viernes, 19 de mayo de 2006

The Da Vinci Code's Day

Pues una vez vista, la verdad es que si ‘El Código Da Vinci’ es insuficientemente nula lo es no por el material de Brown (que como idea hasta puede ser interesante), sino por un guión paupérrimo y contraproducente de Akiva Goldsman (trata al espectador poco menos que como si fuera imbécil -algo que dejaba ver el escritor multiventas-) y por la depauperada y roñosa visión comercial de un Ron Howard en horas muy bajas.
Si se podía afirmar que este señor había logrado rebajarse hasta los abismos de lo ínfimo con ‘Una mente maravillosa’, lo de ‘El Código Da Vinci’ no tiene nombre; el capricho ha querido que la película se identifique en lo peor de la novela, en sus despropósitos casuales, en los hallazgos a respuestas imposibles encadenadas en una sucesión de disparates que no hay por dónde cogerlos. No hay intriga, el ‘thriller’ es exiguo y la acción brilla por su ausencia. El recurso del ‘flashback’ refulgente es exprimido de una forma tan abusiva, que a mitad de la película, en vez de evocaciones aclaratorias del pasado, el espectador asiste, poco menos, que a una consecuión de ‘gags’ humorísticos de dudosa gracia.
En lo referente a la pareja Hanks-Tatou… mejor pensar que sus abultados cheques les han abstraido, dejando para sus filmografías sus peores y agravantes interpretaciones.
Muy lamentable todo.
Un fenómeno de dudosa calidad
Hoy, millones de personas, llevados por el ímpetu literario ‘mainstream’, de lectura impuesta por la moda, asistirán al cine sólo para sentir el placer de pronunciar una frase que jamás han podido enunciar pero que han oído en multitud de ocasiones. Hoy, sus vidas, tomarán otro rumbo intelectual diferente, inscrito en una modalidad de erudición desconocida para ellos. Hoy, cuando salgan del cine habiendo visto ‘El Código Da Vinci’, por fin, podrán decir con cierto desdén aquello de “pues a mí me gustó más el libro”. Y lo repetirán hasta la saciedad en círculos de amistades que, como ellos, coincidirán en su aparentemente versada deliberación sobre la película de Ron Howard. No sólo eso, sino que la providencia hará que, por un casualismo afortunado, tengan razón en la exposición de sus argumentos acerca de porqué el libro de Dan Brown está mucho mejor (si es que esto puede decirse así, debido a la nula calidad del libro) que el filme que hoy se estrena poco menos que universalmente.
La polémica ha formado parte de la promoción de ‘El código Da Vinci’ desde que apareció publicada en mayo de 2003. Las alusiones negativas a ciertos estamentos de la Iglesia y de la secta Opus Dei levantaron ya una airada protesta por parte de los católicos más intransigentes y ultraconservadores. También se vio empañada, allá por febrero, por una demanda de plagio que, a buen seguro, fue otro ardid promocional, ya que los tratados y teorías ‘El enigma sagrado’ (‘Holy Blood, Holy Grail’ o ‘Santa Sangre, Santo Grial’), de Michael Baigent y Richard Leigh junto al historiador Henry Lincoln, de los cuales reprodujeron partes en el libro de Dan Brown fueron publicados por la misma editorial que la novela multiventas. El caso era que el filón ‘Da Vinci’ no se extinguiera en ningún momento.
La película no iba a ser menos y las protestas incrementaron la publicidad del filme de Howard cuando el Opus Dei lanzó un absurdo y poco inteligente manifiesto solicitando a los productores que dejaran bien claro antes y después de la película que “todos los personajes de la película son ficticios y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”. Posiblemente, la iniciativa más ridícula vista en muchos años. Pero hubo aún hubo más censura. La iglesia de San Patealeo, en Roma, que está siendo restaurada, dejó ver durante algunos días una lona con el ‘teaser-poster’ de la película. El párroco Adolfo García Durán, protestó amargamente por el indecente acto de provocación de la productora que retiró el enorme cartel, asegurándose así una noticia a nivel mundial.
A pesar de la contrastada impericia como escritor del autor y de la similitud intencional con ‘El péndulo de Focault’, de Umberto Eco, el libro de Dan Brown ha sido uno de los éxitos editoriales más gigantescos de todos los tiempos. Un fenómeno insólito el de esta novela manufacturada para vender. Una trama policíaca a modo de inquietante ‘thriller’, conexiones políticas y religiosas, personajes estereotipados, conatos de trascendencia filosófica y una escritura plana para que todos pudieran entenderla sin perderse se unieron a un innegable atractivo a lo Indiana Jones, el del catedrático aventurero Robert Langdon, el hombre que descubre que el Santo Grial no es una copa, sino el nombre oculto de María Magdalena y que las Cruzadas no fueron más que hordas de mercenarios que buscaban destruir los documentos que revelaban la enigmática verdad sobre esta buena mujer y su relación con Jesucristo. Puede parecer interesante a primera vista. Incluso una obra maestra para los neófitos o lectores fáciles de convencer. Pero nada más lejos de la realidad.
Desde hoy, todos aquellos que no hayan leído acerca del Priorato de Sión y que no sepan que el elemento clave y revelador de todo se encuentra en el apóstol que ocupó la derecha de Cristo en ‘La Última Cena’, de Leonardo Da Vinci, no es otro que María Magdalena, están de enhorabuena. Todo, porque Hollywood se ha encargado de descifrar ‘El código Da Vinci’ en la película de Ron Howard, con Tom Hanks, Audrey Tatou, Jean Reno, Paul Bettany e Ian McKellen en un producto que ha sido, literalmente, pisoteado por la crítica en el festival de Cannes que ha dejado las siguientes perlas para la posteridad:
.- “Podría haber sido un fascinante ‘thriller’ de aventuras, pero no es así. Melodramática, excesivamente larga y en ocasiones muy aburrida, este ‘El Código Da Vinci’ de Ron Howard se pierde por pretenciosos laberintos a modo de rompecabezas”.
Urban Cinefile Critics, Urban Cinefile.
.- “Mazazo de suspense, mediocre y pomposo”.
JoBlo, Joblo's Movie Emporium.
.- “Absurda amalgama de mitos históricos y simbología religiosa. El ‘thriller’, como tal, no funciona y resulta un melodrama muy poco flexible y demasiado estirado”.
Kirk Honeycutt, Hollywood Reporter.
.- “Película agobiante hasta el extremo que, sin ser muy aburrida, desaprovechando la novela y todo el material provocador”.
Todd McCarthy, Variety.
.- “En realidad, ‘El Código Da Vinci’ no funciona porque, en última instancia, esta adaptación sin vida revela que su estropicio está en su origen, en la pésima novela de Dan Brown”.
Joe Utichi, Filmfocus.
.- “152 minutos de proyección en los que la película da vueltas y vueltas sobre sí misma, provocando por momentos la sospecha de que pudiera tratarse de una historia interminable. Lo que al principio tiene el encanto de un dinámico filme de aventuras, va dando paso a una peripecia enrevesada y confusa”.
Diego Galán, El País (leer).
.- “Mediocre y olvidable criatura. Se limita a ilustrar sin magnetismo, poderío ni convicción, con un tono grandilocuente y que acaba pareciéndote rutinario, con escaso sentido de la atmósfera, un best-seller literario que se supone va a mantener su inagotable filón de oro al traspasarlo al cine”.
Carlos Boyero, El Mundo (leer).