lunes, 30 de octubre de 2006

La transformación evangélica de "El Hijo de Sam"

Durante 1976 y parte 1977 Nueva York se convulsionó con la aparición de otro de esos ‘pyscho-killers’ que marcaron la crónica negra de una época muy representativa del miedo de una sociedad americana a los demonios de una década en la que la Guerra de Vietnam, la proliferación de libertades y el ‘hippismo’ se unieron a la aparición de perturbadas mentes asesinas que fueron sacudiendo con sus truculentos actos a un país que empezaba a conocer la violencia y la crueldad en forma de asesinos esquizoides que actuaron indiscriminadamente acumulando víctimas anónimas para pasar casi como iconos folclóricos de las páginas de sucesos.
Uno de ellos fue Richard David Falco, más conocido como David Berkowitz y, a su vez, inmortalizado como "El Hijo de Sam". Berkowitz asesinó, a sangre fría y sin ninguna razón aparente, a siete jóvenes que fueron ejecutados con varios disparos en el cráneo y otras diez fueron heridas de gravedad con el Mágnum del calibre 44 que siempre utilizó esta celebridad homicida. Hombre retraído, acomplejado y depresivo, sucumbía a los arrebatos de ira y violencia, saliendo a la calle a cazar nuevas víctimas, creando una inseguridad social que ya reflejó Spike Lee en su estupenda película ‘Summer of Sam’. Su afán de notoriedad llegaría a tal punto, que Berkowitz dejó notas a la policía amenazando con proseguir su matanza, con sed de sangre y ansias de seguir asesinando inocentes. Notas que rezaban “Soy un monstruo. Soy el hijo de Sam... Adoro la caza”. Incluso llegó a enviar una carta de agradecimiento al ‘New York Daily News’, agradeciéndole el interés que mostraban los medios por sus atrocidades.
La calurosa noche del 31 de julio de 1977 cometió su sexto asesinato (esta vez sacrificando a otra joven e hiriendo en la cabeza a su novio), pero sin la suerte de sus anteriores crímenes, ya que varios testigos vieron su Ford Galaxy y reconocieron a Berkowitz ante el creciente caos colectivo en la ciudad de Nueva York. A lo largo del juicio, se declaró culpable de los asesinatos imputados, manifestando que se llamaba "El Hijo de Sam" porque ése era el nombre del perro de su vecino, que era el que ordenó aquellos feroces asaltos. Para Berkowitz su ‘amo’ canino era, nada más y nada menos, que un demonio de 6.000 años, que le enviaba mensajes de destrucción contra una sociedad que le humillaba y no le comprendía, detonante que le obligó a ser miembro de una supuesta ‘Iglesia del Proceso’.
Su condena: 360 años de prisión en una cárcel de máxima seguridad. Años después, reconoció haber formado parte del culto satánico de Charles Manson y rectificó sus declaraciones para manifestar que no sólo él había sido el asesino de todas las víctimas, si no que hubo más asesinos que utilizaron un Mágnum del 44 en una orgía de sangre pactada. Una revelación que coincide con las sospechas defendidas por el periodista Maury Terry, que investigó el caso y llegó a la conclusión de que Berkowitz no fue más que el chivo expiatorio de una secta satánica compuesta por varias personalidades importantes del Nueva York de la época.
Tras sufrir un agresión por varios reclusos que intentaron degollarle en la cárcel, David Berkowitz formó en cautividad ‘Forgiven for life’, un movimiento donde el recluso se arrepiente de sus actos y fomenta la conversión al cristianismo mediante una página web dedicada a la salvación de su alma. En ella, Berkowitz lanzará su libro ‘Son of Hope’, narrando su transformación humana y evangélica y donando todos los beneficios de la publicación a las familias de sus víctimas. También hay una carta donde, entre otras cosas, culpa a películas como ‘Rosemary’s baby’ de sus atrocidades, habla de sus tendencias suicidas, de la muerte de su madre como detonante de su locura, del arrepentimiento de sus actos pretéritos, de su paso por Attica y de cómo una noche, leyendo el Salmo 34, versículo sexto, leyó "El pobre hombre lloró y el Señor le escuchó y le salvó de su tortura”. La frase que inspiró su redención.
‘Forgiven for life’ es ua extraña página web con vídeos, declaraciones del propio Berkowitz, consejos para adolescentes, cartas de clemencia y un fondo ultracatólico que incluso acojona más que sus actos del pasado.
Y es que la red es basta e imprevisible.