sábado, 23 de julio de 2005

Extra Verano (I): Inolvidable recital de Maceo Parker

Hacía ya muchos años que no disfrutaba un concierto con la intensidad con la que me recreé en una de las mayores y apoteósicas funciones musicales vistas en esta ciudad en mucho tiempo. El pasado miércoles asistí a un memorable recital de uno de los nombres más importantes de la música contemporánea: Maceo Parker.
La pequeña plaza de San Román, acostumbrada a albergar a músicos de culto, de percusión étnica o jazzística se llenó para presenciar al maestro en pleno estado de gracia. Jamás había visto tanta gente en un recinto abarrotado de un público heterogéneo de todos los estratos, distinta fauna social y de diversos gustos musicales para rendir pleitesía a un genuino maestro, de los que ya no quedan en este mundo viciado de fama efímera y de arbitrarios reconocimientos. Su volcánica forma de tocar el saxofón y su incendiaria pasión dejaron para el recuerdo una de esas inolvidables y antológicas actuaciones en directo que han transformado a este veterano músico nacido en 1943 en Kinston (Carolina del Norte) en un auténtico demiurgo del jazz, el ‘rhythm & blues’, pero sobre todo, en uno de los padres del ‘funkie’ moderno.
Conocido injustamente por ser el director musical de la banda de James Brown durante décadas, siendo el responsable directo de que aquélla fuera la insuperable máquina del ritmo inigualable, Maceo es una de esas piezas fundamentales sin las que la música no sería lo que es. El ‘funk’ le debe mucho. Un hombre que ha tocado a lado de Marvin Gaye y Ben E. King, que ha sido cimiento fundamental en la adoración de los Parliament de George Clinton o con The Horny Horns, de Bootsy Collins y Fred Wesley y abrigar con su apoyo a otro padrino de la música, aquel artista sin nombre que vuelve a llamarse Prince, tiene el suficiente prestigio como para levantar el aplauso, el baile desenfrenado y la exaltación de un público que se entregó a una banda que tiene como característica principal presentarse como una apisonadora sónica capaz de persistir en su frenesí bailable y diversión durante más de tres horas sin que el público desfallezca y quiera más, como una extraña e inexplorada adicción. Sus conciertos son famosos por no dar un solo respiro a su público, pudiendo llegar a durar hasta cuatro horas de enardecida música sin freno, momento en el que Maceo Parker y toda su familia ‘funky’ logran una glorificación impecable.
La elegancia del saxofonista y su manera de ganarse al público merecen todos los elogios del mundo. La banda de Maceo es grande en muchos sentidos y como él lo sabe no duda en ofrendarles todos los aplausos a ellos, obsequiándoles con gritos jaleados al espectador, haciendo referencia al fundamento de su éxito. “What about the band?” gritó varias veces, arrancando así muchos más aplausos dirigidos a su gran familia ‘funkie’. Como bien ha señalado en varias ocasiones su música es “un 2% de jazz y un 98% de puro funk”. Y vaya si lo es. Basta sumergirse en la escena, dejarse llevar y deleitarse de sus enérgicos ‘grooves’ para que entregarse a una experiencia que pone los pelos de punta.
Con la esencia de los grandes, con la sustancia artística que hicieron grandes a Hank Crawford, Cannonball Adderley y King Curtis, Maceo realizó un ejemplar recorrido a su discografía que fue desde el ‘Shake Everything You’ve Got’ como himno, su particular y engrandecida pasión en ‘Soul Power’ que transformó sobre el escenario en ‘My baby loves you’ franqueando el recuerdo de James Brown cantando una impresionante versión de ‘Sex Machine’. Él asegura que de James Brown lo aprendió casi todo lo que hace falta saber en el negocio del espectáculo, adiestrándose en un mundo de agotadoras giras por todo el planeta. Sus dos primeros discos en solitario con su grupo ‘Maceo & All The Kingsmen’ (‘Doing Their Own Thing’ y ‘Funky Music Machine’) ya dejaban patente que el talento con el saxofón sólo era una parte de la grandeza del genio. Durante la década de los 80, formó parte de la fundación del ‘hip hop’ y del ‘acid jazz’, poniendo de moda sus inconfundibles ‘samples’ en abundantes grabaciones de una época tan añorada como aquélla.
Su música encuentra sus raíces en John Coltrane, Charlie Parker, Sonny Stitt o Cannonball Adderley, pero siempre con un propósito de transformación en la que su música se desvía hacia otro sentido estilístico propincuo al ‘funky’, una relación que le emparenta a los James Brown, Ray Charles y todos aquellos saxofonistas que marcaron una ilustre generación formada por Hank Crawford, David "Fathead" Newman o King Curtis. Sus siguientes discos ‘Roots Revisited’ (10 semanas en el Nº 1 de las listas de Bilboard), ‘Mo´ Roots’, ‘Southern Exposure’ y sobre todo ‘Life On Planet Groove’ consolidarían su carrera en solitario con un sonido mas sólido y un estilo más que personal, cuya formula fusionaba el jazz y el ‘funk’ como nadie antes lo había hecho.
En ‘Funkoverload’ Maceo dio a conocer a su hijo Corey Parker, heredero del talento de su progenitor, sólo que orientando su arte musical al ‘hip hop’, haciendo que su ‘rap’ tenga un sentido que hoy pocos alcanzan. ‘Dial: M-A-C-E-O’ recogió su faceta adaptador de magníficas versiones de temas de Paul McCartney, Ani DiFranco, Prince y The Isley Brothers. Una carrera musical apuntillada por sus dos últimos y colosales discos ‘Maceo by Maceo’ y el reciente ‘School’s In!’, que manifiestan que la madurez no es más que un aliciente para vigorizar su sentido del espectáculo, su ritmo pegadizo, su saber hacer.
Una admirable capacidad profesional justificada en el concierto ofrecido el pasado miércoles en Salamanca. “We love the groove!”, gritaba Maceo en su enfático show de impecable factura en la que todos sus componentes brillaron con luz propia. Destacó el gigantesco Rodney “Skeet” Curtis con su bajo eléctrico, un tipo con una imagen a medio camino entre La Cosa y Forest Whitaker, además de la batería del inagotable Jamal Thomas y Morris Hayes en los teclados. Los abundantes solos de todos ellos tuvieron su punto álgido con Bruno Speight y su potente guitarra que dejó paso a Ron Tooley a la trompeta y Greg Boyer al trombón (una sección de viento marcada por una distintiva vena jazzística), convenciendo al respetable con su elegante pericia. También hubo tiempo para que los coristas se lucieran. Martha High, ofreció un recital en su canción en solitario con su desgarradora voz y Corey Parker dejó claro que el ‘hip hop’ también puede encontrar su causa en el jazz.
Parker no sólo toca el saxo. Canta, baila, dirige a su banda, es un ‘showman’, transfiere a su grupo la seguridad que sólo puede legar un líder nato. Un espectáculo sólido y contundente. Maceo Parker y su banda se ganó el respeto y el cariño de un público volcado en un concierto irreprochable dentro de una mágica noche difícil de olvidar.