lunes, 29 de mayo de 2006

'Saw II', más de lo mismo

Sin ser muy amigo de su primera parte, pero reconociendo sus evidentes virtudes, ‘Saw II’, retoma las armas que hicieron de su antecesora un inesperado éxito de taquilla hace un par de años; es decir, el obligatorio recurso de montaje frenético, de ritmo basado en sus constantes fogonazos, enardecidas imágenes y mareante cámara que devienen en émulo de videoclip para enmendar otro tipo de errores y deficiencias. La sofisticación formal no es más que otro de los muchos recursos utilizados en esta nueva pesadilla del retorcido ‘psycho-killer’ Jigsaw (inquietante Tobin Bell), que tiene como eje un escenario ampliado de su primera parte, con más personajes encerrados luchando por sobrevivir a las trampas de una trama engañosa y llena de juegos que desvían la atención del público al puro efectismo formal y argumental.
El éter desagradable y el ‘grand guiñol’ siguen siendo el mayo atractivo de un filme que va agotándose poco a poco y que deja una sensación de telefilme debido a su paulatino agotamiento, pero que logra imbuir de cierto interés en la reiteración de elementos que suponen la esencia de la saga; como un sadismo moderado, cierto ‘gore’ sangriento, perpetuo juego de falsa apariencias (físicas y morales) e inacabables giros inesperados, sobre los que circula un guión encaminado única y exclusivamente a esa esperada sorpresa final. Por eso, ‘Saw II’ tiene la virtud de no desnaturalizar su mensaje ni engañar a nadie con sus trazados argumentales. Es un cruel entretenimiento de terror moderno con alguna que otra secuencia que quedará en la memoria colectiva (sobre todo las que incluyen jeringuillas o cristales) que, a pesar de su ímpetu por rizar el rizo y no conseguirlo, es tan solaz e idiotizante como olvidable.