sábado, 12 de noviembre de 2005

Review 'The Devil's Rejects'

Displicente ‘cocktel’ sangriento
Rob Zombie reincide en su temática ‘gore’ para volver a narrar las desventuras de la familia Firefly en una suerte de secuela de ‘La casa de los 1.000 cadáveres’.
El rockero de metal industrial Rob Zombie dejó a un lado su faceta más siniestra en el mundo de la música para probar suerte dentro del mundo del cine sin abandonar esa estética lóbrega y terrorífica que ha caracterizado a este músico. Ya como guionista y director consiguió un inesperado taquillazo con su debut en el género del terror con ‘La casa de los 1000 cadáveres’. Este filme, ahora considerado una película de culto, presentaba a una excéntrica familia, los Firefly, un grupo de reaccionarios psicópatas despiadadamente brutales que se pasaban los días disfrutando del asesinato sistemático y del caos. Zombie fue fiel en esa inspiradora codificación radical que supone el beneplácito de los aficionados a este peculiar tipo de cine pringoso y hemoglobínico. Este reverencial homenaje a los pioneros del gore, Hershell Gordon Lewis y David Friedman, en su propagación del ‘softcore’ e ineluctable ridiculización del ‘redneck’ sureño yanqui y su superioridad frente al ‘hippismo’ de una escarnecida época de estupidez sociocultural amparada en el descubrimiento de nuevas sensaciones, el amor libre y la autonomía intelectual se hizo evidente con esta desequilibrada galería de absurdos personajes que poblaron esta enfermiza visión del patetismo de la América Profunda (incluidos padres, policías y ladrones).
Los Firefly retoman sus andanzas en ‘The Devil’s Rejected’ presentada como una especie de secuela de aquélla, una prolongación de las andanzas de la siniestra familia del ‘psycho-clown’ Spaulding, esta vez con algunos de los miembros supervivientes de la sádica prole; Baby y Otis, el hermano subnormal y la madre que los parió a todos. La trama comienza cuando los Firefly se despiertan una mañana a ritmo de los disparos del Sheriff Wydell (William Forsythe) y un equipo de hombres armados que han rodeado su casa, pero sólo Otis (Bill Moseley) y su hermana, Baby (Sheri Moon Zombie), consiguen escapar ilesos del tiroteo. Escondidos en un motel de mala muerte, los dos hermanos esperan a su padre, el ambulante Capitán Spaulding (Sid Haig), acabando con la vida de cualquiera que se interponga en su camino. Según crece el número de víctimas, el Sheriff Wydell decide tomarse la ley por su cuenta encaminándose hacia un depravado duelo final.
Cierto es que la cinta de Zombie es excesiva (que es lo que se espera de la función por parte de los insaciables ‘gorehounds’) y que ofrece momentos de sadismo en una suerte de reconversión maniquea de posturas encontradas en el género (los buenos son aquí los asesinos sin piedad –personificados todos en el sheriff Wydell- y los malos se descubren de la misma manera en que lo hicieran los ‘Bonnie & Clyde’, de Arthur Penn. Lo cierto es que pese a no dejar indiferente a nadie, el discurso de maldad sangrienta de este rockero metido a cineasta se acaba en seguida. Con largas pausas y vacíos en los que todo es previsible y desvarío sin freno (con momentos brillantes pero en su totalidad tediosos y sin gracia), la acción no parece arrancar nunca, Zombie parece más preocupado de enfocar bien el culo de su señora (la incapaz y lamentable actriz Sherri Moon Zombie) y en buscar planos sofisticados de grúa que en contar una historia que se agota a pesar de su más que interesante subtexto.
Lo que podría haber sido una hábil mezcla de terror a la antigua usanza, humor macabro y suspense, se queda en una sensación de “quiero y no puedo”, de ramplonería fílmica y de olvidable producto de rápido consumo. Sin embargo, lo que sí hay que agradecer a Zombie es que, ya alejado del sentimiento ‘camp’ y surrealista desplegado en su primera película como director, propaga aquí su insolente ímpetu degenerado y pérfido con que se recrea en la ferocidad de sus asesinatos, de su bien llevada atmósfera de demencia criminal y de una resolución cismática en la que el género es recompuesto por su director. ‘The Devil’s Reject’ es un espeluznante retrato de la violencia que no conoce ley, creado por uno de los directores de terror más singulares de nuestros tiempos.
Miguel Á. Refoyo © 2005