martes, 20 de marzo de 2007

II MUESTRA DE CORTOMETRAJES LA AUDIENCIA (Versión Extendida)

Otro año más, creciendo poco a poco, como una idea en pleno desarrollo, sin ínfulas de grandiosidad pero con un paso firme para convertirse uno de los referentes dentro de las muestras cortometrajísticas que pueblan la península a lo largo y ancho de su territorio, La Muestra de Cortos de La Audiencia de Salamanca, ha encontrado su creciente éxito en el trabajo bien hecho, sustentando su proyecto en el impecable precepto de aprendizaje, con la exposición de los mejores trabajos del año, dando oportunidad a un heterogéneo grupo de cortometrajistas que presentan sus mejores cortos dentro de tres noches para el recuerdo.
Esta Muestra nació en 2006 como plataforma de impulso ya no sólo para nuevos cortometrajistas, objetivo prioritario, sino como encuentro que ha logrado reunir, en solo dos años de existencia, a los mejores y más prestigiosos cineastas que han triunfado y siguen dando lo mejor del panorama del cine en pequeño formato del país. Encuentros donde compartir experiencias, enseñanzas y anécdotas de un universo que ha experimentado profundas transformaciones y que le han llevado a convertirse por fin en un género audiovisual con entidad y problemática propias. Con estos elementos, las tres veladas volvieron a ser otra de esas demostraciones de inolvidable conciliación, divertimento y aprendizaje en un marco incomparable como es la ciudad de Salamanca.
Día 14 de marzo
La velada comenzó con los cortometrajes de Javier San Román, que presentó tres obras entre las que figuraban ‘Proverbio Chino’, uno de los ganadores en la categoría ‘Vente a Salamanca’, junto a los cortos de Francisco Calvelo y Oriol Puig, que, en su primera edición, ha tenido una excepcional acogida (más de 250 cortos recibidos). Una sección que a buen seguro crecerá en próximas ediciones en beneficio del cortometraje español. El corto de San Román expone la intencionalidad del autor por poner sobre la mesa una temática social como el racismo de una forma elegante, donde el humor tiene cabida a la hora de hablar de xenofobia. ‘Proverbio Chino’ narra la vida de un joven cubano que quiere trabajar en un restaurante chino, pero el color de su piel juega un papel determinante en sus posibilidades. San Román también presentó ‘Lección de Historia’ (primer premio en el certamen 2005 de Cortos contra el racismo de SOS Racismo) y ‘Madrid-Moscú’, cortometrajes que no se alejan mucho de ese objetivo del director por narrar, sutilmente y sin caer en el efectismo, la problemática de la desubicación territorial entre las diversas culturas. Y de ello charló San Román contestando a las preguntas de Bruto Pomeroy, que volvió a repetir como maestro de ceremonias y presentador a lo largo de los tres días que ha durado el evento. Por su parte, ‘O Sole Mio’, de Alex Weimer y Hanni Welter, llegó desde Alemania para evocar la fantasía con la tragicómica historia de un hombre enamorado que encuentra en un viejo robot encontrado en la basura el elemento perfecto para conquistar a su amor utópico. Un corto que se define perfectamente con la resonancia del vetusto embrujo que tenían las comedias iniciáticas de Roberto Benigni (al menos así lo ven sus directores). Para lo bueno y para lo malo.
Miguel Á. Martín llegó sin Borja Crespo (que estaba ejerciendo labores profesionales en el Festival de Cine Español de Málaga) para presentar ‘Snuff 2000’ y el posterior ‘making of’ de este controvertido cortometraje basado en los violentos y polémicos cómics del autor leonés. Martín departió, con su habitual conocimiento absoluto e intuitivo, sobre algunas de las realidades del orbe cinematográfico y el cómic, exponiendo su punto de vista sobre ambos artes. ‘Snuff 2000’ es la visión cinematográfica del contexto aséptico y luminoso del mundo de Martín, que contrapone esa luminiscencia colorista y alegre con situaciones aberrantes enfatizadas con una extrañeza sádica y oscura. Tras los pormenores del corto de Crespo, llegó el turno del célebre dúo conocido dentro del panorama de pequeñas ficciones autodenominado RLUX (compuesto por Raúl Navarro y Álex Montoya), que trajo a Salamanca una amplia gama de trabajos, dejando ver la pluralidad de dos cineastas que apoyan sus trabajos en la agudeza imaginativa e ingenio cuando se trata de comedia y de un poso de inquietud transformadora con drásticas divergencias entre imagen y fondo cuando se trata de géneros considerados injustamente mayores. Por eso, nada tiene que envidiar ese extraordinario trabajo suyo (y el más ilustre) titulado ‘El Punto Ciego’, con el juego de ‘slipt screen’ a dos tiempos en un ‘thriller’ sórdido y sucio, como algunos de sus ‘spots’ televisivos, rarezas como el delirante ‘Pollo!’ o pequeñas piezas como las dos versiones de ‘Te quiero’, ‘Si quieres, puedes’ o ‘H&D’. Lo loable de estos jóvenes de prometedor futuro es la gran diversidad que acopia su prolífica y creciente obra. Y todo ello, con humildad, como lo hizo ver Álex Montoya (su media naranja creativa no pudo asistir a la muestra).
La gran figura de la noche debía ser, a todas luces, Borja Cobeaga, el flamante nominado al Oscar por ‘Éramos pocos’ que, como era de obligación, no podía faltar dentro de esta convite aceptado con gusto por un hombre tranquilo como el antedicho. Y lo fue. El cineasta vasco acudió para presentar, asimismo, su trabajo ‘La primera vez’ (que fue nominado al Goya) y algunas divertidas piezas de su paso por ‘Vaya Semanita’, algún que otro spot publicitario y diversas piezas que hicieron las delicias de todos los que se acercaron a ver de cerca a este nuevo fenómeno de masas. Cobeaga, consecuente de la atracción que despertó presencia, se acrecentó a la hora de conversar sobre su experiencia hollywoodiense con una intensiva sucesión de anécdotas, de sus proyectos, de sus intenciones cinematográficas y de su condición superior de vascongado.
Tras las más de tres horas de proyecciones y coloquios, Cobeaga atendió amablemente a los estudiantes de Comunicación Audiovisual salmantinos y rezongó pidiendo un ‘karaoke’, cuando la fiesta nocturna (tan imprescindible en estos encuentros charros –Salamanca y la fiesta sin fin son términos fusionados) empezaba y una vez accedida su petición, el ‘oscarizado’ protagonista se fue tempranamente… ¡Sin cantar! Y dejó para el recuerdo el vestigio del verdadero rey de la noche , que fue, con todo merecimiento, Miguel Á. Martín, que instruyó con su habitual cinismo, y en ‘petit comité’, sobre las obsesiones del que él es una providencia (cine, cómic, arte, vida, sadismo, diversión y algazara nocturna).
Día 15 de marzo
El segundo día estuvo marcado por el perceptible sello antológico de un inacabable y absurdo gaudeamus sin freno, que caracterizó la noche del jueves en general. Hubo de todo antes, durante y después de la muestra. Si la selección de la noche comienza con ‘Go’el’ y ‘Crisálida’, ambos trabajos de Francisco Calvelo, cualquier cosa puede pasar. Los cortos de este gallego definen una singular personalidad, capaz de radicalizar sus historias con una clara apuesta de escisión psicológica sobre las tramas que recrea, experimentando con una valiente narrativa capaz de erigir un identificable estilo, más allá de lo que pretende contar, en la agobiante atmósfera con la que quedan contrastadas las imágenes de sendos cortometrajes. Calvelo, tan cerca y tan lejos de David Lynch y de múltiples referencias del ‘anime’ y el cine asiático, logra con aparente facilidad poner al espectador al límite con su universo opresivo y hostil, inaccesible pero sugestivo. Una ficción desterrada en el carácter del autor, exhibido en la cercanía de un tipo campechano, con un sentido del humor cercano y una identidad propia que difiere con la metáfora, el desconcierto y el malsano éter que determinan un potencial cinematográfico que habrá que seguir con mucha atención. La sorpresiva diferenciación con la gran mayoría de los cortometrajes que inciden en la redundancia de fórmulas que terminan por recargar muchas historias en formato corto es lo que acentúa la obra de Calvelo, pero también el objetivo final del espléndido corto ‘La habitación continua’, nuevo trabajo del dúo Daniel Romero y Raúl Garán tras el sugestivo corto ‘Una puerta cerrada’.
Romero y Garán vuelven a tantear, cada vez con más acierto y una estética más depurada y pulida, una narración genérica de ciencia ficción, ésta vez, a modo de ‘thriller’ futurista a través de las reflexiones humana y metafísicas de dos científicos que experimentan con cobayas humanas una serie de fármacos durante una apocalíptica pandemia. El asfixiante contexto (una habitación oscura y sin límites), su duración (no llega a los 10 minutos) y la conseguida narración apoyada en una inquietante fotografía de claroscuros y tonos ocres convierten ‘La habitación contigua’ en el resultado de otro éxito en la ascendente carrera de estos cineastas madrileños que, representados con Daniel Romero en la muestra, apuntó ‘La Jetée’, de Chris Marker, como referencia principal de un corto extraordinario.
Tal vez, el cortometraje que menos tenía que ver con el cómputo de géneros más o menos fraternos en sus designios la noche del jueves era el presentado por Diego López Cotillo. ‘Conciencias’ es una pequeña historia costumbrista sobre un aula de clase de instituto, unos niños, una profesora, un examen final y el arte de la ‘chuleta’ como dispositivos de un corto que acerca su mirada, bajo el modelo del naturalismo (en voluntad narrativa y en fotografía), a la inquietud del mundo adolescente visto con la nostalgia de un “Coti” al que le importan más los gestos, las miradas, la sensibilidad y tensión del momento que las palabras o el manierismo formal. La cercanía con la que López Cotillo observa a sus personajes se equipara a la misma con la que el hombre que hay detrás de un creador irradia ilusión, bondad y simpatía. Fue, sin duda alguna, uno de los realizadores que más disfrutó de esta segunda edición de La Audiencia.
“Dolor…” repetía una y otra vez el excéntrico cineasta madrileño Raúl Cerezo antes y después de proyectar su cortometraje ‘Escarnio’, adaptación del cuento ‘La gallina degollada’, de Horacio Quiroga. “Dolor…”. La palabra define a la perfección esta oscura fábula sobre el rechazo, la humillación y el desconsuelo, sobre la ambición de la perfección y el maltrato a la anormalidad. Un recorrido que tiene como telón de fondo la enfermedad y el defecto humano, ya que física o psíquicamente todos los personajes, menos una niña idealizada en la pureza inocente, están sumidos en la malformación. También se pudo ver ese documento titulado ‘Día V’ (estrenado en el Festival de ESCORTO, que dirigen Cerezo y López Cotillo), panegírico que levanta su voz contra las envidias y malos rollos que existen muchas veces en el mundo del corto. Mientras unos triunfan con méritos, talento y esfuerzo, otros, menos capacitados, se dedican a reprobar la genialidad desde la rivalidad y el rencor. Un corto que debería hacer reflexionar sobre el mundo del cortometraje en España.
Sin embargo, lo que de verdad hace reflexionar es que un tío como César Velasco Broca, con ese delirante mundo, algo intransitable pero dotado de una brillantez rotunda, tenga que ganar con su corto ‘Avant Pétalos Grillados’ uno de los premios más importantes del Slamdance (el de mejor cortometraje experimental) para que se empiece a hablar un poco de su excelente aunque corta obra cortometrajística. Y ni con ello, poder sacar su próximo trabajo en España, después de haber visto truncado su debut en el largometraje con ‘Noches Transármonicas’, con guión coescrito junto a Nacho Vigalondo. El universo extraterrestre y extremo de Velasco Broca aterrizó en La Audiencia para ostentar un cosmos de humor surrealista con trabajos como el citado y laureado cortometraje, así como sus antecedentes ‘Kinky Hoodoo Voodoo’ y ‘Der Milchshorf: La Costra láctea’, creaciones donde el fetichismo, el humor soterrado, la Deep Spain, los iconos metafóricos y la directriz fantástica de cariz alienígena hacen de este extremista visual y argumental una de las figuras más interesantes del panorama corto de nuestro país. Por si fuera poco, el público pudo reír a carcajadas con el pase de esa joya de ineluctable humor que es la inédita ‘Las aventuras galácticas de Jaime de Funes y Arancha’. Velasco Broca terminó de fascinar al público con la posterior y memorable charla de perniciosa duración (casi hora y media para él solito), donde el realizador hizo un extenuante repaso por su vida, obra, voluntades y obsesiones.
Como anécdota destacable, en cada muestra de esta tipología, suele realzar la aparición de algún ignominioso fulano que, con autoconsciente petulancia e impertinencia, hace gala de una gilipollez suprema fuera de lo común con supuestos comentarios agresores. La noche del jueves, tuvo un protagonista añadido que no hacía más que atacar en forma de preguntas (a veces sin sentido, siempre con ademán erudito) a todos y cada uno de los que presentaron sus trabajos, siendo rebatido con emotivos discursos sobre el respeto al corto, descaradas réplicas con muy mala hostia y la indiferencia cada vez que este chaval abría la boca.
Lo que no se podrá olvidar fue la posterior fiesta nocturna, con plétoras de toda índole, abrazos dipsómanos, risas incontenibles, amistades efímeras y duraderas e incluso la aparición de ‘groupies’ casquivanas que se ofrecieron a los cabezas de cartel o realizadores más conocidos a lo largo de las tres noches.
Lo cierto es que todo el mundo acabó gritando: “¡Maldito seas, Mingo!”.
Viernes 16 de marzo
Como si las horas sin dormir, el exceso o el cansancio no acaecieran sin remisión, la tercera y última jornada arrancó con ‘Víctor y la máquina’, de Carlos Talamanca, una extraña fusión de ambiente sureño con notas musicales de guitarra española y cine fantástico que evoca el mito de Prometeo y Frankenstein de un modo edulcorado y inmaculado, con excesiva candidez y estética apoyada en un níveo blanco y negro para contar la historia de un niño pequeño que sueña con resucitar a su padre usando piezas de una vieja motocicleta. Como bien apuntó Henrique Lage (preseleccionador de este nuevo espacio dentro de la muestra) es algo parecido a un “Tetsuo a lo flamenco”. Todo muy bonito, con voluntad, pero inexpresivo. Eso sí, lleno de buenas intenciones y honestidad, como bien demostró el cortometrajista en el breve discurso que dedicó a los asistentes.
El mundo de la animación también tuvo su espacio este año. Juan Pérez-Fajardo, recientemente nominado al Goya al mejor corto de animación por ‘Hasta la muerte’, presentó en Salamanca esta pequeña genialidad de un director que además de ejercer como tal ha creado el diseño de personajes y escenarios, storys, animática, animación, modelado, edición de vídeo y postproducción de sus trabajos. Un fuera de serie, vamos. Lo más interesante de su intervención, amén de las bondades de este trabajo precedido por su anterior ‘El ataque de los zombies adolescente’ (ambas con una atracción por el humor y la muerte en común), fue la pequeña ‘master class’ que improvisó Pérez-Fajardo con pequeñas lecciones básicas de utilización de 3D con 3dsmax desde un portátil que reflejaba sus movimientos en la lona de proyección. Un detalle que cautivó al público y dejó claro hasta qué punto este joven realizador lleva a cabo su laborioso y arduo trabajo para la destacada visión del mundo animado digital con términos desconocidos relativos al Character Studio o Combustion.
Si el año pasado Jim-Box encandiló a todos con su presencia como flamante ganador del Notodofilmfest. Este año Oriol Puig tomó relevo presentándose como recién ganador de la V edición del prestigioso certamen Festival Jameson de Cine Destilado con su corto ‘Atracciones’, aprovechando la coyuntura para celebrarlo con los asistentes junto a la proyección del corto. ‘Atracciones’ es, según su propio director, “una historia de amor de una pareja que quiere comenzar su relación con toda la verdad por delante, aunque ésta sea muy íntima y dolorosa”. Una sinopsis que el propio Oriol reconoció estar influenciada por apuntes biográficos a la hora de adaptar sucesos que le han contado o ha vivido personalmente para esta miscelánea de humor, comedia romántica, truculencia escatológica y sexual, impregnada de una verdad que alude al espíritu del cómic más ‘underground’ de los 90, pero que encuentra su peor e inapreciable enemigo en un doblaje que no ayuda nada a la credibilidad de la historia. También Puig proyectó ‘Zapatos limpios’, corto con menos aspiraciones que ya estuvo a punto de conseguir el año pasado el premio mejor dotado del certamen dirigido por Javier Fesser y que, con cierta lógica, todo el mundo señala bastante superior a este ‘Atracciones’ con esa historia mínima sobre el cine dentro del cine. Oriol, en cualquier caso, diseñador de profesión y cineasta ocasional, se mostró como lo que es, un tipo entrañable que disfruta al máximo haciendo cine.
La gran baza dentro de un cartel de estas características es, como siempre, conseguir que Nacho Vigalondo esté presente. Lo es, fundamentalmente, porque el cántabro es una atracción, porque su carisma y ‘vis cómica’ ayudan a elevar la notoriedad de este tipo de saraos. Vigalondo es un ‘crack’ mediático. Él lo sabe. Y hace disfrutar con sus anécdotas y narraciones con una pose y una destreza que pocos pueden ofrecer. También es un virtuoso individuo que convoca su humor e inteligencia fílmica cuando el público tiene la oportunidad de disfrutar de sus obras llenas de calidad e ingenio, como el amplio catálogo de videos que se pudo disfrutar en esta edición de La Audiencia; ‘Choque’, ‘Domingo’, ‘Una lección de cine’, la trilogía ‘Código 7’ y el trabajo nominado al Oscar hace dos años ‘7:35 de la mañana’. Velasco Broca, la noche anterior, había confesado que Vigalondo podía vomitar cuando quisiera (“os reto a que se lo pidáis”, animó), también se suele arrancar a cantar cuando alguien le pide que coree en directo alguna de sus míticas coplas. Vigalondo se negó a ambas cosas. No procedía. A cambio dejó sus habituales tertulias con disertaciones sobre su cine y el arte en general con ese magnánimo proceder salpicado de anécdotas humorísticas que tan bien sabe exprimir. Pero si por algo destacó Vigalondo fue porque, contra todo pronóstico (tenía que viajar muy pronto para trabajar en ‘Los Cronocrímenes’), se quedó disfrutando de otra ilustre noche salmantina junto a toda la ‘troupe’ que componía esta edición de La Audiencia. Eso es actitud. Algo que al de Cabezón de Sal le sobra y que hay que agradecerle.
De nuevo Salamanca volvió a ser el centro, por unos días, de un mítico encuentro entre cortometrajistas. Sin importar el género, el formato o la procedencia. De nuevo La Audiencia, cafetería propiedad del incansable JoseRa (el principal valedor para que todo esto sea posible) volvió a dar la oportunidad al inefable Rubin Stein para congregar a un grupo de cinéfilos que disfrutan delante y detrás de la pantalla con tres días memorables. Tres días en los Bruto Pomeroy presentó y Eli Martin, incansable como siempre, grabó todo lo que allí sucedió, así como ese amigo de Stein llamado Gustavo, gran persona humana que estuvo fantástico ayudando en las labores de producción. Tres días que tendrán su continuidad el año que viene, cuando la III Muestra de Cortometrajes de La Audiencia vaya escalando un pasito más en su aspiración por ser una de las reuniones de talentos dentro del mundo del corto más importantes del país. Por ahora, lo están haciendo de forma impecable. Que sea por muchos años.