el académico y, por último, el militar. Dentro de estos términos, como si de una obra de teatro se tratara, Redford reduce los espacios y los excelentes diálogos a las relaciones que se establecen entre los distintos personajes y sus perspectivas ante el hecho, desde el poderoso senador republicano, sofista y manipulador (representante perfecto de cualquier político del mundo), que trata de vender la esperanza de la victoria bélica con una nueva estrategia militar a través de una acreditada periodista televisiva dubitativa entre su pretérito progresista y el compromiso conservador de su cadena, al profesor veterano que no duda en recurrir al proselitismo con un estudiante tan sobresaliente como apático y cínico con el compromiso ideológico… hasta llegar a dos estudiantes, uno afroamericano y otro mexicano, que ven en el alistamiento una manera segura de comenzar una carrera universitaria sin condicionamientos económicos, luchando por su país y por su futuro.
En el trayecto, donde los vínculos entre los personajes y sus respectivos discursos van intercalándose, se produce un lógico enfrentamiento entre la teoría y la praxis, entre las dualidades de opiniones que se establecen en el juego; entre la manipulación mandataria y la conciencia popular, entre la actitud de cambio, entre las dudas ideológicas y la apatía social establecida en una juventud que, al contrario que en la Guerra de Vietnam, ha optado por la cómoda indiferencia desanimada ante los acontecimientos, sin levantar ningún tipo de voz de crítica. Y es que ésa analogía entre ambas guerras se hace constante en el filme de Redford, igualando los dos conflictos en su patriotismo inmundo y el afán de beneficiarse políticamente con la muerte de soldados que, como se especifica en el filme, son aquellos a los que las altas esferas gubernamentales ignoran por su condición social, pero que son los primeros en verse inmersos en un conflicto (en este caso Afganistán) del que no conocen las verdaderas razones militares, pero que no responden a la idea de una lucha por la libertad.
Por eso, ‘Lions for Lambs’ destaca en su honestidad casi teologal a la hora de exponer su manifiesto antibelicista, que alza la voz contra un Bush que ha fundamentado su política en el miedo y la incertidumbre, sin olvidar el lugar de los medios de comunicación en la guerra contra el terrorismo en una guerra que mezcla presente y pasado sin diferencias, en la que se están cometiendo los mismos errores y atrocidades dentro de un campo de batalla sin sentido.
Una lección de compromiso, donde destaca, muy particularmente el trío formado por Redford, Meryl Streep y Tom Cruise(éste en especial), los cuales aportan algunas de sus mejores interpretaciones en sus respectivas e inabordables filmografías, comprometidos hasta el final con el mensaje del filme, con tal grado de implicación que sorprende el realismo de sus excepcionales creaciones. ‘Lions for Lambs’ deja ver cierta contrición inmutable dentro de su crítica y que, pese a que es indulgente con su discurso, buscando el didactismo que no enturbie su claro intención de crítica, refleja con acierto la falsedad de una sociedad anclada en el bienestar, acostumbrada a que las noticias de relevancia moral pasen imperceptiblemente en un letrero de una exclusiva sensacionalista, así como la prioridad en el argumento del servilismo de algunos periodistas, del cinismo arrogante de los políticos o de aquellas personas que fueron combativas y críticas, pero que, sin embargo, han acabado en la comodidad de aquellos que no se involucran.
Redford sabe en todo momento que su última película puede llegar a ser demasiado idealista en su exposición de ideas progresistas, algo caducas para los tiempos que corren, no obstante tampoco olvida la crítica concienciadora de un personaje (la periodista Janine Roth), otrora soñador y contestatario, que vislumbra que aquellos lugares en donde se sublevaron con manifestaciones contra las injusticias, ahora permanecen vacíos, sin voces de reprensión, concluyendo el filme con otro, el joven estudiante Todd Hayes, que se encuentra ante dudas similares pese a su inexperiencia, dejando un paradigmático final abierto que obliga al espectador a hacerse preguntas. Y es ahí donde reside la mejor consecución del sugestivo filme de Redford.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007