jueves, 23 de noviembre de 2006

Semana ajetreada

Llevo unas semanas fatigosas y bastante liadas, de esas que apenas te dejan tiempo para dedicarlo como es debido a este blog que ha malacostumbrado a sus lectores a una actualización poco menos que diaria. Seguro que habéis notado que el Abismo ha mermado su manufactura textual. Cierto es, amigos. A veces echo de menos aquellos largos días de inercia y ociosidad sin límite donde lo único que llenaba mi tiempo era atestar este espacio copiosamente con innumerables posts, cinco o seis por día, deliberando dossieres, escribiendo desquiciadas críticas, enlazando absurdos links con comentarios burlescos e incluso profesar un poco la escritura automática, a ver que salía.
Pero, al contrario de aquellos que se quejan de estrés en el trabajo, que reaccionan negativamente a un nivel emocional acusando astenia cognitiva y fisiológica, la presión laboral puede ser un elemento de ayuda, un estímulo para afrontar los retos como desafíos personales que superar. Acoso y derribo a las consignas de Karasek y Theorell. Gestiones laborales de todo tipo; ofertas turísticas, llamadas a hoteles, la responsabilidad de acarrear cometidos dentro una empresa de turismo internacional, críticas de cine, reportajes de estrenos, columnas de opinión, la realización audiovisual de una obra de teatro el próximo sábado, día contra La Violencia de Género, chapurrear con diseños internautas para webs, compartir pábulos con el mundo del artisteo moldeando nuevos proyectos, lecturas y relecturas de libros, cómics, diarios y demás textos para acopiar reseñas, ideas y conceptos, la preparación del próximo proyecto cortometrajístico, planificar, hacer cuentas… Todo ello dentro de plazos ajustados a extremos que suscitan los más bajos impulsos perfeccionistas. Y en el tiempo libre, dedicado al merecido relax, postrado con inercia en un sofá, viendo series o películas o simplemente disfrutando de timbas de Pro convertidas en antológico pasatiempo.
No son buenos tiempos para el Abismo, pero sí para mi sosiego personal, flagrante economía y bienestar profesional. Tras esta particular contienda contra el tiempo, llegará la esperada búsqueda de piso en el que encontrar un privativo entorno de calma y felicidad, un microcosmos de freakismo cultural, espacio abierto al ocio y al trabajo en mi casa propia, donde desarrollar mis actividades con la paz del aislamiento felizmente transgredida con la presencia de mi alma gemela. Hasta entonces, intentaré superponerme a la presión y responder con efectividad a las expectativas que me autoimpuse cuando abrí el Abismo como postulado editorial: la actualización constante.
Tener un weblog requiere una afanosa dedicación para que los contenidos queden bien segmentados y orientados hacia todo tipo de público que, al fin y al cabo, es el objetivo de todo esto. Hoy ha tocado una odisea personal de subjetividad utilizado como bitácora personal de inquietudes. Un post que, probablemente, no le importe a nadie. Pero había que explicar someramente porqué ‘Un Mundo desde el Abismo’ está un poco aletargado estos días. Durante los próximos, volverá a la normalidad.
Gracias a todos por vuestra paciencia.
Y eso es todo por hoy.