viernes, 17 de febrero de 2006

Tres décadas y un año

Cumplir años puede ser un trago difícil para algunas personas.
El pesar de las primaveras que van cayendo cual hojas marchitas en otoño, la cercanía ineludible de la senectud, los achaques propios del crecimiento maduro encaminado a la edad provecta, las arrugas, la caída del cabello, las canas, el taca-taca, el fascinante mundo de las sondas, la cuñita, el respirador artificial, las partidas de petanca… Todo ello no es más que una gambox artificial que nos colocamos en los duros días en los que uno ha rebasado la treintena y ve que el principio del fin está en marcha.
Pero lo verdaderamente importante es cumplir años con alegría, empezando a asumir que los cumpleaños son una fiesta, una progresión de peldaños hacia el conocimiento de uno mismo, hacia la sabiduría y el respeto por la vida, la felicidad y por el prójimo.
Por supuesto, ésta podría ser la excusa perfecta para un estúpido desorientado en un mundo ideal, una transmutación de Heidi en un universo feliz. Pero no para nosotros.
¿A quién se quiere engañar? Tras la delirante reflexión del año pasado, sigo creyendo que cumplir años es una putada reiterativa y anual en la que uno cae irremediablemente. Una ominosa jornada donde los pocos que se acuerdan de felicitarte lo hacen inmaterialmente, recordándote que eres más añejo y que te queda un año menos de vida, que estás más gordo y cada vez tienes más pelo en la cara y menos en la cabeza. Que estás más cerca del hoyo, en definitiva.
Pero… qué se le va a hacer.
La vida es como un globo de fiesta lleno de helio abandonado en el techo que se va vaciando hasta que cae. Por eso, es mejor dedicar estos momentos a divertirse en plan parranda constante y dejar cosmologías existencialistas para los que se aburren, como este párrafo en sí.
Si uno, por ejemplo, cumple años y recibe de la persona que más quiere en este mundo (que a su vez, es el mejor regalo que le ha hecho la vida) inesperados presentes tan acertados como el libro de entrevistas de Charles Brownstein a Frank Miller y Will Eisner y la versión de cuatro dvd’s de ‘The Frighteners’, de Peter Jackson durante una fiestecilla sorpresa y comprueba en el calendario que tan fútil aniversario coincide con el principio de un fin de semana que huele a constante celebración etílica, qué más da cumplir un año más.

No hay comentarios :

Publicar un comentario