lunes, 10 de julio de 2006

EXTRA VERANO 2006 (III): Italia campeona de un Mundial descafeniado

A las 20:00 de ayer, día 9 de julio de 2006, el polémico balón Teamgesit echó a rodar en su edición especial dorada fabricada exclusivamente para la ocasión. Comenzaba así la esperada final de la XVIII Copa Mundial de fútbol de Alemania en el estadio Olímpico de Berlín, con un lleno absoluto de 69.000 espectadores y otros tantos millones de personas que siguieron el encuentro entre Francia e Italia.
Tal vez ayer se vio a la peor Italia del Mundial, a un equipo más complaciente con la situación que se dio a lo largo del partido desde que empatara en el minuto 19 con un gol de uno de los dos protagonistas de la noche (para bien y para mal), Materazzi, aunque no por ello dejó de intentar perforar la meta de un Barthez tan desequilibrante como imprevisible. Antes de esto, el colegiado Horacio Elizondo señaló un penalti cuando Malouda fue derribado en el área italiana por, cómo no, Materazzi. Zinedine Zidane, en la gloria deportiva, situada en una privilegiada posición al alcance de unos pocos elegidos, siguió ampliando su efigie de héroe en este Mundial y transformó la pena máxima con finura, altura y efecto, recordando al mítico Panenka del 76, sellando su carrera goleadora de una forma memorable, con un gol lleno de suspense, como sólo saben crear los maestros del balón.
Pero Italia salió con su impronta defensiva ordenada, en un entramado de salvaguardia que ha sido, a la postre, la clave para ganar el campeonato. La defensa, la estrategia y la presión fueron, a partir del empate de Italia, el protagonista de un encuentro que, en su segunda parte y en la prórroga, desequilibró la balanza hacia el lado francés, con un brillante modelo de juego que no pudo con la perfección defensiva de Cannavaro, Zambrotta o Gattuso, los muros infranqueables de la escuadra ‘azzurri’. Nombres definitorios que vieron su misma eficacia en el campo contrario con los inspirados Vieira, Makelele y Thuram. Por su parte Totti y Pirlo no funcionaron, por lo que el ataque que rompió la leyenda del ‘cattenaccio’ en este Mundial de un renovador Lippi no cuajó, por lo que Raymond Domenech definió el juego ofensivo en Zidane y Ribery, que supieron hacer que Thierry Henry traspasara la cerca futbolística francesa.
Dos equipos que demostraron, no obstante, que la épica de una final también puede darse en un juego antagónico, una pugna de gladiadores, de enfrentamiento táctico, de desgaste físico y de poderes enfrentado.
En la primera parte, Italia sobresalió con su insistente desparpajo a balón parado (incluido un remate al larguero de Lucca Toni al saque de un córner). Fue cuando Italia pudo aumentar su marcador, ya que en el segundo tiempo, Francia volvió a crecer, a desarrollar en su juego evolutivo a lo largo del Mundial, perfectamente colocado y con Ribery y Zidane ambicionando una y otra vez traspasar el murallón trasalpino. En ocasiones, por desacierto y definición y en otras, por encontrar el prodigioso guante de un fuera de serie como es el veterano e imbatible Buffon.
En la prórroga, Italia no repitió la gesta que protagonizó ante Alemania, articulando su juego defensivo en la protección del empate, en la retaguardia, recordando su ancestral cultura defensiva, esperando los penaltis. Por el contrario Francia, con un hombre menos por la vergonzosa expulsión de Zidane, que desvirtuó la retirada perfecta y se fue por la puerta de atrás del fútbol profesional, no se vino nunca atrás. Todo lo contrario. Francia murió mordiendo, atacando y buscando cualquier hueco para evitar la ruleta rusa de los lanzamientos desde los 11 metros. Los galos se vieron descompensados con la tarjeta roja de su líder, también por el desfallecimiento de Henry y la inesperada lesión de su eje estratégico, Vieira. La gesta heroica empezaba a hablar italiano. También Lippi lo tuvo claro al cambiar a unos deslucidos Totti y Perrotta y un cansado Camoranesi para introducir en su cruzada de aguante y resistencia a Iaquinta, De Rossi y Del Piero, lo que dio mucha más seguridad para llegar al objetivo de Italia en la prórroga: el todo o nada, ganar o perder, en definitiva, los fatídicos penaltis.
La aventura deportiva de la final de un Mundial de fútbol volvió a resolverse en la tanda de lanzamientos desde el punto de penalti. La lotería que tanto asustaba al equipo de Lippi contra Alemania, era la salvación contra Francia, cuando Trezeguet, con la mirada puesta en el penalti lanzado por Zidane, intentó emular al maestro definiendo y ajustando en exceso, lo que valió un tiro al larguero que su país lloró. Suponía una derrota inmerecida, inesperada, pero nunca injusta por el juego del contrario a lo largo del campeonato. Italia obtuvo la gloria con su mejor cara, siendo ellos mismos sin renunciar a los cambios, al ataque, a la ajuste de la situación. Ayer tocaba contención y defensa.
Y lo hizo con superioridad, sobreviviendo a la adversidad y soportando la presión para no fallar en el momento de la verdad. En esta final hacía falta fortaleza defensiva y mental e Italia fue fiel a sus principios y ganó su cuarta Copa del Mundo, rememorando la experiencia de España 82, hace 24 años. Cannavaro tomó el relevo de Dino Zoff. Italia es un digno campeón, máxime cuando la mayoría de sus futbolistas pertenecen a clubes implicados en el escándalo del amaño de partidos y cuando la Fiscalía italiana está a punto de descender a varios de los equipos más importantes del Calzio a la Serie C.
Hay quien dice que ayer Italia no jugó al fútbol. Puede que sea cierto. Pero es algo que nadie le puede achacar después de presenciar la decepcionante segunda fase del Mundial, porque a pesar del tradicional estilo de juego mostrado ayer, la Italia de Lippi ha acreditado en Alemania que su fútbol puede ser defensivo sin renunciar al ataque.
Zidane, por la puerta de atrás.
La imagen de un jugador de la clase de Zinedine Zidane agrediendo de la forma en que lo hizo a Materazzi es una de las imágenes más degradantes del Mundial. Totalmente lamentable para uno de los mejores jugadores de la Historia. Ayer, Zidane, tenía al alcance de su mano el sueño de cualquier figura del mundo del fútbol. Había rebatido las críticas de aquellos que le daban por acabado exhibiendo un juego inconmensurable, haciendo que una selección francesa que no contaba como favorita por su elevada media de edad diera el campanazo y se metiera en la final tras derrotar a España, Brasil y Portugal. Se había convertido en el centro de todas las miradas, en el aplauso colectivo por la heroicidad de una clase y una calidad manifestada en mil ocasiones. La veteranía, el compañerismo, la responsabilidad y la elegancia que casi siempre han caracterizado a “Zizou” se derrumbaron con el cabezazo propinado al defensa italiano, por muchas provocaciones verbales que se produjeran, por muy “terrorista” que éste le hubiera llamado. Su último partido como profesional llevará la lacra de un impulso despreciable, del temperamento que transmuta al héroe en villano en un segundo, dejando para la posteridad su lado más oscuro, la ignominiosa doble cara humana, innecesaria en un icono de su categoría.
Aún así, no es la primera vez que Zidane evidencia su peor defecto, el que deshonra su persona dentro del campo. En Francia 98, agredió brutalmente al jugador de Arabia Saudí, Faid Amin, al que pisó sin piedad, censurable acto que le hizo perderse el último partido de la primera fase y los octavos de final de aquella cita mundialista o el recordado cabezado a Kientz en un partido de Champions cuando todavía era jugador de la Juventus que le supuso una sanción de cinco partidos. También en la liga española ha protagonizado indecorosas agresiones contra Djalminha, Pablo Alfaro o Quike Álvarez. Conductas violentas de Zidane que exceden las ansias combativas del astro francés, que dejó ver su actitud violenta en este mismo mundial con una fea patada sin balón ante un jugador de Corea, que supuso la segunda amarilla que le impidió jugar el partido que enfrentó a Francia contra Togo.
Un hombre de la talla futbolística de Zidane empañó su retirada al hacer alarde de su genio incontrolable, poniendo en evidencia su poesía deportiva en un acto improcedente que acreditó su egoísmo personal por encima de los intereses colectivos de su selección, de su país. Zidane destrozó la moral del equipo con su infantil actitud. La otra cara del genio, la del inmaduro e insolidario deportista que es capaz de dejar a su selección sin su necesaria y portentosa contribución al juego por un vulgar instinto revanchista. El minuto 110 de la segunda parte de la prórroga de la final del Mundial de Alemania 2006 quedará en el recuerdo, como una mancha imborrable en la impecable carrera de un jugador excelso e irrepetible. Un bochornoso incidente que supone el triste final para el mejor jugador del torneo según la FIFA y que ni siquiera salió a por su medalla como subcampeón como signo de arrepentimiento.
Conclusión
Como Mundial, Alemania 2006 arrancó con la fuerza de un campeonato de tal calibre como es el enfrenamiento entre los mejores equipos del planeta futbolístico, del universo capaz de unificar a millones de personas ante un espectáculo que levanta pasiones. Con goles, espectáculo y alguna que otra traza de calidad que se fueron deshaciendo a medida que avanzaban los días. La efervescencia del juego se ha ido diluyendo en una segunda fase del Mundial donde apenas se ha visto buen fútbol, con los mejores equipos (o los favoritos de siempre, en este caso) jugando un fútbol rácano, especulativo, estratégico, menguado de belleza, con la única preocupación de no perder más que la ambición de ganar. Signo evidente han sido los raquíticos 26 goles que se han marcado en la fase final desde los octavos hasta la final contra los 122 goles de su ronda de clasificación. Eso sí, un Mundial es un Mundial, por encima de cualquier cosa terrenal. Y como tal, ha sorprendido, emocionado, divertido, aburrido, emocionado, intrigado, dolido… Todo aquello que reúne un campeonato que tiene que esperar otros cuatros años hasta que llegue Sudáfrica 2010 para hacer soñar al universo que adora y disfruta el deporte rey.
LO MEJOR DEL MUNDIAL.
.- La vistosidad del Mundial en sí; con sus espectaculares estadios, sus aforos hasta la bandera, su ‘fair play’ y su aparente buena organización e infraestructura. Tampoco se han producido incidentes destacados, por lo que todo ha salido a pedir de boca. Alemania 2006 ha transmitido en todo momento la sensación de fiesta ecuménica.
.- Equipos como, por ejemplo, Portugal, Argentina, Francia, Italia y en menor medida Australia, Ecuador o Ghana, entre otros (todos ellos desde una visión subjetiva) han demostrado que para jugar este deporte se requiere disposición, equidad, concentración y definición. Ha sido una pena la inocencia incauta de los equipos africanos que han demostrado su potencia física y se configuran como una alternativa para el fútbol del futuro.
.- Goles: el portentoso remate de Maxi Rodríguez contra México en los octavos de final, en el minuto 98, elegido, como no podía ser de otra manera, como el Mejor Gol de Mundial. El de Cole en el minuto 35 contra Inglaterra en el último partido de clasificación del grupo B contra Suecia. El inaugural de Lahm encontrando la escuadra en el gol mundialista más temprano en el minuto 6 frente a Costa Rica.
.- Jugadores destacados: Buffon, Patrick Vieira, Cannavaro, Ayala, Zidane, Ballack, Klose, Maniche, Cristiano Ronaldo, Kakà, Gerrard, Carles Puyol, Maxi Rodríguez, Rafael Márquez, Agustín Delgado, Luis Valencia, Podolski, Ljungberg, Robben, Crespo, Kewell, Philipp Lahm, Thuram… y otros tantos que se me olvidan.
.- El descubrimiento de dos talentos como Grosso y Ribery, por destacar a dos de los finalistas.
.- Un partido destacado: Ha habido pocos, pero cabría destacar (a modo subjetivo) el vivido el 22 de junio entre Croacia y Australia en la última fase del grupo F. La emoción del choque colocó en diversos momentos del partido a uno y a otro como segundo de grupo. Al final, Australia fue quien pudo jugar (y perder de modo injusto) contra Italia en octavos de final. Por cierto, que Guus Hiddink supo en primera persona lo que era que te robaran un partido en el último minuto, viviendo esta misma desagradable experiencia hace cuatro años cuando su Corea (en complicidad con el egipcio Ghandur) eliminó a España de forma injusta.
.- La omnipresencia de Beckenbauer en casi todos los partidos del mundial. Ha sido capaz de ver un partido en Dortmund a las 17 y tener tiempo para estar presente a las 21en otro que se disputaba en Leipzig.
.- El trío ‘Andrés Montes - Julio Salinas - Antonio Esteva’ de La Sexta; desde este Abismo se abría la incógnita sobre la eficacia de Montes para retransmitir los partidos de fútbol más importantes del Mundial. Y es que Montes no es un comentarista para todos los gustos. Ha quedado claro que lo suyo es la condición de ‘showman’, de hombre capaz de levantar odios y pasiones con su humor, su desgarrada voz y su persistente verborrea saturadas de frases creadas, improvisadas e hilarantes. Por supuesto, Carlos Martínez y Julio Maldonado "Maldini" (mejor no hablar de Maradona) son más profesionales y analistas en sus retransmisiones, pero el bueno de Montes encontró la figura de Salinas y el apoyo de Esteva creando un equilibrio que han delimitado una forma heterogénea de ver y vivir el fútbol.
Cada partido ha sido un ‘show’ y las expresiones de Alemania'06 ya forman parte de la memoria colectiva de todos los que hemos seguido el mundial a través de la tele de Milikito: “Tiqui-Taca”, “Eso no es un balón, es una sandía”, “Tiburón Puyol”, “¿Dónde están las llaves, Salinas”, “Pegamento Gattuso”, “Qué suerte tiene tu mujer, Salinas”, “Necesitamos ternura”, “Somos como los Sirex, que cada día hace un bolo”, “Qué bien te lo pasas, Salinas”…Y la más apoteósica, refiriéndose a Mr. Gayumbos (Ljungberg), “Yo, como dice el lema, vestido un señor, desnudo, un chimpancé". Un ‘crack’ este Montes que divide al público con su inconfundible estilo. Le echaremos de menos. Suerte que le tendremos de vuelta el 19 de agosto en el Mundial de Basket de Japón. Gracias Montes, porque nos ha hecho ver que la vida puede ser maravillosa y el fútbol es una pasión de multitudes.
LO PEOR DEL MUNDIAL
.- La segunda fase, en general.
.- La pobre actuación del Brasil de Parreira. Los ‘canarinhos’, salieron con el distintivo de favorito absoluto para ganar el Mundial y han dejado una imagen de equipo descompensado, donde sólo ha brillado alguna puntual actuación individualista de su nutrido frupo de estrellas. Para un país acostumbrado a dar espectáculo y goles, este campeonato ha sido el desastre burócrata y acomodado de un combinado que parece haber cerrado una etapa. Nos quedamos sin el ‘Tiqui Taca’ que nos prometieron.
.- La realización tendenciosa y descarada realización de la televisión alemana. Todavía estamos esperando ver la mano que se produjo en el área rival en el partido de cuartos contra Argentina. Hubiera supuesto el gol que hubiera dado la victoria al equipo de José Peckerman.
.- La selección española, que ha demostrado una vez más que lo que se da en nuestro país es el fútbol de clubes, a un nivel infranqueable, pero que en colectividad sigue sin ofrecer mucho que apreciar. Deslumbró ante Ucrania, remontó sorprendiendo con su juego a Túnez y exhibió su peor rostro frente a Arabia. Equipillos a los que la selección de Luís Aragonés (que juró que si no llegaba hasta cuartos abandonaría “la Roja”) está acostumbrada a ganar. A la hora de la verdad, España hizo lo de siempre: crear ilusión y arrebatarla con la misma facilidad que la provocó. Dentro de cuatro años, todo el mundo está avisado.
.- El pisotón testicular de Wayne Rooney a Ricardo Carvalho y sus posteriores declaraciones contra Cristiano Ronaldo.
.- La plomiza frase de Chus Carrillo “Balón dividido” en La Sexta, utilizada como recurso a cualquier acción deportiva en el que el esférico no estuviera en posesión de algún jugador . Por el contrario, la sorpresa fue el criterio de un “Chapi” Ferrer moderado y bastante acertado en sus reflexiones.
.- No saber si este era o no el Mundial de Leo Messi, ya que Peckerman no le ha dado la suficiente confianza para demostrar su innegable talento. Ha sido la incógnita de este campeonato.
.- Ver a Zidane perdiendo el control del juego con una descontrolada reacción que perdurará como una imagen recursiva de este mundial.
.- Algunos de los arbitrajes, como siempre.