martes, 21 de junio de 2005

'Austin Powers 2': El regreso del mito sexual

Inteligente gamberrada encubierta en la tontería
Cuando muchas veces sale a colación el tema tópico y típico de “las segundas partes nunca fueron buenas”, siempre avanzado la misma película como ejemplo de la ruptura de esta intrascendente diatriba, intrascendentalizando: la secuela de ‘Austin Powers’ es mucho mejor que su predecesora. Y es que incluso en nuestro país fue del todo infrecuente que esta estupenda secuela de la cinta de Jay Roach supusiera un éxito en aquí en nuestro país. No por el hecho de fuera la película que le quitó en número uno a ‘Episodio 1’ en Estados Unidos, sino porque en España la primera parte de esta hilarante farsa detectivesca paso con más pena que gloria, dejando de paso, una de las películas de culto más memorables de los últimos años.
En ‘Austin Powers 2: la espía que me achuchó’ se repetía la fórmula de aquella, sí, pero con una salvedad: en las nuevas aventuras del espía británico poco resultaba tópico. Mike Myers (de quien mana todo el torrente cómico de la saga) se ha constituido a lo largo de estos años en uno de esos actores valedores de una estirpe de cómicos míticos, capaces de convertir sus sarcásticas ideas en obras consignadas a su propio servicio y caracterizadas por ésa frescura y transgresión conferidas para despertar del letargo intelectualoide al arrobo cinematográfico que parece rodear el último cine de autor, cuando paradójicamente el cine con el sello Myers responde a ésa conjetura.
Con clara vocación contraventora y gamberra (inestimable en su fascinación estética e histriónica), esta secuela volvió a exhumar la tradición más ‘kistch’ y ‘camp’ del mito de James Bond y su tradición en la línea de la serie B. Lo de que el malísismo más carismático de los últimos años, el pérfido Dr. Maligno, le robara su ‘mojo’ a nuestro (sexualmente) activo héroe y ambos se embarquen en una lucha a través del tiempo, dio la pauta para saber que estábamos ante una película decididamente encomiadora de multitud de géneros prácticamente olvidados por aquel entonces.
Puede parecer una estulticia por su condición de vivificadora del cine de ‘gags’, pero ‘Austin Powers 2’ se convirtió en una inolvidable obra de puro divertimento más desaforada y contestataria vista en la beatería del cine norteamericano (ésos excéntricos nombres como María Umpajote, Marifé Lación, Gordo Cabrón...). Por tanto, esta loable y mitigante cinta sigue enfocada a aquellos que siguen manteniendo un espíritu insobornable de incorrección, rebeldía y sana libertad. Una imperecedera muestra de que la comedia tiene otras imperturbables bifurcaciones a las establecidas por la titubeante comedia yanqui.
Sus puntos a favor siguen estando claros: su condición de comedia contracorriente, la presencia (más que sugerente) de ésa belleza perfecta de talento demostrado personificada en Heather Graham, el triple papelón de Myers, las estupendas (y coloristas) transiciones y sobre todo Verne Troyer (del cual no voy a decir que es igualito a mi co-guionista porque se enfada) dando vida al singular e imposible ‘Mini-Yo’, uno de los personajes más antológicos de la última comedia americana.
Un logro enaltecedor en los ásperos tiempos críticos que parecían haber depuesto un género que se hizo eximio con este detective sexual y sedicioso.