miércoles, 24 de mayo de 2006

'2001. Una Odisea del Espacio': La Historia de la Humanidad

En 1968, se estrenó ‘2001: Una odisea del espacio’, el título destinado a revolucionar tanto la visión de Stanley Kubrick respecto al cine, como al propio cine en una concepción artística y visual inaudita hasta la fecha, difícilmente explicable antes de llevar a la pantalla esta compleja fantasía basada en el relato de Arthur C. Clark ‘El Centinela’.
Esta obra maestra, más allá de cualquier concepción genérica, es, por encima de cualquier otra consideración y sin oposición alguna, el film que más debates ha levantado y sobre el que más se ha escrito en toda la historia del Cine. Tanto, que todavía hoy sigue siendo objeto de inextinguibles controversias. Espléndida y apasionante para unos, insufrible y pretenciosa para otros, continúa calificada por el momento como el filme de Ciencia-Ficción más importante realizado hasta la fecha debido a todos los interrogantes sobre las cuestiones existenciales que despierta su enrevesada trama; el Monolito como efigie metafórica de un Dios omnipotente y creador o de contribución evolutiva indirecta que puede aludir a significaciones alienígenas, la trágica muerte de HAL, una máquina más humana que los componentes de la misión espacial, un viaje involutivo que da como consecuencia el hijo de las estrellas que vuelve en el eterno retorno a la Tierra o la vida (según diversas perspectivas) o la digresión que apuntala que ninguna civilización puede sobrevivir a su tecnología, el mito de Prometeo… Diversas teorías que exponen claves para combinar con sus dispositivos una réplica específica a las grandes cuestiones existenciales del ser humano.
Épica cinta centrada en la historia de la Humanidad, desde el nacimiento de la Prehistoria, con esa inolvidable y larga secuencia inicial en la que un primate del pleistoceno acaba lanzando un hueso al vacío con el corte de ‘Así habló Zaratustra’, de Strauss, en una elipsis de importancia relevante dentro del cine moderno, hasta el espacio, un futuro confuso que presenta un ejemplar y bucólico retorno a los orígenes interpretado en la transmutación de Bowman, primero en un nonagenario, después en un feto nacido del Padre Muerto que regresa corregido al cosmos infinito o tal vez convertido en una nueva inteligencia superior…
Una historia de la Humanidad críptica y metafísica, filosófica y alegórica, utilizada por Kubrick como una lectura y lección de índole moral. Algo así como un asombroso viaje utópico que simboliza (entre la multitud de interpretaciones escritas al respecto) una denuncia a la brutalidad cruel y atroz del mundo contemporáneo en un futuro nada alentador que está por venir, pero que de alguna manera, se está gestando desde el inicio de los tiempos.