jueves, 17 de mayo de 2007

FINAL UEFA 2007: Que viva el fútbol

La euforia del ganador se contrasta brutalmente con las lágrimas del perdedor. Eso, es algo que jamás podrá eliminarse de las finales de cualquier competición deportiva de máximo nivel. Pero cuando los deportistas, supeditados con el juego y a la colectividad de un único objetivo como es ganar con honor, elaboran los sueños con los que se confeccionan las grandes gestas, consiguen lo que han logrado el Sevilla F.C. y el R.C.D. Espanyol esta noche. Desbordar de sentimientos, de emoción y de irrepetible hazaña un choque futbolístico que ha magnificado su esplendor hasta extremos puramente legendarios.
Bajo la incesante lluvia, la final de la UEFA ha sido otro de esos partidos memorables, de los que se hablará dentro de muchos años como de un partidazo histórico, donde ha habido de todo; espíritu ganador por parte de ambos bandos, inesperados goles que han caldeado hasta el infarto los ánimos de las dos aficiones, un resultado justo y la inefable lotería de los penaltis como trágico desenlace a una prórroga apoteósica. El Sevilla ha conquistado la UEFA por segundo año consecutivo tras una final para enmarcar. De esas de paro cardíaco, de momentos imposibles cada diez minutos; cuando Adriano marca el primero para el Sevilla en el minuto 18, el empate llega en el 28, con un tanto de Riera. Tras el 1-2 de Kanouté en el tiempo de descuento, en el minuto 105, diez minutos después Jonatas hace posible el milagro para el Espanyol empatando cuando todos celebraban ya el éxito del Sevilla. Pero las tres paradas de un formidable Palop en la tanda definitiva del k.o. han convertido al cancerbero sevillista en el héroe de esta magnífica noche de fúbol y ha sumido a su vez al Espanyol en la reincidente amargura, víctima de las mismas lágrimas de aquel recordada y funesta noche de 1988 en Leverkusen.
La dinámica, el juego, el espectáculo y la poderosa energía del fútbol han vuelto a ver la luz en el Hampden Park de Glasgow, dejando claro que el balompié, de vez en cuando, hermana a todos los aficionados, haciendo disfrutar de un deporte de altibajos con gestas como las de hoy. No quiero imaginarme los nervios de los seguidores de uno y otro equipo durante el partido, ni la adversidad de los espanyolistas en su desenlace, ni tampoco la exaltación arrebatada de los campeones. Porque más allá de las sensaciones por parte de los dos equipos, esta noche ha prevalecido, por encima de todo, el buen fútbol.
Mi más sincera enhorabuena a los campeones y mis condolencias a esos dignísimo perjudicados por el caprichoso infortunio. Los devotos de otros equipos dolientes, tenemos bastante con la angustia agónica de nuestros equipos en la liga. Y estos momentos de gloria ajena, hacen eludirnos efímeramente de una dura realidad que convertirá la frustración en felicidad y demencia si logramos salvarnos de la Segunda División o nos hundirá en lágrimas mucho más dolorosas que las derramadas hoy por el Espanyol en Glasgow.