miércoles, 8 de junio de 2005

'Rounders': De Tahúres y póquer

Muestra efectiva y neutra sobre el mundo del póquer
Convertida en una extraña cinta de culto, una de las pequeñas joyas debido a sus escasas pretensiones con la que está rodada ‘Rounders’, un drama ambientado en las dispendiosas timbas de un juego tan adictivo y comprometido como el póquer. Trampas, cartas bajo la manga y una dramática amistad es el argumento sobre el que gira esta curiosa obra de un John Dahl que dejó a un lado el tono oscurantista del puro cine ‘noir’ con ese hálito que sólo él sabe otorgar al ambiente escénico (que sobresalía de forma sublime en su mejor película ‘La última seducción’) dotándola con unos tintes dramáticos que incrementan la consecución de los propósitos genéricos del filme.
Un hecho que supone una rotación de perspectiva visual de un Dahl que pasó de ser uno de los cineastas independientes de mayor prestigio en círculos ‘indies’ a desaparecer tras su paso por el cine de terror comercial en ‘Nunca juegues con extraños’. En ‘Rounders’ el director abandonó los personajes oscuros y manipuladores de sus anteriores filmes para centrarse en la historia de Lester 'Worm' Murphy, un joven indócil (Edward Norton) recién salido de la cárcel con un pasado de adicción al conocido juego de naipes a sus espaldas, un hombre que se ve en el trance de retornar al juego cuando su mejor amigo (papel interpretado por Matt Damon) se debate en la decisión de dejar su carrera universitaria por su adquirida y perentoria ansia de jugar. Una película que recuperó para el celuloide un tema fascinante, alusivo a excelentes filmes de la talla de ‘El buscavidas’, de Robert Rossen o ‘The Cincinatti kid’, de Norman Jewison que Dahl muestra de una manera desdramatizada y sin ningún ápice de moralina bajo la manga, sin duda alguna, la gran virtud del filme.
John Dahl formuló con su quinta y depurada incursión en el cine un recorrido frugal y austero sobre el mundo del juego aquí materializado en el siempre tentador universo del póquer. ‘Rounders’ está llena de bondades, tanto formales como argumentales, desde un guión que no pretende en ningún momento ejercer de método moral, con distancia sermoneadora sobre los peligros del juego, donde Dahl se muestra efectivo y neutro con una historia muy dada ello, hasta las solemnes interpretaciones que ofrecen unos actores y actrices con talento más que sobrado (exceptuando al irritante e histriónico John Malkovich). John Dahl insiste en el tono oscuro y puramente ‘negro’ que lleva su peculiar estilo revisionista, tratando el argumento sin caer en el triunfalismo y evitando (acertadamente) el típico ‘happy end’. Incluso, sin pretenderlo, puede verse como un semidocumental que expone lo que muy bien puede ser la vida diaria de cualquier jugador de póquer.
No existe la ética (aunque esté representada en el personaje de Martin Landau), ni un ungüento demagógico sobre la victoria o la derrota. Sólo el mundo del juego, del jugador, de sus pensamientos... Si Robert Rossen mostraba el lado más oscuro del billar en el perdedor Eddie Felson con la soberbia ‘El buscavidas’, John Dahl dista de aquel en que su Mike McDermott no es un profundo análisis de la adicción, en ‘Rounders’ se muestra una historia en la que cada instante se muestra importante para el desarrollo del argumento con un protagonista muy por encima de la dialéctica social, incluso cuando aparece el personaje de Worm, lo que hace de esta película una atractiva e íntegra propuesta, cautivadora y fascinante, con olor a los grandes clásicos del subgénero.