martes, 4 de octubre de 2005

Next coming: 'My name is Earl'

De los productores de 'Family Guy', 'Yes, dear' y 'Scrubs' llega a la NBC la serie que está rompiendo esquemas en la nueva temporada televisiva estadounidense, anticipo de lo que en el resto del mundo también será un éxito. Su título: 'My name is Earl' se centra en la fauna denominada genéricamente 'white trash', pobres perdedores sin futuro inmersos en la más denostada ignorancia de la América profunda.
Al igual que en 'Seinfeld', los temas importantes que aquí tienen lugar son aquellos que no tienen ninguna trascendencia, irrisorios eventos que rozan lo esperpéntico y donde hilaridad se sirve con grandes dosis de ironía ensañándose con unos personajes absurdos e incompetente. Earl (Jason Lee), es un pobre paleto de aspecto desaliñado y enorme mostacho que se dedica a robar piezas de los coches que aparcan en un Seven Eleven, perdiendo el tiempo en The Crab Shack, un bar-restaurante que hace las veces de centro neurálgico del enloquecido pueblo. Earl tiene una ex-mujer, la seductora Joy (Jaime Pressly), con la cual se casó en Las Vegas en una noche de borrachera para descubrir, en la mañana de resaca, que estaba embarazada de seis meses y, para colmo, tiene que aguantar a su hermano, un gordo inútil sin futuro llamado Randy (Ethan Suplee).
Pero de repente, la vida de Earl cambia por completo cuando le tocan 100.000 dólares al ser premiado en la lotería. Tras el colapso mental que ello le supone, una grotesca alucinación en un 'late night' tiene lugar en su vida, otorgando a su nueva vida un destino que le dicta su nuevo profeta (el ilusionista presentador del programa Carson Daly) basando su cinética en el Karma. Earl se autoimpone un cometido vital para ser feliz, que no es otra cosa que enmendar sus errores pretéritos con todas aquellas personas a las que ha damnificado a lo largo de su vida. Su primera parada: Kenny (Gregg Binkley), un antiguo compañero de clase al que Earl puteó cuando era joven. Y qué mejor que expiar sus infracciones pasadas ayudándole a encontrar a una mujer.
Y es que Earl no es un rol descriptivo en las 'sitcoms' actuales, ya que se trata de un personaje enloquecido, ignorante, aficionado a la cerveza en cantidades industriales y sin ambición que resulta entrañable en el rostro de un actor cómico de la talla del espléndido Jason Lee que narra las desventuras de Earl con una lacónica voz en off. El éxito de 'My name is Earl' radica en que, a diferencia de otras producciones de corte cómico como 'Friends', 'Cheers', 'Frasier' o 'Will & Grace' (por poner algún ejemplo), aquí los personajes son primarios y atávicos, dejándose llevar en todo momento por los instintos y soltando lo primero que les viene a la cabeza. Son imperfectos, políticamente incorrectos, casi imbéciles (en el fondo deudores de Chris Peterson o Al Bundy), paradigma de la idiotez autoasumida y complaciente, el bienestar de la ignorancia como doctrina al afrontar cualquier problema.
Una serie que promete risas y calidad y cuyos primeros episodios (el piloto es sencillamente delirante) testimonia que la salud de las 'sitcom' americanas ¿La gran duda? Saber ver cuánto tarda en llegar a estos lares y cómo la trata la parrilla española.
Por cierto, y aprovechando la figura de Jason Lee para concluir con otra noticia. Kevin Smith ha quedado fuera del proyecto de 'Fletch' que llevaba preparando tiempo. Las desavenencias entre cineasta y productores han acabado con las esperanzas de un 'remake' de la célebre película protagonizada por Chevy Chase y que iba a contar con Lee como protagonista, aunque el estudio cinematográfico quisiera imponer a Zach Braff.