martes, 28 de agosto de 2007

El mal signo de la actualidad

Se desconecta uno un poco del mundo y la actualidad se vuelve loca con las inesperadas y tristes muertes de Emma Penella y Francisco Umbral o con el estado de salud del jugador del Sevilla Antonio Puerta y el intento de suicidio de la estrella hollywoodiense Owen Wilson.
De la primera, la actriz de voz áspera y semblante más bien hosco pero cercano, la eterna Carmen, la hija de Amadeo en 'El Verdugo', comenzó trabajando en el inalcanzable erial de maestría del cine español de los 50 y 60, con próceres como Juan Antonio Bardem, Luis Gª Berlanga o Ladislao Vajda, destacando en los 70 sus interpretaciones en filmes como ‘Fortunata y Jacinta’, de Angelino Fons y ‘La Regenta’, de Gonzalo Suárez. La hermana de Terele Pávez también dejó su pétrea impronta actoral de cintas del calibre de ‘La estanquera de Vallecas’, de Eloy de la Iglesia y una etapa televisiva que, desde los 80, con series tan míticas como ‘Juncal’, ‘La huella del crimen’ y sobre todo ‘Aquí no hay quién viva’ cerraron una vida dedicada a la interpretación y enluta el cine patrio con la muerte de uno sus rostros veteranos más icónicos.
De Owen Wilson… su acto es la demostración de que cuando se tiene todo en esta vida, cuando más invulnerable puede ser una persona que ha alcanzado aquello por lo que muchos luchan y que muy pocos podrán alcanzar, más débil e incoherente se deriva de su actitud por negarse a seguir adelante, sin enfrentarse a sus problemas y optando por una solución inesperada. La suerte es que Wilson opta a una segunda oportunidad para enmendarse y seguir perpetuando su excelente condición de cómico.
Con Umbral se va una de las plumas más trascendentales que ha tenido este país en el último siglo. Su prolífica carrera, su estilo directo y sarcástico, su apego por retratar y exteriorizar los usos y costumbres sociales con la facilidad de una conducta sediciosa, sin perder el rumbo de lo cotidiano han marcado una trayectoria envidiable, de intachable evolución hacia el privilegio de la divinidad literaria. Umbral ha sido y será uno de los escritores más importantes que ha tenido la historia reciente de las letras hispanas por la excelsitud renovadora con las que ha destacado en las diversas facetas en las que dejó su inolvidable huella como hombre de letras.
(Tras las últimas noticias, Puerta parece haber empeorado en su ya muy grave estado. Esperemos que se obre el milagro y el mundo del fútbol no tenga que llorar la pérdida de un miembro de sus filas tan joven).
Tras este vaticinio, la peor noticia no se hizo esperar y el fallecimiento de Puerta llenó de lágrimas y tristeza un deporte acostumbrado a aunar fuerzas y ánimos en las victorias y en las derrotas dentro de los campos, pero que nunca está preparado (como en ninguna otra disciplina) para estas trágicas noticias. La muerte del jugador sevillista debida a una displasia arritmogénica del ventrículo derecho ha truncado para siempre la brillante carrera de un jugador dotado con una elegancia especial, en pleno apogeo evolutivo de un lateral con una vida de éxitos por delante. Más allá de la repercusión de su adiós definitivo, quedará la imagen de un deporte acostumbrado al egoísmo, a la prevalencia de los invidualismos, roto y aunado en un sentimiento común. La unión del cosmos futbolístico en el dolor por la muerte del joven jugador de 22 años deja la impronta de una gran familia que ha perdido a uno de sus hijos más destacados, uniendo aficiones, hermando a amigos y enemigos en el sufrimiento a un deporte que es grande en los logros, pero, en este caso, también lo es en los momentos duros.