viernes, 5 de agosto de 2005

Extra Verano (V): Neurastenia musical

Aquí Refo, informando al borde del colapso.
Estas vacaciones no eran lo que parecían en un primer momento, ya que están siendo un periodo sin descanso, donde la pequeña tregua personal para el sosiego está postergándose por una colérica actividad infrangible, sin tiempo para disfrutar de momentos de asueto.
Sabedor del difícil desafío que supone encontrar un trabajo digno adaptado a mis características laborales, he rehusado sólo a dedicarme a encontrar un puto empleo digno. Por eso, ahora en vez de apesadumbrarme en mi casa sin una perspectiva perceptible, cada día me paso cinco horas delante un ordenador ajeno, que últimamente está transmutándose en familiar (incluso está custumizado a mi gusto). La razón: he decidido fructificar mi tiempo apuntándome a un curso de diseño de páginas web y multimedia. Son 350 horas (casi tres meses y medio), vía IFES en colaboración con la Junta de Castilla y León. Llevo dos semanas y media y ya conozco (de un modo práctico) todas las etiquetas de HTML y las Hojas de Estilo (CSS), por lo que la diligencia y eficacia del curso está más que patentizada. Si a eso sumamos un inmejorable ambiente en el aula, con gente conocedora del medio informático y un simpático profesor que se ha convertido en un colega más, afable individuo dotado con el talento que poseen los hombres competentes y versados en todo aquello que exponen, tenemos una grata experiencia en la que no me arrepiento de estar participando activamente. Pronto me sumergiré en el fantástico universo del Flash, el PHP y el ASP, conceptos tan carpentovetónicos como ineludibles en el marasmo internátuico.
Además de trabajar diariamente en ‘Una sombra en el espejo’ y, sobre todo, ‘El Reencuentro’, nuestros próximos proyectos cortometrajísticos, de estructurar junto a mi últimamente inseparable Myrian la página web de El Pentáculo (para que pronto todo el mundo pueda ver ‘El límite’), organizar el arduo trabajo que llevaré (junto a Alex Zúñiga y Tomás Hijo) en la grabación de un mastodóntico espectáculo teatral que prepara Ángel González Quesada y esbozar lo que será mi primer ‘videoclip’ musical para los siempre extraordinarios Fistfuck Supershow, he encontrado espacio para recrearme en una histórica situación cultural dada en mi ciudad, la infinita Salamanca. En menos de una semana he asistido a cuatro conciertos de calidad. Y sin contar que el abusivo precio del correspondiente a The Prodigy ha imposibilitado mi asistencia al mismo.
Ver a Kronos Quartet por primera vez es una experiencia única. Como todo indocto que se precie, descubrí al cuarteto de cuerda más talentoso del panorama musical a través de la banda sonora incidental de ‘Requiem for a Dream’, de Darren Aronofsky, junto al excelso Clint Mansell. Impresionantemente eclécticos, David Harrington, John Sherba y Hank Dutt (Jennifer Culp no pudo deleitarnos con su cello al encontrarse enferma, siendo sustituida por un magnífico músico suplente) presentaron un grupo que puede tocar cualquier pieza musical, por muy imaginable que ésta sea.
Desde el enfurecido ‘Cat O’ Nine Tails’ para John Zorn, composición de perturbada singularidad y delirio musical, al arreglo más clásico ‘Die zwei valúen augen’ del compositor Gustav Mahlar, pasando por la experimentación de las bandas sonoras de Bollywood de los 60 con ‘Suite’, de Raúl Dev Burman, hasta acabar con míticos ‘bises’ donde tocaron el himno americano lisérgico y frenético de Jimmy Hendrix, siempre sin perder una vocación atrevida y empírica con los instrumentos de cuerda, dando como consecuencia su singular perspectiva artística, impactante y devenida en la maestría que aporta la experiencia de permanecer más de dos décadas en una posición de privilegio.
Ainara LeGardon, además de una gran amiga, es una de artistas con más talento de nuestro país. Injustamente, es poco conocida en la escena musical, pero los que la siguen y escuchan saben que es una de las mejores voces que se puedan escuchar en la actualidad. Además de eso, Ainara es una prodigiosa compositora, albergando características únicas como músico; destilando en sus impagables directos una señera personalidad llena de fuerza y energía. Cuando Ainara está sobre el escenario, con su guitarra en ristre, no puedes dejar de contemplarla, disfrutando de cada matiz, de cada acorde, de su envolvente voz. Una intérprete que se hace respetar ofreciendo a cambio notables dosis de elegancia hipnótica, de una inmensa categoría artística.
De inclasificable estilo, definido muchas veces como ‘folk-rock’ fronterizo y crepuscular, con clara influencia americana, pero personal y privativo de una cantante única, es reseñable el contraste entre el ritmo sosegado de muchas de sus canciones, melódicas y llenas de sentimiento y exteriorizadas con desabrimiento y sinceridad, con las absorbentes fábulas acerca de personas aturdidas y desorientadas, de ingenua alma encerrada en violentas entidades. Si tenéis la oportunidad, os recomiendo encarecidamente sus dos discos en solitario ‘In the Mirror’ y ‘Each day a lie’, ambos producidos por Chris Eckman.
Otro de los conciertos a los que he asistido ha sido al de los Giant Sand, otro de esos grupos desconocidos que merecen una más que justa consideración. El grupo liderado por Howe Gelb presentó en Salamanca ‘It's all over the map’, tal vez su trabajo más sencillo, donde por supuesto no faltan consonancias de tipo pop caladas en un marcado tono Rock y Folk, difundidas por guitarras acústicas, apoyos eléctricos y acompañamientos de piano y armónica que el mismo Gelb toca haciendo espectáculo, moviéndose constantemente entre tres micros con diversas modulaciones que modifican su voz según convenga, recordando ora a Tom Waits, ora a Bob Dylan, ora Johnny Cash, pero siempre con la personalidad de un cantante muy mítico. Bajo un anormal y acojonante frío en las postrimerías del Tormes, los Giant Sand cargaron el ambiente con una atmósfera de un buen rollo algo extraño, a medio camino entre lo añejo y lo novedoso, donde las raíces profundas y arraigadas sucumben a la poética de la naturaleza, a la imperfecta belleza de los conceptos fronterizos, del actual y ajado ‘western’.
En un momento musical post-indiustrial en el que se busca unos designios en exceso solemnes, que Giant Sand relegan para configurarse como defensores de la tradición oral, veraz y desenfadada, tan abrumadora como el suspiro del aire que soplaba frío en una noche salmantina de verano.
Por último, me dejé caer por el recital de maestría de una voz como la de Deborah Carter, toda una dama del jazz, de inapelable sentimiento del ‘rhythm & blues’ y ‘swing’. La quintaesencia del control y la expresión sobre un escenario son difíciles de encontrar en la actualidad, algo que queda patente con la variedad de estilos y el maravilloso control vocal de una de las mejores voces femeninas que he escuchado en directo.
Con su perfecto castellano (pese a ser una oriunda de Estados Unidos), Ms. Carter vino a Salamanca a presentar ‘Girl-Talking!’, un trabajo del que descubrió algunas piezas, como algún corte de Lionel Hampton, Horace Silver, Charlie Parker, Los Beatles o Donald Fajen con unos arreglos maravillosos adaptados a una preciosa voz como la suya, que recuerda a grandes señoras del género como Dee Dee Bridgewater, Paula West o Diane Reeves, pero aportando a su música una atrayente fusión de influencias latinas y mediterráneas. Otra noche de ensueño con predominante sentimiento jazzístico acompañado por Coen Molenaar, en el piano, Enrique Firpi, en la batería y Mark Zandveld en el bajo, artistas de solidez instrumental que se ponen completamente al servicio de la rica y plena voz de Deborah Carter.
Una lástima que este mes de agosto el programa cultural que conmemora el 250 aniversario de la Plaza Mayor decaiga un poco en relación al recién finalizado mes de julio.
En cualquier caso, seguiré informando desde este nunca mejor llamado Abismo.