miércoles, 12 de abril de 2006

'Pulp Fiction', según Roger Ebert

* Toda la película ‘Pulp Fiction’, de Quentin Tarantino, está conducida por diálogos de tan alta calidad que se podrían comparar con otros maestros de la prosa, escueta y dura, desde Raymond Chandler hasta Elmore Leonard. Como ellos, Tarantino encuentra una manera de hacer que las palabras tengan humor sin ni siquiera buscar la comedia. Como ellos, combina una prosa eficaz con fragmentos de desabrida poesía y maliciosa imaginación.
Pensemos en una escena concreta, no muy mencionada en los debates sobre la película. El boxeador profesional Butch (Bruce Willis) acaba de matar un hombre en el ring. Vuelve a la habitación de motel que ocupa con su novia, Fabienne (Maria de Medeiros). Ella dice que ha estado mirándose en el espejo y que quiere tener barriga. «Ya tienes una —le contesta él, acurrucándose cerca de ella—. Si tuviera una, llevaría una camisa dos tallas inferior, para que se notara más.» Un poco más tarde, observa: «Es mala suerte que lo que encontramos reconfortante para el tacto y atractivo para el ojo, rara vez sea la misma cosa». Es un diálogo estupendo (escogido al azar). El diálogo viene en un momento de desesperación para Butch. Está de acuerdo en abandonar el combate, secretamente apuesta por sí mismo y gana. Hará un montón de dinero, pero solamente si se escapa de la venganza de Marsellus Wallace (Ving Rhames) y sus sicarios, Jules y Vincent (Samuel L. Jackson y John Travolta). En una película de menor calado y discurso fácil, en esta escena el diálogo hubiera ido marcado por la acción; Butch habría explicado a Fabienne lo que él y ella, y nosotros como espectador, ya sabíamos. En su lugar, Tarantino utiliza una conversación aparentemente irrelevante para establecer su personalidad y la relación entre ellos. Su diálogo está siempre interrelacionado.
Es la estrategia de Tarantino en todas sus películas, hacer que los personajes hablen en momentos precisos de la acción o que hagan lo que les dé la gana. Recordemos la primera conversación entre Jules y Vincent, cuando están de camino para asesinar unos estudiantes que han ofendido a Wallace y se han apropiado de su maletín. Hablan de las leyes sobre drogas en Ámsterdam, cómo se llaman las hamburguesas en París y el grado de intimidad sexual que implica un masaje en los pies. Finalmente Jules dice: «Entremos en situación» y se introducen en el apartamento.
Los diálogos de Tarantino no son simplemente caprichosos. Hay toda una metodología detrás. La discusión sobre el porqué los ‘Cuarto de libra con queso (Quarter Pounder)’ se llaman ‘Royale con queso (Royales)’ en París es retomada, unos minutos más tarde, en una tensa discusión entre Jules y Brett (Frank Whaley) conversando con una Big Kahuna en las manos. También se retoma la historia en la que se habla acerca de que Marsellus hizo que un hombre fuera lanzado desde un cuarto piso por haber dado un masaje en los pies a su esposa Mia Wallace. Tarantino está preparando el terreno dramático para una escena en la que Vincent se lleva a Mia Wallace (Uma Thurman) a un restaurante, por orden de su jefe. Cuando Mia, accidentalmente, se toma una sobredosis, Vincent la lleva a su ‘dealer’ habitual Lance (Eric Stolt), que la devuelve la vida con una inyección de adrenalina en el corazón. Esa escena empieza también con diálogos que parecen divertidos cuando en realidad están preparando el terreno.
Conocemos a la novia de Lance, Jody (Rosanna Arquette), que lleva piercings en las partes más inverosímiles y que habla sobre el fetichismo de los piercings. Tarantino está preparando su conclusión. Cuando la aguja atraviesa el corazón, se espera que sea uno de los momentos más atroces de la película, pero el público, curiosamente, siempre ríe. En un análisis plano a plano en la Universidad de Virginia, descubrimos la razón.
Quentin Tarantino nunca nos muestra la aguja penetrando el pecho. Corta a planos donde los personajes que rodean a Mia reaccionan al golpe, gritando. Jody dice que ha sido todo un «viaje». Entendemos que, para una mujer con tantos agujeros, aún le faltaba por descubrir el último piercing posible. El lenguaje corporal y los diálogos acogen una escena grotesca y la convierten en comedia negra, pero genuina. Todo está en el montaje y en los diálogos. También se encuentra, por supuesto, en la desesperación subyacente, motivada por los pensamientos sobre lo que puede hacerle Marsellus a Vincent, ya que matar a la señora Wallace es mucho peor que darle un masaje a sus pies.
La estructura circular y autorreferencial de la película es famosa. El atraco al restaurante que hacen Pumpkin y Honey Bunny (Tim Roth y Amanda Plummer) empieza y termina la película, mientras que las otras historias paralelas entran y salen sin una cronología estricta. No obstante, hay cierta cronología en el diálogo, en el sentido en que éste marca o enriquece lo que viene después. Los diálogos son la prueba de los malabarismos que ha tenido en mente Tarantino desde el mismo principio, porque no hay ni un solo fallo: las escenas no van en orden cronológico, pero los diálogos siempre están perfectamente situados dentro de la película.
He mencionado que la secuencia de la aguja en el corazón termina en poco menos que una comedia surreal. Es el caso en la escena donde los secuaces matan por accidente a Marvin (Phil LaMarr), uno de los pasajeros del coche. El interior del coche está repleto de sangre cuando el Sr. Lobo (Harvey Keitel) es llamado para arreglar la situación: recordamos mucha más sangre que la que de hecho vemos, eso es porque la escena no paraliza la película. Las escenas con sangre son en las que el Sr. Lobo puede desarrollar mejor su trabajo, y son divertidas porque son un hecho. La película contiene escenas de violencia repentina y brutal, como cuando Jules y Vincent abren fuego en el apartamento o cuando Butch se vuelve «medieval» (la palabra preferida de Marsellus) con los chicos que visten cuero. Tarantino utiliza planos largos, sorpresas, recortes y el contexto del diálogo para hacer que la película parezca menos violenta cuando tiene todo el derecho a serlo.
Howard Hawks aportó una vez la definición de una buena película: «Tres grandes escenas. Ninguna escena mala». Pocas películas recientes tienen tantas buenas secuencias como ‘Pulp Fiction’; comedia musical (Vincent y Mia bailando en Jackrabbit Slim's), de abrumadoras en su brusquedad (Butch volviendo a su apartamento y sorprendiendo a Vincent saliendo de cagar con una revista ‘pulp’), de impecable estilo verbal (el diálogo entre Marsellus Wallace y Butch o cuando el capitán Koons (Christopher Waiken) recita el monólogo al «hombre pequeño» sobre el reloj de su padre)... También hay algunas que parecen deliberadamente planeadas para provocar discusión: ¿Qué hay dentro del maletín? ¿Por qué salen destellos de luz de su interior durante el primer tiroteo en el apartamento? ¿Cita correctamente la Biblia, Jackson? Algunas secuencias dependen enteramente de la actitud (el detalle sin sentido de la limpieza del Sr. Lobo). Muchas escenas tienen un nivel adicional de interés porque los personajes temen represalias (Bruce teme a Wallace, Vincent teme a Wallace, Jimmie, el traficante de drogas, quiere que se lleven el cadáver antes que su esposa vuelva a casa).
Vi ‘Pulp Fiction’ por primera vez en el Festival de Cine de Cannes en 1994, donde ganó la Palma de Oro y dominó los debates sobre cine de toda la nación durante al menos los siguientes doce meses. Es la película más influyente de la década de los 90; su descripción cronológica del tiempo se puede apreciar en películas como ‘Sospechosos habituales’, ‘Zero Effect’ y ‘Memento’, no es que la hayan copiado, sino que son muy conscientes de los placeres de jugar con la cronología. Pero no es la estructura lo que hace de ‘Pulp Fiction’ una gran película. Su grandeza viene de su enlace con los personajes originales (esencialmente cómicos) con una serie de acontecimientos vividos e imaginativos y de los diálogos. Los diálogos son la base para todo lo demás.
Viendo muchas películas, me doy cuenta que todos los diálogos están enteramente dedicados a explicar o a profundizar el argumento y no hay ninguna imprudencia en el estilo del lenguaje o del idioma para su propio beneficio. Citaremos cualquier diálogo de ‘Pearl Harbor’ como burla. La mayoría de las conversaciones en muchas de las películas actuales son mortalmente aburridas, ésa es la razón por la que directores sin talento para los diálogos dependen tanto de la acción y de los efectos especiales. Los personajes de ‘Pulp Fiction’ siempre están hablando, siempre dicen cosas interesantes, divertidas, temibles o audaces. La película funciona como un libro leído.
* Fragmento extraido del libro de Roger Ebert 'Las grandes películas', de la Editorial Ma non tropo.