miércoles, 4 de mayo de 2005

Una secuencia al azar (V). 'The Killers'. Perdedores entre sombras

La secuencia de hoy corresponde a uno de esos clásicos inextinguibles del cine negro, una lección a muchos niveles; estética, argumental, interpretativa, visual, de dualidades de moral (más propensas al cainitismo), de tipologías antihéroicas y éticas y en último término del cine en su esfera más dilatada. ‘The killers (Forajidos)’ se inscribe en un incomparable nivel dentro del terreno de la dramaturgia, de la puesta en escena y del sugerente poder de la imagen.
Pete Lund/ Ole Anderson/ “El Sueco” (Burt Lancaster) después de recibir su última paliza sobre ‘ring’ (tiene fraccionada la mano y aún así ha conseguido pelear) asiste a una fiesta con su novia Lily Harmond (después Lubinsky –Virginia Christine-) a la fiesta de Jake, el libertino propietario de un restaurante donde se reúne la peor calaña de la ciudad. Ella parece remisa a disfrutar de la velada, pero “El Sueco” se obstina. Lou Tingle toca el piano apartado en un rincón. Junto a él, una misteriosa dama llamada Kitty Collins (Ava Gardner) canta unas estrofas que rezan “Cuanto más sé del amor, menos lo conozco…”. Cuando “El Sueco” ve por primera vez a Kitty todo se derrumba, las miradas se suspenden como si fueran ‘ralentís’, la tensión se hace insostenible, la conversación es, como no podía ser de otro modo, radical.
“El Sueco” quiere impresionarla afirmando que es boxeador. Tras él, Lily atestigua haber visto todos sus combates y la pragmática respuesta de Kitty es demoledora: “No soportaría que alguien pegara a la persona a la que amo”. Esto deja al boxeador hipnotizado, aceptando su condición de perdedor voluble y sometiéndose sin rémoras a una mujer que se intuye egoísta, frívola, pero irresistiblemente hermosa y atrayente. No es la única vez que admita el aciago destino por culpa de su enamoramiento, ya que por ella ingresa en prisión encubriendo el robo de un broche del que se hace responsable y por ella ha estado a punto de suicidarse.
En el inicio de la película observamos cómo dos esbirros acribillan al Sueco distinguiendo su lasitud a seguir esquivando la muerte, cansado de huir del recuerdo, de la traición provocada por una de las mujeres más bellas que ha tenido este mundo (y hablo del mundo real, oh... Ava, divina Ava). Y en su recuerdo, un pañuelo verde bordado con unas arpas doradas.
Nunca el ‘flashback’ fue tan sutil y estuvo tan bien llevado bajo la investigación de James Reardon (Edmond O’Brien) y jamás (a excepción de ‘Rashomon’, de Kurosawa) la disparidad de puntos de vista de un mismo acontecimiento fue tan atenuante y dialécticamente vistosa y cinematográfica.
‘The killers’ es una profunda obra maestra que merece un visionado de vez en cuando, para saber hasta qué nivel un director puede hacer magistral una excelente historia.