miércoles, 11 de octubre de 2006

Rubber Band It

Siempre he imaginado el trabajo de oficina cómo el que representó Billy Wilder en 'El Apartamento' identificado en el personaje de C.C. 'Bud' Baxter o en el cine contemporáneo, más tecnificado, con los hermanísimos Wachowski en ‘The Matrix’ y su Thomas A. Anderson. Hay sendas secuencias en tan antagónicos filmes que demuestran, en un solo plano, la rutina más aplastante, el flemático automatismo, la reiteración laboral diaria, esos nulos cambios en el quehacer cotidiano, dentro de un cubículo opresor que deja como única ventana al esparcimiento una máquina de escribir, un panorama desolador o, en la actualidad, Internet y su inframundo de devaneo y algazara.
En este último caso, lo malo es que cada día se tiene más vigilado este escaparate informático en las empresas. La razón es bien sencilla; del 30 a 40% del tráfico de las empresas no está relacionado con el trabajo y en el horario laboral tiene lugar el 70% de las visitas a los sitios ‘cochinos’. Además, el 60% de las compras ‘on-line’, subastas y juegos de todo tipo, como el Rubber Band It, recreación de una oficina donde proponen el utópico juego al que a todos nos gustaría jugar si no hubiera ningún jefe a la vista. Y es que, hay que admitirlo, amigos; la gente se aburre mucho en el trabajo.
En consecuencia, como dijo Charles Régismanset: “Distraerse significa casi siempre cambiar de aburrimiento”.