lunes, 16 de mayo de 2005

Provocación futbolera

Después de dejar para los anales de historia una de las frases más inteligentes y brillantes del año (aquélla de “Tengo que correr como un negro para poder vivir como un blanco”), Samuel Eto’o tiene nuevo cántico qua ha crispado los ánimos en la absurda rivalidad que propaga este deporte llamado fútbol.
Durante la apoteosis por la celebración del título del Barça, en la ofrenda y vítores individuales de los jugadores a la afición barcelonista que se había congregado en el Camp Nou, Eto'o agarró el micrófono y en un arrebato de euforia antimadridista sorprendió a todo el mundo al incitar a entonar el salmo culé que horas antes había ensayado en el autobús descapotable que recorrió las calles de la ciudad condal: “Madrid, cabrón, saluda al campeón”.
La exaltación de la solemnidad que viene dada por ganar un título está determinada por varias razones. Ahora sabemos cuál es la mezcla explosiva (fiesta post-título y un micrófono) que hay que alejar de este ejemplar futbolista. Eso sí, dentro del campo, que luego se berrean rimas por las que hay que pedir perdón y justificarlas. Lo habrá aprendido de Luis Aragonés. Disculparse supone para ambos una solución efectiva y autolenitiva al zaherimiento provocativo. Errónea actitud la del camerunés, ya que supone un desafío en el antagónico papel de dos ciudades que llegan a odiarse por el siempre prosaico fútbol. Luego Eto'o se quejará de intransigencia, de racismo, de violencia... En ocasiones hay que saber acallar los instintos y saber disfrutar de las victorias con respeto, obviando rencores pasados. El fútbol desata mucha carroña pedestre, lo peor de las personas. Si encima vamos fomentándolo, vamos mal.