jueves, 5 de mayo de 2005

Tengo "Fiebre Galáctica"

Tengo que asumirlo. No puedo permanecer más con este sosegado tono circunspecto e impasible ante el acontecimiento fílmico del año. Lo reconozco, estoy algo inquieto por el inminente estreno de ‘Episodio III. La venganza de los Sith’. Me descubro como un ‘starwarsiano’ de pro, un ‘freakie’ de las Galaxias, seguidor irredento de la Saga creada por George Lucas. Tal vez no tanto como los Alvariño, ni como los que tunean su CPU con emblemáticas carcasas, pero lo soy.
Estoy tan enardecido que ayer acudí raudo y veloz, como un risueño chiquillo de 30 años, a la taquilla de mi cine más cercano a por mi entrada para el estreno mundial. No había colas, ni ningún émulo del Primer Gran Gilipollas, Jeff Tweiten, nuestro amigo "Superfan 1138", pero sí es cierto que se percibe una sensación de deliciosa expectación, consciente del ‘in crescendo’ de la nueva trilogía, con una disposición hacia la oscuridad macabra de la metamorfosis de Anakin en nuestro amado Lord Darth Vader.
Ya queda menos. Sólo dos semanas. Un breve lapso que servirá para concurrir humanamente a una de las mayores coyunturas 'colectivocinematográficas del año', o de los últimos tiempos si hacemos caso a los comentarios de Kevin Smith. Las sensaciones acumuladas por el cierre de esta nueva trilogía son postivas. Tal vez sea cierto que hasta el momento esté siendo algo irregular, pero somos conscientes de que al menos el gran Lucas ha intentado devolver, en gran parte, un segmento conceptual al propio cine. Desde que las letras azafranadas se pierden al final de la pantalla al compás de los acordes de John Williams, la emoción y la expectación han invadido a un espectador entregado a que su imaginación se desborde en forma de imágenes inexploradas y se ha dejado llevar por la magia, el espectáculo, la fantasía y la ilusión de las grandes producciones que en las últimas décadas han decaído hasta el fango del aburrimiento.
Las generaciones que vivimos la revolución de ‘Star Wars’ podemos ver recompensada tan larga espera, volver a sentir el arrebato de la diversión galáctica más inmemorial que jamás haya ofrecido el cine. Ha llegado la hora de abandonar la doctrina, la estética llana, el dramatismo y una visión existencialista del cine defendido por los aburridos y resignados intelectualoides del ‘arte’ por la concepción última de éste: la creación de sueños y la diversión basada en el grandioso espectáculo (da igual que esté más digitalizado que nunca).
En el fondo, no he podido evitar el estúpido entusiasmo de volver a ver emerger en la gran pantalla el casco negro de Darth Vader (alegoría perfecta del Lado Oscuro de la Fuerza) poseedor de un poder tan brutal equiparable al símbolo de Coca-Cola, los aros de los Juegos Olímpicos o la Estatua de la Libertad.
Ya tengo mi salvoconducto para asistir a un imprescindible evento que este año no tiene parangón en su conquista de las taquillas de todo el mundo. Los nostálgicos esperamos no salir desencantados. Al menos yo sigo siendo imperturbable valedor de las dos primeras precuelas de las Saga, por lo que aguardo con esperanza el día 19.
Vuelve a ser la Era de la nueva ‘Star Wars’, el milenio de la Nueva Trilogía. Darth Vader esta a punto de hacer sonar su asfixiado eco en forma de metálico resuello.
¿No la oís ya?