lunes, 5 de noviembre de 2007

El regreso abismal

Ha sido un lapso de contrastes, de equidistancia entre la plena felicidad, despreocupación y extraordinario relax y el amargo trago del regreso del paraíso menorquín a la ciudad, a la rutina, a la distancia, a la tristeza que supone la pérdida de un ser querido. Podría describir con mil adjetivos la idílica estancia en Menorca, el inconsciente alarde de ubicuidad que hemos tenido en aquellos parajes, con la visita a casi todos los rincones de la isla, en maratonianos trayectos por calas, monumentos prehistóricos, por sus heterogéneos territorios y parajes, por su belleza incorrupta ante la salvaje civilización. Menorca es un mundo aparte, un espacio privilegiado para el aislamiento bucólico, para respirar pureza y paz, para sobrecargar energías como en ningún otro sitio. En unos días pasé de un festival de Sitges (las crónicas de Iván Sáinz-Pardo dan cuenta de mi experiencia festivalera, puesto que fuimos nuestras respectivas sombras durante el certamen), a cruzar fugazmente por Barcelona, descansar haciendo kilómetros en la isla balear, regresar a la capital condal para reunirme con mis familiares de Reus, sufrir en primera persona la pesadilla ferroviaria que está arrastrando la zona por las obras del AVE y parar a tomarnos un efímero café en Madrid junto a Koldo Serra y Jon Sagalá en un golpe de fortuna en el transitorio en nuestro viaje de vuelta a Salamanca.
Del excepcional retiro menorquín, doy buena cuenta en el Flickr Abismal, con sitios y paisajes fotografiados para el recuerdo. Quiero agradecer, no obstante, la hospitalidad de Rafael Tavera, eterno amigo del alma y compañero desde la infancia que ha convertido la semana menorquina en inolvidable con su eterna risa, altruismo y amistad, a Tito y Marta, también por el cobijo y la deferencia durante nuestro doble paso por Barcelona y a mi familia en Reus, por seguir siempre ahí. Todo ello pasa a formar parte del pasado, del evocación nostálgica de lo que han sido unas vacaciones irrepetibles.
Ahora, en este instante, es hora de volver a casa, de regresar con más fuerza que nunca al Abismo, de volver a conectarme a esta regularidad binaria de la que he logrado desengancharme en su totalidad durante casi un mes, retornando a sensaciones que parecían perdidas para cambiar un mundo de vistas privilegiadas en primera persona por la perpetua pantalla del ordenador. Llega la hora de levantar este universo abismal, de volver a ofrecer un poco de marcha cinematográfica y de enfrentarse a los submundos de diversa índole para deleite personal y para vosotros, los lectores, el elemento cardinal de esta bitácora. No hay cambios estéticos, ni novedades destacables (aunque en breve saldrá la web www.refoyo.com), ni nuevas secciones, pero sí la intención de recuperar el espíritu de antaño, ése que pervive en ‘El Fondo del Abismo’; de la diversión, del análisis, de la reflexión, donde siempre hay espacio para el barrunto ‘freak’, la mala hostia y el humor.
Amigos, empieza por tanto una nueva temporada de ‘Un Mundo desde el Abismo’, con lo de siempre, con lo inaudito.
Bienvenidos todos a vuestra fiesta. A vuestra casa.