miércoles, 16 de agosto de 2006

EXTRA VERANO 2006 (VII): Dossier Piratas en el Cine

¡Al abordaje!
Estos ‘Piratas del Caribe’ de Gore Verbinski tan de moda, ha devuelto el olvidado cine de piratas, uno de los subgéneros más representativos del cine de aventuras.
Desde que Exquemelin o Defoe retrataran las proezas y grandes escamoteos navales de los piratas más célebres de la historia, tanto la literatura como el cine han sabido encontrar un filón en las aventuras de los diversos corsarios apátridas sin ley como reclamo comercial e imaginativo. Autores como Robert L. Stevenson y su obra maestra ‘La isla del tesoro’, Emilio Salgari y sus 'Tigres de Mompracen’ o Julio Verne con ‘Los hijos del capitán Grant’ y ‘Los piratas de Halifax’ sentaron las bases de lo que el Séptimo Arte tomaría como un referente imprescindible a la hora de llevar las fabulescas hazañas de los filibusteros marinos a la ficción visual.
Los piratas, bucaneros sin escrúpulos que siguen la ley del más fuerte viajando en grandes galeones en cuya bandera flamea con su inconfundible Jolly Roger, la bandera negra grabada con una calavera y dos fémures cruzados, tuvieron como propósito vital el de abordar cualquier embarcación llenas de tesoros o simplemente con el ímpetu de robar, violar o matar se han utilizado para imaginar una figura romántica de un pirata ensalzado hasta el heroísmo. Pura aventura basada en la busca de erarios, saqueos y venganzas, de extorsiones y míticas gestas marinas que asentaron leyendas imposibles de olvidar.
El pirata, como tal, simboliza la trasgresión llevada al extremo de una libertad por aquella época coartada por las costumbres y posiciones sociales. La piratería era una práctica tan antigua como la navegación misma, donde una embarcación atacaba a otra con el propósito de robar su carga, y muchas veces la nave misma. Sin embargo, los piratas no se limitaban a atacar otros barcos, sino que muy a menudo llegaban a asaltabar incluso ciudades costeras. Si bien es cierto que las leyendas acerca de piratas históricos como Barbanegra, Anne Bonny, Francis Drake, John Hawkins, Piet Hein, Henry Morgan o Jack Rackham sitúan una piratería de técnicas paralelas a la historia de la navegación, la romántica visión de los piratas no deja de ser, como muchos de los mitos de la historia, una mera representación idealista y nostálgica de una utopía, de una ilusoria forma de vida más que una realidad perspicua y perceptible más que de una realidad histórica enfatizada por el paso de los años como hazañas remarcables dentro de los fastos marinos.
Pillaje, violencia, libre albedrío, ron, doblones de oro, islas desiertas, batallas, naufragio, islas, tesoros perdidos…olor a pólvora y libertad, en definitiva, son elementos demasiado atractivos como para que el cine tenga no tenga un arsenal de películas cuyo desarrollo se concentre en este apasionante género convertido en todo un subgénero con una idiosincrasia propia y totalmente determinable. Desde que el cine es cine, los piratas han sido objeto de todo tipo de representaciones. Itinerario cinematográfico que se pretende desglosar, olvidando algún título, rescatando algún otro inombrable, una galería de piratas dentro del Séptimo Arte.
Fue Charles Lamont uno de los primeros en parodiar estas hazañas en la inolvidable ‘Abbott y Costello y el Capitán Kidd’, figura creada por R. Lee y tomada por Rowland V. Lee en ‘El capitán Kidd’, una de las obras maestras de este tipo de cine con el extraordinario Charles Laughton dando vida a William Kidd, un avaro y vengativo que personifica el denuedo argumental de una cinta sombría y directa, casi tenebrosa que concita la versión más canalla de la esencia maquiavélica. Raoul Walsh, un experto todoterreno se consideraba un entusiasta del cine de piratas por lo que dio una lección de acción y aventuras en sendas muestras de maestría con ‘El mundo en sus manos’ o ‘El hidalgo de los mares’, cine colorista y vital donde la aventura está por encima de cualquier concesión a la pretensión cinematográfica.
Pero no sería otro que Michael Curtiz el encargado de simbolizar este género con dos obras que suponen los pilares del cine de piratas. ‘El capitán Blood’ y ‘Los halcones del mar’, ambas protagonizadas por el prototipo de bucanero cordial y poco violento que caracterizó Errol Flynn junto a Olivia de Havilland significaron el ejemplo de diligencia y pulcritud en todas las secciones, tanto técnicas como artísticas. Las películas de Curtiz recogen en sus fotogramas la verdadera esencia del cine de piratas, de principios y consecuencias arrastradas a causa del ímpetu aventurero, de abordajes y romances, de islas perdidas, donde la piratería es una necesidad volcánica de supervivencia, de libertad. En otro enfoque del subgénero, destaca la agresiva feminidad que exuda un filme de la talla de ‘La mujer pirata’, de un Jacques Tourneur en estado de gracia, donde el desaliento y la negatividad rodea a todos los personajes que van apareciendo en pantalla, sostenida toda la obra por la impoluta utilización del color, la composición de sus encuadres, la magnífica dirección artística y una fotografía que se descubren como elementos decisivos en la maestría de la película. Por supuesto, quedará en la inmortalidad el rol de Anne Providence interpretado por Jean Peters.
Por su parte, Robert Siodmak, otro de los estandartes del cine de serie B realizaría ‘El temible Burlón’, para muchos (entre los que me incluyo), la mejor cinta de piratas de la historia, con la pareja Lancaster/Cravat surcando el mar Mediterráneo en busca de la aristocrática Eva Bartok enfrentados a los villanos Torin Thatcher y Christopher Lee. La comicidad casi paródica de la acción y una cadencia acrobática, de ritmo vertiginoso, convierten a este filme de Siodmak en un insurrecto monumento del cine de aventuras, de la subversión anímica a la que conlleva saltarse las normas establecidas y ejercer la piratería como una opción de diversión y vida. ‘El temible burlón’ es puro cine.
Sería Burt Lancaster por su condición de equilibrista circense uno de los mitos inapagables del cine de piratas con sus peligrosas cabriolas en los mástiles y sus descensos vertiginosos rasgando las velas como bien demostró en ‘Su majestad de los mares del sur’, otra obra maestra de Byron Haskin. ‘La isla de los corsarios’, de George Sherman de nuevo con Errol Flynn como narciso bucanero, ‘Piratas del mar caribe’, del ostentoso Cecil B. De Mille, ‘Rebelion a bordo’, con tres versiones de la tripulación de la ‘Bounty’ contra su tiránico capitán puteándoles en el siglo XVIII, ‘The Spanish main’, una joya olvidada de Frank Borzage o la exótica ‘La luz del fin del mundo’, de Kevin Billington con Kirk Douglas y Yul Brynner como antagonistas son algunos de los títulos que han pasado con letras de oro a la galería de filmes que tienen entre sus reclamo barcos por abordar, malos con parche en el ojo (o no) y héroes en busca de la ley oceánica impuesta por su propia anarquía.
Si bien la magistral obra de Stevenson ‘La isla del tesoro’ ha sido llevaba al cine con menor o mayor suerte en ocho ocasiones (entre las que cabe destacar las versiones de Maurice Tourneur, Byron Haskin o Victor Flemming) a la gran pantalla, no hay que olvidar tampoco a directores como Henry King, que sublimó la procedencia literaria de leyenda de Tristán e Isolda para su excelente ‘Captain from Castle’. Películas de menor rango como ‘Al sur de Pago Pago’, de Alfred E. Green, ‘Bandera negra’, de Ralph Murphy inspirado en el original de Sabatini ‘El retorno del capitán Blood’, la producción de la Hammer británica ‘Captain Clegg’, de Peter Graham Scott con sus ‘Marsh Phantoms’ con Peter Cushing al timón o la serie B ‘Los piratas negros’, con Anthony Dexter y Martha Roth como expedicionarios en busca de un tesoro son algunos ejemplos de la proclividad de este subgénero tan desconocido para muchos aficionados a la andanzas marítimas.
Aventuras llevadas a la comedia reuniendo mitos como los Monty Python, Dudley Moore, Marty Feldman o Cheech y Chong en la defenestrada y satírica ‘Los desmadrados piratas de barba amarilla’, de Mel Damski o risibles filmes como ‘El pirata negro’, de Mario Costa. Un largo recorrido naval en el que no pueden faltar los piratas malayos y los plantadores de caucho de Ken Annakin en ‘Malasia’, ‘Los piratas de los 7 mares’, de Sidney Salkow, la añorada producción de Disney ‘Los robinsones de los mares del sur’, de Annakin o las inexploradas aventuras de piratas orientales de ‘Zhong lieh tu (Piratas y guerreros)’, de King Hu, así como los pequeños alemanes de ‘Ukradena uzducholod’, del poco valorado Karel Zeman son cintas que completan este viaje por todos los mares del mundo.
A todo esto hay que añadir una cierta y poco indagada filmografía de aventuras de piratas ‘a la europea’. Si el cine norteamericano siempre fue reacio a adaptar a Salgari, no lo fue el italiano Enrico Guazzoni y Umberto Lenzi al llevar al cine ‘La hija del corsario verde’ o ‘Los piratas de Malasia’, sin olvidar la serie televisiva de Sandokan, protagonizada por Kabil Gibran. Una ‘italianiazación’ a la que no son ajenas ‘Franco, ciccio e il pirata barbanera’, de Mario Amendola o los imprescindibles Terence Hill y Bud Spencer en ‘El corsario negro’, de Vicent Thomas. Lo curioso de este trayecto cinematográfico es que existen varios títulos ‘made in Spain’ que se unen a la tradición bucanera. Con casta, imaginación y mucho ingenio, el producto nacional dentro de los aventureros con pata de palo han sido elaborados de forma intrínseca en la serie B y Z, pero con la dignidad que le dieron a sus productos Carlos Benpar en ‘Capitán Escalabons’, a partir de una historia que combina ‘La isla del tesoro’ y ‘Los contrabandistas de Moonfleet’, José L. Merino en ‘La rebelión de los Bucaneros’, con Charles Quiney y Loretta Tovar o Ramón Barreiro y su ‘El Pirata Bocanegra’ y Antonio Artero con ‘El tesoro del capitán tornado’, con el inefable Antonio Ozores como pirata hispánico. Auténticos filmes de culto a reivindicar.
En los últimos años pocos ha sido los ejemplos que han emprendido el abordaje a las taquillas comerciales con este tipo de cintas. Roman Polanski lo intentó con ‘Piratas’ sin ningún éxito, debido, en cierta parte, a la absorbente afición del cineasta polaco por enfatizar el surrealismo de su obra en una cinta de aventuras. Extraña y apasionante, el ‘Piratas’ de Polanski se sitúa desde punto de vista un humanista, nada conformista con los elementos básicos del cine de piratas. Al contrario que otras posiciones respecto al género, como la portentosa cinta de culto juvenil ‘Los Goonies’, obra melancólica y nostálgica que marcó a varias generaciones sobre las aventuras de tesoros y galeones en un mundo contemporáneo que ha perdido la magia de la hazaña piratesca. La cinta de Richard Donner merece una posición destacada que se ampliará algún día en este Abismo, por su trascendencia de fondo, su forma colorista y su hilo argumental nada acomodaticio en el cine infantil de los 80.
El último tanteo antes del desembarco de los piratas de Gore Verbinski lo acometió un enflaquecido Renny Harlin con la superproducción ‘La Isla de la cabeza cortadas’, también con un escandaloso fracaso comercial, que homenajeaba descaradamente a sus antecesoras con una ingenuidad basada en la deflación de todos los prototipos habidos y por haber dentro de este género nauta. Por supuesto, las dos películas de ‘Piratas del Caribe’ que tienen como génesis una atracción de feria extraída de ‘Disneylandia’, en Orlando, responde al tanteo postmoderno de la vivificación del clasicismo de elocuencia cinematográfica intachable. Su imaginería, intrascendencia argumental, su inspirada cadencia rítmica y su desparpajo a la hora de actualizar los términos de aventura del pasado, sabiendo manejar sus defectos para transformarlos en virtudes.
Los piratas de Gore Verbinski reposan parte de su éxito en el carisma de un personaje que mezcla ramificaciones tradicionales y modernistas, ese Jack Sparrow interpretado con solvencia por Johnny Depp que combina barroquismo, elegancia y ordinariez y ese toque de rebeldía que hacen que este pirata se haya ganado un puesto de privilegio en este recorrido por la inextinguible tradición de bucaneros, abordajes, batallas, cañones, espadas, bellas damas y aventuras bañadas en ron que servirán como alianzas a la hora de buscar tesoros.