sábado, 8 de octubre de 2005

¡Me voy de festival!

Bueno, queridos amigos y amigas del Abismo.
Ha llegado el momento de finiquitar la indolencia del funesto automatismo diario, de relegar el ostracismo y darle la bienvenida a la algazara visual, a la ociosidad sin límite. Es la hora de recibir con los brazos abiertos un festival de cine importante, con solera, con una ostentación y un señorío que en esta edición no tiene parangón. Por supuesto, me refiero a ese evento indispensable de la población del Garraf, al Festival Internacional de Cine de Sitges.
Allí estaré, expectante, sin perder detalle de cada película, de cada rueda de prensa, disfrutando de un lugar que, sin bien personalmente no despierta en mí gran fascinación, si lo hace el sortilegio del séptimo arte que allí se da cita anualmente. Si a eso le añadimos el glamour que ha brillado por su ausencia en otro gran festival como es el de san Sebastián (evento al que no he ido este año, rompiendo un periplo de ocho años asistiendo a la capital donostiarra) que dejarán la solera de estrellas como Quentin Tarantino, Jodie Foster, David Cronenberg, Viggo Mortensen, Álex de la Iglesia, Bill Plympton… los homenajes a las tres décadas del clásico ‘Tiburón’, de Spielberg o ese más que apetecible retrospectiva a un entrañable personaje de la talla de Jim Henson.
Todo está dispuesto para que mi estancia allí sea inolvidable; un certamen que augura convertirse en uno de los más rememorados, la mejor compañía posible (voy con Myrian), un hotel –acostumbrado a pensiones, estoy como unas castañuelas-, la consiguiente acreditación de prensa y lo mejor de todo, muchas ganas de divertirme y pasármelo bien. Como nunca, diría yo. Procuraré escribir lo suficiente para no dejar desértico este renovado Abismo, pero también deleitándome en el relax, cuanto pueda, sin verme forzado a relatar todo lo que allí suceda. Voy a Sitges a sosegarme, a reposar descansando sin preocupaciones de ningún tipo, gravitando en el sosiego, aprovechando mis únicas vacaciones con el narcótico más adictivo que existe en este mundo: el cine.
Por supuesto, ni que decir tengo que espero veros por allí. Me consta que muchos de los que os pasáis por aquí habitualmente por este demencial entorno abismal sois de Barcelona y sus alrededores, por lo que os insto, cordialmente, a que si advertís mi presencia (supongo que seré fácil de reconocer), no dudéis en asaltarme para estrecharme la mano y cruzar algunas palabras sobre el festival o cualquier otro tema. Soy afable, gordo y entrañable. Eso, por descontado.
Así que por mi parte (y qué ganas tenía de escribir esto): “¡Nos vemos en Sitges!”.