sábado, 30 de junio de 2007

Review 'Lonely Hearts (Corazones Solitarios)'

Infructuoso y anodino cine negro
Todd Robinson sigue los patrones del cine negro para ofrecer un paradigmático arquetipo de inoperancia con una historia de interés convertida en una aburrida cinta sustentada en los clichés y los tópicos del género.
‘Lonely Hearts’ cuenta las fechorías basadas en hechos reales de Raymond Fernández, un ladrón y asesino que actuó junto a su novia, Martha Beck en una truculenta serie de asesinatos llevados a cabo en los años 40. Los acontecimientos conmocionaron a la sociedad americana de entonces. Él, aficionado a la magia negra, sedujo a varias solteronas a las que estafó y abandonó en varios estados donde lograba persuadir a sus víctimas mediante el tradicional método de poner anuncios en la sección ‘Corazones Solitarios’ (de ahí el título) de los periódicos.
Ella, fue una de sus víctimas potenciales que cayó rendida antes los encantos de este criminal, haciéndose pasar por su hermana para seguir con el juego de embaucar a otras mujeres solitarias a las que empezaron a asesinar por una relación de obsesiva dependencia y celos. Es el argumento de este filme dirigido por Todd Robinson que supone una adaptación de estos hechos reales que ya plasmaron en la gran pantalla Leonard Kastle en ‘Los Asesinos de la Luna de Miel’ y más tarde Arturo Ripstein en ‘Profundo carmesí’ sobre los asesinatos de una de las parejas criminales más famosas de la crónica negra yanqui.
Las sórdidas andanzas de esta pareja disfuncional se inscriben bajo la mirada de Robinson en el más genuino cine negro y sus patrones. Lamentablemente, Robinson se limita en todo momento a entronizar el desgastado cliché y los tópicos más demoledores y rancios del género; desde la voz en off de un secundario –el talentoso James Gandolfini en un personaje sin ningún tipo de enjundia-, el seguimiento paralelo de los criminales y los detectives que siguen la investigación y el tono formal y visual con el que se ha reconstruido la época en la que se sitúa la acción. ‘Lonely Hearts’ es, con vergonzante énfasis involuntario, un inactivo telefilme de sobremesa con humos de sobrias virtudes.
Robinson podría haber profundizado de forma consecuente en la apasionante historia psicológica de esa pareja de asesinos que ejecutaban sus crímenes con inusual codependencia, pero prefiere desdoblar la atención en la decadencia psíquica y moral en la que cae el detective Elmer C. Robinson, dejando de lado algunos detalles de interés sobre la naturaleza insegura de Martha y sus enfermizos celos que truncan la carrera de estafas de la pareja, sustituyéndolos por un atemperado oscurantismo de sus acciones promovidas por la obstinación enferma romántica. Robinson abandona la perturbadora historia de dependencia de los amantes para centrarse en la historia del personaje de John Travolta que, cursiosamente, fue el abuelo en la vida real del cineasta, un hombre traumatizado por la violenta e inesperada muerte de su esposa que mantiene una infructuosa relación con su hijo rebelde en una subtrama que no hace más que entorpecer la ya de por sí inconsistente narración.
Todd Robinson ejerce su función sin muchas cualidades para captar la atención del espectador, sumido en todo momento en una apática actitud de funcionalidad, de vergonzante superficialidad a la hora de llevar a cabo sus pretensiones, desequilibrando la balanza al pretender operar en los entornos del clasicismo y mitificando sus líneas narrativas hasta seguir un deslucido ritual de gabardinas y sombreros, de iluminación y puesta en escena, consciente de su paupérrima visión de una clásica trama criminal que fundamenta su principal atractivo en encuadrar la espiral criminal y pasional. El cineasta es incapaz de transmitir interés en la explotación de la sanguinolenta demostración de amor ‘foo’ que golpea el contexto social y a aquellos a los que arrastra una investigación bastante accesible por la torpeza de los asesinos.
El problema fundamental de un filme tan olvidable como ‘Lonely Hearts’ es lo laxo de su conjunto, el desinterés con el que se narra la historia, el pobre guión disipado en la apatía de sus tramas, sus mediocres y forzadas interpretaciones y en ese olor a pútrido episodio de cualquier serie televisiva de nuevo cuño. ‘Corazones solitarios’ es un producto insípido y anodino, donde la credibilidad permanece ausente desde varios frentes; por ejemplo que Martha Beck era una enfermera, solterona, obesa y físicamente poco agraciada y, por arte de magia, Salma Hayek contonea su voluptuoso cuerpo y su dulzura latina sin lograr el objetivo de resultar peligrosa. También por lo arrítmico de los sucesos, por el tufo de sobriedad narrativa no fraguada y, por último, el festival de peluquines que brinda esta ridícula producción; los reales de James Gandolfini y John Travolta o el ficticio de Jared Leto.
“I’m no average killer!” dijo Raymond Fernández a los policías de Michigan que le arrestaron. Y esa mediocridad de la que renegó el asesino real es la que caracteriza esta insustancial y calamitosa película para olvidar.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007