miércoles, 29 de noviembre de 2006

El Abismo, en Fotogramas

Hace algún tiempo, cuando conseguí mi propia ficha en IMDB, enunciaba esos sueños utópicos y factibles; educar a un hijo, plantar un árbol, escribir un libro, comer todo lo que quiera sin engordar, participar en un trío sexual con hermosas damas de distintas etnias, vivir en una mansión con mi propia sala de cine, tener un mapache, dirigir un largometraje, comprarme un ‘pin-ball’, ser el dueño de una tienda de antigüedades, ir a recoger un premio a Tokio y a México, amaestrar una pulga, hacer malabares, orinar desde un rascacielos… Algunos son improbables por una cuestión de raciocinio, otros podrían ser asequibles en un futuro, los demás, sólo son despropósitos dignos del aturdimiento efímero.
Salir en el Fotogramas, revista mítica que supone nuestro pequeño Variety de andar por casa, esas entrañables hojas que siempre me han acompañado en los momentos de evasión en los que uno evacua el vientre, era algo que no estaba en la lista de absurdos sueños, pero que me ha hecho una ilusión tremenda e infinita. El Abismo va creciendo cada día en alcance mediático y esta breve reseña es un logro. Como también lo fue el descubrimiento de la aparición de este weblog en el libro de José Luis Orihuela (versado erudito y creador de ECuaderno) ‘La revolución de los blogs’, que distinguió el Abismo entre las elegidas para su Anexo III: ‘Selección de weblogs en español por temas’, en la sección de cine. La honra de aparecer en Fotogramas (pag. 232 -Sección Internet-) viene dada gracias a un gesto de Jorge Riera (más conocido por estos lares como PutoKrio), que ha tenido a bien dedicarme unas líneas en esta apreciada publicación mensual por la que han pasado algunas de las mejores (y peores) plumas del sector cinematográfico español. Por ello, hay que agradecerle eternamente este envite a formar una minúscula parte de la hemeroteca de la revista.
Un número cuya portada tiene a un Brad Pitt por el que no pasan los años y que recoge en su interior el inevitable avance de las películas que vendrán en 2007, una abecedario de Denzel Washington, un interesante reportaje de niños prodigio que acabaron sumidos en una espiral de fracaso y drogas, una foto de las tetas operadas de Lucía Lapiedra, especiales navideños y un reportaje sobre los nuevos cineastas españoles entre los que destaca, como es obvio, Koldo Serra.
En cuanto a las breves líneas de Riera con respecto al Abismo nada que objetar, asumiendo que en ocasiones esa grandilocuencia que menciona PutoKrio se deja filtrar por estos pantanosos cenagales de descompensado entretenimiento.
Gracias amigo Riera por este detalle y también a Orihuela, por supuesto.

martes, 28 de noviembre de 2006

'Le Samouraï', el silencio de la muerte

“La profunda soledad del samurai sólo es comparable a la de un tigre en la jungla”.
(El Bushido)
Alain Delon da vida al hermético y frío asesino a sueldo Jeff Costello, un hombre marcado por el código de honor japonés Bushido, estricta cédula ética por el que se regían los samuráis. ‘Le Samouraï (El Silencio de un Hombre)’ es una excelente pieza del cine negro francés, donde la calidad de los diálogos y su uso taxativo amparan una cuota de interés magistral. Jean-Pierre Melville, sugestionado en su fascinación por el cine estadounidense logró aunar la perspectiva determinada en los géneros cinematográficos yanquis con esa aura de alarde de los grandes cineastas europeos. ‘Le Samouraï’ es la demarcación que separa la excelencia de cintas como ‘Bob, Le Falmbeur’, ‘El Confidente’, ‘El Guardaespaldas’ o ‘Hasta el último aliento’ de la grandiosidad de su obra maestra ‘Círculo Rojo’, con la que ‘Le Samouraï’ tiene tantos paralelismos. Es la invención elaborada de unos cánones frecuentes, de depurada estilización que componen su trayecto hacia un estilo propio y sugerente, con matices de un alcance fílmico mayúsculo.
‘Le Samouraï’ es un catálogo de los ideales artísticos de un genio como Melville, de su impronta definida en la caracterización de personajes habituales en su carrera. Jeff Costello es la representación idealista del antihéroe ‘melvilliano’, un personaje desmotivado, sin causas ni objetivos, frío y ascético, silencioso, amparado en una soledad emplazada en habitaciones claustrofóbicas, representando un entorno que denota el único espacio de libertad real ante un mundo perseguidor y amenazante, espacios abiertos donde acecha el peligro. Los taciturnos héroes de Melville, que encuentran en Costello su procedente enseña, siguen un código moral invulnerable convertido en un protocolo de decisiones que sólo tienen un camino establecido por el propio personaje. En este caso, un Costello que sabe desafiar con carácter ritual a la sacralización de una muerte que asume y afronta con el honor del código ético aplicado por su profesión.
Melville juega con un atractivo distanciamiento del espectador con respecto a Costello, pero sin dejar en todo momento de acercarle a la cotidianidad (el simple sigilo con el que se mueve, un apartamento semivacío, un pájaro enjaulado al que dar de comer, la meticulosidad con la que se prepara antes de salir de casa…), un detallismo plagado de silencios, de miradas que expresan mucho más que las pocas líneas de diálogo que se escuchan a lo largo del filme. Es, en último término, la impasible crónica de un suicido de un hombre traicionado que no tiene otra alternativa que la de aceptar una ética especial dentro de una situación que acaba por dominarle, al que se le escapa de las manos cualquier resquicio de esperanza o salvación. Su sacrifico es la única alternativa, mostrada como un gesto de honesta heroicidad que parte de una razón única, la fidelidad a unos principios, a una conducta cimentada en un compromiso que no admite el arrepentimiento.
El filme de Melville es una película que no duda tampoco en acoger toda la iconografía e iconos del cine negro, con esa tendencia narrativa a la mentira, traición y manipulación por parte de sus personajes, donde las delaciones se suceden constantemente; el contratista (Jacques Leroy) vende a Costello, los gángsteres manipulan a Valèrie (Cathy Rosier), ésta traiciona a Costello y el asesino a sueldo lograr adulterar las sospechas del inspector de policía (François Périer) en relación a Jane Lagrange (Nathalie Delon), que se convierte en la única coartada del asesino. Tampoco faltan persecuciones, tiroteos, intriga criminal y esa dualidad divergente que hace que los asesinos parezcan héroes y los policías sean los malvados hostigadores, así como los elementos de vestuario y personaje característico del cine negro más clásico.
‘Le Samouraï’ es una película de mentiras y traición como única vía de supervivencia, donde la intimidad tiene tanta importancia y la estilización fotográfica de Henri Decaë ahonda sin tregua en la personalidad de los roles, utilizando colores apagados y fríos que se transforman, como casi todo en esta cinta, en parte de una puesta en escena opresiva e inquietante. Un juego de espejos, de imágenes irradiadas que lo único que dejan claro es la impenetrabilidad de los rostros y sus actitudes, así como la impermeabilidad que poseen sus personajes, ambiguos, como su propia condición y moralidad. Melville se valió para ello de descripciones lentas, sin apenas diálogos, deteniéndose en los hechos y su mecanismo y sosteniendo la acción en los hieráticos gestos de Costello. Es la peculiar búsqueda por parte del cineasta de esa gran tragedia que siempre quiso reflejar en un cine desbordado, en muchas de sus ocasiones, en la más rotunda brillantez.
La obra maestra de Melville se ha mantenido como uno de los títulos más importantes del género dentro de la historia del cine y es una película capital a la que le han rendido homenaje cineastas como Godard, Scorsese, Tarantino, Jarmusch o John Woo.

viernes, 24 de noviembre de 2006

El nuevo Beta Blogger

Fijaos bien en la caja de Flash con los enlaces, anteriores posts, selección de dossieres, enlaces y demás que tenéis a vuestra izquierda. No funciona ¿Podéis verlo? Claro que sí.
¿De quién es la culpa? Exacto. Otra vez de Blogger, en complot con Google, los heraldos de Satán que han venido a jodernos la vida internauta.
Si, por alguna remota casualidad, se os ocurre la demencial e irracional idea de tantear el Beta Blogger que os imponen más que sugieren desde la página de inicio de esta herramienta para blogs, recordad que vuestro blog dejará de ser el que era y se convertirá en un infierno proporcionado a un entorno para legos como los que lo han creado. Y algo importante que debéis saber; nunca podréis volver atrás. Estoy muy enfadado con Blogspot, con Blogger y con la madre que los parió a todos. Habitualmente no suele dar problemas, pero primero con lo Adsense y ahora con esto, han conseguido levantarme la mala sangre.
El próximo proyecto del Abismo está claro: idear un sistema de posts que recoja estos dos años y medio en un generador propio en php, manteniendo el css estético, la estructura y el interfaz utilizado hasta la fecha. Y así algún día mandar al carajo a Blogger y no tener que depender de ellos nunca jamás.
Hasta entonces, como todo en esta vida, toca aguantar la volubilidad a la que someten las condiciones de este tipo de blogs que metaforizan aquellos que manejan el mundo a su antojo como simples marionetas.

jueves, 23 de noviembre de 2006

Semana ajetreada

Llevo unas semanas fatigosas y bastante liadas, de esas que apenas te dejan tiempo para dedicarlo como es debido a este blog que ha malacostumbrado a sus lectores a una actualización poco menos que diaria. Seguro que habéis notado que el Abismo ha mermado su manufactura textual. Cierto es, amigos. A veces echo de menos aquellos largos días de inercia y ociosidad sin límite donde lo único que llenaba mi tiempo era atestar este espacio copiosamente con innumerables posts, cinco o seis por día, deliberando dossieres, escribiendo desquiciadas críticas, enlazando absurdos links con comentarios burlescos e incluso profesar un poco la escritura automática, a ver que salía.
Pero, al contrario de aquellos que se quejan de estrés en el trabajo, que reaccionan negativamente a un nivel emocional acusando astenia cognitiva y fisiológica, la presión laboral puede ser un elemento de ayuda, un estímulo para afrontar los retos como desafíos personales que superar. Acoso y derribo a las consignas de Karasek y Theorell. Gestiones laborales de todo tipo; ofertas turísticas, llamadas a hoteles, la responsabilidad de acarrear cometidos dentro una empresa de turismo internacional, críticas de cine, reportajes de estrenos, columnas de opinión, la realización audiovisual de una obra de teatro el próximo sábado, día contra La Violencia de Género, chapurrear con diseños internautas para webs, compartir pábulos con el mundo del artisteo moldeando nuevos proyectos, lecturas y relecturas de libros, cómics, diarios y demás textos para acopiar reseñas, ideas y conceptos, la preparación del próximo proyecto cortometrajístico, planificar, hacer cuentas… Todo ello dentro de plazos ajustados a extremos que suscitan los más bajos impulsos perfeccionistas. Y en el tiempo libre, dedicado al merecido relax, postrado con inercia en un sofá, viendo series o películas o simplemente disfrutando de timbas de Pro convertidas en antológico pasatiempo.
No son buenos tiempos para el Abismo, pero sí para mi sosiego personal, flagrante economía y bienestar profesional. Tras esta particular contienda contra el tiempo, llegará la esperada búsqueda de piso en el que encontrar un privativo entorno de calma y felicidad, un microcosmos de freakismo cultural, espacio abierto al ocio y al trabajo en mi casa propia, donde desarrollar mis actividades con la paz del aislamiento felizmente transgredida con la presencia de mi alma gemela. Hasta entonces, intentaré superponerme a la presión y responder con efectividad a las expectativas que me autoimpuse cuando abrí el Abismo como postulado editorial: la actualización constante.
Tener un weblog requiere una afanosa dedicación para que los contenidos queden bien segmentados y orientados hacia todo tipo de público que, al fin y al cabo, es el objetivo de todo esto. Hoy ha tocado una odisea personal de subjetividad utilizado como bitácora personal de inquietudes. Un post que, probablemente, no le importe a nadie. Pero había que explicar someramente porqué ‘Un Mundo desde el Abismo’ está un poco aletargado estos días. Durante los próximos, volverá a la normalidad.
Gracias a todos por vuestra paciencia.
Y eso es todo por hoy.

martes, 21 de noviembre de 2006

La muerte de Robert Altman

1925-2006
La noticia de la muerte de Robert Altman ha causado gran estupor dentro de los círculos minoritarios del Séptimo Arte. El fallecimiento de Altman supone una terrible pérdida en un mundo acostumbrado a ignorar el talento furibundo de un ‘outsider’ como él, un clásico hiriente curtido en mil batallas, caracterizado por la reincidencia en mostrar sarcásticas críticas, con los continuos dardos envenenados con saña y talento de sus múltiples retratos sobre los submundos normalizados y aceptados por la sociedad.
Un francotirador, a veces incomprendido, otras desacertado, pero siempre con la mirada de un creador de espacios cínicos, poseedor de una representativa idiosincrasia que deja 86 películas para el recuerdo dentro de una carrera de altibajos, donde la valentía y el carácter han sido la impronta de un cineasta que merece todos los homenajes del mundo.
Se hace raro haber escrito el pasado enero, con motivo del Oscar Honorífico concedido por la Academia al veterano director (con anécdota de Ron Howard de por medio) y valorar de nuevo la filmografía de un viejo rebelde, de un marginado que siempre mantuvo en su sello la inquebrantable demostración de una inspiración y diversidad permanente.
Por tanto os remito a aquel post que ya rendía un sincero homenaje al maestro.
Descanse en paz uno de los clásicos del cine contemporáneo.

lunes, 20 de noviembre de 2006

Peter Jackson pasa de 'El hobbit'

Es definitivo: Peter Jackson ha renunciado a dirigir ‘El Hobbit’ por desacuerdos irresolubles con New Line.
Tras todos los rumores que apuntaban a que Jackson se hiciera cargo de esta esperada adaptación del mundo de Tolkien, el otrora orondo cineasta parece no estar dispuesto a convenir ninguna razón con la ‘major’ que se encargó de la Trilogía por problemas jurídicos con respecto al débito monetario aún no solventado de la exitosa adaptación de ‘El Señor de los Anillos’. Jackson asegura que existen posiciones irreconciliables entre su compañía Wingnut y New Line.
Una noticia que afecta a los que esperaban esa nueva aproximación de Jackson al fantástico mundo de Tolkien, que se tendrán que quedar con las ganas y esperar el voluble futuro de este proyecto.

jueves, 16 de noviembre de 2006

Review 'Scoop'

Refinado ‘fast-food’ criminal
‘Scoop’ es un filme del Woody Allen actual, que acepta sus limitaciones y aporta una película sin pretensiones que concede una nueva muestra de entretenimiento inofensivo.
Durante la presentación de ‘Melinda & Melinda’ en la gala de inauguración del Festival de San Sebastián de 2004, Woody Allen expuso una frase de acostumbrada brillantez: “si no les gusta esta película, no importa, acabo de terminar la siguiente’. El trabajo frenético de Allen durante los últimos años es imparable. La inagotable fertilidad con la que crea películas es una muestra del énfasis con el que el director neoyorquino vive el tramo final de su carrera cinematográfica, malacostumbrando al espectador a una dosis anual de su entelequia, de ese diván metafórico en el que reiterar una y otra vez sus fobias y filias, exorcizar sus fantasmas de hipocondríaco y vencer sus miedos a través de cintas poco convencionales. La frase tiene un valor añadido que el público debe acatar; no siempre, en una dilatada filmografía como la suya, va a singularizarse su impronta de genio habituado a esas descripciones de neuróticos personajes urbanos, obsesionados por el amor y la muerte, por el destino y la casualidad.
Tras la gran acogida de la que muchos consideran la gran película de su última etapa, ‘Match Point’, astuto cuento sobre un arribista que escala a lo más alto en el escalafón social, ‘Scoop’ no pretende en ningún momento trascendentalizar con su historia para llegar a ser como aquélla. Woody Allen reconoce su vejez, asumiendo no sólo en ese inseparable rol de entrañable y verborreico neurótico cuando aparece como protagonista, sino que concede la autoaceptación de un filme menor con el que explotar su habitual y desbordante combinación de sentido del humor y visión catastrofista de la vida.
En su segunda historia alejado de Nueva York y desarrollada en Londres, regresa a los acogedores ambientes de la clase intelectual y acomodada, a esa ‘high class’ visitada en su anterior obra, con la aventura de una joven estudiante de periodismo estadounidense llamada Sondra Pransky (una resultona Scarlett Johansson que ofrece su mejor cara tras del descalabro de ‘La Dalia Negra’), que sufre un incidente paranormal cuando forma parte de un número de magia de Sid “Splendini” Waterman (un gesticulante y entrañable Woody Allen): el fantasma de un periodista de sucesos (genial Ian McShane –verdadero genio actoral de la serie ‘DeadWood’-) le revela que un joven aristócrata hijo de un Lord, Peter Lyman (seductor y apolíneo Hugh Jackman), es el asesino en serie que está causando el terror en Londres con el sobrenombre de “El Asesino del Tarot”.
‘Scoop’ no es ‘Match Point’, ni en intenciones, ni en forma. Pero tampoco pretende serlo. Se podría decir que es un refinado ‘fast-food’, un entretenimiento inofensivo y eficaz que recuerda a trabajos menos valorados de Allen como ‘La Maldición del escorpión de Jade’ o ‘Granujas de medio pelo’, comedias amables que encubrían sus defectos con esa faceta de misterio criminal que tan buen resultado ofreció en ‘Sombras y Niebla’, ‘Delitos y faltas’ y ‘Misterioso asesinato en Manhattan’. Allen se limita a procurar ser vigoroso, ofreciendo un preciso catálogo de malentendidos, de continuos ‘running gags’ de firmeza humorística sin mucha circunspección, dándole más importancia al seguimiento secuencial de la investigación de Pransky y Waterman que al alcance argumental de un guión descompensado pero imaginativo.
A modo de opereta, de comedia ligera, ‘Scoop’ tiene algunos momentos notables, de los que cabe esperar en el último cine del genio de Manhattan, como esa posición de parodia de la flema británica en fiestas de exquisito boato, donde no falta la agudeza sardónica para con los judíos, ni tampoco los aspavientos entre balbuceos del cineasta, esa presentación del personaje de Pransky como imaginativa fantasía con su musa o esa referencia de la embarcación de Caronte en la que viaja el periodista interpretado por McShane.
En cuanto a ‘Scoop’ como miscelánea operística de la obra más moderna de Allen, es una película que funciona a ratos, siguiendo los preceptos de la narración clásica que tan bien sabe hacer lucir su autor, permitiéndose cualquier licencia, incluido el ‘Deus Ex Machina’ final, la resolución criminal imprevista, siempre con la reincidente autonomía de su puesta en escena tan identificativas del director de ‘Annie Hall’.
Como en ‘Match Point’ o en ‘Melinda y Melinda’, como ejemplos más cercanos, lo accidental, las casualidades, el travieso capricho del destino siguen siendo los factores que cambian el rumbo de la vida, de manera sucesiva, donde se imponen las dudas, el engaño, la obcecación amorosa en un universo desenfadado que ampara algunas de las sempiternas obsesiones del cine ‘alleniano’; robos, asesinatos, la muerte y el elemento fantástico al que recurrir como connotación de autoría. ‘Scoop’ viene a ser un poco de lo mismo, pero bajo la batuta de Woody Allen se convierte en la nueva certificación de agudeza e inventiva de un cineasta que poco tiene que demostrar a estas alturas.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2006

miércoles, 15 de noviembre de 2006

'Edmond': Insufrible telefilme

Ayer, por casualidades de la vida, me topé para mi desagracia con el telefilme ‘Edmond’, la sorpresiva unión de Stuart Gordon (cineasta de culto de filmes como ‘Re-Animator’), ejerciendo de director y el desequilibrante (y a veces genial) David Mamet como guionista. ‘Edmond’ es un coñazo de película; estrambótica, desquiciada, irracional y exasperante. Así, de entrada. Se supone que explora la sociopatía de un hombre que acaba de dejar a su mujer (en un arranque que es lo más destacado de esta inclasificable cinta) y que, siguiendo con libertad y licencias de todo tipo el modelo de Stevenson de la dualidad humana y la ambivalente moralidad de la psique, pervierte su actitud reservada y rácana de clase media a la de un ‘pyschokiller’ en potencia capaz de aniquilar a quien se le ponga por delante. Escueta síntesis que evidencia una insipida historia que no logra transmitir nada en absoluto.
William H. Macy da vida a Edmond Burke, un intérprete que simboliza a la perfección ese hombre tímido, cobarde, retraído y perdedor que no ha conseguido nada en la vida. De hecho, Macy interpreta el mismo rol que ya ha marcado su carrera como en ‘Magnolia’, ‘Fargo’, ‘The Cooler’…). Su personaje, sombrío y suspicaz, es aficionado a los oráculos proféticos que, cansado de su vida, deja a su mujer para lanzarse a la lujuria de una noche loca.
El filme arranca como una comedia negra donde este fulano, que es además tacaño y mezquino, pretende pagar una ínfima cantidad de dinero por follarse a alguna que otra prostituta (personificadas en los conocidos rostros de Denise Richards, Mena Suvari, Debi Mazar y la asiática Ling Bai), Sin mucha fortuna, se topa con un proxeneta negro que le otorga una inhibición en forma de asesinato, de liberación anímica y mística extendida a un encuentro sexual con una camarera interpretada por Julia Stiles, a la que, en otro ataque de alucinación sociopática, rebana el cuello sin ningún pudor. A partir de ahí, el filme de Gordon se convierte en un catálogo de estupideces que va forjando el aburrimiento al que somete al espectador, para acabar con la redención catártica dentro de prisión de un personaje abyecto y superficial.
Cinta de bajo presupuesto, telefilme sin enjundia, sin entidad ni interés, explora sin mucho acierto las motivaciones de un hombre a punto de detonar su furia violentamente, con trasfondo de racismo moral y físico, acerca de la castración que provoca la monotonía y de lo retrógrado del conservadurismo y la hipocresía, pero sin llegar a un argumento lo suficientemente consistente como para que el espectador se crea en algún instante lo que se está viendo en pantalla.
La laxa ontología, barata y execrable, servida por Mamet en este filme, convierte a ‘Edmond’ en un subproducto infame, sin contextos ni sentido, donde nada funciona y todo es objetable. Una reunión de colegueo cinematográfico entre Mamet y Gordon donde no podía faltar la mujer del primero, Rebecca Pidgeon, o el actor Joe Mantegna ni el actor fetiche del segundo, Jeffrey Combs.
Lo mejor, que dura 82 minutos.
Avisados quedáis.

martes, 14 de noviembre de 2006

Telegrama Abismal

Amigos del Abismo. Stop.
Debido a una inconsolable y temporal ausencia, me retiro durante un par de días de la actividad del blog. Un año y medio es mucho tiempo. Stop. En 48 horas el blog recuperará su normal dinamismo diario. Stop. Pero necesito un breve espacio para tratar de adaptarme a esta dura y constante añoranza. Stop.
Te quiero Myri.

jueves, 9 de noviembre de 2006

Se celebra un CUMPLEAÑOS, y estamos todos invitados

Hoy estamos de preestreno.
Después de pasar por este Abismo en varias ocasiones con toda noticia acerca de esta opera prima de Eugenio Mira, ‘The Birthday’, por un necesario milagro del cine, se estrena en Madrid y Barcelona tras dos años pugnando por ver la luz pública. Dos años desde que se estrenara internacionalmente en el Festival de Sitges de 2004 (llevándose, de paso, el Premio a la Mejor Dirección Artística), pasando por el Festival de Cine Fantástico de Calle 13 y algunos importantes certámenes de todo el mundo por los que ha ido cosechando algún que otro premio como el Melies d'Argent a la Mejor Interpretación Masculina para el mítico Corey Feldman en el Festival de Cine de Luxemburgo.
Desde hace tiempo la eterna pregunta ha sido “¿cuándo se estrena ‘The Birthday’?”. Surgieron constantes rumores y fechas: cada año, cada mes… Parecía que nunca llegaría. Pero el estreno definitivo está aquí. Los que han visto esta la cinta de Eugenio Mira se bifurcan en dos bandos de opinión; los acérrimos defensores que la consideran una ‘cult movie’ en toda regla y aquellos a los que se le indigestó la película el día que la vieron. Es así. No deja indiferente a nadie. Una película narrada a tiempo real que salpica con su insolencia y honestidad, con su homenaje al cine de los 80, alejándose de la sumisión a cualquier pauta. ‘The Birthday’ adopta una temible actitud ecléctica y desenfadada, no apta para todos los gustos, lo que la convierte en una fuerza rebelde que da la espalda a toda concesión o sinapismo dentro del cine actual. Eugenio Mira y Mikel Alvariño escribieron una película inclasificable que el primero se ha encargado de llevar hasta sus últimas consecuencias. Una obra imprescindible.
Y después de un largo trance de inacción, la recompensa llega con el esperado desenlace como un ‘happy end’ en forma de estreno comercial. Ha llegado el momento de que el público disfrute de ella. Aunque sea un estreno minoritario (amparado en una valiente autodistribución), aunque pase discretamente por taquilla, aunque haya otras opciones en cartelera, no os podéis perder esta oportunidad absolutamente única e inmejorable de acercaros a ver ‘The Birthday’ allí donde se estrene. Primero en Barcelona y Madrid… Después, ya se verá.
De momento, apuntad esta fecha:
- Jueves 9, 22:00 (Cines Luchana). Madrid.
Si os acercáis y decís a los máximos responsables (Eugenio, M.Á Faura, Mikel, Javi o Jorge Alvariño) que vais de parte de “REFO” y que sois amigos del Abismo, os entregarán una invitación exclusiva para el preestreno que tendrá lugar esta misma noche. Así de fácil, hasta que se agoten la invitaciones del aforo de 500 localidades.
Este evento contará con la presencia del protagonista principal del filme. Sí, amigos. Nada más y nada menos que Corey Feldman estará por allí para presentar junto a Eugenio, Mikel y el resto del equipo esta película que parecía destinada a ser tildada de ‘maldita’, pero que ha encontrado en su estreno el premio a un trabajo lleno de esfuerzo y riesgo que lucirá, en esta ocasión, una nueva versión de 95 minutos.
¿Que no podéis ir? No pasa nada. Durante la semana del 10 al 16 de Noviembre, esta maravillosa pieza de culto se proyectará en los Multicines La Dehesa de Chamartín (c/ Agustín de Foxá s/n, Plaza Estación de Chamartín) y en los mismos Cines Luchana (c/ Luchana 38). En Barcelona, ‘The Birthday’ será exhibida en los cines Casablanca-Gracia (Calle Girona 173-175).
Si no veis ‘The Birthday’ es porque no queréis.
Para refrescaros la memoria aquí os dejo la extensa ‘review’ de la película y un pequeño reportaje escrito sobre el filme cuando la esperanza de estreno estaba fijada a principios de 2005. Por suerte, ya está en circulación una de las grandes películas del cine español de los últimos años.
- Reportaje 'The Birthday'.
- Extensa Review Abismal de 'The Birthday'.

martes, 7 de noviembre de 2006

Review 'The Departed'

Adrenalítico juego de dobles identidades
Scorsese reafirma su condición de gran genio clásico, pero también de imprevisible cineasta, con esta prodigiosa historia de pesimismo y traición desbordada de genialidades.
El éxito de taquilla obtenido por ‘The Departed (Infiltrados)’ ha situado el último estreno de Martin Scorsese a la cabeza de las películas que ya aspiran a ser nominadas al Oscar de la edición del próximo año. Desde 1991, cuando estrenara ‘El Cabo del Miedo’, el director italoamericano no había conseguido dar en la diana de la taquilla con tanto acierto. Pero la carrera de Scorsese nunca ha fijado su interés ni en las cifras del ‘box-office’ ni en la obstinación, como se viene diciendo, de obtener esa preciada estatuilla que persistentemente le niega la Academia de Hollywood. Más allá de estos superficiales ejes cinematográficos, su filmografía, apuntalada con férrea disciplina en la concepción y ejecución de cada una de sus películas, establece un mundo creativo donde pugnan su personalidad y su arrolladora narrativa, la responsabilidad de un cineasta considerado como uno de los grandes genios del cine contemporáneo, pero cuyas películas no suelen triunfar de cara al gran público y que, últimamente (sobre todo con ‘The Departed’), ha fraccionado sin precedentes a la crítica internacional.
Se dice que Scorsese, desde hace más de una década, divaga en la constancia de una incierta maestría mal enfocada, hacia un camino indescifrable, acarreando depurados ejercicios de estilo y absoluta pericia, deambulando entre el clasicismo, el riesgo y la modernidad, sin establecer una línea que oriente su filmografía hacia una dirección concreta. Lo que puede parecer un desacierto, es un hecho fehaciente, que le convierte en uno de los directores más imprevisibles del cine moderno ante sus siempre anunciados puntos de inflexión en una filmografía trufada de importantes obras que han ido adquiriendo su trascendencia a través de los años, incluidas aquellas despreciadas por ciertos sectores críticos, que han menospreciado cintas como ‘Al Límite’, ‘Gangs of New York’ o ‘El Aviador’.
‘The Departed’ vuelve a poner en tela de juicio la destreza del maestro, evidenciando que la supuesta incertidumbre que puede ratificar su constante alteración dentro de su carrera no es más que la reinvención de una mirada enérgica, de la búsqueda de un ejercicio formalmente ajustado a sus singulares tragedias de poder y culpa. Scorsese vuelve a permutar la frenética aptitud de sus grandes obras en un ejercicio formalmente ajustado al texto (que esta vez, viene de encargo) y a la épica de una cinta donde prepondera una perfección de relojería inusitada dentro del actual cine de Hollywood, tanto si es contemplada como un fascinante logro de artesanía imperceptible o, simplemente, como un trabajo menor que formula un gran espectáculo de entretenimiento. Porque si por algo aúna criterios esta última fábula del maestro es por la constante lección, de ejemplar capacidad para dilatar la cadencia de un filme hasta el paroxismo, con una planificación y dirección de actores apabullante en la que no importa tanto esa citada épica del director como su simplicidad, su directa inmediatez, la sensación constante de disposición con la que el público se reubica en las continuas rotaciones de una narración espontánea y perceptiva.
Scorsese regresa con ‘The Departed’ a los submundos obsesivos que han marcado parte de su carrera; al universo hermético y sombrío de la mafia, al sentimiento de culpa, a las raíces, a los credos personales (más allá de la religión), a las exangües fronteras que existen entre el bien y el mal, donde elementos como la lealtad, la soledad y la traición recuperan a un Scorsese que no deja pasar la oportunidad de contribuir con una nueva visión al realismo urbano que pone de manifiesto las consecuencias de la violencia a través de una espiral de mentiras y ambigüedades en un entorno hostil. Epopeya narrativa forjada bajo la mirada del maestro en un enclave conocido, las trágicas historias de redención y derrota, esta película es muchas cosas a la vez; cine diletante y a veces delirante, cine de acción, de suspense, cine policiaco, un drama existencialista, en definitiva, cine en estado puro que explora esa delimitada ‘zona cero’ emocional y ética que transige a la epopeya metafísica. Un desconcertante ejercicio de estilo que renuncia a muchas bases del cine ‘scorsesiano’, pero que, sin embargo, no deja de lado su afán por reflejar a víctimas de la sociedad a la que ellos mismos contagian y maltratan, prosiguiendo su particular genealogía atestada de oscuros abismos personales, de roles enfrentados a un ciclo en el que se suceden confianza, sumisión y traición. Un mecanismo perverso de dualidad moral que no podía faltar en el escapismo vivificador de esta ponderativa y genial obra que no es maestra, pero casi.
‘The Departed’ tiene un enemigo capital que ha salido a relucir por sus detractores más acérrimos. Y es que parte de un material ajeno, descrito como funcional ‘remake’ de ‘Wu Jiao Dao’, de Wai Keung Lau y Sin Fai Mak, en Occidente titulada ‘Infernal Affairs (Juego Sucio)’. Un lastre que apoya malintencionadas teorías de agotamiento en la filmografía de Scorsese, pero que soporta a la perfección cualquier tipo de cotejo, fundamentalmente, porque estamos ante una libre adaptación del filme asiático y no un ‘remake’, como se viene diciendo. Ambientada el South Boston, donde la policía estatal está en guerra con el crimen organizado, Billy Costigan (Leonardo DiCaprio) es un joven policía cuyos orígenes hacen de él un postulante idóneo para convertirse en un topo dentro de la mafia, un infiltrado sin ningún contacto ni reconocimiento oficial y obligado a arriesgar su vida en el seno de la organización más peligrosa de Massachussets dirigida por Frank Costello (Jack Nicholson). La misma organización criminal que, curiosamente, ha sido capaz de preparar a otro joven, Colin Sullivan (Matt Damon), para que repita el mismo juego, infiltrándose como uno de los máximos agentes policiales de la ciudad. Un cruce imposible, de dobles juegos, de traidores denominados ‘ratas’ en una coyuntura donde no hay tiempo para descubrir la identidad del adversario.
La gran diferencia entre ‘Infernal Affairs (Juego Sucio)’ y ‘The Departed’ es que Scorsese se centra en desarrollar la parte más retórica y ficcional del libreto de William Monahan, sometiendo los resortes de la narración a su impetuosa y elegante disposición visual, sabiendo llevar al espectador por un carrusel de convulsiones argumentales, de poderosa emoción, de encrucijadas repletas de matices que se deslizan entre lo exagerado y lo imposible, pero que no afecta a la credibilidad de un espectador situado en todo momento en una posición de atención constante ante el absorbente control de un Scorsese apoteósico, que sabe llevar al público con agilidad, astucia e invisible precisión hacia un juego psicológico de unos personajes muy físicos, enfrentados a un grado máximo de pesimismo y traición.
Dentro de este juego de dobles identidades, existe un arma de doble filo. Por una parte, en el análisis de los componentes de la intriga que, como en toda ficción, esgrime improbables casualidades, ardides y argucias de ilusionista, como los fortuitos encuentros entre personajes, vertiginosas afiliaciones, cartas olvidadas en una mesa, teléfonos móviles pinchados o ese as guardado en la manga de un desenlace que roza el surrealismo, pero que desborda con una inesperada traca final. Casualidades solventadas con la coherencia con la que todos los elementos y personajes están construidos para no caer en lo grotesco. Por la otra, en un material que se inicia con inflexibles elipsis dentro de un guión dinámico, con bruscos giros perfectamente ensamblados, Scorsese opta por salvaguardar su ilación argumental y visual, polarizando sus obsesiones, su elegancia y clasicismo donde el relato se cimienta en el arrollador y brillante despliegue de acontecimientos y sobresalientes diálogos que sitúan el retrato simétrico de dos personalidades destinadas a encontrarse en un panegírico de precisa narración, ajustada a un ritmo salvaje e infatigable. ‘The Departed’ es, en su fondo y en su forma, una espiral de mentiras, de simulación orquestada hacia la superposición de apariencias que se van retroalimentando con una fuerza narrativa apasionante en la que infiere el ritmo cómplice que sabe dar a la función la excepcional Thelma Schoonmaker.
‘The Departed’ es también una constante pugna de contrastes y ambivalencias, de enfrentamientos dialécticos, de forzadas imposturas situadas en los débiles términos de lo verdadero y lo falso, aquellos que pueden romperse por un mínimo desliz o una mirada insegura. Existen dualidades a lo largo de todo el metraje; de las dobles identidades de ambos infiltrados, en la doble relación con la psicóloga interpretada por la dulce y sugerente Vera Farmiga, doblegada por el romanticismo de un Sullivan artificioso y, por contra, pasional y salvaje en su furtivo encuentro con Costigan, translúcido en sus sentimientos con el único soporte que encuentra en su tormento de soledad. Pero también, en la divergencia de tonalidades que utiliza un inspirado Michael Ballhaus para fotografiar el oscuro South Boston, las tarbernas irlandesas donde se fermenta el crimen o en la luminosidad de una comisaría que se vuelve nocturna y lóbrega a medida que avanza la acción. Luces y sombras de mundos paralelos hermanados en la corrupción y la conjetura como signo de un artero espectáculo de mafia y orden, vinculados por la ambigüedad y disueltos finalmente por la verdad y la muerte.
Scorsese engloba ese espíritu irlandés, alejado de Beacon Hill, del ‘smell the coffin’ que subraya el contexto de paranoia, confidentes, encerronas y baños de sangre de la mafia regida por Costello, para reincidir en su inconfundible devoción por los bajos fondos que tanta importancia han tenido en la obra del cineasta, bien sea en Nueva York o, ahora, en Boston, donde transcurre la historia de estos antagonistas de orígenes similares que eligen opciones morales opuestas, variantes trágicas de un análogo determinismo. Pero existe una salvedad fundamental en esta película con respecto al resto de la filmografía el cine de Scorsese, ya que, en términos morales, ésta es la historia con menor implicación personal del director. Si antes, el catolicismo era el símbolo metafórico de exoneración moral, ahora lo es la representación del mal, encarnada en el sugestivo Costello y su glorificación de poderoso atractivo.
En el cine de Scorsese algo ha cambiado. La familia sigue siendo la clave que mueve el mundo, pero disgregándose paulatinamente, viendo a su vez cómo se desintegran las creencias en un mundo oscurecido y sin Dios, reflejado en esa provocación con fondo de reproche a la Iglesia Católica en boca del personaje interpretado por Nicholson. En un orbe de hipocresía y mentira, nadie se salva de la sátira acusatoria. Es otro de los elementos que patentizan la renovación de Scorsese, la abolición de esos planteamientos clásicos que muchos de sus acólitos echan de menos, esperando el regreso de un cine que, en la actualidad, el cineasta ha modernizado, confiándose, en esta ocasión, a realizar un ejercicio de ficción y suspense sin prejuicios, con una dirección violenta y amparada en la solidez de una arquitectura narrativa sin concesiones a la gratuidad de unas imágenes nacidas (y homenajeadas) de la literatura de ‘El hombre que era jueves’, de G. K. Chesterton o en la cinefilia de ‘El delator’, de John Ford, más que en su precedente oriental.
Tal vez sea cierto que todo el tinglado sea una profusión de estilo, de planificación creada para y por el lucimiento, no obstante, esta afirmación queda disipada por el remanso que ofrece su objetividad estética. Tal vez también sea cierto que la maquinación argumental de Monahan pretenda encauzar la película a un final sorprendente y hemoglobínico, pero teniendo en cuenta en todo instante que tiene el lógico desarrollo que impone una conclusión poco previsible. Ni siquiera las licencias de algunos personajes como el de Costello y sus incoherencias hacen que se rompa la conexión emocional que ofrece el convulsivo ritmo que Scorsese propugna sin indulgencia hacia la reflexión y que va más allá sobre lo que se percibe en pantalla. Todo es una encomiable consecución orientada al cine de acción. Lo que hace que ‘The Departed’ sea una inolvidable muestra de empirismo que no deja lugar a la indiferencia.
Apoyado en un portentoso reparto, el pulso adiestrador de Scorsese marca las fantásticas interpretaciones de dos jóvenes llamados a ilustrar lo mejor del cine actual; la persistente demostración de talento de un actor en pleno auge como Leonardo DiCaprio, que consolida su posición con madurez y solvencia en un torturado rol plagado de matices, y la versatilidad de un Matt Damon capaz de ofrecer los diversos rostros de ese infiltrado que sucumbe a sus propios errores y dudas. Ante el delicioso histrionismo del siempre fantástico Jack Nicholson no queda más que disfrutar con esa (aquí comedida) genialidad intimidatoria que traspasa la pantalla. E incluso sería un error no destacar la aportación de secundarios como Martin Sheen, Ray Winstone, Alec Baldwin y la inesperada inmensidad con la que Mark Wahlberg enfatiza su estupendo acento bostoniano de clase baja con la estupenda interpretación del malhablado Dignam.
Inconformista, controvertido, honesto con su obra y dispuesto a crear historias sin límites bajo la inspiración de un complejo lirismo de lo salvaje, ‘The Departed’ es una película que busca, hoy en día, su condición de inclasificable, capaz de llenar de excesos y probidades las pantalla, pero con factor común en el cine del maestro; su persistente estudio de la personalidad humana a lo largo de su impronta antropológica, casi minimalista, respondiendo a la nada arbitraria voluntad de un estilo formal y narrativo que se ajuste a un enfoque lo más intrínseco y subjetivo posible para cada una de sus películas.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2006

Mala noticia: se retrasa el estreno de 'The Backwoods'

El gran Koldo Serra ha enviado esta madrugada una pequeña nota informativa de desventurado contenido que trunca las expectativas de aquellos que aguardaban con impaciencia el estreno que supondrá el lanzamiento público de una de las mejores películas españolas de este año.
“Amig@s, compañeros y demás fauna variopinta...
Tengo el poco gustoso placer de informarles de que el inminente estreno de ‘The Backwoods / Bosque de sombras’, se retrasa. Parece ser que en vez del 1 de Diciembre, lo más probable es que la fecha del estreno sea el viernes 16 de Febrero.
El motivo de semejante p*tada es que al parecer casi el 100% del elenco tiene imposible asisitir al estreno y cumplir con sus labores promocionales durante la semana previa. Todo sea por conseguir mayor promoción mediática en febrero.
En fin... Los que no la hayan visto en Donosti o Sitges, tendrán que esperar hasta Febrero. Lo siento.”
Habrá que esperar un poco más para descubrir el talento de un director que ha creado una ópera prima que, una vez disfrutada, va acrecentado sus bondades en el recuerdo de aquellos que ya hemos tenido el privilegio de poder asistir a esta muestra de cine irrepetible, cita obligada para el próximo febrero.
Desde el Abismo, un abrazo de ánimo, amigo Koldo.

lunes, 6 de noviembre de 2006

Un mes de 'Cult Movies' en Salamanca

Un mes de ‘cult movies’ en el Moderno
El café Moderno organiza un ciclo a lo largo de todo el mes con una heterogénea selección de películas de culto que se proyectaran los lunes y los jueves de este noviembre.
Una ‘cult movie’ o película de culto alude a la terminología aplicada a aquellos filmes que, debido al proceso inverso lógico, van adquiriendo importancia a través del paso del tiempo, revalorizando su sustrato e importancia y convirtiéndose en un modelo a seguir o en un producto absolutamente vigente en la actualidad, independientemente del éxito que tuviera en su día. A veces, una película de culto se define por el apoyo incondicional de cinéfilos, de sectores de la crítica o por la categoría de trascendencia que alcanza una obra cinematográfica injustamente relegada. En una sociedad de consumo, donde el ‘mainstream’ define muchas veces las predisposiciones fílmicas, la síntesis de lo prefabricado viene en ocasiones dada por el lema ‘película de culto’ por las propias productoras a través de sus mastodónticas campañas publicitarias. Pero las auténticas películas de culto son elevadas a esa categoría por los cinéfilos, por el apego a esas cualidades que destacan por encima de valores estéticos considerados clásicos, por encima de la calidad intrínseca de la persona o de la obra. En cualquier caso, los motivos para tal calificación son insondables. El Café Moderno (Gran Vía 73) abre este mes de noviembre un ciclo de películas que han pasado a pertenecer al selecto grupo de ‘cine de culto’ con ocho muestras de diversos géneros e idiosincrasias heterogéneas que marcaron con su valor la historia del cine y que verán su proyección los lunes y los jueves de este mes a las 20:00 h. en la universitaria ciudad de Salamanca. Yo estaré allí casi todos los días.
Lunes 6: ‘Arrebato’, de Iván Zulueta (1980).
El ciclo abre fuego con la obra de culto más importante dentro del cine español en toda su historia. Una incuestionable ‘cult movie’ que supone la más extravagante, sugestiva e hipnótica cinta de su controvertido autor. Cine dentro del cine, prontuario sobre la enfermedad y la obsesión, sobre el frenesí adulterado provocado por las drogas y que expone el axioma de Antonin Artaud: “El cine tiene, sobre todo, la virtud de un veneno directo, una inyección subcutánea de morfina. Por todo esto, el objeto del film no puede ser inferior a su poder de acción, y debe participar de lo maravilloso”. La película de Zulueta supone una experiencia individual tan fuerte que cualquier cosa que se añada sobra.
Jueves 9: ‘Blow Up’, de Michelangelo Antonioni (1966).Una obra maestra del arte y ensayo centrada en la moderna y atractiva vida del Londres de los años 60. Antonioni se inspiró en un relato de Julio Cortazar para abordar la filosofía existencialista, llevando al espectador a un estado de reflexión profundo, en el que cuestionar la existencia y contradecir la naturaleza de la realidad. Antonioni ofrece una trama de suspense cuyos ejes giran en torno a la paradigmática obsesión que se establece entre un fotógrafo y su profesión, en fotos transformadas en perturbadoras abstracciones que logran el expresionismo del color, utilizando un teleobjetivo para eliminar el campo de profundidad de las imágenes y descubrir verdades inéditas.
Lunes 13: ‘The Warriors’, de Walter Hill (1979).
Presentado como un ‘neowestern’ urbano y radical, ‘The Warriors’ reúne todas las características para trascender a través de los años, debido, en gran parte, a que sus personajes son arquetipos carentes de profundas sinecuras y motivaciones con una sola directriz como fin de su violenta conducta; la de sobrevivir. No hay una búsqueda de la causa, porque, pese a que estos antihéroes contienen un variado inventario ético sólo quieren sobrevivir a una batalla de proporciones gigantescas tiene lugar en los bajos fondos de Nueva York, donde los ejércitos de la noche, con más de 100.000 integrantes de guerrillas callejeras, luchan a muerte desde Coney Island a Manhattan.
Jueves 16: ‘Grupo Salvaje’, de Sam Peckinpah (1969).
Magistral western crepuscular sobre una banda de forajidos en plena revolución mexicana. Un grupo de asesinos y ladrones a los que les pesan los años, sumergidos en códigos de honor y lealtad ante las adversidades. ‘Grupo Salvaje’ contiene elementos comunes al cine de Peckinpah; violencia, traición, amistad, perversión, hipocresía y el reflejo de la decadencia de unos antihéroes llenos de dolor, como sórdido retrato de una comunidad sometida a la destrucción. ‘Grupo Salvaje’ es la una de las obras maestras del ‘western’ y la mejor película del maestro Peckinpah, que supo reflejar esa América impúdica y empobrecida donde sólo queda lugar para la desesperanza.
Lunes 20: ‘Le samouraï’, de Jean-Pierre Melville (1967).
Alain Delon dio vida al hermético y frío asesino a sueldo Jef Costello, un hombre marcado por el código de honor japonés Bushido, estricta cédula ética por el que se regían los samuráis. Excelente pieza del cine negro francés, donde la calidad de los diálogos y su uso taxativo amparan una cuota de interés magistral. La obra maestra de Melville se ha mantenido como uno de los títulos más importantes del género dentro de la historia del cine y es una película capital a la que le han rendido homenaje cineastas como Godard, Scorsese, Tarantino, Jarmusch o John Woo.
Jueves 23: ‘Taxi Driver’, de Martin Scorsese (1974).
Inextinguible ‘cult movie’ de uno de los grandes clásicos del cine. Scorsese, junto al guionista Paul Schrader, otorgó una historia que transgredió a su época, un drama lleno de angustias y temores, de violencia y redención. ‘Taxi Driver’ supuso un comprometido análisis de la desesperación de Travis Bickle (magistral Robert de Niro), un hombre alienado por la sociedad, solitario ex combatiente, incapaz de integrarse en un universo plagado de prostitución, violencia, intereses e incomprensión donde la paranoia sólo puede ser soslayada por la catarsis.
Lunes 27: ‘El fantasma del Paraíso’, de Brian de Palma (1974).
Inspirándose en los mitos de ‘Fausto’ y ‘El Fantasma de la Ópera’, De Palma creó un extravagante musical de terror muy personal, alejado del género como se entiende habitualmente. Los personajes de Gaston Leroux y Goethe se fusionan bajo la mirada de un singular director en el mundo de la industria musical. Brian de Palma, en uno de sus mejores títulos, desarrolla esta historia con una estética deslumbrante, pletórica de vigor visual, con sus habituales movimientos de cámara, palpitante montaje, valientes angulaciones, cámara subjetiva o split screen. Eclécticos elementos narrativos que dotan a la película de una fascinación superlativa.
Jueves 30: ‘Carretera Perdida’, de David Lynch (1997).
El proyecto de ‘Carretera perdida’ comenzó con la expresión ‘Lost highway’, que menciona uno de los personajes del libro de Barry Gifford ‘Night People’. A partir de esa sugerente frase y de algunos otros pensamientos comunes a ambos autores, Lynch creó uno de los títulos más hipnóticos del cine contemporáneo y una ‘cult movie’ en toda regla por su fascinación e inaccesibilidad. Una película cuyo designio esencial es la incertidumbre, la creación de perturbadoras sensaciones a través de la divergencia entre el sosiego y el sortilegio enfrentado a la paranoia de la locura, la violencia y el sexo. Una obra de imponente fuerza expresiva, con un poder de transmisión portentoso que no dejó indiferente a nadie.

viernes, 3 de noviembre de 2006

PES 6: el motivo de la no-actualización de este weblog

Toda ausencia tiene un fundamento y causa que la provoca.
En este caso, el Abismo no se actualiza desde el pasado martes ¿La razón? Indefectiblemente, el lanzamiento del Pro Evolution Soccer 6 por parte de Konami. Una actitud total de negligencia asumida que compone uno de los pocos actos de lucidez que he tenido en mucho tiempo: superponer el absurdo juego del PES a este blog.
Como breves líneas dedicadas a este juego, que más que una diversión de ocio colectivo se ha convertido en un alcaloide visual que malversa el tiempo libre de los miles de jugadores que están enganchados, hay que apuntar que, pese a sus pocas novedades en el conjunto total, el nuevo PES ha corregido algunos de sus mínimos errores anteriores y ha mejorado algunos movimientos, que ahora son más sutiles y reales en pases y combinaciones, en su mejor texturización, en el control del balón con más realismo en los tiros según posición y velocidad… Pequeñas aportaciones que no aportan visibles novedades pero que mantiene el perfecto equilibrio de juego que tenía su anterior versión.
En cualquier caso, el PES sigue siendo el mejor juego de fútbol del mercado (ya os comenté las ‘maravillas’ del FIFA 07). Se intuye que este PES 6 pueda ser una versión de transición, el final de la saga para Play Station 2 y su impoluta despedida antes de pasar de pleno a la Nueva Generación, a la revolución del fútbol binario.
Tan sólo echo de menos el trabajado parche de los chicos de pesoccerworld.com con los encendidos comentarios del ‘Carrusel Deportivo’, de la SER (¡Dame un purito!). Por ello, hay que soportar la somnífera narración de los monótonos y letárgicos Juan Carlos Rivero e Iñaki Cano. A ver si estos infatigables muchachos nos vuelven a hacer felices de nuevo.
¡Ahí va! ¡Pero si ya es casi fin de semana!
Perdonad que voy un momento a…