miércoles, 25 de mayo de 2005

Una secuencia al azar (VII). 'Annie Hall'. Autopsia de una relación

La secuencia al azar de hoy es una de las más ilustres que se recuerdan en la prodigiosa filmografía de uno de los genios del pensamiento moderno como lo es Allen Stewart Konigsberg. En efecto, Woody Allen, el gran filósofo de la era moderna, que ha logrado con sus satíricas descripciones de neuróticos personajes urbanos, obsesionados por el amor y la muerte, alcanzar un imposible vergel de omnisciencia fílmica y de pensamiento en toda regla.
En ‘Annie Hall’, Alvy Singer, un cómico neoyorquino judío con predilección a psicoanalizarse aguarda en la cola del cine junto a su gran amor, Annie Hall, una joven rebelde algo ‘hippie’ aspirante a cantante y de problemática personalidad. Mientras ambos departen sobre sus problemas de sueño y del egoísmo al que esto conlleva, una conversación de alguien que está detrás de ellos toma un discontinuo protagonismo, percibiendo que el sujeto discurre ampulosamente sobre Fellini y ‘La Estrada’, haciendo una glosa acerca de Julieta Massina y aludiendo al ‘Satiricón’. Alvy no puede evitar escuchar sus observaciones consecutivas sobre Samuel Beckett y Marshall McLuhan, lo que acaba por enervarle ante tanta prosopopeya letrada. Singer termina por perder los nervios e increparle: “¿No le da vergüenza pontificar sobre McLuhan?”, interpela.
El hombre se acredita como ejecutivo que escribe para una revista intelectual, subrayando un carpetovetónico artículo llamado 'Mozart, James Joyce y la sodomía'.
En ese momento, Alvy Singer afierra el brazo del propio Marshall McLuhan en persona y le pregunta si ha atendido a la jactanciosa monserga del individuo sobre él.
McLuhan le desaprueba diciendo “He oído lo que decía y usted no sabe nada sobre mi obra. En su boca mis frases suenan a falacia”.
Singer se dirige a cámara y expone al espectador: “Ojalá la vida siempre fuera así”.
Una de las secuencias más categóricas y geniales en el cine de Woody Allen y la ambición de muchos de nosotros que daríamos lo que fuera por vivir una situación similar con los que pretendidamente creen saberlo todo cuando en realidad no son más que engreídos sabios y culturetas.
‘Annie Hall’ es una de las mejores obras de Allen, autopsia de una relación sentimental e insondable deliberación en clave cómica sobre la naturaleza de las relaciones personales en las que el enamoramiento, la confianza entre la pareja, la convivencia, la dolorosa ruptura y el reencuentro. Una cinta que consiguió cuatro Oscars: mejor película, mejor director, mejor guión original y mejor actriz principal (espléndida Diane Keaton) y que tiene en su estructura narrativa uno de los mejores hallazgos del filme, combinando tiempos y situaciones, realidad e ilusión por medio de esta prodigiosa exploración sentimental, el tránsito que se produce del encanto, la pasión, las dudas, al desencuentro en esta inolvidable relación afectiva.
Una obra de cabecera protagonizada por ese antihéroe torpe y atolondrado que basa sus pilares en el egoísmo, la neurosis, el judaísmo y la vida sexual en pareja.