lunes, 1 de octubre de 2007

Review 'A Mighty Heart (Un corazón invencible)'

Un encargo con personalidad
Winterbottom demuestra que, a pesar de la falta de implicación emocional con la que ha rodado este filme, cumple con las expectativas de su imparable progresión polifacética.
A lo largo de cuatro largos e interminables meses, el periodista de The Wall Street Journal Daniel Pearl permaneció secuestrado por el Movimiento Nacional para la Restauración de la Soberanía Paquistaní. Fue capturado y retenido cuando iba a reunirse con Mubarak Ali Shah Gilani, líder del grupo integrista Tazimul Fuqra y único detenido durante las pesquisas, que nunca supo nada de aquélla entrevista que jamás tuvo lugar. Habían pasado sólo unos meses del fatídico 11-S y el periodista, de origen judío, se adentró en Pakistán para investigar los grupos islámicos radicales y su vinculación con la red terrorista Al Qaeda.
Después de una larga e infatigable búsqueda por parte de la policía antiterrorista afgana y los servicios secretos de los Estados Unidos, a los que se unió la colaboración entre Washington e Islamabad en relación al caso, el cuerpo de Pearl fue hallado decapitado a las afueras de Karachi, después de que el consulado de Estados Unidos recibiera un vídeo que mostraba su siniestra ejecución en medio de una guerra en la que nunca debió involucrarse y a la que afectó, muy particularmente, a su esposa Mariane, una reportera francesa embarazada de siete meses, que vivió el tortuoso proceso del cautiverio y muerte de su marido.
Es la historia de fondo de un filme que, en los tiempos políticamente comprometidos que vive cierto sector de Hollywood, implora al antibelicismo y posicionamiento sociopolítico de muchas estrellas como, en este caso, Brad Pitt y Angelina Jolie, que ejercen de productor y protagonista respectivamente en una película para el que se eligió al británico Michael Winterbottom, todo un experto en estas cuitas geográficas, las de mostrar con el suficiente alejamiento de la mirada occidentalizada unos hechos reales, con el pulso narrativo de un cineasta todoterreno como es el realizador de ‘Wonderland’.
Así, ‘A Mighty Heart’ cuenta con el atributo de la cercanía a lo que pudo ser este trágico acontecimiento, observado desde dentro, desde una ficción documentada muy cercana al docudrama, gracias, sobre todo, a la verosimilitud y realismo que desprenden las imágenes situacionales de ese Oriente Próximo sobrepoblado, bullicioso y vital que transmite la cámara en mano de un Winterbottom que consigue una cinta equilibrada que, sin embargo, no logra transferir el interés o la fuerza necesaria que debería exigirse a una historia como la que se cuenta, en cierto modo porque se trata de una película de encargo para el realizador. Y esto, se deja notar.
Como en otros filmes del director británico, ‘A Mighty Heart’ encubre, en su subtexto, un dictamen antibélico que explora el proceso de sufrimiento de las víctimas inocentes de las guerras (como en ‘Welcome to Sarajevo’, ‘In this world’ o ‘Camino de Guantánamo’), pero donde se echa en falta la exploración dentro de las perspectivas cinematográficas con las que Winterbottom se ha convertido en uno de los directores más prolíficos e imprevisibles del cine actual. Cierto es que desborda neutralidad en el tejido geográfico y humano, donde la exactitud y el naturalismo son los ejes sobre los que se sustenta la acción.
No obstante, para el realizador es demasiado importante el dinamismo de la acción que supone la búsqueda de Pearl, mostrando la investigación de la policía afgana y los servicios secretos americanos por encontrar al periodista en una meticulosa exposición de los hechos, donde se patentiza una falta de entusiasmo por la historia humana y trágica, que determinará el infructuoso desapego establecido entre el espectador y la historia. Si a eso, añadimos la admirable entereza con la vivió Mariane Pearl el desarrollo de los acontecimientos y los encuentros políticos y mediáticos del secuestro, tenemos un filme un tanto impávido a la hora de mostrar los sentimientos o la angustia de los afectados, que subyacen muy por debajo de la mirada objetiva del cineasta y el guionista John Orloff al ofrecer limitándose a ofrecer un par de instantes de gran calado emocional exclusivamente para que una estrella del calibre de Angelina Jolie deje aflorar su vena más dramática, en un papel que no puede ser considerado de lucimiento, pues la célebre actriz permanece largos lapsos del metraje sin apenas aparecer en pantalla.
‘A Mighty Heart’ se nutre de la imparcialidad con la que se narran los acontecimientos, sin ningún tipo de enjuiciamiento ideológico, sin dejar de sugerir algunos temas espinosos, como la complicidad entre los servicios secretos paquistaníes y la red terrorista Al Qaeda, ni tampoco el concilio entre el Washington Post y la CIA, que pudieron dar pie a los secuestradores para reconocer en el periodista a un espía americano, aludiendo también a esos contactos in extremis del secretario de Estado Colin Powell y el director del FBI Robert Müller con Pervez Musharraf, presidente paquistaní.
Winterbottom, consciente de su condición de cineasta polifacético, sabe sacar provecho de la tensión y el pulso de un guión desnivelado, que aún así nunca pierde su interés a pesar de conocer los acontecimientos que deparan el secuestro. Es, al fin y al cabo, cine utilizado como herramienta concienciadora, sin mucho énfasis efectista o estético que rehúye de cualquier atisbo de sensacionalismo para acatar los elementos cardinales del ‘thriller’ político con los que se opera y jugar, de este modo, con ‘flashbacks’ atemporales, creando algunas atmósferas acertadas y ofreciendo agilidad a la investigación policial que aquí es la base fundamental de un filme irregular que no desentona con las motivaciones artísticas de un cineasta llamado a ser uno de los grandes directores europeos que ha tenido el viejo continente en mucho tiempo.