domingo, 16 de octubre de 2005

Las 10 diferencias entre el Festival de Donosti y el de Sitges

1.- En San Sebastián llegas a por tu acreditación y tienes cuatro puestos diversificados en categorías alfabéticas. No hay ningún problema a la hora de recogerla y, para colmo, te exponen con directrices el funcionamiento de todo y las posibilidades que te ofrece tu acreditación, así como una bolsa con la guía del certamen, un bono de descuento en los libros, un CD del festival con material gráfico y textual y un detallado catálogo para que no te pierdas nada. Todo puntualizado para tu disfrute. En Sitges, llegas a por tu acreditación y tienes unos puestos similares. Eso sí, sólo dos. Y se reparten de forma caótica, sin seguir una normativa lógica. Si eres Mirito Torreiro, te saltas la cola y la chica babeante y de risa impostada, deja lo que está haciendo para que el señor se vaya contento. Te dan una bolsa de mejor calidad que la de Donosti, pero sólo con un catálogo de las películas dentro. Nada más. No te explican nada y te miran mal si les pides cualquier explicación.
2.- En San Sebastián te dan una llave y un número para un casillero individualizado en el que te colocarán diariamente todo lo relacionado con los press-books y alguna ofrenda. Esto ya depende de ti. Ellos han cumplido y se pueden olvidar del tema. En Sitges, tienes que enseñar tu acreditación, buscan el número, te dan lo que se les antoja (lo más goloso va a parar a los peces gordos de la prensa) y encima te miran mal.
3.-En Donosti tienes 21 ordenadores para escribir tu crónica diaria, accediendo a la facilidad con la que puedes trabajar. A veces, tienes que esperar, pero siempre hay buen trato y un silencio sepulcral a la hora de redactar. En Sitges, tienes cinco míseros ordenadores. La gente no para de berrear, un fulano celebra con ‘tics’ sus crónicas a cada párrafo que escribe, fuma echándote el humo en el rostro, gente chatea con MSN, la gente de prensa da voces por teléfono concediendo entrevistas, “o sea, un superbeso, de verdad”, decía una fulana de Filmax, el otro día a voz pelada, otros navega por Internet en páginas porno, se reúnen tres freakies para escribir en coalición en diversos foros y si dices algo en la mesa de prensa para solucionar esta anarquía, te miran mal.
4.- En San Sebastián, el festival tiene organizada una agenda para que puedas ver todas las películas de las secciones más importantes. De tal forma logística, que incluso hay espacio para el disfrute de cintas de los otros ciclos, con la oportunidad que ofrecen los varios pases que hay de la película en el mismo día y posterior. En Sitges se dan cita dos películas importantes en la misma hora. Hay masificación de horarios y de películas y, sobre todo, la imposibilidad de hacerte un planning coherente con el sistema de favoritismo que tienen montado. Y encima, te miran mal, claro está.
5.- En San Sebastián el método para repartir invitaciones para la prensa en pases que no estén dedicados a la profesión (puedes ver 6 películas sin coger entradas) es impecable. No imponen horarios de recogida (si madrugas, tienes más posibilidades de hacerte con la que quieras) y a lo largo del día puedes conseguir hasta que se acaben. Insisto, hace años que no paso a por una entrada en Donosti, porque se puede ver todo (excepto los ciclos, que sí van con entradas). En Sitges, se renombran las entradas en los temidos ‘Tickets’ de los cojones. Es una incoherencia, los horarios que ponen dan vergüenza, se forman largas colas y cuando pides dos, te dicen que no, que es una por medio acreditado. Dices que vale, pero sin embargo te miran mal.
6.- En San Sebastián las publicaciones hay que abonarlas sí. Todos, sin excepción. Si quieres los libros pagas. Si no, no hay libros gratis para nadie. La ventaja es el gran descuento para periodistas. Creo que son 20 euros por los tres libros. En Sitges reparten los libros a dedo, a aquellos que les viene bien regalarlo. Yo me he tenido que comprar uno de ellos. Lo quería. Daba igual pagarlo. Pero tuve que hacerlo con ayuda de un amigo, que me dijo dónde los vendían. En un ‘stand’ de Miramar, el de la editorial. Ni siquiera la simple información de dónde se vendía el libro fueron capaces de darme. Me dijeron que no sabían si se pondría a la venta o no. Que ellos no sabían dónde encontrar la publicación, ni sabían si había algún descuento. En Miramar no me miraron mal, porque les pagué los 12 euros del libro. En el departamento de prensa de Melià, sí.
7.- En San Sebastián, las ruedas de prensa incluyen una pequeña petaca mecánica con cascos. Es el traductor con el que se pueden escuchar hasta cuatro traducciones simultáneas con gente que transcribe perfectamente a tu lengua bajo una presión imponente. En Sitges, te traduce un fulano que perpetua el ‘graciosismo’ sin gracia. Traduce la mitad de lo que se dice y, para colmo, es un engreído con una desagradable voz cancerada.
8.- En San Sebastián los horarios son muy rígidos, inflexibles. Las películas empiezan a la hora y en punto. Sin retrasos. No vale la demora, cualquier dilatación está prácticamente prohibida. Así, es lógico que si llegas tarde un minuto, te impidan el acceso a la sala. Es justo. En Sitges he asistido a un desbarajuste intolerable; había películas que empezaban a la hora, otra diez minutos después de que sonara el timbre y un día se acumuló más de hora y media de espera entre película y otra. Concretamente, el día que asistió Tarantino a presentar ‘Hostel’ junto a Eli Roth. Si llegas un minuto tarde, te miran mal. Pero al menos puedes decir “Tengo el deber de llegar a la hora en punto, pero vosotros podéis empezar una película con media hora de retraso ¿no?”. Tras esto, te dejan pasar. Eso sí, mirándote mal.
9.- En San Sebastián (y sé que esto va a doler) los subtítulos están editados en el negativo. Vienen con la película, en español, precisos, con una exactitud irreprochable. Además, tienen copias de todas las cintas con subtítulos en inglés, para facilitar el visionado de la prensa extranjera. En Sitges se impone la moda del subtítulo electrónico, del triple subtítulo (en inglés, en español y en “català”). Un festival de lucecitas, de innecesaria bilateralidad en la traducción. Trasladando todo a la lengua terruñera, aplaudiendo cualquier alusión a la tierra, viéndose esto desde el exterior como un ridículo afán populachero. Al menos aún queda resquicio para entender algo en español (o castellano, según moleste o no). Y si lo dices, no te miran mal. Te miran peor.
10.- En San Sebastián si pides una entrevista a algún invitado, si no respondes a un catálogo de características inacabable y muy elitista (aquí sí), no puedes entrevistar a nadie. Una rígida tendencia a la importancia del medio te impide charlar con las estrellas. En Sitges, vía mail y con cuidado trato, el apartado de entrevistas funciona a la perfección, consiguiéndote un pequeño espacio para la entrevista. En este caso no te miran mal.