Esta vez, no, amiguete
Vaya por delante que siempre me he considerado ‘torrentista’, principalmente por una primera película que considero espléndida en su contrastada fórmula de chabacanería soez, humor grueso brindado a modo de soterrada parodia y dosis de acción en una primera historia delirante y disparatada del personaje más carismático de los últimos años, José Luís Torrente.
Aunque su segunda parte ya adolecía de la primeriza desvergüenza, hubo algo en aquella secuela que seguía caracterizando a Santiago Segura; un elemento fundamental cimentado en la integridad a la hora de lanzar un producto como ‘Torrente 2’, con ese personaje secundario básico llamado “Cuco”, el acompañante del antihéroe español chabacano por excelencia. Todo un hallazgo maravillosamente interpretado por Gabino Diego.

Cierto es que muchos han sido los que han intentado desprestigiar a este personaje convertido en icono, fundamentalmente asemejándolo al cine de Ozores (al que, visto cómo está nuestro cine, hay que empezar a reivindicar con respeto) por algunos de sus mecanismos humorísticos y genéricos. Algo así como un revivificación de aquellos Pajares y Esteso del ‘destape’. Aún así, en las dos primeras partes de Torrente existía una gran diferencia entre ambos conceptos de comedia. Mientras aquél cine se inscribía en un cine de destape con humor absurdo e imbécil planteado como mera excusa encubierta en el descrédito a la inteligencia del público, ‘Torrente’ partía de esa inteligencia para absorber referencias y ‘gags’ con el objetivo de reírse de una vulgaridad identificativa de cierto sector de población anclada en antediluvianos conceptos ideológicos que, paradójicamente, acudieron al cine en masa tomando a este policía grosero, racista, misógino y del Atleti como héroe y adalid de un pensamiento que aún sigue vivo en la sociedad española moderna.
Cierto es también que Santiago Segura preveía que su obra iba a ser reiterativa, sin desencaminarse de sus designios iniciales, en una imposible miscelánea creada a base de acción, género policiaco, aventuras, ‘buddy movie’ y comedia castiza. Todo ello desde una vertiente cañí que otorgara al cineasta la posibilidad de ofrecer al espectador unas risas cómplices a la vez que una visión cáustica sobre la España más profunda.
Bien, pues después de ver ‘Torrente 3. El protector’, no hay más sensación que el más profundo desencanto. Uno sabe perfectamente qué va a encontrar, pero no esa parvedad absoluta de humor, del esperado repugnante encanto en algún golpe de ‘gag’ inteligente o, en su defecto, absurdo y con gracia (a los que nos tenía acostumbrados Segura). Todo es letárgico, sin sentido, funesto… Sólo hay tres palabras de ralea ‘torrentista’ que definan esta tercera parte sin recurrir a una analítica profundización en forma de ‘review’: “Mala de cojones”.