martes, 18 de septiembre de 2007

'La Isla del Tesoro', un clásico perfecto

“El caballero Trelawney, el doctor Livesey y los demás gentiles hombres me han pedido que relate los pormenores de lo que aconteció en la isla del Tesoro, del principio al fin y sin omitir nada excepto la posición de la isla. Y ello por la sencilla razón de que parte del tesoro sigue enterrado allí; cojo, pues, la pluma en el año de gracia de 17... y me remonto a la época en que mi padre regentaba la posada del Almirante Benbow y el viejo lobo de mar con la cara tostada y marcada con un corte de sable vino a hospedarse bajo nuestro techo…”.
Así comienza ‘La Isla del Tesoro’, uno de esos libros que han marcado a generaciones entera de lectores ávidos por descubrir nuevos mundos literarios. Robert Louis Stevenson describía cómo inició la escritura de esta obra magna de la literatura de aventuras: “Empecé en una fría mañana de septiembre, al amor de un vivo fuego y con la lluvia tamborileando en los cristales, comencé a escribir ‘El cocinero del Mar (The Sea Cook)’, pues ése era el título primigenio”. Pocos días después, Stevenson había redactado la mitad de ‘La isla del tesoro’. Era un capricho personal que escribió para su hijastro Lloyd Osbourne que publicaría por entregas en la revista Young Folks, entre 1881 y 1882, bajo el seudónimo de Capitán George North.
Una novela impecable, una obra maestra admirablemente construida, tanto por el interés de la intriga como por los personajes que van emergiendo en una historia con una evolución ejemplar. El tesoro, el mapa, Jim Hawkins, John Long Silver, la equilibrada pureza con la que se desarrollan los acontecimientos, la conciliación del viaje inciático con la verdadera amistad y la ética…da paso al perverso trasfondo de violencia que se grana con el esplendor de la intrepidez triunfante, donde no falta el sentido del humor. ‘La Isla del Tesoro’ es uno de los pocos libros que alcanzan la excelencia y la aventura absoluta.