jueves, 16 de noviembre de 2006

Review 'Scoop'

Refinado ‘fast-food’ criminal
‘Scoop’ es un filme del Woody Allen actual, que acepta sus limitaciones y aporta una película sin pretensiones que concede una nueva muestra de entretenimiento inofensivo.
Durante la presentación de ‘Melinda & Melinda’ en la gala de inauguración del Festival de San Sebastián de 2004, Woody Allen expuso una frase de acostumbrada brillantez: “si no les gusta esta película, no importa, acabo de terminar la siguiente’. El trabajo frenético de Allen durante los últimos años es imparable. La inagotable fertilidad con la que crea películas es una muestra del énfasis con el que el director neoyorquino vive el tramo final de su carrera cinematográfica, malacostumbrando al espectador a una dosis anual de su entelequia, de ese diván metafórico en el que reiterar una y otra vez sus fobias y filias, exorcizar sus fantasmas de hipocondríaco y vencer sus miedos a través de cintas poco convencionales. La frase tiene un valor añadido que el público debe acatar; no siempre, en una dilatada filmografía como la suya, va a singularizarse su impronta de genio habituado a esas descripciones de neuróticos personajes urbanos, obsesionados por el amor y la muerte, por el destino y la casualidad.
Tras la gran acogida de la que muchos consideran la gran película de su última etapa, ‘Match Point’, astuto cuento sobre un arribista que escala a lo más alto en el escalafón social, ‘Scoop’ no pretende en ningún momento trascendentalizar con su historia para llegar a ser como aquélla. Woody Allen reconoce su vejez, asumiendo no sólo en ese inseparable rol de entrañable y verborreico neurótico cuando aparece como protagonista, sino que concede la autoaceptación de un filme menor con el que explotar su habitual y desbordante combinación de sentido del humor y visión catastrofista de la vida.
En su segunda historia alejado de Nueva York y desarrollada en Londres, regresa a los acogedores ambientes de la clase intelectual y acomodada, a esa ‘high class’ visitada en su anterior obra, con la aventura de una joven estudiante de periodismo estadounidense llamada Sondra Pransky (una resultona Scarlett Johansson que ofrece su mejor cara tras del descalabro de ‘La Dalia Negra’), que sufre un incidente paranormal cuando forma parte de un número de magia de Sid “Splendini” Waterman (un gesticulante y entrañable Woody Allen): el fantasma de un periodista de sucesos (genial Ian McShane –verdadero genio actoral de la serie ‘DeadWood’-) le revela que un joven aristócrata hijo de un Lord, Peter Lyman (seductor y apolíneo Hugh Jackman), es el asesino en serie que está causando el terror en Londres con el sobrenombre de “El Asesino del Tarot”.
‘Scoop’ no es ‘Match Point’, ni en intenciones, ni en forma. Pero tampoco pretende serlo. Se podría decir que es un refinado ‘fast-food’, un entretenimiento inofensivo y eficaz que recuerda a trabajos menos valorados de Allen como ‘La Maldición del escorpión de Jade’ o ‘Granujas de medio pelo’, comedias amables que encubrían sus defectos con esa faceta de misterio criminal que tan buen resultado ofreció en ‘Sombras y Niebla’, ‘Delitos y faltas’ y ‘Misterioso asesinato en Manhattan’. Allen se limita a procurar ser vigoroso, ofreciendo un preciso catálogo de malentendidos, de continuos ‘running gags’ de firmeza humorística sin mucha circunspección, dándole más importancia al seguimiento secuencial de la investigación de Pransky y Waterman que al alcance argumental de un guión descompensado pero imaginativo.
A modo de opereta, de comedia ligera, ‘Scoop’ tiene algunos momentos notables, de los que cabe esperar en el último cine del genio de Manhattan, como esa posición de parodia de la flema británica en fiestas de exquisito boato, donde no falta la agudeza sardónica para con los judíos, ni tampoco los aspavientos entre balbuceos del cineasta, esa presentación del personaje de Pransky como imaginativa fantasía con su musa o esa referencia de la embarcación de Caronte en la que viaja el periodista interpretado por McShane.
En cuanto a ‘Scoop’ como miscelánea operística de la obra más moderna de Allen, es una película que funciona a ratos, siguiendo los preceptos de la narración clásica que tan bien sabe hacer lucir su autor, permitiéndose cualquier licencia, incluido el ‘Deus Ex Machina’ final, la resolución criminal imprevista, siempre con la reincidente autonomía de su puesta en escena tan identificativas del director de ‘Annie Hall’.
Como en ‘Match Point’ o en ‘Melinda y Melinda’, como ejemplos más cercanos, lo accidental, las casualidades, el travieso capricho del destino siguen siendo los factores que cambian el rumbo de la vida, de manera sucesiva, donde se imponen las dudas, el engaño, la obcecación amorosa en un universo desenfadado que ampara algunas de las sempiternas obsesiones del cine ‘alleniano’; robos, asesinatos, la muerte y el elemento fantástico al que recurrir como connotación de autoría. ‘Scoop’ viene a ser un poco de lo mismo, pero bajo la batuta de Woody Allen se convierte en la nueva certificación de agudeza e inventiva de un cineasta que poco tiene que demostrar a estas alturas.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2006