miércoles, 30 de noviembre de 2005

Pésimo comienzo del programa de Pepe Navarro

Tampoco voy a explayarme mucho. Aunque conociendo mi divagación caligráfica será difícil.
Vale, sí, Pepe Navarro regresó, estrenó su ‘Ruffus & Navarro Unplugged’ y ha vuelto a encabezar las cotas de audiencia varios años después de su último éxito televisivo. Y lo ha logrado con una media del 20,4% de cuota de pantalla. Nada menos que 1,7 millones de espectadores siguieron la apertura de un ‘late night’ que derivó en algo escandalosamente nefasto.
Una recompensa, el de la máxima audiencia, que dejó uno de los peores programas emitidos en franja horaria nocturna vistos en mucho tiempo. Ni siquiera El Gran Wyoming y su desastroso arranque hace un año pueden equipararse a este bochornoso espectáculo ofrecido por un marchitado presentador incapaz de convidar a un presentable producto que atisbe ni siquiera una promisoria progresión. Pepe Navarro apareció tras unos créditos que recuperaban la sensual figura de una bailarina contorneándose en la sombra. Era el primer indicio de tópico ‘navarresco’. Pero lo peor estaba por llegar, cristalizado en el conjunto de un show sin gracia, carente de espíritu ni ganas, el veterano ‘showman’ se percibió en todo momento negligente con los contenidos, apático en su actitud y displicente con su estreno. Tras un chiste absurdo de una ‘casette’ y unos bolígrafos, empezó el pretencioso conato de reportajes en profundidad, tan vacuos como triviales, trasncendentalizando en el primero de ellos sobre los peligros de la Viagra ilegal con una colaboradora incapaz de decir tres palabras sin equivocarse (y muy fea, todo hay que decirlo).
Después llegaría lo que viene siendo habitual en la cadena pública: imágenes para el recuerdo del genial archivo de TVE. Otro tópico que descubre la carencia de ideas de los paupérrimos guionistas (si es que los hay) de este programa. Tras esto, llegaría la sosa entrevista a Joaquín Cortés y su actuación, un reportaje con cierta gracia sobre los distintos tipos de familia (a destacar una gorda horrorosa que vivía con su marido Navarrete y su amante Dionisio), estúpidas encuestas en la calle sobre preguntas varias sin interés alguno o la bochornosa sección de Rosa García Caro sobre sexo. Nada nuevo, todo anticuado y mohoso. Morralla de relleno en un espacio sin ideas.
Vale que Papelu (Carlos Iglesias), Crispín Klander (Florentino Fernández –uno de los mejores humoristas de este país-), Rambo (Santiago Urrialde) e Igor (Ferrán Botifoll) devolvieron la nostalgia de aquél ‘Mississippi’ que algunos recordamos con cierta admiración, incluso revitalizando con sus ‘gags’ el programa, pero fue un momento efímero, pasajero. Y más sabiendo que sólo ha sido colaboración de un día. La presentación de sus nuevos colaboradores fue el momento más ignominioso a la inteligencia del espectador; un personaje sucedáneo de Pikachu vestido de rosa, la insoportable Mary Nueva ésa, bisoña gilipollas insoportable con voz de pito y un fulano que simula estar ahoracado que da su opinión (que ni la rata apestosa con la voz de Moncho Alpuente del programa de Guayo) fueron el aciago colofón de una noche para olvidar. Más que un programa de Navarro, parecía uno de José Luis Moreno, sólo que ‘Noche de fiesta’ era mucho más honesto que esta porquería catódica.
Mal ha empezado navarro. Y uno, como espectador, ya está cansado de dar oportunidades, por lo que ayer la opción más sensata era pasarse a ver a Pablo Carbonell entrevistado en ‘Noche Hache’ o al Neng de Castefa en Egipto en un ‘Buenafuente’ que, al lado del programa de Navarro, parece una odisea de calidad televisiva.

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