jueves, 24 de noviembre de 2005

Review 'The Nun (La Monja)'

Bochornoso delirio terrorífico
‘La monja’ es una de las peores películas españolas de los últimos años que, vista como comedia, incluso puede ser divertida debido a lo vergonzoso del filme.
Luis de la Madrid empezó trabajando para Filmax como editor hace bastantes años. Su reconocimiento llegaría con la película de éxito de Jaume Balagueró ‘Los sin nombre’. Desde entonces ha permanecido vinculado a la productora creada por Julio Fernández y Brian Yuzna, la Fantastic Factory. De la Madrid con ello se ha labrado un sólido nombre dentro del mundo del cine gracias a sus montajes en películas de renombre como ‘El espinazo del diablo’, de Guillermo del Toro, ‘Darkness’ también de Balagueró y más recientemente, la internacional ‘El maquinista’ de Brad Anderson.
Para su debut cinematográfico como cineasta, De la Madrid ha escrito y dirigido ‘La monja’, ambiciosa producción de terror que se engloba dentro de la línea de cine fantástico que propugna la Fantastic Factory. La historia es la siguiente: la noche de su graduación, Eva presencia como su madre muere en extrañas circunstancias. Convencida que ha sido asesinada, decide investigar. Pronto descubrirá que antiguas compañeras del internado de su madre en España están muriendo también de forma misteriosa. Acompañada por sus amiguetes, Eva viaja a Barcelona para averiguar lo que está sucediendo. Allí, además de tontear con un guapo seminarista, Eva descubrirá que es la única que puede acabar con la oscura leyenda que rodea a las antiguas alumnas, pues la razón es una presencia fantasmal que está íntimamente ligada a su propia existencia (vamos, que es ella misma). Este es el argumento de una película que destaca entre las demás producciones españolas. Y no por su calidad, si no todo lo contrario.
Es paradójico que De la Madrid defina su horrorosa (y no el sentido genérico) primera película diciendo: “Es una de estas historias que reúne todos los ingredientes para los fans del fantástico y del horror, con vocación de entretener al máximo al público. Tiene una trama muy sólida, que no solo cumple los requisitos propios de un relato de estas características, si no que se permite ciertos guiños y sorpresas que la convierten en una historia muy original”. Hay que ser farsante y embaucador para exponer de esta manera ‘La monja’, cuando uno presenta una de las peores películas que se han visto en los últimos años del apático cine español moderno (no se había visto algo tan tremebundo desde ‘Stranded (Naúfragos)’, de María Lidón –curiosamente, montada también por De La Madrid-). Una cinta que no tiene adjetivos críticos, ni calificativos negativos, ya que estamos ante un auténtico ultraje a la inteligencia del espectador. ‘La monja’ es un improperio, una tomadura de pelo en toda regla, apoyada en un guión que no es ni siquiera reiterativo de los tópicos del género, ni siquiera aburrido (ya que visto como comedia, incluso es divertido –algo tiene a su favor-), sino que expele una necedad insultante, con una historia plagada de pertinaces oquedades y paridas varias, saturado de estulticia, con un progreso narrativo inexistente que hacen de este vejatorio filme el mayor despropósito que se haya visto en mucho tiempo.
Es imposible imaginar a alguien escribiendo un guión de semejante incoherencia, presentándolo a una productora y, no sólo eso, sino siendo producido y distribuido. Es vergonzoso (como ejemplo de muchos), que para De La Madrid sea normal que en una película de terror todo el mundo pueda llevar en su bolso un arpón de pesca o dilucidar en función de los nulos puntos de giro. La teoría del ‘todovalismo’ elevada a la máxima potencia. Pocas veces uno, como público, se puede sentir tan menospreciado por un director. Eso sí, la fotografía de David Carretero aporta al filme una más que digna atmósfera (hay que reconocer que el ambiente visual es inmejorable) que infiere el cuidado necesario para que esta producción esté, sólo visualmente, muy por encima de la media de lo que estamos acostumbrados a ver en nuestro cine. Pero no es suficiente. Para colmo, los intérpretes, en parte considerados prestigiosos (caso de Natalia Dicenta, por poner un caso), están espantosos. Empezando por la guapa de turno que nos somete a su actoral tortura siendo la protagonista total, Anita Briem, una actriz de imborrable gesto hierático que acaba desconcertando y terminando con el descalabro interpretativo de Belén Blanco, Manu Fullola, Tete Delgado u Oriana Bonet que, en su versión original, no hacen más que hacer el ridículo con su impostado y desacertado acento inglés. Tan sólo, curiosamente, Cristina Piaget parece salvarse de tan bochornoso espectáculo. ‘La monja’ es un auténtico y desastroso delirio como pocos.
Miguel Á. Refoyo © 2005