martes, 9 de octubre de 2007

Un lapso para el descanso abismal

A lo largo de este año sobrevoló por el Abismo la posibilidad de que no hubiera un lapso de descanso, lo que todo el mundo conoce como vacaciones, durante los dos años anteriores ‘Un Mundo desde el Abismo’ cerró sus puertas en los meses de estío para alejarse del mundanal ruido, apagar el monitor esclavizante del ordenador, ordenar las ideas y refrescar los ánimos. Un hecho que, en los tiempos que corren, cada vez es más necesario.
Durante el último mes, el Abismo se ha nutrido casi exclusivamente de ‘reviews’, sin dar tregua a otros temas que eran de gran calado popular entre los adeptos a esta página. Y eso no un buen signo. Las capacidades dactilógrafas están debilitadas, el afán por innovar se ha reducido y el tiempo, a pesar de dejar espacio para la cavilación, obliga a un cierre temporal, a una tregua escondida en la inactividad de unas vacaciones que se antojan ineludibles.
La actualización del Abismo ha decrecido en los últimos tiempos. Todos nos hemos percatado de ello. Y ello ha sido provocado por una mella en el espíritu abismal que ha caracterizado hasta el momento este absurdo espacio de irrelevancia multitemática, producida por la transformación de aquella añorada diversión de la escritura casi automática en una obligación. Por eso, no hay que caer en el riesgo de aborrecer la rutina y cansarse de una idea tan privilegiada como es la de tener una bitácora. Como ya he dicho en anteriores altos en el camino, ésa coacción espiritual es muy peligrosa. Y como no quiero que el Abismo desaparezca como muchos otros blogs que mueren diariamente, recurro a la provisional ociosidad como forzosa evasión a este trance.
Pasaré unos días en el festival de Sitges, viendo cine, reencontrándome con amigos, conociendo gente nueva, procurando disfrutar en la medida necesaria de un certamen donde el ambiente fraternal y el Séptimo Arte se conjugan en un idílico vínculo para los amantes del cine fantástico. De ahí, partiré a Menorca una ansiada semana a rastrear esas pequeñas cosas que te ofrece la vida, en un páramo paisajístico donde percibir un lujoso equilibrio y una soñada paz, disfrutar el ocio, la gastronomía y beber cerveza fría junto a la persona más importante de mi vida.
En definitiva, necesito divertirme. Y es lo que voy a hacer. Sin diversión, el mundo se vuelve gris y anodino. Algo que no podemos permitirnos.
Gracias por tanto a todos y a todas los que os pasáis diariamente por estos lares, así como a los que lo hacen de forma ocasional o accidental. Gracias a todos por hacer que ‘Un Mundo desde el Abismo’ siga siendo como es.
Hasta pronto, compañeros.