jueves, 8 de noviembre de 2007

Review 'El Orfanato'

El drama, el terror y la búsqueda
Pese a lo equilibrado de la calculada propuesta, el interesante debut de Bayona pretende satisfacer demasiadas demandas, en lo dramático y en lo terrorífico, doblegándose en exceso a los estilemas y normas genéricas.
La obra debut del cortometrajista J.A. Bayona viene respaldada no sólo por un nombre de prestigio que empieza a ser un seguro de acierto en la taquilla, Guillermo del Toro, sino también por unos precedentes de éxitos magnificados mediáticamente en certámenes como Cannes, Toronto o Sitges, donde la película ha cosechado todo tipo de elogios y fervor popular. Su estreno era un éxito seguro. Público y crítica han recibido con entusiasmo esta nueva propuesta de género, que ha contado con una de las campañas de marketing más asombrosas vistas en mucho tiempo en la industria del cine español (si se puede llamar así). La cinta de Bayona, asentada en el patrocinio ejemplar de la mercadotecnia “a lo americano”, es paradigmática, pues ha demostrado que con una intachable promoción, ‘El Orfanato’ ha pasado a ser una de las películas más rentables del año con unas pocas semanas de semanas en cartel. Hay que insistir en que este filme, más allá de sus defectos y virtudes, es un ejemplo comercial a seguir.
Al igual que ‘Los Otros’, otra película perfectamente vendida en su momento, con el que esta ‘opera prima’ comparte varios puntos de unión y que, a su vez, remite referentes del modelo de calco ‘amenabariano’ (léase Henry James, Jack Clayton, Hitchcock, Peter Medak, Robert Wise, Spielberg, Hooper, Nicolas Roeg…) el filme de Bayona, escrito por Sergio G. Sánchez, se sitúa en una vieja mansión que sirvió de orfanato hace muchos años. Allí, Laura, una madre adoptiva con un niño que arrastra una grave enfermedad, revivirá las vivencias de un pasado olvidado con la intención de abrir junto a su marido una residencia para niños discapacitados. La calma, por supuesto, es destrozada cuando el pequeño Simón comienza a participar en juegos de fantasía que llevan a pensar que existen fantasmas en la casa. A simple vista ‘El Orfanato’ no oculta sus cartas: es una historia de fantasmas y casas encantadas al uso, con un único escenario que sirve como espacio geográfico asfixiante y atmosférico. Un típico recurso que logra concebir a su historia un éter de terror clásico muy eficaz y surtir así su trama de aspectos melodramáticos y funestos para que todo tenga mucha más cohesión y empuje a la hora de narrar visualmente la fábula maternofilial y fantasmagórica que proponen Bayona y G. Sánchez.
Un relato en el que se mueven muy pocos personajes que arrastran con ellos el peso dramático de la acción, para no alejar al espectador de la rápida identificación de la madre que pierde a su hijo e inicia su pertinaz búsqueda sin saber que, en último término, el viaje que está a punto de realizar es a su oscuro pasado. Bayona, en este sentido, sabe manejar a su público, con la cuidada ambición de atribuir ciertos valores metafóricos respecto a la maternidad, la locura, la enfermedad, la muerte y el pasado, que es vital para ir hilvanando y destapando los traumas infantiles de su protagonista y del espantoso suceso del que se redimió en el último momento, dada su ‘normalidad’ dentro de un círculo extraño y deforme pero, pese a todo, familiar.
En el tránsito, a pesar de acusarse cierta ostentación formal en la narración visual, de distinguida precisión técnica y acabado formal sobresaliente, parece que Bayona esté en todo momento intentando satisfacer demasiadas demandas, jugando peligrosamente con los tópicos, con los clichés, con la reiteración de pautas genéricas de las que no puede evitar desprenderse en casi ningún plano de su película, por eso queda la sensación de que ‘El Orfanato’ no difiera mucho del efluvio comercial del cine americano de terror, arrastrando sus vicios y defectos, en función del objetivo comercial, del susto calculado, de la rigidez con la que los estilemas y normas genéricas hacen mella en el guión de Sánchez y en la propia metodología del director, lo que hace que, en último término, toda la película carezca de cualquier atisbo de innovación o personalidad.
En el camino queda esa operante utilización de elementos paranormales que recuerdan, en su irrupción argumental, al ‘Poltergeist’, de Hooper (o Spielberg, figura con la que el director se aferra en su duplicidad de melodrama y cine fantástico), que funcionan o no, según el tramo de la historia, así como la utilización de otros recursos, trucos sonoros y ardides musicales o en forma de imágenes que pretenden en todo momento sustraer la inquietud del espectador mediante golpes de efecto. Bayona, en su destacable capacidad técnica y visual de la acción, sabe confundir y segmentar la realidad para luego alterarla en uno de esos desenlaces que, a priori, puede parecer tramposo y que alude a una hermosa concepción lúgubre y tenebrosa del espíritu de infantilización de James M. Barrie y su ‘Peter Pan’.
Cierto es que el joven director podría haberse ahorrado muchos momentos de drama y búsqueda en el camino, pero a cambio ofrece una moderada dosificación de la tensión, del ritmo con el que van sucediéndose los acontecimientos, del manejo de los códigos funcionales y, sobre todo, de una notable dirección de actores, donde destacan la admirable interpretación de Belén Rueda y la naturalidad desgarradora del pequeño Roger Príncep, a los que no son ajenos el siempre efectivo Fernando Cayo o la fugaz aparición de Geraldine Chaplin.
Una mezcla de magia, realidad, drama y cine fantástico en la que también destacan, por su aportación a la calidad de la obra, la poesía visual y fotográfica de Oscar Faura o la partitura compuesta por Fernando Velázquez.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007