lunes, 23 de julio de 2007

HBO y la ventana indiscreta

Cuando Alfred Hitchcock llevó a la pantalla el guión de John Michael Hayes basado en el excelente relato corto de Cornel Woodrich, el director británico popularizó el concepto de voyeur, ese comportamiento enfermo o curioso de observar en secreto la intimidad de una persona o de un grupo de personas en unas determinadas condiciones, sin tener ningún tipo de contacto con el sujeto al que se mira más allá de la simple contemplación. Se trata, cómo no, de la obra maestra ‘La Ventana Indiscreta’.
En un mundo dominado por los ‘realities’ y de una televisión que ha constituido al espectador audiovisual en un simple mirón, la cadena HBO, en asociación con la firma publicitaria BBDO, ha lanzado una estupenda campaña institucional basando su ‘leit motive’ en esa concepción y haciendo testigo al público de lo que ocurre en la privacidad de varios personajes ficticios detrás de las paredes de algunos de los edificios que conforman esta curiosa iniciativa de la cadena que produce series como ‘Los Soprano’, ‘Deadwood’ o ‘Curb your Enthusiasm’. Microhistorias que se entrelazan entre sí, que ofrecen la posibilidad de seguir las vidas cruzadas de caracteres empequeñecidos por la pantalla del ordenador, como un juego que metamorfosea al que mira en L. B. Jeffries, el fotógrafo que inmortalizara James Stewart.
Con un presupuesto que ha superado los siete millones de dólares, la HBO ha logrado diseñar uno de los portales de entretenimiento más absorbentes e interesantes del año, donde algunos apartamentos de Nueva York están abiertos a los ojos de los cibernautas más fisgones, que observan y siguen lo que sucede dentro de ellos, con múltiples y sorprendentes situaciones gracias a esas ‘window peeping’, la perspectiva que utilizara el genial Francisco Ibáñez en ‘13 Rue del Percebe’. Un concepto de aparente simpleza, que la HBO denominó ‘Voyeur Project’ y que ha ido enlazando todas estas pequeñas historias con la intención de proporcionar un final común, muy posiblemente, como avance de alguna nueva serie o simplemente como demostración de saber hacer de una de las mejores cadenas televisivas del mundo.
Producida por Jake Scott (el vástago de Ridley), estos minirelatos gozan de una magnética verosimilitud que promueven esa delectación voyeurista que todos llevamos dentro. Así, podemos además de los ocho bloques que conforman el edificio principal, podemos darnos una vuelta por Prince Street, West 41st, West 52nd o la East 85th y mirar impúdicamente lo que acontece dentro de las paredes de estos pisos, como el ama de casa ejerce la prostitución mientras su marido trabaja y los niños están en el colegio, esos detectives que vigilan al asesino que vive en el piso anexo a su centro de operaciones o el enfermo relato que tiene lugar en la Funeraria Meryson. Un genial pasatiempo que cuenta, además con la música de Clint Mansell, Scott Hardkiss o Theodore Shapiro.