martes, 14 de febrero de 2006

Historias de la trena

Imaginaos por un momento que volvéis a ser unos inocentes infantes con ansias de educación, de ilustración, de prácticas escolares comunes. De esas con vídeos ilustrativos a lo Troy McClure.
Por la puerta entra un señor muy elegante, vestido, posiblemente, de Armani. Lleva el pelo engominado y porte señorial. Coloca en la mesa de la profesora un maletín que abre con aristocrática majestuosidad. Todos os preguntáis, entre miradas cómplices, a qué viene tanto misterio.
- Hola, pequeños amigos. Soy Brett King y vengo de la oficina del Sheriff del condado de Multnomah.
- Hola señor King - contestamos al unísono.
Por supuesto, a todos se nos saltaría la risa (y más si fuera aquí, en España). Bueno, no nos salgamos de esta simpática crónica. Con todo, seguiríamos atentos, porque pertenecemos a una generación arraigada a la educación. Somos cultos, sabemos escuchar y tener en cuenta las palabras que llegan a nuestros oídos. Al menos, a los nacidos antes de 1985.
- He venido a ofreceros una ‘Lección de vida’ que no olvidaréis.- prosigue con contundencia oral.
Esto ya, suena a algo serio ¿no?
A pesar de ello, uno siempre espera que un tipo de estos se baje los pantalones y muestre orgullosamente ufano alguna cicatriz de guerra o saque con interés algún panfleto apologético del ejército.
Pero no.
En seguida nos damos cuenta de que el individuo va muy en serio con eso de la ‘lección de vida’. La profesora Ramona (cuyo nombre es totalmente injustificado si la acción transcurre en Multnomah, pero que me hacía ilusión como reminiscencia propia) apaga la luz y enciende una máquina de diapositivas. Con el fragor ruidoso del aparato fotográfico de fondo uno se pregunta “¿Una película o un documental?”. Sin quererlo, estamos atrapados. Conjeturamos con curiosidad.
“¿Qué será?”.
El silencio es roto por la voz del señor King.
- Este es Hank Lester.- dice el hombre elegante señalando la pantalla.
Observamos a un hombre joven, de semblante infeliz, posiblemente porque, debido a su pose, le han sacado la foto cuando fue arrestado. Todo encaja. Nos han colado una lección disciplinante sobre la cárcel y la delincuencia.
“Acabarás mal” solía decirte tu madre. “Esta ya me la sé, hombre”, piensas.
Pero lo que menos te imaginas es lo que viene a continuación.
- Este es Hank Lester- vuelve a repetir el hombre elegante –seis meses después- concluye con una sonrisa maliciosa.
En la diapositiva se contempla, con estupefacción general, el rostro irreconocible del mismo tipo, con bastantes kilos menos, varias contusiones laceradas en la cara y la mirada perdida. En su rostro ajado, parecen haber hecho mella dos décadas y no los seis meses que ha mencionado el fulano de traje.
Realmente acojona.
“Vale, vale, ya sé por donde van los tiros”, te dices a ti mismo sin poder retirar la mirada del Hank escuálido. Y tras Hank, llega Meredith, a la que todavía se le notan más los destructivos efectos de la cárcel. “¿Qué coño está pasando?”, prosigues en tu tortura interior. Y después, Meredith, Sylvia, Rupert, Horatio… Cada uno con secuelas físicas más visibles y desagradables que el anterior.
Pues bien, algo como lo relatado de forma inmediata e automática (sin sentido, por otra parte) es la nueva metodología que se lleva a cabo en distintos estados de los USA para intimidar a los chavalines de colegio sobre las consecuencias de la delincuencia y la drogadicción.
A los pequeños se les coloca, sin previo aviso, ante instantáneas de reclusos que, llevados por la agonía del correccional, se enganchan a la metanfetamina, que produce en ellos secuelas irreversibles. En Multnomah, por ejemplo, más de cien internos entran cada mes en la enfermería con signos de violencia y raquitismo. Por supuesto, un 85 % de ellos utiliza metanfetamina como método de efugio.
Las advertencias verbales han quedado obsoletas y el poder de la imagen prima para dragar la mente infantil con horribles imágenes que adviertan sobre los peligros que puedan encontrar en su desarrollo como persona es el futuro, amigos.
No lo olvidéis, porque se trata del plan de ‘Faces of meth’.
PD1: Evidentemente, si hubiera colocado imágenes en este post habría perdido toda la gracia.
PD2: A los que esperáis la crítica-review de ‘Munich’, os ruego paciencia. Esta mañana la he dedicado por entero a estudiar y profundizar en toda la etapa del ‘mccarthysmo’ y la ‘caza de brujas’ para un reportaje que me han pedido para mañana. Con lo cual, para meterme de lleno en la historia de los juegos olímpicos del 72 y escribir algo decente (a la altura de lo merecido con respecto al filme de Spielberg), necesito tiempo. Precisamente lo que me falta ahora, que ando con mil asuntos entre manos. Así que perdonad.

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