domingo, 31 de julio de 2005

Extra Verano (IV): Cita cinematográfica esta noche, en La 2

Corría el año 1999 y por aquel entonces ya era un sufrido colaborador de prensa acreditado en el Festival de Cine de San Sebastián, el evento cinematográfico al que más afecto he tomado a lo largo de todos estos años. Corría la 47ª edición del certamen donostiarra y tras el que, posiblemente, haya sido el viaje en tren más divertido, surreal y apoteósico de toda mi vida (algún día lo narraré aquí con todo lujo de detalles), me sumergí en el Festival con dos de mis mejores amigos en la actualidad y compañeros de profesión en aquel momento, Fernando Bernal y Raúl S. Pedraz.
El inicio del festival fue de lo más titubeante, con películas horrorosas, muestras infames de falta de talento, desdeñables desde cualquier punto de vista, con largos intervalos para dormirse en una sala, tan sólo pudiendo acudir a las obras clásicas de John M. Stahl y la sabiduría cinéfila de Bertrand Tavernier (objetos de sendas retrospectivas) como páramo fílmico entre tanta bascosidad. El poco interés que despertaron las películas vistas a lo largo de cuatro largos e inacabables días de cine desprendía un halo pésima calidad que parecía no acabar nunca. Hasta que asistimos a un simple fenómeno que llegó a nuestros ojos a modo de panacea.
El título de esta pequeña obra que despierta esta absurda nostalgia es ‘Bobby G. Can’t Swim’, película debut de John-Luke Montias, cinta absolutamente independiente (con ese innegable sabor del legítimo concepto ‘indie’), una historia mínima que retrata el mundo de los pequeños ‘dealers’ y las prostitutas del Hell’s Kitchen de Nueva York, todo ello desde una perspectiva diferente, donde los pequeños instantes de la vida de este pobre diablo tienen una trascendencia vital en la narración. De cadencioso ritmo, bien contada, con una historia más que interesante y muy honesta con cada segundo que pasa en el filme, ‘Bobby G. Can’t Swim’ cuenta el problema que le surge a Bobby Grace, un pequeño traficante de droga interpretado por el mismo Montias, al que tan sólo le queda una hora para encontrar 30.000 dólares o perder la vida.
Recuerdo que antes de la proyección, asistimos a ese séptico producto perpetrado por Juanma Bajo Ulloa bajo el título ‘Pop-Corn’ y el mismo John-Luke Montias, un tipo campechano, simpático y humilde apuntaba que su película había costado la mitad que el corto que acabábamos de padecer, sin entrar a valorar su calidad, pero a su vez dejando claro el cariño y el esfuerzo con la que había sacado adelante su primera película. ‘Bobby G…’ es una pequeña joya que no esperaba encontrarme nunca más, como esas películas de festival a las que uno ama durante largos años, esperando volver a tropezarse con ella, como un extraño y efímero amor que a veces nunca vuelves a reencontrarte en tu vida (algo parecido me pasa con una película asiática llamada ‘Mizu no naka no hachigatsu’, de Yoichiro Takahashi –también vista en San Sebastián-).
Pero el destino ha querido que esta misma noche, de madrugada, La 2 de TVE emita, supongo que en V.O.S.E., esta pequeña película que, desde el Abismo, os invito a descubrir esperando que, al menos, os llegué de la misma manera como nos llegó a nosotros en Donosti hace seis años. No estamos ante una obra maestra, tal vez ni siquiera sea una gran película, pero lo que sí es cierto es que este filme evoca recuerdos personales y alimenta la leyenda que sugiere que las pequeñas cosas son las que persisten en la memoria, casi siempre, debido la modestia de sus designios. Y en ése aspecto, ‘Bobby G. Can’t Swim’ es un buen ejemplo de ello.
Si podéis, vedla, grabadla, robadla. Pero no os la perdáis.