|
viernes, marzo 31, 2006
|
“Una sugestiva y desagradable mezcla de terror y comedia”. Joe Leydon (Variety). “Ofrece sobresaltos, viscosidad y emoción. Es, hasta el momento, la película de obligada visión del año”. Staci Layne Wilson (HORROR.COM). “Enrevesadamente inteligente, ‘Slither’ es una buena muestra de emocionante película con monstruo, al viejo uso, en la que palpita un fascinante sentido del humor. Simplemente lo más divertido visto en años”. Fred Topel (ABOUT.COM). ¿Nos lo creemos? De momento, esperaremos.
|
jueves, marzo 30, 2006
La revista masculina FHM (de esas en las que se habla de temas genéricos que se suponen de interés para los hombres) han seleccionado su célebre lista anual de ‘100 Sexiest Women in the World’, es decir las 100 chotorras que, al menos para los lectores de este magazine de prosaico alcance, ponen más burros a gran parte de la población de varones. Las diez primeras son las siguientes: 1) Scarlett Johansson. 2) Angelina Jolie. 3) Jessica Alba. 4) Jesica Simpson. 5) Keira Knightley. 6) Halle Berry. 7) Jenny McCarthy. 8) Maria Sharapova. 9) Carmen Electra. 10) Teri Hatcher. Scarlett Johansson es el rostro de moda. Johansson nació en Manhattan (Nueva York), el 22 de noviembre de 1984. Su padre es el constructor danés Karlsten Johansson, y su madre, de ascendencia polaca y con la que reside en Los Ángeles, se llama Melanie, una figura trascendente en la vida de Scarlett, ya que fue ella la que desde el principio tenía claro que sus hijos eran monísimos y que el espectáculo era su futuro (no está claro si se refiere al futuro de la madre o de los hijos). Lo cierto es que, en cuanto sus cuatro hijos crecieron un poco, se dedicó a pasearlos por el mundo de los castings infantiles. Desde su niñez, la Johansson se preparó para ser actriz, estudiando en el Professional's Children School de Manhattan y en el prestigioso Lee Strasberg Theatre Institute. Y al parecer esa base le ha servido para convertirse en uno de los rostros más reclamados del cine actual. Su representación teatral junto a Ethan Hawke en la obra Off-Broadway ‘Sophistry’ logró que los ejecutivos de Hollywood se fijasen en sus dotes como intérprete, debutando brevemente en ‘Un muchacho llamado Norte’, película con la que debutó en 1994 de la mano de Rob Reiner en un pequeño papel secundario. Después de varios papeles en personajes secundarios, Scarlett conseguiría su primer papel protagonista en ‘Manny & Lo’, una ‘road movie’ de viaje iniciático que la llevaría a estar nominada a la mejor actriz en los Independent Spirit Awards del año 1997. Una interpretación que llamó la atención de Robert Redford, que la dirigiría y lanzaría a una considerable fama con ‘El hombre que susurraba a los caballos’, la confirmación como la gran promesa interpretativa del cine de Hollywood.  Pero lejos de inmiscuirse en la rápida fama y buscar producciones que lanzaran definitivamente su nombre, Scarlett prefirió buscar proyectos con los que crecer como actriz, siempre bajo las órdenes de directores que potenciaran su interpretación y aprendizaje en el mundo del cine; Terry Zwigoff en ‘Ghost World’, los hermanos Coen en ‘El hombre que nunca estuvo allí’ y sus mejores y más importantes actuaciones hasta el momento, ‘Lost in traslation’, de Sofia Coppola y ‘La joven de la Perla’ de Peter Webber demostraron que Johansson además de una cara bonita (es el rostro oficial de Calvin Klein Cosmetics Company) es una estupendísima actriz; ‘Love Song for Bobby Long’, junto a John Travolta, ‘A Good Woman’, basada en ‘El abanico de Lady Windermere’, ‘Synergy’, a las órdenes de los hermanos Weitz y ‘La dalia negra’, adaptación de una novela de James Ellroy a cargo de Brian De Palma han sido sus últimos trabajos antes de convertirse en la nueva musa de Woody Allen, con el que ha trabajado en sus dos últimos filmes: ‘Match Point’ y el nuevo título inédito del realizador neoyorquino. Además, 'Napoleon and Betsy', de Benjamin Ross, 'The Prestige', de Christopher Nolan y 'The Nannie Diaries', de Shari Springer Berman y Robert Pulcini esperan en la agenda de esta actriz de moda. Lo que está claro es que Scarlett es una de las pocas y actuales actrices capaces de sublimar su talento con una emocionante galería de miradas comedidas, de poderosos mutismos adaptados a sus introvertidos personajes que la actriz sabe moldear con una perfección fuera de toda duda. Scarlett Johansson, es una actriz de talento inalcanzable y voz perturbadora, que sabe indeterminar su talento con una apreciable madurez, ofreciendo (no siempre, eso sí) auténticas exhibiciones de equilibrio y naturalidad, de hipnótica, sensible y excepcional calidad interpretativa. Algo que pueden decir muy pocas actrices en el actual cine norteamericano.
|
Hace un par semanas, el ínclito Borja Crespo escribió para El Correo un fantástico reportaje sobre el universo binario de los weblogs (más conocido por los habituales como ‘blogoésfera’). ‘Un mundo desde el Abismo’ fue el enlace cardinal del reportaje, que incluyó algunas citas sin sentido expresadas torpemente por un servidor respecto al ‘cosmoblog’. Fascinante mundo de registros cronológicos varios, heterogéneos y multitemáticos, el mundo del blog se ha convertido en algo más que una moda. Ha dejado de ser un modelo computerizado de diario personal, para convertirse en el gran hallazgo de la comunicación corporativa, en un auténtico medio de comunicación. El ‘blogroll’ (lista de blogs leídos a diario) o el ‘blogtracking,’ (búsqueda de actualizaciones y enlaces cruzados) han pasado a formar parte de la cotidianidad internauta. Todo tipo de actualizaciones, el carácter informativo de los blogs, la noticia, la opinión, la autoreferencialidad han hecho de las bitácoras un privilegio, un medio de comunicación horizontal y universal. También, con mi irregular ingenio, de demostrada torpeza verbal y algo reparón, intento salir del paso como puedo a las preguntas que me formularon en la cadena salmantina ‘on-line’ Unirana hablando de ‘El límite’ y demás temas insustanciales.  Haz ‘click’ en la rana. Para acabar este penoso baño de exagerada exaltación de una personalidad bastante irrisoria como la mía, los salmantinos podrán disfrutar esta misma noche en el programa ‘Más madera’ (a partir de las 21:00), presentado por Jorge García Trevín en Canal 4 Televisión un pase de ‘El límite’ con entrevista a su director y guionista (es decir, yo mismo). Y eso es todo.
|
miércoles, marzo 29, 2006
|
46 minutos. 17 de 28 en tiro de campo. 10 de 12 desde la línea de tiros libres. 9 rebotes. 3 asistencias. Los 41 puntos de Bryant Reeves anotados con la franquicia en 1998 ya son historia. El reverso de la noticia: los Memphis cayeron 97-98 en su feudo ante los Sonics pese a la imparable actuación de un ala-pívot con una progresión espectacular. I love this game!
|
|
“Las guerras que se han perpetrado en España han sido provocadas porque aquí no se sabe dormir. Estamos mal dormidos”. Cita de Fernando Sánchez-Dragó en el programa ‘El loco de la colina’, lamentando haber nacido en España.
|
martes, marzo 28, 2006
|
1916 - 2006 La triste noticia de la muerte de Richard Fleischer impone la lógica de dedicarle unas líneas. También lo imponía la muerte de Rocío Dúrcal el pasado sábado (una de las más grandes y dignas artistas que había en España –algo poco común dentro del circo mediático que se ha levantado en torno a algunas congéneres de Marieta-), pero desconozco la vida y obra, salvo alguna excepción artística de esta folclórica, actriz y cantante de rancheras tan querida en este país. Una gran pérdida, sin duda alguna. También lo ha sido la de Richard Fleischer, uno de los grandes del Hollywood más clásico al que, incomprensiblemente, se ha subestimado a lo largo de los años. Uno de los pioneros de la revolución técnica; ahí quedan sus hazañas fílmicas de elaboración colosal como en ‘Veinte mil leguas de viaje submarino’, ‘Viaje alucinante’ o ‘Tora, Tora, Tora’, películas en las que demostraría la calidad de un estilo propio, de una inventiva sin límites y de una eficacia comercial inaudita en un hombre que empezó como actor, montador y que debutara con melodramas ( ‘Child of Divorce’, ‘Desing for Death’…) o instructivos documentales ( ‘Make Mine Laughs’) hasta su ascenso a superproducciones que marcaron el análisis de la realidad americana con una facilidad para concentrar temáticamente la fantasía de lo imaginario y la angustia de un terror provocado por la soledad. Trabajó con Orson Welles en los guiones de ‘Impulso Crimenal’ y ‘Crack in the Mirror’, pero no tuvo éxito. Desde el ‘western’ (‘Duelo en el barro’) hasta el ‘thriller’ (‘The Narrow Margin’ y ‘Sábado trágico’), Flesicher se mantuvo fiel a un modelo propio e ilustrativo de entender los géneros, con gran habilidad para componer personalidades angustiosas y difíciles; perdedores, asesinos en serie (‘El estrangulador de Boston’ y ‘El estrangulador de Rillington Place’) e incluso misántropos con mentes escindidas. Todo ello, con un dominio del ‘scope’ abrumante, dándole un especial valor expresivo al color y una planificación formal única. Porque la gran virtud de Fleischer fue la de saber adaptar el ritmo a cada secuencia, bien fuera dramática, de diálogo o de acción. Desde ‘Los diablos del Pacífico’ (cínica crítica contra la gloria militar), pasando por ‘La muchacha del trapecio rojo’ hasta llegar a esa obra de culto ‘Soylent Green’, Fleischer potenció su apego por historias con un punto en común en el desencanto centradas en la incomunicación o la censura con un trasfondo de violencia que siempre delimitó la concesión a la espectacularidad de muchos de sus trabajos. Sobre todo, en su gran obra maestra, ‘Los Vikingos’, donde aporta una visión trágica y épica del salvajismo concerniente a la mitología nórdica, sin evitar la rudeza de la sangre, el erotismo, las ‘drakkars’, ni siquiera ese trasfondo de rivalidad y odio de Einar y Eric por el amor de Morgana (interpretados, respectivamente por Kirk Douglas, Tony Curtis y Janet Leight). Tampoco se puede olvidar la imponente voz del gran Welles en Off, como narrador o la inmensa fotografía de Jack Cardiff. Aunque en el ocaso de su carrera su cine no sea tan preciado ni tenga el interés que su etapa floreciente (‘Una grieta en el espejo’, ‘Terror ciego’, ‘Mandingo’, ‘Mister Majestyk’, ‘El Príncipe y el mendigo’, ‘El pozo del inferno’, la secuela de ‘Conan’ o ‘Pasta Gansa’) Fleischer quedará como un clásico irreemplazable dentro del mejor Hollywood que uno pueda recordar. Y un recordatorio, a modo de funesto e incesante obituario, a la memoria de Stanislaw Lem (creador de ‘Solaris’, ‘Ciberiada’, ‘Los atronautas’ o ‘Qatar’, entre muchas otras) y que ha fallecido hoy mismo en Cracovia a los 84 años de edad. Lem tuvo como tema capital el lugar del hombre en el mundo, la tecnología, la incomunicación y la comprensión-con otras formas de vida. D.E.P. todos ellos.
|
|
El regalo de Myrian por nuestro segundo aniversario fue como una sorpresa de consternación y ‘shock’ acojonante. La frase “¿Carreteras? A donde vamos no hay carreteras…” escrita en inglés en una caja con una fuente de letra familiar y colores extraídos directamente de 1985 hizo que una lagrimilla de felicidad y nostalgia asomara por mi párpado inferior. Allí delante, como un viaje al pasado infantil, tenía el legendario DeLorean, la única y genuina máquina del tiempo del Dr. Emmet “Doc” Browm en una reproducción que alcanza cotas de imposible perfección. En mis manos, como una entelequia recuperada después de más de dos décadas, como en un viaje mental al pasado disfruté por momentos de mi sueño hecho realidad ante la mirada de satisfacción de Myrian que ha logrado sorprenderme más que nunca. En su interior todo aquello que conocía tan bien estaba allí; los botones, las luces, el cuadro de mandos, un pequeño volante, cinturones de seguridad, circuitos de tiempo, visores de destino temporal, el condensador de fluzo e incluso el dispositivo Mr. Fusion de la segunda parte de la saga de Robert Zemeckis. Tan sólo falta un perro Einstein en miniatura con un pequeño reloj que marcase la 1:19 AM . El coche es una fantasía en miniatura a escala 1:18 de la marca ‘Sun Star Toys’. Una auténtica maravilla para mitómanos que, desde ayer, tiene una posición de privilegio en mi saturada habitación. Como decían Huey Lewis & the News en su canción “That’s power of love…”.
|
lunes, marzo 27, 2006
Una noticia de trascendencia se ha cristalizado en esas posibles negociaciones de la Warner con Zack Snyder para que lleve a buen puerto una adaptación maldita de la obra maestra del Noveno Arte ‘Watchmen’ de Alan Moore y Dave Gibbons. Harry Kwnoles ha lanzando ese tipo de rumor con la suficiente enjundia y credibilidad como para estar ante la consolidación de un nuevo intento por hacer celuloide un cómic de trascendencia histórica. Un proyecto que hace menos de un año tuvieron que cancelar Chris Kenny y Nic Korda, productores británicos de la Paramount, presagiando desde el principio el posible infortunio de la película que iba a dirigir por entonces Paul Greengrass, que vio cómo se cancelaba finalmente su trabajo más ambicioso por lo elevado del presupuesto. La complejidad de la novela gráfica, plagada de subtextos y líneas narrativas, la ardua grafía simbólica y el procedimiento con que se analiza y critica sin piedad la sociedad occidental contemporánea, e incluso el sistema político-social en el que se circunscribe, son los elementos que preponderan en un cómic titánico que impone una película que se antoja inalcanzable para el Hollywood actual. Ahora queda especular sobre si veremos algún día en pantalla grande esa apocalíptica y pesimista América que ganó la Guerra de Vietnam poblada de personajes que viven en nuestra memoria colectiva; El Comediante, Rorschard, el Dr. Manhattan, Búho Nocturno, Laurel Juspeczyk o el infame Ozymandias. Veremos en qué queda todo esto.
|
|
Tal día como hoy hace dos años, 730 días, conocí a la mujer que iba a cambiar mi vida para siempre. Ella, la luz que, progresivamente y de forma constante, ha ido iluminando la esperanza en todos y cada uno de los frentes que se han presentado. Desde los inicios de una relación algo turbulenta y titubeante hasta la solidificación de un sentimiento común trabajado en la confianza, la amistad, la admiración, el respeto y el amor mutuo, Ella me ha enseñado la verdadera naturaleza de lo esencial, la belleza de esa emoción que es el amor. Una emoción que abisma, ensimisma y que a la vez inventa un alma. En una dimensión humana, ha pasado a significar todo para mí, porque acoge el tipo de cualidades que no se encuentran fácilmente, aquéllas que desmontan teorías y mitigan el miedo a amar. Ella es como un amplificador de virtudes que se hacen extensibles a los que la rodean. Una mujer fascinante a la que he descubierto de una forma especial, sin concesiones para la mentira ni las apariencias, en un lapso de tiempo donde la sinceridad y la pureza se han transformado en elementos clave para una perfecta relación de amistad y amor. En una idílica relación de conexiones y antagonismos análogos. Es decir, que mucho de lo que nos separa, nos une con más intensidad.  730 días en la Ella que me ha demostrado hasta dónde se puede querer, dejando claro la grandeza de su espíritu, del inabordable núcleo que hay dentro de sí misma, de su carácter divertido y abierto, de su inteligencia y capacidad de esfuerzo, de su lealtad con lo que cree y con lo que quiere. Ella ha conseguido que entierre todos los nombres del pasado por el suyo, haciéndome vivir un hermoso y sempiterno sueño para vivir junto a ella en los pronombres; en el tú y en el yo. En la dualidad que supone el amor meditado y madurado, superando todos los obstáculos a los que nos hemos enfrentado juntos. Ella ha conseguido que el pesimismo emocional se haya transformado en un irrefrenable deseo de estar con una persona cada minuto, cada segundo. Me ha enseñado, en definitiva, a ver a través de sus ojos, a sentir su respiración aunque no esté a mi lado. Por eso, cuando haya conseguido que mis sueños se hagan realidad, como en un final feliz o como en una tragedia creada por mí mismo, cuando lo consiga, cuando todo el mundo crea en mí y cuando sea la persona que todo el mundo espera que sea. Cuando eso suceda y se haga realidad, lo habré hecho por Ella y le devolveré así todo lo que me está dando. Hoy quería escribir sobre ti, sobre Ella, sobre Myrian. Expresar a los ojos de todo el mundo lo mucho que te quiero. Y escribir, por primera vez en mi vida, que nunca había sido tan feliz como lo soy a tu lado.
|
domingo, marzo 26, 2006
|
Cada jornada, un poquito más lejos del infierno.
|
viernes, marzo 24, 2006
Se cumplen cinco décadas del nacimiento del Capitán Trueno junto Goliath, Crispín y Sigrid. Medio siglo después, el valiente cruzado creado por el artista gráfico Ambrós y el guionista Víctor Mora sigue cabalgando por la historia más próspera de nuestro cómic.
|
|
Botellazo. A veces el deporte no se corresponde ni con la concordia, ni con la competición, ni con el respeto por el rival. A veces el deporte es, simplemente, una excusa para afianzar violentas batallas que nada tienen que ver con la afición, en este caso, al fútbol. A veces el fútbol en sí es bastante vergonzoso.
|
|
La muerte de Eloy de la Iglesia, de 63 años, ha impactado al cine español de golpe. De forma imprevista. Con contundencia. La misma que dejó su obra cinematográfica. Adalid y representante de un cine marginal reflejo de la realidad social, de los sectores marginados y de la delincuencia juvenil que tuvo su esplendor a principios de los 80, De la Iglesia hizo de la trasgresión, del cine contestatario e ideológicamente posicionado su peculiaridad más recordada en un cine de corte popular y sin miedo al ridículo, pese a lo chabacano de muchas de sus propuestas. Sin embargo, su obra siempre ha estado envenenada con un subfondo de denuncia hacia la represión y la censura. Obras como 'El techo de cristal' o 'La semana del asesino' procuraron un cine efectista, émulo de corrientes terroríficas europeas intentando insertar erotismo y sanguinolencia en dosis que desafiaran la mentalidad represora y puritana de la época o posteriores películas de la talla de ‘La criatura’, ‘El sacerdote’ o ‘El diputado’, que aprovecharon la muerte de Franco y el inicio de la transición para exponer de un modo burdo y sucio las miserias de una sociedad en pleno proceso democrático, destapando tendenciosamente con humillación y desagravio los círculos derechistas, ultraconservadores y eclesiásticos. A pesar de no poder llevar a cabo su ambicioso proyecto sobre la historia de amor en Euskadi entre un abertzale y un guardia civil, que finalmente no se materializó, Eloy de la Iglesia, con el inicio de los 80, hizo que su obra se decantara hacia el conflicto generacional de una juventud perdida en una época de oportunidades que se cristalizó con ‘El Pico’ y ‘El Pico II’, ‘Navajeros’ y ‘Colegas’ (todas con su actor fetiche José Luis Manzano), parábolas callejeras sobre la drogadicción, la homosexualidad, la delincuencia, el sexo barriobajero ‘a pelo’ y la abulia juvenil entre chutas de caballo y gamberrismo en un orbe de marginados que marcarían el principio de aquella década. Un subgénero cinematográfico ‘quinqui’, que Eloy de la Iglesia encabezaría junto a José Antonio De la Loma (y sirvan estas líneas como recuerdo ofrendístico), autor de esa trilogía imprescindible que supuso ‘Yo, el Vaquilla’, ‘Perros callejeros’ y ‘Los últimos golpes del Torete’, su particular acercamiento a los compulsivos barrios bajos de Barcelona, a la drogadicción, la delincuencia, la rebeldía. Un género de bajos fondos habitualmente vilipendiado, centrado, en el caso de La Loma, en la figura de Juan José Moreno Cuenca, “El Vaquilla”, símbolo generacional, prototipo de una juventud marginal sin rumbo que creció entre droga y atracos, a golpe de pistola y navaja, de persecuciones en coches robados con banda sonora de la rumba gitana de Los Chichos y Los Chunguitos, mundo tan arraigado también a la figura de De la Iglesia. Eloy de la Iglesia dejaría de lado el cine de droga y ‘trapis’ para centrar su carrera en un cine más comercial y ajustado a aspiraciones artísticas tan desatendidas a lo largo de anterior filmografía; ‘Otra vuelta de tuerca’, basada en la obra de Henry James y ‘La estanquera de Vallecas’, con guión del propio De la Iglesia, su habitual Gonzalo Goicoecha y Alonso de Santos, basado en la homónima obra teatral de éste último con esa la historia de albañil y un delincuente que asaltan un estanco y secuestran a la dueña y su sobrina como rehenes son sus últimas grandes películas con un poso de crítica social menos marcado que en su época de subgénero. Su última cinta fue ‘Los novios búlgaros’, que pretendió, sin éxito, recuperar su fuerza cinematográfica provocadora y reprobativa aludiendo a la marginación y al cine homosexual. Una forma de contar historias caduca pero reivindicable en el desolado panorama del cine español actual.
|
jueves, marzo 23, 2006
|
“Estoy asombrado del mundo en el que vivo. Un lugar ilimitado, misterioso, maravilloso y peligroso. Un lugar donde se pueden dar todo tipo de posibilidades”. (Mark Bryan). La paradoja del ser humano, del mundo actual, de la estupidez que nos corroe se contrapone por el colorido muralista de sus dibujos. La obra de Mark Bryan está llena de causticidad y crítica lanzada en forma de dardos icónicos contra la torpeza mental humana, pero que encuentra a su vez su fascinación en la belleza de un mundo que, pese a su entorno caótico, despierta una visión de atractiva y divertida ironía. Con cierto halo de misterio, Bryan se centra a menudo en lo religioso y en lo político, sin atisbo de moralina, pero sí con mucha sátira. Con la comicidad como arma, el artista californiano utiliza la caricatura exagerada, el ‘cartoon’ y una profusión de elementos reconocibles que invitan al público a reflexionar sobre la extraña comunión del hombre y la naturaleza, sobre la actualidad y el absurdo, sobre la iconografía rayana en el surrealismo. Pero, sobre todo, en la incógnita natural que convierte a los hombres en auténticos gilipollas.
|
miércoles, marzo 22, 2006
|
Uno de los numerosísimos extras que trae la Edición Especial de cuatro discos de ‘The Frighteners’, de Peter Jackson, tiene como protagonista a Michael J. Fox en una curiosa, inquietante y nostálgica toma falsa de recurrente cinefilia ‘ochentera’. Cuenta el propio Fox que durante varias secuencias en las que aparecía el Juez (interpretado por John Astin) no lograba ubicarse en la película y acababa llamándole ‘Doc’ en el momento de filmación. El actor narra con una sonrisa cómo el hecho de ver por el ‘set’ a Robert Zemeckis y lo profundamente que le marcó ‘Regreso al futuro’ hicieron que este desliz provocara varias carcajadas entre los miembros del equipo. Esta completísima edición del DVD de la película ‘pre-tolkieniana’ de Jackson es un lujo visual que desgrana con detenimiento todas y cada una de las etapas de rodaje del filme, de sus personajes y del nacimiento de un imperio, el de Jackson, floreciente en objetivos y efectos digitales propugnados por una WETA que por aquel entonces nacía como una pequeña empresa con aspiraciones de revolcuión técnica. Oscura, cínica y tremendamente divertida, ‘The Frighteners’ es, con todo, una película de culto entre los aficionados. Una pequeña maravilla que logra fusionar con maestría los dispositivos del terror, la comedia y el suspense para satisfacer las demandas genéricas y superar con creces la fascinación narrativa que en manos de la genialidad de Peter Jackson no tiene parangón. La historia de Frank Bannister, rol memorable interpretado por J. Fox, continúa siendo, transcurrida más de una década, un referente dentro ‘thriller’ paranormal y un ineludible escalón en la imparable carrera de Jackson como cineasta de éxito.
|
martes, marzo 21, 2006
|
Consciente de lo sensible de la propuesta, de su inexacto y preciosista último trabajo, el huraño Terrence Malick hace alarde de su habitual arrogancia transcendental, de meliflua expresión oral y visual con la reiterativa proliferación de ‘voces en Off’ en su última película ‘El Nuevo Mundo’. La insistencia verbal, de bucólica retórica filosofal tan característica de Malick se superone al encadenado de imágenes, acciones y tiempo, estructurando su historia en una línea narrativa afásica tan alejada de la circunspección pero buscando una improbable sobriedad que termina por provocar indigestión en el espectador. John Smith (Colin Farrell) divaga en ‘Off’ sobre Dios, el hombre, el amor y la injusticia, su desembarco como colono inglés en América, tropezando con los nativos. Rebelándose contra el absolutismo de una libertad cercenada por los ingleses. Haciendo alarde de la democracia en sus manos hasta que el choque de civilizaciones antagónicas se produce. Un enfrentamiento que encuentra como nexo de unión a una Pocahontas (Q'orianka Kilcher) que, ajena a la naturaleza conquistadora de los colonos, narra en otra acentuada ‘voz en off’ su amor por la tierra madre, por su etnia, su familia, su hermano muerto a manos de los ingleses que llega al éxtasis reflexivo con sus sentimientos afectuosos hacia Smith. ‘Voces en off’ que van y vienen con el sonido del campo, del aire, de un ecosistema virgen. Pretenciosa poesía filosofal que se desglosa en otra ‘voz en off’ imprevista, la de John Rolfe (Christian Bale), el tercer hombre que cierra un triángulo descompensado pero vital para que la historia acabe por tomar su sentido romántico. Un círculo de regodeo artístico que centra sus armas narrativas en la excesiva estilización de las poderosas imágenes surgidas de la genialidad de Emmanuel Lubezki. ‘El Nuevo Mundo’ es una elegía al Paraíso perdido, a la hermosa visión ombliguista de un autor como Malick, capaz de adaptar su historia a una intrascendente nostalgia promovida por el ímpetu poético y lírico que, no obstante, resulta suficiente para llegar a la esencia emocional del espectador. Agua, luz, tierra, sangre… Un ‘Nuevo Mundo’ trufado de un letárgico pero enigmático hipnotismo que deja una mella difícil de olvidar. Para bien y para mal.
|
lunes, marzo 20, 2006
|
Falsas apariencias ‘El segundo nombre’ profundizó en el auténtico terror proveniente de las cosas cuyo amable aspecto disimulan su terrible amenaza. ‘Second Name’ inauguró hace algunos años la línea ‘Fantastic Discovery’, creada por el productor Julio Fernández desde Filmax para apoyar las operas primas de nuevos realizadores. Para su debut, el joven director Paco Plaza, realizó una inquietante adaptación del maestro de terror Ramsey Campbell, artífice de otra gran muestra terrorífica como fue el éxito ‘Los Sin nombre’ de Jaume Balagueró. Visión análoga y emparentado al tratamiento de las falsas apariencias que ofreciera hace décadas Ira Levin en la obra maestra de la literatura y el cine ‘Rosemary’s baby’, Plaza refrendó, con gran pericia visual y narrativa, ese oscuro mundo que simboliza la más descarnada ferocidad oculta bajo el rostro amable y cotidiano. En ambos casos, referentes a la muestra sectaria más retorcida y lóbrega en el nunca inofensivo credo religioso. ‘Second Name’ narra la vida de la joven Daniella Logan que, tras el suicidio de su progenitor, descubrirá trágicamente que el idealizado padre al que tanto está llorando fue, en realidad, una persona radicalmente distinta, un monstruo solapado tras una conspiración de felonía y muerte. Para la consecución de una de las mejores muestras de drama de terror psicológico que se han dado en nuestro país, Paco Plaza se alejó de los designios del género, desechando el efectismo formal del terror para indagar en el oscuro mundo del infanticidio, de las sectas abrahamitas, del horror y desesperanza que exceden su propio significado para abrir una terrible e incurable herida en la grafía del drama. Esta admirable obra debut supuso un incómodo viaje a un descubrimiento, a la investigación de funestas apariencias reveladoras de la peor cara de una deferencia humana que esconde la crueldad más devastadora en altas dosis de inhumana pesadilla.  Con un milimétrico estilo personal, imbuido de una magnífica y adecuada sobriedad estética ocre y bruna, acompañada por un escalofriante coro de cámara, Plaza marcó el origen de su ‘opera prima’ en una tierra de nadie en la que cual se forja su encanto fascinante y turbulento. ‘Second Name’ es una obra fría y pausada, donde la ambigüedad se torna espeluznante a lo largo del recorrido de búsqueda de la verdad por parte de Daniella, rol en el que se dibuja un frío y angustiante retrato psicológico. El de una víctima de los acontecimientos que, lejos de renunciar a su aciago destino, impone su fortaleza sin importarle las consecuencias y que se ve revalorizado con la destacable labor interpretativa de la enigmática Erica Prior (vista después en ‘The Birthday’, de Eugenio Mira). Huyendo en todo momento de los exigentes tópicos de la industria comercial y doblegando la demanda que vende simplemente la suma ornamental de sustos y reiteración de argumentos, ‘Second Name’ supuso un oscurísimo thriller dramático que guarda en su contenido uno de los epílogos más devastadores y crueles vistos en estos últimos años de manipulación genérica a la que se ha visto sometido el aficionado al cine de terror. Paco Plaza aportó una gran labor de dirección, articulando su mirada en una estructura clásica, donde la templanza y la frugalidad de la cámara conllevan directamente al drama, permitiendo que la psicología de los personajes y en clímax de la acción fueran el autentico protagonista de la función, sin dejar espacios para el lucimiento del cineasta. Entre tonos mortecinos y claustrofóbicos, con una fotografía sombría y desasosegante de la mano de Pablo Rosso, la fiel adaptación al espíritu de la torva imaginería de Ramsey Campbell, caracterizada por su substancia maligna, se plantea como un intenso descenso a los infiernos psicológicos, a la locura religiosa de dimensiones difícilmente explicables. Bajo una alevosa e imprevista imagen telefílmica, los personajes de esta vehemente y fosca visión del drama, fríos y distantes, van cerrando la investigación y el círculo empático del espectador se refleja en la figura de Daniella, único personaje que resulta acogedor en una difícil aventura que Plaza supo relatar a la perfección con un sorprendente manejo de la escabrosa línea argumental.  Al igual que ‘Los sin nombre’, ‘Second Name’ esgrimió denigrantes concepciones contiguas a la pérdida de la inocencia, a la muerte infantil devastada por la creencia, la destrucción y la deshumanización del hombre moderno asido a la religiosidad fanática. El inmejorable debut de Plaza fue una película recomendable al avezado espectador con ganas de sentir la desagradable angustia de un tétrico cuento destinado a ser un importante referente dentro de un cine de terror español bastante necesitado de obras como esta.
|
domingo, marzo 19, 2006
|
"Aún no se ve el acto completo. Pero cuando esté terminado, será... La gente apenas podrá comprenderlo. Pero no podrá negarlo". (John Doe)
|
viernes, marzo 17, 2006
|
La semana pasada, tuve la oportunidad de compartir un fin de semana con Jaime Fernández Miranda, de sobra conocido por todos como “Jim-Box”. Había oído hablar de él pero no había visto sus cortometrajes. Cuando tuve oportunidad de echarle un vistazo a su obra no pude por menos que sorprenderme. ¿Cómo no había descubierto antes tanta originalidad? ¿Cómo este tipo me había hecho reír en tan poco tiempo como nadie lo había logrado antes? Inmediatamente reconocí la genialidad de este entrañable individuo que se ganó mi corazón y mi admiración en cuestión de segundos. Os aseguro que ‘Las abejas’ pasó a ser uno de mis cortos de culto y su autor, uno de esos amigos para toda la vida. “Jim-Box” es un talento que llegó al cine por el ‘surf’. Así lo cuenta él. Se compró una cámara para grabar las olas y luego se aficionó a grabar cortos. Muestras inmediatas de lucidez cinematográfica, apuestas arriesgadas rodadas al momento, con la magia y la inocencia de todo aquel que empieza. Es la gran virtud de “Jim-Box”. Esa energía desbordante, su contagiosa ilusión y una imaginación innegable para transformar cualquier instante de decaimiento en una odisea de diversión. Es auténtico, ajeno a la superficialidad y la impostura a la que estamos acostumbrados en el mundillo del cine. Él mismo es como una ola que te arrastra y te convierte en devoto de su optimista visión de las cosas. Su cine, con la definición que su precursor ha dado en llamar ‘guerrilla film’ es la apoteosis de la inmediatez creativa, del rodaje instantáneo y del montaje certero para que sus cortos funcionen mucho más allá de la calidad del producto. Importa la intención, la capacidad de estimular al espectador. Por supuesto, “Jim-Box” tiene detractores (algunos pedantes que con actitud endémica y despreciativa descalifican su cine), pero no es óbice para reconocer que bajo esa concisa invención apiñada en unos pocos segundos, se esconde un creador en toda regla, un realizador con ganas de aprender, que absorbe conocimientos a pasos agigantados y un gran director de cine.  “Jim-Box” es una demostración de libertad sin complejos, de puro cine independiente que sigue, sin embargo, unas reglas establecidas que acomodan sus cortos a distintos tipos de géneros. Para unos es un genio y para otros un simple embaucador visual. Esta dualidad es la que está consiguiendo que “Jim-Box” haya traspasado las fronteras de su Gijón natal y que, de repente, sea uno de los cortometrajistas más mencionados del circuito de piezas cortas nacional. Gracias a su impronta, “Jim-Box” acaba de ganar el Gran Premio del Jurado en el IV Notodofilmfest con el magistral ‘H5N1’, pequeño documental a medio camino entre la parodia y el drama ilustrativo que profundiza subversivamente en la reflexión sobre los errores del hombre ante los problemas de la naturaleza. Pero “Jim-Box” no es nuevo en esta profesión. Lleva años rodando y ha habido reconocimientos previos. ‘Fuel’, ‘Light Hunter’ o ‘Take Off’ son prototipos del extraordinario dominio de una técnica autodidacta donde no hay dogmas ni límites. El cine de este asturiano despoja al cine de artificios y lo adapta a su peculiar e inimitable estilo. En el mundo del documental ( 'Muerte en el estrecho', ‘Chiken’…), de sus espectaculares grabaciones y montajes de ‘surf’, de los ‘spot’ (para Movieflex), de los ‘video-clips’ ( ‘Exhausto’, para Novoz) o de sus cortos de ficción ( ‘360º’, ‘Take off’, ‘Mi amigo Koji Kabuto’…), “Jim-Box” marca la diferencia. La semana pasada, imbuidos en el espíritu netamente ‘guerrilla filmaker’ nos descubrimos en medio de la fiesta nocturna, bastante perjudicados por el alcohol (a excepción de “Jim-Box”, que no bebe), tentados a imitar a su creador en forma de ofrenda, rodando con una cámara de fotos tres pequeñas piezas que reúnen el verdadero sentido de este nuevo género: la diversión del momento, rodar a cualquier precio. “Jim-box” se prestó como estrella invitada aportando su rostro y su talento para el guión improvisado. Por eso, esa mítica ‘TRILOGÍA DECADENTE' (dentro y fuera de esos ‘Pequeños Documentales’) que creamos como testimonio del carismático Jim en su aventura salmantina descubriendo la enfervorecida noche salmantina y sus monstruos nocturnos no son más que tres divertimientos de enloquecida sustancia con el fin de quitar presión para sus próximos trabajos, como él mismo ha dejado constancia en su imprescindible página web. PD: La trilogía se completa con una pieza mejor rodada y terminada de la mano de Roger Vicente titulada ‘Fast Food’.
|
|
Mientras en Francia los jóvenes protestan violentamente contra la política laboral del Gobierno, que ha flexibilizado los contratos para jóvenes mediante el criticado ‘Contrato del primer empleo’ que permite despedir sin ningún motivo durante los dos primeros años de contrato, en España millones de jóvenes preparan su hígado para darle caña en multitudinarios botellones de alcohol y fiesta protestando por la prohibición de alcoholizarse en la vía pública. Quizás deberíamos reflexionar sobre ello…
|
jueves, marzo 16, 2006
|
El proceso creativo de una obra maestra ‘Capote’ es una estupenda obra primeriza que magnifica su trascendencia en su tono realista y en la soberbia interpretación de Philip Seymour Hoffman. De Truman Capote se dijo en vida que era caprichoso, frívolo, arribista, amanerado, egocéntrico, exhibicionista, chismoso, crápula, manipulador, excéntrico, mundano y egoísta. Pero también se reconoció su genialidad como escritor. Capote marcó la historia de la narrativa con su singularidad literaria, propia del carácter genial de una persona que creía que el periodismo podía establecer una opción como forma de creación literaria, una nueva síntesis de ambas profesiones que tuviera la veracidad y la inmediatez de los hechos y la precisión de la prosa. Por eso, el más extravagante de los personajes de Truman Capote fue él mismo. Un hombre capaz de fusionar las complejidades emocionales de un escritor narcisista con el detallismo enfermizo de un periodista. ‘Capote’, la obra debut de Bennet Miller no es un ‘biopic’ radiográfico de la vida de este peculiar escritor, ni una de esos ‘flashbacks’ condescendientes con la figura que se acomete. Sin ningún retazo de virtuosa beatificación, esta sensacional primera película evita la tentación del prototipo hagiográfico y compone un estudio psicológico del personaje a través del lento y tortuoso proceso creativo de una obra maestra literaria insólita que inauguró la ‘non fiction novel’, nuevo género literario que yuxtapone el ejercicio narrativo de una novela pero utilizando la realidad y veracidad de los hechos hasta el más mínimo detalle. Una crónica que transcurre entre 1959 y 1965, lapso que marcan la escritura de ‘A sangre fría’ su mejor y más decisiva obra amén de determinar el futuro del escritor de Nueva Orleáns en un itinerario vital donde no faltan contradicciones, esplendor y miseria a lo largo de la composición de esta polémica obra literaria. La película encuentra su punto de arranque cuando Capote lee en el New york Times la noticia que cambiaría su vida creativa, enfocada desde entonces a investigar pormenorizadamente junto a su ayudante, la escritora Nelle Harper Lee, el cruel asesinato de la familia Clutter en Holcomb, un pueblecito de Kansas. Capote vio la oportunidad perfecta para escribir sobre el efecto que aquellos crímenes tendrían sobre un pequeño y pacífico pueblo, sin saber que, cuando los presuntos asesinos fueron capturados, la novela se encauzaría hacia otros derroteros bien distintos.  El filme de Miller, bajo un sobrio guión de Dan Futterman, desgrana la personalidad arrolladora del autor en una acertada y fría dinámica que no se despega ni un segundo de la psicología del icono literario, pormenorizando las circunstancias y la infamante sustancia moral que acompañó a la creación de esa obra maestra, ‘A sangre fría’, aportando realismo retrato cuidadoso y sin concesiones al exceso. Por ello, en ningún momento se recurre a los abismos decadentes ni posteriores redenciones con moralina de superación, para procurar captar el desarrollo de la obra uniendo esa misma ficción y realidad indisolubles de la obra literaria traspasada a la cinematografía, en una suerte de extraño metalenguaje donde los hechos se presentan en tiempos paralelos, los que suceden y los que narra Capote. Un efecto que, al igual que en ‘A sangre fría’, provoca que el observador participante (en este caso Capote) influyera tanto en el objeto de observación como nunca antes se había visto. Sin dejar a un lado la fascinación por el mito y el personaje, la cinta no se despreocupa por la reconstrucción de los hechos, por la densidad psicológica y dramática que los rodearon, sabiendo atesorar una beneficiosa sobriedad en la contemplación de un personaje tan lúcido y superdotado como perverso y engreído. ‘Capote’ no olvida, obviamente, el feroz modo de jugar a su capricho con el destino de los reclusos Perry Smith y Dick Hickock, de obstaculizar o aligerar la fecha de la ejecución de la pena de muerte de ambos, ilustrando así la siniestra personalidad del escritor en su empeño de desentrañar la psicología de los asesinos en un repaso a la continuas entrevistas con los asesinos y el seguimiento de un proceso judicial que en pantalla sólo tiene un par de escenas. Tampoco de la fraternal fascinación que Truman siente por Smith, identificando sus duras infancias faltas de afecto. El Truman Capote cinematográfico es, en último término, un agresivo reflejo de lo que fue el personaje público, un genio de obsesiva egolatría que es capaz de menospreciar la obra ‘Matar un ruiseñor’, de Harper Lee, sin la que ‘A sangre fría’ no habría podido materializarse. Un literato de ambición sin límite que acabó sucumbiendo ante la gloria encontrando con su forma de ser la ruina personal.  Cierto es que el debut normaliza ciertos vicios de una primera película como es la propensión al contexto telefílmico, embozado por la gran labor fotográfica de Adam Kimmel que dota al filme de un tono realista y directo, sin ningún tipo de alarde en su proposición grisácea y que se ensambla con la objetivo discursivo de neutralidad y austeridad ante la personalidad de Capote. Pero lo cierto es que si por algo pasará a la historia reciente ‘Capote’ es por la magistral clase de interpretación que ofrece (Philip Seymour Hoffman en su introspectiva composición del escritor, en un alarde de contención, cuando el personaje era una ofrenda al histrionismo. Hoffman no juega a crear una imitación, sino que absorbe cada gesto de Capote, su voz, su travesía egoísta y catártica devenida en el mejor y más portentoso mimetismo visto en los últimos años con su consecución de adentrarse en la mente de los personajes y ofrecer un milagro interpretativo inolvidable. Miguel Á. Refoyo © 2006
|
Una curiosa escultura realizada con huevos, tesón y mucho esfuerzo.
|
|
No deja de ser curioso hasta qué punto la interpretación de una actriz se puede convertir en el cimiento más sólido de una película independiente como ‘Transamérica’, cinta que no reúne los suficientes atractivos como para considerarla al menos, de calidad media. Una obra que responde al acto de amor de un hombre de cine como William H. Macy (el productor ejecutivo) por proporcionarle a su esposa el papel definitivo que la consolide como la gran actriz que siempre ha sido. Felicity Huffman recrea con ímpetu y sensibilidad a ese hombre que desea ser mujer y que aprende, en el camino, a ser padre/madre, superando con ello las condiciones adversas de sus dudas. La actriz de ‘Mujeres desesperadas’ consigue aportar cierto patetismo y simpatía a un personaje difícil que empatiza con el espectador a través de su torpe andar, de su inocencia, de una volubilidad humana acentuada por el magistral hacer de una intérprete en estado de gracia que transmite, con un sus miradas, gestos y su continúa aptitud interpretativa, la trágica soledad de un personaje memorable. El trabajo de Huffman es tan colosal en todos los aspectos que se sitúa más allá del elogio. Una muestra de talento inconmensurable que plantea la duda más rotunda de los recientes Oscar: ¿Cómo Reese Whiterspoon con una actuación poco más que correcta pudo ganarle injustamente la estatuilla a esta gran aportación actoral de Huffman? Por lo demás, ‘Transamérica’, de Duncan Tucker, se establece como una sencilla ‘road-movie’, estereotipada en su doble trayecto vital y geográfico, que delega su fuerza argumental en un descompensado manifiesto sobre las identidades sexuales heterodoxas desde una perspectiva cálida y amarga, con momentos valientes y arriesgados que se ven desequilibrados en el estereotipado contexto telefílmico al que se reduce su logro narrativo. El doble camino que Bree emprende hacia la autoaceptación de sí misma y en la custodia de un hijo que no entraba en sus planes está muy por debajo de lo que uno puede esperar de una película con alguna aspiración más seria que la de magnificar la actuación de su protagonista.
|
miércoles, marzo 15, 2006
|
El pasado sábado recibí una llamada de teléfono que me alegró no sólo la noche, sino toda esta semana en la que estamos. .- Refo, acabamos de ganar el Premio al Mejor Cortometraje "Telemadrid/La Otra’ en la VIII semana del cortometraje de la comunidad de Madrid. – me dijo una voz sobradamente familiar con un tono de lógica euforia. Era Mikel Alvariño, uno de mis mejores amigos y a su vez entrañable individuo cuyo talento parece no tener límites. Es el primer premio de los muchos que va a obtener con su primer corto en cine, ‘Corrientes Circulares’, que se rodó el pasado junio (donde tuve la oportunidad de rodar el ‘making of’) y se ha estrenado este mismo mes en Madrid y otros pocos festivales de toda España. Por tanto, acaba de empezar una carrera cortometrajística que, a buen seguro, estará trufada de logros y consolidará a este joven bilbaíno con raíces salmantinas como la promesa cinematográfica que algunos llevamos percibiendo desde sus inicios. Mikel, co-guionista del largometraje ‘The Birthday’, título de culto inédito en nuestras pantallas que sólo algunos privilegiados han podido ver, se ha curtido a lo largo de muchos años como guionista de televisión, medio donde ha desarrollado una labor de intachable progresión y establece su primer gran trabajo con este laureado ‘Corrientes Circulares’, una extraña miscelánea de géneros que se aúnan en el costumbrismo accidental. Un mágico viaje a través de de los pequeños instantes en los que no se dice aquello que puede cambiar una vida. Enhorabuena y un abrazo desde el Abismo.
|
martes, marzo 14, 2006
|
Los ‘perros-patada’ vienen a ser aquellos pequeños chuchos caracterizados por exóticas razas tipo Yorkshire Terrier, Schnauzer Miniatura, Caniche, Teckel, Griffon de Bruselas, Maltés… que despiertan unas inexplicables ganas de patear como lo hacía Lucy a Javi en la famosa serie de cortos de Javier Fesser o Marvin Harrison y Peyton Manning al balón amelonado de la NFL. Perros que, más allá del impulso futbolístico que despiertan, aportan multitud de virtudes para su relación con los seres humanos. Son simpáticos, muy inteligentes, ladran de forma aguda y no se cansan de caricias. O eso, es lo que dicen sus dueños. Hoy en día, no eres lo suficientemente ‘cool’ sin uno de estos animaluchos. He aquí una muestra de algunos de estos perros y sus famosos dueños. Desde el pequeño y asqueroso caniche de la odiada Britney Spears, el célebre Barney del matrimonio Bush (que hasta protagoniza vídeos navideños), el repelente chiguagua de la no menos repelente Paris Hilton, el minúsculo can de Giselle Bundchen o ese cocker de primogenitura amariconada gracias a Elton John y su flamante marido David Furnish son algunos de los ejemplos de animales que viven en el lujo y el boato a los que sus dueños han acostumbrado. Perros, en definitiva, que disfrutan de esplendorosas ostentaciones culinarias y todo tipo de munificencias que nunca tendrá toda esa gente que muere de hambre cada día en el mundo. Al fin y al cabo, los perros no tienen la culpa. PD: El de la foto de abajo es Sam, un Chinese Crested Hairless que fue coronado durante años ‘el perro más feo del mundo’. Desgraciadamente murió el pasado noviembre. Una foto que no viene a cuento, pero quería que os quedara un bonito y entrañable recuerdo de este post.
|
lunes, marzo 13, 2006
|
(Rubin Stein, Eli Martín, "REFO", Sánchez Arévalo, Sáinz-Pardo, "Jim-Box" y Dani Lebowski) Puede que haya sido uno de los fines de semana más antológicos vividos por estos lares en mucho tiempo. Tres días míticos, irrepetibles, fascinantes… de perdurable sortilegio. La I muestra de cortometrajes organizada por el bar ‘La Audiencia’ ha sido más que un éxito rotundo, la génesis de un próspero y audaz evento que ennoblecerá a esta ciudad en sus aspiraciones de tener un propio espacio de cortometrajes con importancia dentro del panorama nacional. Gracias al ímpetu del dueño del local, JoseRa, y esa entrañable persona con aura de inagotable ingenio que es Rubin Stein (creador de 'La bellota radioactiva'), a lo largo de tres días algunos de los mejores cortometrajes de los últimos años y sus creadores han pasado por esta ciudad necesitada de este tipo de eventos culturales. Si el jueves la territorialidad marcó el comienzo de este fin de semana de ensueño con los cortos salmantinos creados, entre otros por Tomás Hijo (que volvió a crear ‘fans’ irredentos con esa joya orgiástica que es ‘El Mojaruelo’ y con su última obra 'La mosca que mordió a Dios'), el gran Eli Martín o uno de los últimos pases de ‘El límite’ antes de ver la luz en Internet, el viernes y el sábado el programa tomó una calidad de súbita magnificencia. Daniel Romero (al que acompañó el actor Álvaro Manso y el gran Forfy y señora) regaló un pase de su corta pero intensa obra con ‘Inacabado’ y ‘Una puerta cerrada’, mientras que ese totémico creador de magia llamado Daniel Sánchez-Arévalo hizo lo mismo con la exhibición de talento que albergan cortos como ‘Profilaxis’, 'Gol' y sobre todo ‘Fisica II’. También pudimos ver el tráiler de su primera y esperada película como largometrajista ‘AzulOscuroCasiNegro’. Cinta, que tendrá especial apartado en este Abismo cuando se estrene. Sin embargo, lo más sobresaliente de estos días ha sido, como no podía ser de otra manera, la presencia del flamante ganador del Notofilmfest, Jaime Fernández Miranda “Jim-Box”, el hombre, el mito, una de las personas con una aureola de brutal brillantez y carisma más inconmensurables que he visto nunca del que disfrutamos gran parte de su demencial y brillante carrera cortometrajística (incluidos 'Take Off', 'Las abejas' o el comentado 'H5N1'). Sin duda alguna, el gran protagonista de un inolvidable encuentro que finalizo el sábado con los pases de ‘Nano’, ‘Unique’ y ‘Palabras a cada rato’, demostración de heterogeneidad creativa a cargo de Rubin. Además, ‘Nana’ (corto ganador del Goya de este año), ‘Recusos humanos’, ‘Sólo amor’ y varias piezas de tuminuto.com, exhibieron el temperamento de un gran cineasta de potente voz y cautivadora personalidad como la de José Javier Rodríguez Melcón. Por último, apreciamos y admiramos al tipo que mejor rueda cortometrajes en este país. Sin parangón. A un director de envidiable fuerza narrativa y capacidades estéticas y narrativas inalcanzables para el resto de los mortales que se dedican a este noble séptimo arte; Iván Sáinz-Pardo subyugó al público una vez más con el emotivo ‘El sueño del caracol’ y, sobre todo, con esa obra maestra que sigue siendo y será ‘El laberinto de Simone’, pura entelequia cinematográfica exhibición de solemne lucidez. Todo, presentado por el gran y afable Bruto Pomeroy, tan campechano como imprescindible dentro de este pequeño sueño que vivimos en ‘La Audiencia’. Un fin de semana que quedará como un imborrable recuerdo de carcajadas, anécdotas, profusión etílica, amistad descontrolada y un ambiente de magia y divertimento pocas veces vivido, a buen seguro, por ninguno de nosotros. Desde las copiosas cenas y comidas que nos hemos metido, al alcohol que ha corrido por nuestras venas, la sincera camaradería y accesibilidad de todos y cada uno de los directores que han venido a Salamanca hasta el afianzamiento de futuros proyectos comunes e individuales y una amistad que se extenderá a lo largo de los años. Momentos que se han cristalizado en tres días que pasarán a la historia de nuestras vidas como emotivo recuerdo. Legendario. Pero lo mejor está por llegar, amigos. A altas horas de la madrugada, con el frenesí dipsómano colmando nuestras enloquecidas mentes, “Jim-Box” nos hizo partícipe de su universo de diversión y creatividad con la concesión de ‘Trilogía Decadente’ (dentro de sus célebres ‘Pequeños documentales’) que tendréis oportunidad de ver a lo largo de esta semana en el Abismo, a través del Emule y en YouTube (para que nadie se quede sin verla). Dos piezas dirigidas por mí mismo y otra por Iván desvelarán las aventuras del carismático Jim en su aventura salmantina descubriendo la enfervorecida noche salmantina y sus monstruos nocturnos. Os aseguro que es tan épico como irremediablemente ‘freak’. Por supuesto que pronto “Jim-Box” tendrá en breve su merecido protagonismo en este pequeño blog. Pero vaya por delante, visto la proliferación disidentes de algunas estólidas opiniones, inconsistentes detracciones y mucha estupidez camuflada en envidia para con su obra, que este gijonés es un genio en ciernes. No sólo por la vertiginosa popularidad que está obteniendo, sino por su talento fílmico. Tuve el privilegio de ver la práctica totalidad de ‘La Marea’, un corto que se han sacado de la manga “Jim-Box”, Iván Sáinz-Pardo y su amigo alemán Dirk y os puedo asegurar que es una de las piezas más sugestivas y rotundas que he visto en muchos años. Dejando a un lado la diversión de ‘Pequeños documentales’ y demás jolgorio de ese ‘cine guerrillero’ de su director, este cortometraje marcará lo que muchos ya sabemos: que “Jim-Box” alcanzará metas mucho más grandes de las conseguidas. Y con todo merecimiento.
|
viernes, marzo 10, 2006
|
Utópica lección de periodismo Clooney demuestra su solidez como cineasta con una película que glorifica la necesidad de defender la libertad de expresión en las democracias amenazadas. Con su obra debut como director, ‘Confesiones de un mente peligrosa', el actor George Clooney demostró, en su extraño ‘biopic’ de Chuck Barris, personaje de doble vida que trabajaba como ‘showman’ televisivo al mismo tiempo que ejercía el papel de ejecutor para la CIA, que es, además de un rostro de innegable atractivo y talento interpretativo eficaz, un hombre con inquietudes estéticas e ideológicas con un alcance más allá de los límites de la simple bagatela con pretensiones. Con su segundo título, ‘Buenas noches y buena suerte’, Clooney no ha hecho más que apuntalar lo que muchos pensaban; que tras su figura como creador en ciernes se esconde un hombre inteligente capaz de reverdecer los problemas históricos del pasado y transmutarlos metafóricamente al presente con pasmosa facilidad. Así, su excelente segunda obra no es sólo un dibujo con sabor nostálgico sobre los medios de comunicación capaces de enfrentarse al sistema, sino que se conforma como una ácida crítica a la presente administración gubernamental estadounidense en su subversiva analogía de Joseph R. McCarthy y George W. Bush, ya que ambos han aprovechado, con distintas fórmulas políticas, el sentimiento de amenaza y miedo para imponer un autoconvencido plebiscito. Para ello, Clooney se centra en la última etapa del senador propulsor de la ‘Caza de Brujas’, en el derrocamiento de la bestia totalitaria que abogó por la represión ideológica y la censura de la libertad democrática. Y lo hace en un momento concreto, cuando el periodista Edward R. Murrow a través el programa ‘See It Now’ (junto a los históricos Fred Friendly y Joe Wershba), puso en duda la legitimidad de los métodos del senador cuando destapó el asedio al que fue sometido el teniente de aviación Milo Radulovich, acusado de ser un peligro para la seguridad nacional debido a las creencias de su padre y de su hermana, logrando destrozar paulatinamente la imagen pública de McCarthy. La cinta narra, de forma diligente y directa, el desafío de un hombre por mantener el rigor insobornable de una profesión que vivía sus primeros signos de decadencia. La historia de un periodista de hierático gesto, cigarrillo humeante y (con una) permanentemente muletilla de despedida que hizo frente a las presiones corporativas y publicitarias para destapar las mentiras y las repugnantes tácticas falsarias perpetradas por McCarthy.  ‘Buenas noches y buena suerte’ podría considerarse como la utopía olvidada del periodismo contemporáneo, una lección del ejercicio de informar que, lamentablemente, hoy en día no imparten en las facultades universitarias, donde priman otros ideales que no se corresponden exactamente a la defensa de la democracia sin priorizar la libertad de expresión. Aún así, tras esa entelequia profesional, la película se encarga de hacer ver que todo no es tan idílico, ya que previamente las virtudes de la profesión han sido puestas en duda en un prodigioso prólogo donde Murrow expone las miserias del periodismo, aludiendo al deterioro de la televisión como medio informativo y del sometimiento a la publicidad y a la preeminencia del espectáculo y el entretenimiento. La actitud enfática y grave del célebre presentador (encarnada con precisión de gestos y minimalismo por un sensacional David Strathaim) se propaga a la representación de un entorno visual del cual depende el sentido y el valor de la historia que se cuenta, envuelta en una necesaria frialdad estética de apagado blanco y negro que combina ficción con acertado docudrama, sin que haya un choque visual o temático con lo relatado, fundiendo muy bien ambas naturalezas, en una suerte de historia teatralizada de fondo metalingüístico que encierra la cámara de televisión a través de la cámara de cine y viceversa. Combinando con habilidad ficción y material de archivo real, en un acierto diegético que logra que el resultado histórico sea reconstruido con una precisión que traspasa la pantalla. Si a ello añadimos el pragmatismo y la sencillez de su exposición, obtenemos como resultado un filme de intachable solidez política y narrativa que cimienta su gran acierto en la honestidad humanística con la que Clooney pretende enfocar la historia. Por eso, ‘Buenas noches y buena suerte’ no deja espacio a subtramas que distraigan al espectador, utilizando todos sus mecanismos hacia la claridad del mensaje, donde prima la austeridad del planteamiento a cualquier tipo de efectismo.  Para desahogar esa circunspección, Clooney opta por fugaces instantes de actuaciones musicales de Dianne Reeves, cortes ‘jazzísticos’ que en vez de romper la narración, subrayan la fábula nostálgica de un tipo de cine ya olvidado, el del Hollywood que sufrió las persecuciones anticomunista y que, con acierto, es obviado en su visión documental. Tampoco hay excesiva incidencia en el complejo proceso histórico de persecución que supuso la ‘Caza de Brujas’, dejando en un segundo plano los procedimientos de la HUAC (Comité de Actividades Antiamericanas) y sus listas negras. Clooney prefiere acopiar toda la atmósfera de opresión en los despachos y ‘sets’ de la CBS, dotando a la puesta en escena de un medio claustrofóbico acentuado por el persistente humo de cigarrillo que empapa cada plano, logrando confinar toda la narración a un único espacio y sortear las especulaciones históricas secundarias. Clooney es consciente de que tiene entre manos un hecho real, pero para su panegírico ideológico a favor de la libertad de prensa y pensamiento precisa de la subjetivización de la historia. Por eso, aquellos que le acusan de faltar al rigor histórico por obviar ciertos episodios de este final del ‘mccarthysmo’, lo único que consiguen es que el apasionante discurso valedor de las cauciones procesales se vea acentuado por su actitud beligerante en el retrato de convicciones sin caer en la demagogia ni en las falsas morales disertadoras.  La inmediatez de ésa puesta en escena se magnifica con el majestuoso trabajo de Robert Elswit en la fotografía, que ha optado como solución morfológica por un blanco y negro que no deja espacios para el destalle y que dota de veracidad y cohesión a la intención de Clooney por contextualizar su fábula real en un determinado ambiente tan característico como es el ente televisivo. Un juego de luces y sombras que recuerda al ominoso capítulo televisivo que mantuvieron Murrow y McCarthy delante de millones de espectadores en un legendario desencuentro entre el cuarto poder contra el poder político. Un suceso que, erróneamente, es introducido en el filme con el acoplamiento del mismísimo senador McCarthy como un personaje del filme a través de escenas de archivo. Algo que juega en su contra, porque una elipsis hubiera potenciado ese pesimista final epílogo, donde el triunfalismo de Murrow ante el senador (percibido sin ápice de heroísmo) queda empañado con una derrota moral bien distinta, la de un presentador que, por preservar el medio informativo en su concepción pluralista de la cultura y el respeto por la libertad de expresión, pierde la batalla frente a las presiones contra las audiencias y la publicidad. Porque esta gran película lo que sí deja claro es que, dentro de esa desigual lucha entre Murrow y McCarthy, el presentador no fue el que derrocó al senador. Si no que, de nuevo recurriendo al material de archivo, vemos cómo en el fracaso de su intento de investigar la CIA, McCarthy se volvió contra el Ejército y contra él mismo.  Por supuesto, Clooney y su coguionista Grant Heslov, pueden haber caído en el maniqueísmo en su discurso final, pero tal y como ha evolucionado la deontología periodística, ‘Buenas noches y buena suerte’ manifiesta que su fundamento apologético mantiene su vigencia más que nunca en la actualidad, en un mundo profesional sensacionalista y emponzoñado por el denigrante espectáculo con el que se asume el privilegio de comunicar. La segunda película de Clooney es, pese a su esquematismo de guión, sus pequeños defectos y sus licencias históricas, una película imprescindible que aboga por la defensa de la actividad ética y el valor de los derechos y de las libertades ante cualquier estrategia política que atente sobre ellas. Miguel Á. Refoyo © 2006
|
jueves, marzo 09, 2006
|
En ese prisma político que encierra ‘1997: Rescate en nueva York’ y que avancé ayer aquí en este Abismo, “Snake” Plissken (Kurt Russell), en su oscuro viaje, es visto como un fantasma, como un elemento mítico que vuelve para dignificar la triste vida de los que sufren la dictadura. El rumor de la muerte de "Snake" no es más que un extraño toque de humor irónico que se extiende a través de la película en la reacción de los personajes que se encuentran con el personaje heroico más definitorio de Carpenter y que procede como homenaje al ‘western’ ‘Big Jake’, de George Sherman, donde se producía el mismo ‘running gag’ sobre la muerte del personaje que interpretaba John Wayne. John Carpenter compuso con ‘1997: Rescate en Nueva York’ una obra de tensión narrativa expuesta en ése insólito vinculo con el gobierno, con un lapso de tiempo de un solo día como un marcador idóneo contra el cual luchar. Se construye así la atmósfera y el desasosiego necesario para que el ritmo se acreciente, acentuándose según pasan los minutos, debido a que Plissken lleva esas dos pequeñas cargas de veneno introducidas en sus arterias. Pero como en toda película con héroe, se sabe que será imposible acabar con su vida. De hecho, ese ‘cassette’ que representa la salvación del planeta, la importancia que tiene para el mundo esa cinta que debe ser escuchada por los miembros de gobierno de todo el mundo en una cumbre que puede evitar una terrible Guerra Mundial, la razón por la “Snake” debe luchar, no es más que un 'McGuffin hitchcockiano', porque este dispositivo de suprema importancia en el filme, no tiene, en su desenlace, el mínimo interés.  La lectura visual de Carpenter, al servicio de ese oscurantismo ornamental, está dirigida en todo momento a obtener un clímax que va evolucionando a través de una violencia creciente, de la tensión acumulada y del apremio del tiempo respecto a la vida de Plissken. Los personajes secundarios están marcados, a su vez, por la imposibilidad trágica de los deseos de esperanza que singularizan sus objetivos de escapar con “Snake”, de salir de un infecto agujero en el que se ha transformado Manhattan, sin reflexionar si lo que hay fuera es mejor o peor, sin saber en qué se ha convertido el mundo exterior. Un término que Carpenter oculta en todo momento y que potencia toda la trama carcelaria y de fuga. Tanto Cabbey (el impagable y entrañable Ernest Borgnine), “Brain”/“Cerebro” ( Harry Dean Stanton) y el papel florero de Maggie (la belleza natural de una despechugada Adrienne Barbeau) están sometidos a las exigencias y el temor de “El Duque” y actúan ayudando a Plissken, pero sabiendo en todo momento que no dudarán en venderle ante el Duque a la mínima oportunidad si con ello pueden salvar su pellejo.  También hay que destacar el papel de Donald Pleseance como presidente de la nación, un presidente ruin y débil, asustadizo y patético que queda muy lejos de las absurdas recreaciones de hace una década en el que el hombre más poderoso del mundo parece un superhéroe. El Presidente de los Estados Unidos, como se apuntaba ayer aquí, serviría a la perfección para simbolizar al actual primer mandatario de Norteamérica. En su época, no obstante, también estaba cargado de embestida crítica y ácida, ya que el funesto y cobarde presidente de Pleseance caracteriza de una manera espléndida lo que significaba para muchos norteamericanos el presidente Roland Regan. Cuenta Carpenter que escribió la película en el 74, durante la época del Watergate, pero no consiguió rodarla hasta la década de los ochenta. En los 70, todo el mundo le tenía pánico porque se burlaba del presidente y que eso no cambió con la llegada de Regan al poder y de su política aperturista. Esa sensación de cinismo respecto al presidente de la nación queda concretada en el primer plano en el que vemos a Donald Pleasence con una peluca rubia y humillado por los hombres de “El Duque” ( Hayes). Pura mala hostia que siempre ha determinado el cine de Carpenter.  Otra de esas motivaciones ‘carpenterianas’ definitorias de muchos de sus personajes es la brevedad del tiempo, el ‘carpe diem’ que precede a las situaciones. No hay instantes de calma. Tanto para “Cerebro” y “Maggie”, como para el afable Cabbey no se refleja en ellos una inquietud por el porvenir, por su futuro, sino por la necesidad de salir a toda costa de la Isla. Este tema queda perfectamente idealizado en la chica rubia con la que “Snake” tiene un encuentro huyendo de la enloquecida amenaza que se cierne sobre él en forma de presidiarios con ganas de liquidarle. Una de las sublecturas de Carpenter es esa sensación de que en el Manhattan de 1988 las cosas no pueden durar, los presos de la película exponen su actitud de desidia en cuanto a su lamentable situación. No hacen nada por cambiar la libertad que tienen dentro de la cárcel, sino que, por el contrario, gozan del placer del momento, de la diversión que les propone. Por ejemplo, las míticas luchas a muerte de dos hombres en un foso netamente romano, sin importar quién gane. Sólo buscan la diversión, el instante. Es una de las condiciones que mueven a Plissken en el desenlace de esta obra de culto, cuando, liberado de su ultimátum vital, camina como el ‘cowboy’ solitario alejándose en el horizonte mientras el presidente de los USA hace el ridículo en plena cumbre cuando al escuchar en la vital grabación la vieja canción de soul ‘American Bandstand’, saca la verdadera cinta y la rompe con rabia. No importa que el futuro de la humanidad esté en peligro, lo único que importa y ha importado a lo largo del filme ha sido la integridad del propio Plissken, lo que ha desarrollado Carpenter a lo largo de todo su metraje.  ‘1997: Rescate en Nueva York’ nos habla de un futuro incierto y de una aventura que empieza y acaba de forma impenetrable, ya que durante el filme no hemos sabido nada sobre “Snake”, salvo breves trazos de su impasible personalidad, su frialdad derivada de su instinto de supervivencia. Ante la duda posterior acerca de si con la acción del héroe del parche en el ojo estamos ante una Guerra Nuclear, Carpenter cierra cualquier tipo de pronóstico, sin dar pistas, de cómo es la vida de “Snake” fuera de la cárcel, ni de cómo es la América de 1997 en la película. Tampoco se nos ha explicado porqué Manhattan es una prisión metamorfoseada en el mismísimo infierno. Tal vez, un adelanto profético de lo que el 11 de diciembre de 2001 nos dejaría como legado histórico. Por supuesto, no hay que olvidar otro factor fundamental en el cine de Carpenter. Y no es otro que su música, aliciente primordial que hacen de ‘1997: Rescate en Nueva York’ un producto combativo contra el tedio. De nuevo el sintetizador, la música que mejor ha representado y que ha hecho del maestro un clásico de las mejores y más aplaudidas ‘scores’ de los 70 y 80, volvió a magnificar con su inquietante y desenfadado estilo en el que funciona esa sencillez de notas que logran crear una opresión constructiva a la textura de la película.  Carpenter ironiza y extiende su obsesión por la alineación de una masa amenazadora que recuerda en todo momento a la maldad en forma de vampiros de ‘Soy leyenda’, de Richard Matheson o las coordenadas narrativas establecidas por George A. Romero en ‘La noche de los muertos vivientes’. Como sucediera en ‘Atraco a la comisaría del Distrito 13’, se desquicia la idea de un panorama urbano en el que la cotidianidad está marcada por el crimen, por un desafío conformado en un grupo de violentos seres sin rostro, aquí representados en presidiarios que viven en su propia jungla. Un componente privativo y constante en su posterior obra y en la que tanto tiene que ver su visión con el ‘western’, género del que vuelve a beber Carpenter para ‘1997: Rescate en Nueva York’, simbolizado en el antihéroe Plissken y su peculiar aspecto con su parche en el ojo, su ropa militar ajustada y sus botas vaqueras. Un rol a medio camino entre el ‘rubio’ Clint Eastwood en los ‘spaghetti’ de Sergio Leone o cualquier perdedor heroico interpretado por John Wayne, con una forma de actuar instintiva y en la que el humor negro le concede esa exhalación de leyenda e inteligencia visible sobre todo en su enfrentamiento dialéctico con el impertérrito y sucio Bob Hauk (un Lee Van Cleef que no deja pasar el irresistible paralelismo de sus personajes de ‘western’ europeo). Un filme constante, imborrable de la memoria de aquellos que vieron y vivieron en su momento el mejor cine de acción durante los 80. Un cine, en este caso el de Carpenter, lleno de metáforas y de perpetua reinterpretación genérica dada la profusión temática otorgada entre líneas que incluyeron en casi todos sus filmes. Con tan sólo 7 millones de dólares como presupuesto inicial, el éxito de público fue rotundo. Los decorados, tan realistas y adecuados, fueron filmados en St. Louis, tras las graves e históricas catástrofes provocadas por el fuego, de ahí su realismo. Aún así, para una pequeña producción como esta, los efectos especiales eran uno de sus mayores reclamos y el elemento más logrado de la cinta, donde destaca el inolvidable planeo del avión de “Snake” sobra la Gran Manzana y su increíble aterrizaje en una de las desaparecidas Torres Gemelas. Con un éxito de la magnitud de ‘1997: Rescate en Nueva York’, Carpenter estaría preparado y condicionado para dirigir la que sería su primera gran superproducción para un gran estudio: ‘La Cosa’, posiblemente, su gran obra maestra. Pero ésta… es otra historia que algún día tendrá su gran espacio en el Abismo.
|
miércoles, marzo 08, 2006
|
Cuando en 1981 el maestro John Carpenter lanzó ‘1997: Rescate en Nueva York (Escape from New York)’ estaba en un momento de cierto privilegio, en la senda adecuada para hacer lo que más quería, seguir realizando cine desde una aventajada posición de libertad e independencia. ‘Asalto a la comisaría del distrito 13’, ‘Halloween’, la teleserie ‘Elvis’ y ‘La Niebla’ le habían conferido un cierto estatus y experiencia sin ningún tipo de condicionante que agriara su óptica cinematográfica. Así, dispuesto a dar lo mejor de sí mismo y a demostrar su invariable manumisión fílmica a la hora de llevar historias personales al cine, el cineasta regresó a la gran pantalla con una más que agradable sorpresa, este inolvidable clásico ‘1997: Rescate en Nueva York’, una de sus obras más admiradas y una de los más representativos orígenes, para muchos conocedores del género, de la Ciencia-Ficción contemporánea. La fuerza de este áspero y dinámico prototipo de cine de género (o subgénero, según cómo se analice) se vierte en la intención de Carpenter por presentar un futuro oscurantista, tenebroso, realzando la acción con una fuerza visual incomparable basada en el estilo que deviene en noveno arte, del mejor cómic, en la forma narrativa y argumental de Harry Harrison y su visión del mundo futuro. Y es que una de las cosas que hizo que esta memorable película haya sido, casi desde su estreno, una irrevocable obra de culto, ha sido esa condición de sedición formal y estética, de trasgresión con lo instituido, de la sublevación con las propias significaciones dentro de todos los subgéneros en la que pueda llegar a englobarse; ya sea cine fantástico, de ciencia-ficción, apocalíptico o carcelario.  Para esa sobria y electrizante estética de la aventura en un cosmos que implica por definición el exterminio y la devastación, Carpenter recurrió al sublime y riguroso diseño de producción de Joe Alves, autor del diseño de ‘Tiburón’ y ‘Encuentros en la Tercera Fase’, ambas de Steven Spielberg, con la intención de mostrar un gran espacio (en este caso una isla de Manhattan totalmente asfixiante y cerrada) como un presidio mortal, confluente en el peso subversivo de la trama. Todo ello consecuencia de la parábola milenaria que constituye todo el filme. En esta finalidad de trasgresión y rebeldía en cuanto a la grafía genérica, influye de forma indispensable la fotografía delineada por su inseparable Dean Cundey en una oscura composición de ‘scope’ anamórfico que dieron la lobreguez necesaria para una historia nocturna y opresiva. ‘1997: Rescate en Nueva York’ es una extraña e inquietante fábula donde la individualidad está coartada por un gobierno autoritario norteamericano que juega con la vida de la humanidad, crítica feroz de un Carpenter, temerario, lleno de vitalidad y furia, que se mantiene actual debido al retroceso social que está viviendo el mundo moderno. Esta obra de culto se mantiene fresca porque lo que cuenta muy bien podría suceder el un futuro próximo. De ahí que no haya envejecido su mensaje final. La cinta empieza con los créditos de abertura que dejan escuchar una voz femenina digitalizada que comunica que en 1988 el porcentaje de criminalidad en los E.E.U.U. ha aumentado en un 400%. Por ésa razón, se ha creadazo una prisión nacional situada en la Isla de Manhattan, donde se ha levantado una enorme muralla de seguridad que ha terminado por aislar a los presos que viven allí con sus propias leyes y a su libre y anárquico albedrío. Sólo existe una regla: una vez que alguien entra, nunca jamás vuelve a salir.  No interesa, como es signo congénito de la temática futurista, la civilización del momento. No hay rastro de fascinación por saber cómo es el futuro que se muestra en las clases sociales privilegiadas, ni siquiera en las de clase media. No se refiere al modo de vida que llegará, ni a la idiosincrasia tecnológica que revolucionará la forma de vida humana. Nada de eso. Para Carpenter la trascendencia se centra, precisamente, en el ámbito contrario, en el reverso de la moneda, en la vida paralela que viven los convictos. Pero no estamos en el lado oscuro de la sociedad, ya que estos son los únicos que, de forma heterogénea, viven en una paradójica libertad imponiendo sus propias leyes, donde la autonomía es total, haciendo una infrecuente visión de un universo desordenado y enloquecido. Un trasfondo político que, si bien no es nuevo (recuerda mucho a las deducciones finales de dos obras claves como son ‘Blade Runner’, de Ridley Scott o del genuino Terry Gilliam en la esplendorosa ‘Brazil’) sí imponían una nueva visión del filme futurista al que el espectador estaba acostumbrado a ver en una sala de cine. En ese paisaje típicamente ‘orwelliano’ se desarrolla una de las más arriesgadas y apocalípticas visiones de un futuro desarrollo en una singular cárcel, símbolo de una supuesta sociedad llena de hipocresía y contenidos para el análisis.  Los habitantes de la prisión son la clase de gente que se opone a los ideales fascistas del hombre moderno, que vive en una libertad que les somete, pero a su vez, perciben que deben formar parte de un sistema gubernamental organizado para sobrevivir. La gasolina es controlada completamente por los grupos subterráneos y cuando el alimento es escaso, los criminales no dudan en recurrir al canibalismo. Por otra parte, no es tolerable ningún tipo de régimen, pero paradójicamente ven en “El Duque”, un hombre de color armado hasta los dientes, al mandatario que dicta sus destinos dentro de un mundo de caos y violencia. Estas indagaciones sociales son los aspectos más interesantes de la película, pero que no son explorados por Carpenter en profundidad por la sencilla razón de que lo que verdaderamente interesa en la trama argumental es una misión. La misión de un hombre que, con el paso de los años, se ha convertido en un icono cinematográfico de irrefutable carisma. La misión de un hombre llamado Jake “Snake” Plissken. Para dar vida a “Snake” se buscó un actor que en pantalla resultara inclemente, un modelo de actor en el que la reciedumbre del rostro marcara una abrupta actitud y la férrea personalidad de un personaje tan frío como Plissken. Los candidatos que sonaron para encarnar el rol fueron Clint Eastwood, Tommy Lee Jones y Charles Bronson. Eastwood se negó. Bronson, por su parte, tanteó la situación. Sin embargo, aunque a Carpenter no le hubiera importado que ‘El justiciero de la noche’ hubiera dado vida a su antihéroe, creía que era demasiado viejo para el papel. En cuanto a Tommy Lee Jones, fue rechazado por el propio director porque el cineasta prefería al que se convertiría en su mejor amigo, en el actor fetiche de sus mejores obras; el eficaz y carismático Kurt Russell. Ése arcano delincuente de imperecedero nombre, "Snake" Plissken, es un insólito arquetipo de héroe misántropo y antisocial que pertenece ya a la retina de los amantes del cine de género.  En ‘1997: Rescate en Nueva York’, “Snake” es de los soldados de élite con una última oportunidad para saldar su cuenta pendiente con la ley, adentrándose en un particular mundo de delincuencia que sobrepasa a los propios dirigentes de un hipotético futuro, haciéndoles partícipes del juego. Plissken cree únicamente en él mismo, sabiendo que los verdaderos héroes están muertos y que él no es más que un superviviente que sólo actúa a favor del gobierno cuando éste le coarta para lograr sus fines: rescatar a un ridículo y asustadizo presidente (que podría muy bien representar a George W. Bush) de los USA, caído en la prisión de Manhattan por el abatimiento del Air Force One y recuperar una grabación que constituye la salvaguardia de la humanidad. Para ello, tiene 22 horas en las que deberá obtener el objetivo impuesto en una ardua e imposible misión. Si no lo consigue, morirá por un veneno mortal que le ha sido inyectado por los altos mandos gubernamentales y del ejército. Así de simple. Como se ha matizado, Manhattan es un mundo de caos y de violencia. Pero a su vez jerarquizado, con el poder en manos de ese “Duque” (espléndido Isaac Hayes), que se convertirá en el gran enemigo del antihéroe de la película… Y mañana, mucho más...
|
lunes, marzo 06, 2006
|
La noche de los ‘cowboys’ desterrados El rostro de Jack Nicholson reveló por un instante que algo fuera de normal había sucedido. Cuando su imponente voz pronunció la ganadora de esta 78ª edición de los Oscar de Hollywood, todo el mundo palideció. Nadie parecía creer muy bien qué es lo había pasado. La gran favorita ‘Brokeback Mountain’ había sido repudiada de lo alto del palmarés en favor de ‘Crash’, la ‘opera prima’ de Paul Haggis. Gran sorpresa y decepción porque, vaya por delante, el Oscar al mejor filme de 2005 se lo ha llevado la película más floja y con menos calidad de todas las finalistas. Ni siquiera el Oscar al mejor guión adaptado, el de música original o ese premio de consolación que los académicos parecen haber regalado por obligación a Ang Lee pueden paliar la decepción no sólo de los miembros del equipo de ‘Brokeback Mountain’, sino de aquellos que, con coherencia, pensaban que este año el Oscar iría a parar a una película que se ha ganado la admiración y el respeto tanto de la crítica como del público. La imprecisa y achacosa obra de Haggis había derrotado sin sentido a la bella historia de amor de Ennis del Mar y Jack Twist. Suena a incoherencia, pero el despropósito corrobora que estos premios obedecen más al capricho inconsecuente y aleatorio que al verdadero mérito de las películas que participan y a muchas otras que quedan fuera injustamente de esta suntuosa celebración de limitada trascendencia. La ecuanimidad y la justicia han desaparecido en el último momento y ha dejado la duda de una hipotética intransigencia excesivamente pudorosa (por no decir homófoba y poco comprometida) dentro de los Oscar. ¿ ’Crash’ reúne las suficientes virtudes para obtener este tipo de galardón? Pues las mismas que en su día ‘Shakespeare in love’, ‘American Beauty’, ‘Gladiator’ o ‘Una mente maravillosa’. Cintas de anodina mediocridad que obtuvieron un Oscar a la mejor película, única proeza por las que hoy en día son recordadas, más allá de cualquier hallazgo cinematográfico. Un poco como le pasará a la cinta de Haggis, vencedora de la asexuada estatuilla.  A esta inesperada e irritante sorpresa, se unió el premio a la mejor película extranjera. Ya que cuando todas las quinielas apuntaban a ‘Paradise Now’, de Hany Abu-Assad, como la gran vencedora del año, fue la desconocida sudafricana ‘Tsotsi’, de Gavin Hood, la gran destacada en este apartado. Por lo demás, los resultados finales eran bastante previsibles en todas las cábalas anuales que han dejado unos Oscar bastante repartidos. También era previsible el improcedente ninguneo que han sufrido las dos películas más controvertidas y arriesgadas de estos 78 Oscar; ‘Munich’ y ‘Good night & good luck’, películas que transgreden los preceptos bienquistos de la Academia por su riesgo político se han ido de vacío. Parecer ser que el posicionamiento ideológico no gusta e incomoda dentro de Hollywood. Rachel Weisz superó a Michelle Williams como mejor actriz de reparto, George Clooney se llevó como premio de consuelo el de mejor actor de reparto por ‘Syriana’ y Phillip Seymour Hoffman ratificó la mejor interpretación del año con su magistral ‘Capote’. La pena fue que Felicity Huffman no hiciera lo mismo con su bordada composición como transexual en ‘Transamerica’, yendo a parar este honor a una Reese Whiterspoon por 'Walk the line' que, en su edulcorado discurso, ha demostrado lo irritante de su voz y lo melindroso de una actriz que, con este premio, se situará en lo más alto de Hollywood sin merecerlo lo suficiente. Tampoco sorprende que la Academia haya resaltado en el palmarés una golosina visual tan pomposa y a la vez vacua como ‘Memorias de una geisha’ o los tres premios técnicos de ‘King Kong’, de Peter Jackson. Pero lo verdaderamente interesante de la velada ha estado en la gala en sí. Y es que el programa de la pasada madrugada ha sido, con toda certeza, la más cómica y más divertida de los últimos años. La incógnita sobre la presentación de Jon Stewart quedó descubierta en su vídeo de presentación, donde los anteriores presentadores pasaban el testigo a este ‘showman’ resolutivo y de inagotable carisma (irrepetibles el momento ‘Brokeback’ de Billy Cristal y Chris Rock saliendo de la tienda de campaña de los ‘cowboys’ de Ang Lee o Mel Gibson con sus guerreros mayas) que finalizaba con un sueño de ambivalencia sexual con la colaboración de Halle Berry y un distinguido Clooney, siempre dispuesto a demostrar su buen humor. La noche ha sido una sucesión de ‘sketchs’ de atinado acierto cómico a cargo de este presentador dotado con la apostura necesaria para aguantar la gala en un nivel muy por encima de sus predecesores, haciendo olvidar por momentos al mejor presentador de este impecable show televisivo en ediciones precedentes, Billy Cristal, con sus ácidas sátiras contra el extraño accidente de caza del vicepresidente Cheney utilizando a Björk como reclamo, el paralelismo entre Russell Crowe y James Braddock, su personaje de ‘Cinderella Man’ y su comodín con ese estratosférico Oscar a la mejor canción de ‘Hustle & Flow’ para Three 6 Mafia por su tema ‘hip-hopero’ ‘It's Hard Out Here for a Pimp (Es difícil la vida de un chulo)’ que han hecho que, por instantes, los Oscar fueran más que nunca los Grammie o los MTV Adwards. Stewart, con todos los honores, ha estado a la altura de los grandes.  La carcajada ha sido la protagonista de una ceremonia que, por tradición (que se lo digan a Bill Murray), nunca han comulgado con este género. Desde el brillante número de Ben Stiller embutido en un traje tipo ‘green-screen’, el soberbio montaje de momentos ‘gay’ del ‘western’ más clásico y heterosexual, el ‘sketch’ sobre el tiempo de agradecimientos de Tom Hanks (alejado hace años de la comedia), el desorbitado maquillaje de Will Ferrell y Steve Carell, los vídeos de presentación de montaje de sonido y fotografía. Incluso divertidos instantes espontáneos, como la genial improvisación de Lilly Tomlin y Meryl Streep para presentar al incombustible Robert Altman, el patinazo de Jennifer Garner, el falso pelo pintado de John Travolta (que parecía Leonardo Dantés) y la recogida de premios de Nick Park y Steve Box por ‘Wallace y Gromit’ y sus pajaritas o el equipo del documental ‘El viaje del emperador’ y sus pingüinos de peluche. La ceremonia ha sido en todo momento una demostración de ingenio y de resolución, ágil y diligente en su realización, exhibición de saber hacer televisivo y de puro ‘entertaiment’ que no echó de menos ese poso guerrillero y comprometido de otras ediciones. Nada de crítica. Todo muy blanco y expedito. Destacando, de paso, los inconmensurables vídeos pertenecientes al cine negro (presentado por la mítica Lauren Bacall), la fascinación del cine (con ese final - ‘E.T.’ y ‘Lo que el viento se llevó’-), personajes históricos que inspiraron al Séptimo Arte o el perteneciente a las cintas reivindicativas (con un incompresible segmento de ‘Mar Adentro’). Sin olvidar al violinista Itzhak Perlman, que ha embellecido con su maestría y talento todos los acordes de las bandas sonoras nominadas. En cuanto a la retransmisión ofrecida por Canal +, pues más de lo mismo. La mala traducción simultánea que hace que el intérprete pise frases y deje otras inconclusas, es la tónica anual de la cadena. Por su parte, Angels Barceló, profesional y muy sobria en sus comentarios pretendidamente subjetivos y nada ocurrentes, estuvo muy insípida en su primera experiencia de los Oscar. Jaume Figueras jugó más a sacarle defectos a la organización dentro de la ceremonia (“se han saltado una categoría…”, “ahora no venía esto…”) que a estar atento a la misma. Todavía hay quién se sigue preguntando qué diablos pintaba Martina Klein en este sarao. Sus comentarios sobre las tendencias ‘pret a pòrter’ de la alfombra roja han sido tan intrascendentes como pueriles, dignos de una persona que como mejor descripción de un traje llega a decir “mu guapa y mu rubia”. Para qué vamos a engañarnos. Se ha notado la falta de Ana García Siñeriz y su ‘show’ cómico alternativo que nos había brindado a lo largo de todos estos años con sus meteduras de pata, deslices e incoherentes comentarios. LO MEJOR: - Jon Stewart, genial y determinativo en la comicidad que ha contagiado de risas una gala de inesperado humor. - George Clooney, que es todo un señor y cae bien a todo el mundo. - Los ‘clips’ de vídeo de la ceremonia. - La brevedad de la gala, de nuevo (aunque tres horas y media no sea algo muy escueto). - Cynthia Garrett, la espectacular presentadora en algunos fragmentos de la ‘red carpet’. - El emotivo discurso de Ang Lee, que se quedó sin volver a salir. - La elegancia perenne de actrices como Nicole Kidman, Felicity Huffman, Jennifer Aniston, Hillary Swank, Salma Hayek o Charlize Theron. - Three 6 Mafia, dedicándole el premio a todo el mundo, incluido a George Clooney. - Jack Nicholson. LO PEOR: - Ese amago de “todos contra la piratería” de Stewart diciendo que se le roba a todo el firmamento hollywoodiense presente en la gala con esta delictiva acción. Como si a alguno de ellos le faltara de comer. - Dolly Parton, que se ha convertido con el paso de los años en una desagradable ‘barbie’ operada hasta los límites de lo ‘operable’. Y que, con este efecto de falsa juventud, tiene un aire repelente a Letizia Ortiz. - El Oscar a ‘Crash’ que desluce lo que todo sabíamos: que ‘Brokeback Mountain’ era la película merecedora de la máxima distinción de la noche. -Que haya tardado tanto en aparecer esta crónica en el Abismo. Os aseguro que ha sido materialmente imposible hacerlo antes.
|
domingo, marzo 05, 2006
Jenny McCarthy fue la gran ganadora de una edición de los Razzies en su edición número 26 que se otorgan a las peores y más funestas películas del año producidas por Hollywood. La ex playmate se convirtió en la gran protagonista de la gala por producir, protagonizar y escribir la infausta comedia ‘Dirty Love’, ganadora en los rubros de peor película, peor actriz y peor guión. Además ‘Dirty Love’ ha pasado a los fastos de este incómodo premio como una de las más galardonadas en la historia de los Razzies, empatando a ‘Freddy Got Fingered’, protagonizada, escrita y dirigida por Tom Green en el año 2001. Peor película: ‘Dirty love’ (First look Pictures). Peor actor: Rob Schneider, por ‘Deuce Bigalow: gígolo europeo’. Peor actriz: Jenny McCarthy, por ‘Dirty love’. Peor pareja cinematográfica: Will Ferrell y Nicole Kidman, por ‘Embrujada’. Peor actor de reparto: Hayden Christensen, por ‘Star Wars. Episodio III: La venganza de los Sith’. Peor actriz de reparto: Paris Hilton, por ‘House of wax’. Peor secuela o remake: ‘La máscara 2’. Peor director: John Asher, por ‘Dirty love’. Peor guión: Jenny McCarthy, por ‘Dirty love’. La pareja más coñazo: Tom Cruise y Katie Holmes por sus empalagosas apariciones en ‘Oprah Winfrey's Couch’, esa ridícula pedida de mano bajo la Torre Eiffel y la noticia sobre la maternidad de Holmes. En el reverso de la moneda, ‘Brokeback Mountain’, de Ang Lee, la gran favorita para arrasar esta madrugada en los Oscar, fue designada como la mejor película del año en la gala de los premios 'Independent Spirit Awards', galardones que se entregaron en la localidad californiana de Santa Mónica en la víspera de la entrega de los Oscar. Con apenas ninguna sorpresa, el propio Lee se llevó el premio de la categoría de mejor director, mientras que, como se esperaba, Philip Seymour Hoffman siguió su laureada trayectoria hacia el Oscar al obtener el galardón que designa al mejor actor protagonista por su magistral composición de ‘Capote’, filme que consiguió el premio al mejor guión de Dan Futterman. Por su parte, Felicity Huffman fue premiada como mejor actriz por su papel en ‘Transamerica’. Mejor película: ‘Brokeback Mountain’. Mejor actriz: Felicity Huffman por ‘Transamerica’. Mejor actor: Philip Seymour Hoffman por ‘Capote’. Mejor actriz secundaria: Amy Adams por ‘Junebug’. Mejor actor secundario: Matt Dillon por ‘Crash’. Mejor director: Ang Lee por ‘Brokeback Mountain’. Mejor guión: Dan Futterman por ‘Capote’. Mejor primer guión: Duncan Tucker por ‘Transamerica’. Mejor fotografía: Robert Elswit por ‘Good Night, and Good Luck’. Mejor primera película: Paul Haggis por ‘Crash’. Mejor película extranjera: ‘Paradise Now’, de Hany Abu-Assad. Mejor documental: ‘Enron: The Smartest Guys in the Room’, de Alex Gibney. Premio John Cassavetes: ‘Conventioneers’, de Mora Stephens y Joel Viertel. Y mañana... espero poder escribir una crónica de los Oscar.
|
|
Ha llegado la hora de hacer aún más público ‘El límite’ en la ciudad donde se originó un corto que ha dado tantas satisfacciones. De difundirse en su propagación visual y protagonizar una pequeña gesta en la ciudad que vio nacer nuestro tercer trabajo. Por ello, esta semana se harán dos pases públicos que tendrán lugar en el Café Berlín (C/Correhuela), el día 5 de marzo (esta misma noche), a las 21:00 horas y el día 9 de marzo en La Audiencia (C/Caldereros), a la misma hora. Si vais por allí, nos veremos.
|
viernes, marzo 03, 2006
|
Por primera vez en el Abismo se abordará un trascendental tema que ha sido una constante en mi vida: el cine de John Carpenter. Posiblemente sea el director que más haya influido en mi carácter creativo, en todas sus derivaciones y perspectivas posibles. El gran maestro tendrá cabida en este espacio con un profuso análisis de ‘1997: Rescate en Nueva York’, un filme totémico que puede considerarse como emblemático de un cine inalcanzable e irrepetible. Desde mi máximo respeto y admiración, el Abismo traspasará los límites de la serie B, para ver de cerca una obra alegórica del hombre, del cineasta que ha logrado mucho más que reputación, gloria, prestigio o dignidad a partir de esfuerzo cimentado en un conocimiento del medio y de sus limitaciones como nadie lo ha entendido jamás en la historia del cine moderno. La semana que viene Carpenter verá la luz en el Abismo con extracto de un capítulo que dediqué en un libro inconcluso sobre el gran maestro.
|
|
Esta semana acaba con una noticia que ha hecho temblar los tabloides británicos. La pequeña y melindrosa Hermione Granger, la niña de inteligencia y aplicación estudiantil más célebre de Howgarts convertida en pequeña ‘lolita’ gracias a la prometedora Emma Watson (de 15 años), empina el codo y se entorza. Y de qué manera. Sí, amigos. Como lo leéis. Emma Watson ha sido el centro de un escándalo relacionado con la bebida adolescente. Cual prematura Massiel, siguiendo los pasos de Drew Barrymore, la jovencísima actriz fue a una fiesta donde púberes e infantes de todas las edades se ponían ciegos a birra. Y no es extraño pensar que a otras sustancias dada la precocidad de la moza. La pequeña aprendiz de bruja perteneciente a la casa de Gryffindor y que se instruye por Ravenclaw parece que antes que los brebajes mágicos de Howgarts, prefiere los terrenales efluvios de una pócima compuesta por agua, cebada, lúpulo, malta y levadura. La preocupación de los padres de medio mundo llega dada la trascendencia del poder mediático de Watson, que acabó en casa sin poder vocalizar siquiera la palabra “muggles”. “Esto es una simple travesura adolescente”, se ha apresurado a explicar la portavoz de la joven actriz.
|
jueves, marzo 02, 2006
|
...volverá a destrozar las taquilla de todo el mundo con la fogosidad de una Sharon Stone metida en años pero envejeciendo como los buenos vinos? O, por el contrario ¿será un fiasco deplorable de vacuo oportunismo augurando rancio erotismo pasado de moda? De momento, el tráiler no deja bien claro si queda algo de lo que tanto llamó la atención a David Cronenberg para realizarla. Habrá que esperar (el 31 se estrena en EE.UU.) para saberlo.
|
|
Los seguidores de este hombretón de pelo en pecho están de enhorabuena. David Hasselhoff, el mito, el actor ochentero y televisivo por antonomasia, el icono bisexual, Michael Knight, Mitch Buchannon, el Bertin Osborne yanqui, es el ilustre reclamo de una famosa bebida refrescante (Pepsi, porqué no decirlo) en Australia, donde es toda una celebridad musical desde aquel inolvidable álbum ‘Night rocker’ en 1985. Que vale, sí, fue un batacazo en Estados Unidos, pero todo un descubrimiento de éxito infrenable en el viejo continente y en Australia. Desde entonces, nunca un ‘Nick Furia’ fue tan especialmente ‘freak’ en la piel de un actor que ha sabido someter a una elaboración muy personal tanto el mundo de la interpretación como el de la música. Pepsi le dedica, a modo de ofrenda, una sección de fantásticos ‘wallpapers’ que decorarán, a buen seguro, la pantalla de tu ordenador. Y es que hay que reconocer que con un fondo de escritorio de este calibre, la vida se percibe con mucho más optimismo y despreocupación al contemplar el porte de este vigoroso y bien plantado ‘pecholobo’. Para consumar esta nostálgica invocación al mito catódico, podéis descargaros a Hasselhoff cantando un clásico de la canción americana en uno de los videoclips más apabullantes de la historia. Además, también podéis jugar a depilarle esa frondosidad capilar que siempre ha lucido en su gallardo torso el irrepetible ‘actor-cantante’.
|
|
Este verano de 2006 parece que será el verano de ‘Superman’, la nueva versión que ha llevado a cabo Bryan Singer del personaje creado por Joe Shuster y Jerry Siegel. De momento, además de avances sobre el filme en pequeñas dosis, se puede ver un trailer de lo que será el inevitable videojuego creado por EA Games, Warner y DC, que evidencia una espectacularidad fuera de lo común y que gana enteros con las inolvidables notas de John Williams de fondo para uno de los iconos más indestructibles e imperecederos de la cultura pop.
|
miércoles, marzo 01, 2006
|
Todos sabemos que la magia del Photoshop tergiversa la realidad, encubre los defectos, enmascara la mediocridad física y defectuosa de muchas celebridades que exhiben orgullosos su rostro y su cuerpo camuflados en la adulteración falseada de un programa que hace maravillas. Aquí tenéis algunos interesantes ejemplos interactivos del proceso de restauración de algunos famosillos internacionales. En ‘Fluideffect’ podemos apreciar la carne fláccida de Daryl Hannah, el enorme trasero de Jessica Biel, el depauperado rostro de Denise Richards o lo poco que vale en realidad Eva Longoria.
|
|