domingo, 10 de diciembre de 2006

El mundo celebra una muerte merecida

Hace tan sólo dos días podíamos leer…
“El dictador chileno Augusto Pinochet sigue evolucionando favorablemente de su infarto, lo que posibilita un traslado a una unidad de cuidados intermedios, donde permanecerá al menos hasta el próximo martes, día en que salvo imprevistos, podrá salir del hospital”.
Pues va a ser que no, porque los imprevistos han aparecido en forma de una muerte justa y conveniente para uno de los genocidas más despreciables que han poblado la Historia de la Humanidad. Es una lástima que haya muerto de un modo natural y no fusilado, degollado, envenenado, ahogado o torturado como las miles de personas que él mandó asesinar.
Hoy es un día feliz para los que creemos en la Democracia.