miércoles, 19 de abril de 2006

Review 'Revolver'

Desafortunada y fallida jugada
Guy Ritchie recupera los sórdidos ambientes de ‘Losck & Stock’ y ‘Snacth’ pero con pretensiones dramáticas adulteradas por un exceso de trascendencia.
‘Revolver’ es la nueva película de Guy Ritchie después del escandaloso y merecido fracaso ‘Barridos por la marea’, rancia perspectiva de la inagotable guerra de sexos protagonizada por su mujer y musa Madonna. Un despropósito extremo que forjó algunas de las peores críticas del cine contemporáneo. Antes, Ritchie se había granjeado algunos fieles seguidores con dos curiosas obras como ‘Lock & Stock’ y ‘Snatch’, muestras de un estilo propio con profusión de piruetas visuales subvertidas en unos recursos expresivos que, en manos del cineasta, no sólo llevaron su humor y cinismo a un extraño entorno de denuncia social típicamente ‘brittish’, sino que su pericia se conmutó en furibunda armonía donde la imagen de ritmo enloquecido y el tono intrínseco hicieron de su narrativa un ejemplo de hiperbólico exceso. Su uso del montaje, los efectos de ‘slow motion’, ‘split-screen’, la cámara al hombro o las angulaciones extremas no pasaron desapercibidas en su irreverente forma de trazar tramas situadas en los ambientes gangsteriles de los bajos fondos londinenses.
‘Revolver’ regresa a ese mundo, a la fusión de géneros, al ‘thriller’ renovador que esta vez se sumerge en las procelosas aguas del oscuro negocio que es el del juego y las apuestas, donde no faltan las mafias, las dobles venganzas y la lucha de poderes. Para esta (vayamos diciéndolo ya) fallida rotación al género que tanto domina, Ritchie recupera a su actor fetiche Jason Statham, que da vida a Jake Green, un tahúr ex presidiario que consigue humillar a Macha, un jefe mafioso dueño del casino más importante de la ciudad. Macha, por supuesto, mandará eliminarle, pero Jake recurre a los hermanos Avi y Zach para que le protejan en sus últimos días, ya que Green sufre una terrible enfermedad terminal. A partir de ahí, Green y sus dos nuevos cómplices lograrán que los capos asiáticos y los hombres de Macha se enfrenten en una guerra sin cuartel.
De entrada, ‘Revolver’ se toma demasiado en serio a sí misma, gracias a un Ritchie que abandona su frenetismo fabulesco para describir un extravagante universo delincuente casi surreal y tremendista que se convierte en un plomizo muestrario de progreso psicológico tan pretencioso como desconcertante, donde no faltan apotegmas filosóficos de Julio César, Niccolo Machiavelli o esa regla constante del ajedrez (“la única manera de volverte más listo es enfrentándote a alguien listo que tú”) que salpican esta cinta donde el destino es tan importante y los combates de voluntades enfrentadas discurren en un plano mental esquizofrénico que va creciendo a lo largo del filme. En ese ámbito subrayado del fatum, la providencia hace que el protagonista no muera antes de completar una misión (¿divina?) que tiene, ineludiblemente, que cumplir.
Desprovista de interés, ridícula por momentos, más autoindulgente que inteligente, Ritchie apuesta por todo tipo de mixturas visuales, desde su variación en tres situaciones alternativas en una misma secuencia, el consabido ritmo a modo de rompecabezas, inserción de dibujos animados alegóricos a quién sabe qué, fragmentos en plan documental o sus habituales ralentís trascedentalizados por una majestuosa música clásica.
‘Revolver’ juega a despistar, a abrir diversos vasos comunicantes que desorienten al espectador para enaltecer así en su tramo final una dosis de locura, de crisis de personalidades que evocan a ‘El club de la lucha’, de Fincher, a esos artificiosos finales de ardid que responden a la única respuesta por la que se ha erigido este desacertado filme. Enardecido y desequilibrado en su énfasis de sorprender, Ritchie busca una nueva vuelta de tuerca que acompañe a su juego visual y la encuentra en la locura de unos desconcertantes ‘offs’ a modo de interrogaciones, de estrategias que subyacen con el único propósito de desnaturalizar y alterar la realidad y la ficción, de lo que sucede en los subtextos y de lo que realmente desfila ante nuestros ojos.
Ritchie procura que la gravedad y circunspección que rodea a sus personajes se enfatice y arrastre a toda la acción anterior y posterior al encuentro entre Green y Macha en su lujosa suite. Y es esa actitud de constante prosopopeya la que convierte a ‘Revolver’ en un producto que resulta infumable. Si a eso, añadimos que el dramatismo se apoya en el rostro hierático de Statham y en el histrionismo desmesurado de Ray Liotta (en un pesonaje pensado para Mickie Rourke), la cosa acaba por resultar poco menos que bochornosa.
Tan sólo hay un personaje que merece la pena destacar en el lamentable guión y consecutivo desatino de Ritchie, se trata de Sorter (Mark Strong), el frío asesino, imperturbable francotirador con presentimientos, que despierta su crisis de conciencia cuando los matones para los que trabaja amenazan con una pistola a la sobrina de Green, humanizando a la bestia, como el ‘Leon. El profesional’ de Luc Besson, curiosamente guionista y productor del filme. Un filme de casualidades, redenciones, venganzas e incógnitas especulativas y sin respuesta, donde se encuentra la clave de la última y desafortunada propuesta de Ritchie.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2006