martes, 6 de junio de 2006

666, the Number of The Beast

El incontrolable poder de SATANÁS
Hoy, el día 6/6/6, se vuelve a poner en primera línea la temida figura del Maligno, todo un género dentro del Séptimo Arte.
La figura del Demonio, como icono de todo un subgénero en el cine de terror, ha gozado desde el origen del cinematógrafo de una constante revisitación situada en el Averno, como analogía de la aparición del Señor del Mal en la tradición religiosa, donde el Ángel Caído representa para los humanos el señuelo para impedir el acercamiento entre Dios y los hombres. Satanás, ese ente polimorfo, sugerente y fascinante, ha servido para estimular la imaginación del ser humano, atraído por el lado más oscuro del Mal, intentando a su vez, mediante el cine, descifrar sus formas, su recóndita personalidad y la extraña persuasión que despierta en el hombre. Desde que Murnau estudiará la figura del Maligno en la célebre adaptación del ‘Fausto’, de Goethe, (y su prosecución en ‘Nosferatu’), el Séptimo Arte se ha visto invadido por cientos de Beliales personalizados en diversas historias en las que el Mal ha sido la constante por la que se mueve un género creado a su imagen y semejanza.
El tormento vital y la angustia del inconformismo han servido en distintas versiones de ‘Fausto’ para ofrecer el pacto con un Demonio convertido a funcionario de la destrucción en películas como ‘El ojo del Diablo’, de Bergman, ‘El hombre que vendió su alma’, de W. Dieterle, ‘Faustina’, de Sáenz de Heredia, la japonesa ‘Kuroneko’ y la obra maestra ‘La noche del Demonio’, de Tourneur. En estos casos, la tentación se expone en términos de libertad para elegir, para vender el alma a Satán, para servir al Señor de los Infiernos de modo ascético, gracias a la concesión de las más diversas pretensiones llevadas por la avaricia, como en ‘El misterioso Dr. Capris’, donde lo que se vende es la, nada más y nada menos, que la sombra. Otra visión del Maligno está en ‘Häsan’, de Ben Christenesen una de las primeras visiones de la relación del hombre y Mefistófeles, a las que siguieron por esta derivación ‘artística-filosófica’ los clásicos ‘El diablo dijo no’, de Lubitsch, ‘El diablo, probablemente’, de Bresson y ‘Poder Maléfico’, de Oliver Hellman, entre otros.
Precisamente ésa tentación, ésa forma de seducción que atrae hacia lo más profundo del Báratro fue magníficamente reflejada por el maestro Buñuel en ‘Simón del desierto’, mostrando a un Sammael maligno de forma poliforme, desde una lasciva niña lolitesca hasta una oscura personificación de Dios. Espléndido ejercicio de estilo y precepto indispensable de posteriores versiones sobre este inquietante tema. Es innegable la aceptación del Demonio, del interés que despierta su figura. Su Historia y su oscura incitación, buscando el lado más perverso de la sociedad, han llevado a ésta al deseo de verlo e imaginarlo. Y el cine (como antes otros artes) le ha proporcionado este deseo. Por ello, el género de terror (habitualmente) ha mostrado poderosos aliados de la sombra, cuerpos inocentes que han servido a Belcebú para manifestarse ante los ojos del mundo.
La bestia ya no era el monstruo, no tenía cuernos, ni tridente. Satán era el propio ser humano poseído por su espíritu. Filmes de culto como la imborrable ‘El exorcista’ (I, II, III y IV)', de Friedkin, y sus secuelas, mostraron el horror en su expresión más cruda, en las que se incluía un mensaje apocalíptico, en forma de augurio que anunciaba la llegada del Anticristo. Así como en ‘La profecía’, de Richard Donner o en la secta que utiliza el primer vientre de alquiler del cine encarnado por la dulce Mia Farrow en la angustiante ‘Rosemary’s baby’, de Polanski que más tarde vería la jugada satánica repetida en ‘Satán, mon amour’, de Paul Wendkos.
Desde entonces, el Demonio ha tomado diversas caracterizaciones en el Séptimo Arte. Lo que antes era intuido por el espectador, pasó a materializarse en las más espeluznantes bestias. La posibilidad de enseñar al monstruo, al Mal como engendro del Infierno que vive entre nosotros, nos dio Diablos tan enormes y podersos como el Tim Curry de ‘Legend’, el de ‘Secta Siniestra’, de Steve McCoy, los monstruos de ‘El reflejo del Mal’, incluso en el sempiterno vampiro del ‘Drácula’ de Coppola. Incluso en un imprevisible camión (el ‘deux ex machina’) en ‘Duel’, de Spielberg. Si bien es cierto que la tradición satánica ha cambiado mucho desde los tiempos demonológicos del ‘Malleus Maleficarum’, los textos de Urban Grandier o Eliphas Levi y se han transformado de forma peligrosa en el cine, tampoco hay que olvidar las nuevas formas maléficas que ha tomado la figura de Lucifer en el sentido de nuestra propia percepción.
Así, en el ‘Resplandor’ y en ‘El Corazón del Ángel’, todo el Mal deviene de la locura como método de manipulación, de los miedos internos que atormentan a los más débiles. Algo así como si los ‘psycho-killers’ fueran los siervos más entusiastas del propio Satán. O como catarsis existencial a la pregunta “¿qué terrible es la sabiduría que no aporta beneficios a los sabios?”, incluyendo ésta entre líneas la ambición humana y sed de triunfo como nexo de unión entre el hombre y el Diablo, entre la Oscuridad y la Vida, como en ‘Covsekkoga treba ubiti’, de Veljko Bulajic o ‘Pactar con el Diablo’, de Taylor Hackford.
Pero no siempre el cine ha visto a Arimán de forma temible y apocalíptica, ya que existen comedias que no se tomaron muy en serio la tradición demoníaca. Claro ejemplo de ello son ‘El gato negro’, la horrible 'Repossessed' e incluso el perpetuo antihéroe italiano Totto en ‘Totto all’ Inferno’. Curiosa es la versión de Claude Autant sobre el género en ‘Margarita de noche’, mostrando una historia a medio camino entre el terror y el romanticismo. Satanás no podía ser ajeno a nuestro (desconocidísimo) cine español de terror, con clásicos que forman parte del satánico en celuloide y que marcaron época. Es el caso de películas de la talla de ‘Cartas de amor de una monja portuguesa’, de Jesús Franco, ‘La barca del pescador’, de José M. Forn, ‘Las 5 advertencias de Satanás’ (con dos versiones) o la ignorada ‘Macario’, magnífica pieza mexicana de Roberto Gavaldón. Sin olvidar, por supuesto, ‘Más allá del río Miño’, de Klimovski. A toda esta tradición ibérica mesiánica se añade por derecho propio la idea de Álex de la Iglesia de un Satán cotidiano, que nos asedia y nos hace inmunes a la violencia que nos rodea, como demostró en ‘El día de la Bestia’ y la que hay que unir ‘Memorias del Ángel Caído’.
Un siniestro y apasionante itinerario en el que se puede olvidar el ‘giallo’ italiano y sus versiones sobre el mito de Luzbel en obras sangrientas y terribles como ‘Suspiria’, de Dario Argento y ‘El medallón ensangrentado’, de Massimo Dallamano. Todas con el fondo satánico de un fondo reflexivo que hace preguntas sin respuesta para nuestro quehacer diario. Con la llegada de esta década en curso, las cábalas que se manejaron acerca del Apocalipsis y el Fin de Mundo, el cine se centre en el tema con la avalancha de películas milenaristas condensadas en ‘El fin de los días’, ‘Stigmata’, ‘Poseídos’ o ‘La Bendición’. Últimamente el Señor del Mal se ha dejado ver en algunos filmes que adolecen, quizás, de un cercamiento terrorífico eficaz y espeluznante, en filmes que no despiertan el necesario aliento para aterrar; así, ‘The Exorcist: The begining’ (ya sea la de Harlin o la más acertada de Schrader), ‘Constantine’, ‘La Pasión de Cristo’ o ‘El Exorcismo de Emily Rose’ parecen sugerir que el hombre actual no le tiene mucho miedo al Demonio, ridiculizándolo con sorna en películas como ‘Little Nicky’ o ‘Al Diablo con el Diablo’.
Llegados estos tiempos de involución, de estupidez retrospectiva y de una sonada acultura, no es extraño que la Hecatombe, la sangre, la redención y los aforismos teologales acerca del Ángel Caído sean elementos inherentes a un género de terror, cada vez más aleccionador, utilizando la máxima expresión del terror y el Mal de tal manera, que ha acabado por dar a la cinematografía un subgénero propio en el que Lucifer reina como Dios en las películas de Santos. No hay escapatoria, es inalterable, la llegada del Anticristo es perentoria, tratad de ganaos un sitio en el Reino del Señor porque el Juicio Final está cerca. Tal vez hoy, día 6 del sexto mes de 2006. Al menos, Hollywood así nos lo hace ver recuperando, de un modo desigual, el género por el que muchos han rezado: el terror. Preparaos para pasar miedo, porque hoy nace el Anticristo, y no en la nueva versión de ‘La Profecía’, de John Moore, sino que en algún lugar del mundo, un pequeño vástago esconde en su nuca el número de la Bestia y espera su momento...