lunes, 9 de julio de 2007

La máquina de bailar

Esto que veis aquí arriba es la última adquisición de ocio que ha entrado en nuestra casa. Las probamos ayer, con una resaca bastante considerable, movidos por la curiosidad de la compra y por el impulso del ‘StepManía’, por los duelos de baile, las risas aseguradas y las tardes de cerveza y absurdo sin prejuicios entre amigos que vamos a pasar entre movimientos imprecisos.
No soy muy dado al baile. De hecho, siempre he sido de los que sujetan la cerveza en la barra mientras los demás dejan llevar su cuerpo al son de las notas musicales. Tampoco, ni mucho menos, soy aficionado a las convulsiones aeróbicos, ni a la música ‘dance’. Con mi constitución, inaptitud e impericia para la agitación bailonga era poco menos que impensable la simple idea de comprar estas alfombras de baile. Pero mis ganas de diversión y cachondeo están muy por encima de mis limitados y antiestéticos meneos.
Así, llevado también por el afán curioso de Myrian por este producto de distracción musical, me metí de lleno en el fervor del bailoteo incoherente, desplegando el inusual esfuerzo extra que requieren este tipo de chismes para reconvertirme en un pésimo y desmañado danzarín que, bajo el descojone y los movimientos esquemáticos aprendidos sobre la marcha, iba aprendiendo términos como ‘stream’, ‘chaos’ o ‘freeze’…